6. METODOLOGÍA QUE UTIL IZA LA EDUCACIÓN EXPERIENCIAL
6.5 Pasos para realizar un taller
Para empezar el proceso de un taller se requiere pasar por diferentes etapas que van desde la recolección de información sobre los sujetos que van a participar en el taller, hasta la evaluación del taller, pasando por la realización del mismo, con sus actividades y retroalimentaciones correspondientes.
Dichas etapas son descritas a continuación:
Recolección de información: En esta primera etapa del proceso se reúne una gran cantidad de información acerca del grupo, de los sujetos, participantes, de qué relación tienen entre sí. Con esto se pretende recolectar la información necesaria para el diseño y la planeación del taller a realizar. Aquí
averiguamos las edades, posibles incapacidades, sexo, los objetivos que se pretenden cumplir y las limitaciones del grupo, entre otros.
Por otra parte se hace muy cuidadosamente una planeación logística: se escoge el lugar apropiado para la realización del programa, se revisa si la duración del programa es pertinente para el cumplimiento de los objetivos planteados, se necesita un día, o dos, o más?, en cuanto al lugar, determinar el adecuado, determinar si el lugar es adecuado en cuanto a las condiciones de seguridad y cubrimientos de riesgos de salud, que puedan correr los participantes, si las actividades se van a hacer al aire libre o adentro y si se cuenta con un lugar alternativo en caso de cualquier eventualidad como puede ser la lluvia.
Además se debe saber el tamaño del grupo, si son 15 o si son 100, así como también el número de facilitadores que participarán en el proceso.
Todo esto se realiza principalmente con las personas que contratan el taller. Planeación del taller: Inicialmente es importante determinar lo que se pretende con ese grupo y cuáles son sus necesidades, para entonces planear las actividades especificas y los lugares adecuados para las mismas. Del mismo modo se debe estructurar un plan para conseguir los objetivos ya establecidos, esta etapa incluye el análisis de las metas y la división de las mismas en logros más pequeños que ordenados en la secuencia adecuada conllevan a la consecución del objetivo principal.
Una vez establecido el orden en que se van a realizar las actividades pertinentes para la obtención de dichos logros, se analizan con detenimiento las herramientas necesarias para tal fin.
Es de suma importancia tener muy claros los objetivos, ya que esto es lo que permite implementar los cambios necesarios en cuanto a las estrategias que se utilicen para el proceso del grupo, la flexibilidad y la creatividad son dos de las principales herramientas con las que cuenta un facilitador.
Es importante resaltar el papel que juega la diversión en el proceso de la educación experiencial, es así como las actividades también deben ser pensadas no sólo en términos de cumplir los objetivos sino también de generar un ambiente agradable que les permita reírse y compartir en un espacio de diversión. Esta, debe estar presente en todas las actividades experienciales.
Enfatizando este punto, Rohnke & col., (1995) dicen “tenga una sana apreciación de la espontaneidad, flexibilidad, no predicción. Inclínese por el espíritu de la Aventura, no por el plan. El espíritu es más digno de confianza.” (p.27)
Después se prosigue a distribuir las tareas entre los facilitadores y cofacilitadores, teniendo muy en claro que parte del programa va a ser realizado por cada uno.
El último paso a seguir durante la etapa de planeación es la de asegurarse que todas las herramientas y materiales que se necesitan estén en orden y en el lugar adecuado antes que el grupo llegue, de esta forma se reduce el nivel de ansiedad de los facilitadores, teniendo así una concentración plena por el proceso del grupo y no por elementos secundarios.
Este paso nos lleva al desarrollo del taller como tal.
Implementando acciones: En esta etapa del proceso es donde se pone por obra lo planeado. Requiere de los facilitadores un constante dinamismo que
enriquezca al grupo y lo oriente hacia la consecución de los objetivos, de manera flexible, espontánea y creativa. Es aquí donde el facilitador debe estar alerta a las señales del grupo para cambiar el plan de acción, ya sea para hacer que las actividades sean más fáciles o más difíciles o para terminarlas en el momento adecuado y empezar con otra actividad de mayor relevancia para el grupo. De esta misma forma se aprovechan las potencialidades de los participantes procurando que den el máximo de sus capacidades tanto físicas, como emocionales e intelectuales.
Evaluación: Esta última etapa no sólo se da al final del proceso, sino que requiere por parte de los facilitadores una constante auto observación y análisis del grupo durante cada una de las etapas anteriores, específicamente en la que está interactuando directamente con el grupo. Es precisamente la autoevaluación la que permite que se den cambios importantes a nivel personal en el facilitador, y a su vez, dinamiza procesos de crecimiento que van a repercutir en todas las esferas de su vida, ya que es aquí en donde el facilitador examina de forma cuidadosa su interacción con las demás personas, así como los momentos en que intervino y las retroalimentaciones que hizo.