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EL PATRIMONIO PIZARRISTA EN MANOS DE LOS TUTORES (1541-1553)

ASESINATO Y CAOS ALMAGRISTA

Diego de Almagro El Mozo y sus seguidores asesinaron a Pi- zarro para vengar la muerte de su líder desdeñado, pero también para usufructuar aquellos bienes que les habían sido negados por los Pizarro. Sin Almagro, su facción había perdido toda posibili- dad de presencia política y de acceso a los recursos del Perú, y esto se reflejaba en el menosprecio con que los vencedores los tra- taron. Un testimonio indica, sin exagerar, que en esa época, Fran- cisco Pizarro "hera tenido por el más rico honbre que avía en aquella tierra".l Era natural, entonces, que este grupo marginal

que dispuso efímeramente del poder hubiese estado ansioso por apropiarse de la mítica riqueza del derrotado gobernante.

El asesinato de Pizarro produjo una ola de saqueos y vanda- lismo que se inició con los bienes de la familia del difunto en Lima y se propagó a las principales encomiendas y centros mine- ros. La información contenida en el proceso judicial entablado por el fiscal del Consejo de Indias contra Diego Méndez es bas- tante ilustrativa. Méndez era oriundo de la villa de Oropesa y ve-

1 Declaración del 24.4.1566, AGI, Escribanía 496-A, ff. 685v-687. Hernán Rodri- guez Chacón ocupaba la "tenencia e alcaldía" de la ciudad de Trujillo de España por designio de Hernando Pizarro, de quien era" criado".

cino del Cuzco, "criado y secuaz" de don Diego de Almagro, y fue acusado de complicidad en la muerte de Francisco Pizarro, los robos que siguieron y el alzamiento contra la autoridad real. Las decenas de preguntas del interrogatorio describen en detalle el asesinato de Pizarro, el saqueo de su casa, captura de sus hijos, repartición de las encomiendas, maltrato de los indígenas y apro- piación de los bienes y dinero ajenos. Los almagristas habían ido en busca de "los bienes que se hallasen de don Francisco Pizarro e de Hernando Pizarro e Gonzalo Pizarro".2 A Méndez se le acusó

de haber entrado con soldados en la casa de Antonio Picado, cu- yos indios tomó. Para saber qué bienes tenía el marqués, "los di- chos matadores habían dado tormento a Picado, su secretario, al cual asimismo mataron". En medio del temor generalizado, Juan de Herrada, líder de la banda asesina, y otras muchas personas, saquearon la casa de Pizarro y se apropiaron de las joyas, tapices y hasta de los caballos.3

Poco después, aún en días del caótico dominio almagrista, se recuperaron algunas de las piezas robadas, siendo entregadas a Juan de Barbarán. Se hizo el inventario respectivo ante el alcalde de la ciudad y el ubicuo veedor Salcedo, que actuaba en esta opor- tunidad como tenedor de bienes de difuntos. A continuación, en un acto sin duda guiado por el temor de las circunstancias,

el dicho veedor [Salcedo] vio y entregó [todas las joyas]... al di- cho señor capitán Juan de Herrada, el cual lo recibió y se hizo cargo dello por virtud del dicho mandamiento del dicho señor gobernador [don Diego de Almagro] y del dicho señor alcalde.4

Numerosas barras de plata de propiedad del marqués Pizarro, que Salcedo tenía en depósito, fueron incluidas en esa entrega,

2 El fiscal contra Diego Méndez, AGI, Justicia 422, n. 1; véanse especialmente los ff. 57, 81-93v y 131-147. El expediente empezó en el Cuzco, el 9.12.1542 y concluyó el 6.7.1543. Méndez fue sentenciado a muerte y a confiscación de bienes, pero debido a su fuga de la cárcel sólo se ejecutó la pena de confisca- ción.

3 AGI, Escribanía 496-A, ff. 700v-701; Justicia 422, n. 1, ff. 7v-8. 4 AGI, Escribanía 496-A, ff. 1241v-1247v.

que a pesar de haber seguido las formalidades de rigor, ante testi- gos y escribano público, debió haber sido impuesta por la fuerza.5

Luego del saqueo, los almagristas volcaron la mirada hacia los centros productivos. Sin embargo, en el breve período que el grupo alzado usó el poder, no le fue posible mantener la continui- dad de la explotación, limitándose a hurtar todo aquello que estu- viese disponible inmediatamente, de preferencia oro y plata. En cuanto a las minas, asunto de especial interés, un testigo favora- ble a Méndez afirmó que éste "truxo de las minas de Porco mucha plata," pero que "no sabe" que hubiese robado nada. Otro asegu- ró que Méndez no tomó nada por la fuerza "e que si algo tomaba daba cédulas dello para lo pagar de la plata de Hernando Pizarro, que lavía tomado".6 El acusado, que don Diego había nombrado

al cargo de teniente de gobernador en la villa de Plata (Chuquisa- ca), en cuya jurisdicción se encontraban los yacimientos de Porco, afirmó que las minas no habían dejado de labrarse "hasta que Francisco de Almendras las despobló".7 Por último, era previsible

que las encomiendas fuesen apresuradamente repartidas entre los vencedores, en especial las de Pizarro, que don Diego guardó para su propio benefício.8

Pizarro había tenido dos hijos con doña Inés Huaylas ‒doña Francisca y don Gonzalo ‒y dos más con doña Angelina‒ don Francisco y don Juan‒ (ver ilustración 2). La situación de los he- rederos no podía ser en ese momento de mayor debilidad, a pesar de las previsiones tomadas por Pizarro en sus sucesivos testamen- tos. Teniendo en cuenta las serias sospechas en cuanto a las altera- ciones perpetradas en los textos originales de los documentos, conviene revisar sucintamente las versiones conocidas. En su tes- tamento de 1537 Pizarro disponía que, a su fallecimiento, en Espa- ña se encargasen de la tutoría de sus hijos Diego Mejía de Prado y Francisco de Chávez; en Lima haría lo propio Juan Pizarro y Fran-

5 Ibid.

6 AGI, Justicia 422, n. 1. 7 Ibid.

cino del Cuzco, "criado y secuaz" de don Diego de Almagro, y fue acusado de complicidad en la muerte de Francisco Pizarro, los robos que siguieron y el alzamiento contra la autoridad real. Las decenas de preguntas del interrogatorio describen en detalle el asesinato de Pizarro, el saqueo de su casa, captura de sus hijos, repartición de las encomiendas, maltrato de los indígenas y apro- piación de los bienes y dinero ajenos. Los almagristas habían ido en busca de "los bienes que se hallasen de don Francisco Pizarro e de Hernando Pizarro e Gonzalo Pizarro".2 A Méndez se le acusó

de haber entrado con soldados en la casa de Antonio Picado, cu- yos indios tomó. Para saber qué bienes tenía el marqués, "los di- chos matadores habían dado tormento a Picado, su secretario, al cual asimismo mataron". En medio del temor generalizado, Juan de Herrada, líder de la banda asesina, y otras muchas personas, saquearon la casa de Pizarro y se apropiaron de las joyas, tapices y hasta de los caballos.3

Poco después, aún en días del caótico dominio almagrista, se recuperaron algunas de las piezas robadas, siendo entregadas a Juan de Barbarán. Se hizo el inventario respectivo ante el alcalde de la ciudad y el ubicuo veedor Salcedo, que actuaba en esta opor- tunidad como tenedor de bienes de difuntos. A continuación, en un acto sin duda guiado por el temor de las circunstancias,

el dicho veedor [Salcedo] vio y entregó [todas las joyas]... al di- cho señor capitán Juan de Herrada, el cual lo recibió y se hizo cargo dello por virtud del dicho mandamiento del dicho señor gobernador [don Diego de Almagro] y del dicho señor alcalde.4

Numerosas barras de plata de propiedad del marqués Pizarro, que Salcedo tenía en depósito, fueron incluidas en esa entrega,

2 El fiscal contra Diego Méndez, AGI, Justicia 422, n. 1; véanse especialmente los ff. 57, 81-93v y 131-147. El expediente empezó en el Cuzco, el 9.12.1542 y concluyó el 6.7.1543. Méndez fue sentenciado a muerte y a confiscación de bienes, pero debido a su fuga de la cárcel sólo se ejecutó la pena de confisca- ción.

3 AGI, Escribanía 496-A, ff. 700v-701; Justicia 422, n. 1, ff. 7v-8. 4 AGI, Escribanía 496-A, ff. 1241v-1247v.

que a pesar de haber seguido las formalidades de rigor, ante testi- gos y escribano público, debió haber sido impuesta por la fuerza.5

Luego del saqueo, los almagristas volcaron la mirada hacia los centros productivos. Sin embargo, en el breve período que el grupo alzado usó el poder, no le fue posible mantener la continui- dad de la explotación, limitándose a hurtar todo aquello que estu- viese disponible inmediatamente, de preferencia oro y plata. En cuanto a las minas, asunto de especial interés, un testigo favora- ble a Méndez afirmó que éste "truxo de las minas de Porco mucha plata," pero que "no sabe" que hubiese robado nada. Otro asegu- ró que Méndez no tomó nada por la fuerza "e que si algo tomaba daba cédulas dello para lo pagar de la plata de Hernando Pizarro, que lavía tomado".6 El acusado, que don Diego había nombrado

al cargo de teniente de gobernador en la villa de Plata (Chuquisa- ca), en cuya jurisdicción se encontraban los yacimientos de Porco, afirmó que las minas no habían dejado de labrarse "hasta que Francisco de Almendras las despobló".7 Por último, era previsible

que las encomiendas fuesen apresuradamente repartidas entre los vencedores, en especial las de Pizarro, que don Diego guardó para su propio benefício.8

Pizarro había tenido dos hijos con doña Inés Huaylas ‒doña Francisca y don Gonzalo ‒y dos más con doña Angelina‒ don Francisco y don Juan‒ (ver ilustración 2). La situación de los he- rederos no podía ser en ese momento de mayor debilidad, a pesar de las previsiones tomadas por Pizarro en sus sucesivos testamen- tos. Teniendo en cuenta las serias sospechas en cuanto a las altera- ciones perpetradas en los textos originales de los documentos, conviene revisar sucintamente las versiones conocidas. En su tes- tamento de 1537 Pizarro disponía que, a su fallecimiento, en Espa- ña se encargasen de la tutoría de sus hijos Diego Mejía de Prado y Francisco de Chávez; en Lima haría lo propio Juan Pizarro y Fran-

5 Ibid.

6 AGI, Justicia 422, n. 1. 7 Ibid.

cisco Martín de Alcántara." En otra versión del testamento, la lla-mada "minuta enmendada", fechada en 1538, aparecían los mis-

mos tutores para España y, para el Perú, Hernando Pizarro, Fran- cisco Martín de Alcántara, Francisco de Chávez y el secretario Antonio Picado.10 En el testamento de 1539 no se hace mención de

tutores, pero los albaceas nombrados para los asuntos del Perú son: el padre fray Vicente de Valverde, Hernando y Gonzalo Piza- rro, Francisco Martín de Alcántara, Francisco de Chávez y Anto- nio Picado.11 Finalmente, en un último testamento de 1541, cuyos

términos son desconocidos por haber sido destruido o escondido por don Diego de Almagro ‒quien lo arrebató al notario Pedro de Salinas‒, Pizarro reafirmaba su confianza en su hermano Gonzalo, Francisco de Chávez y Antonio Picado.12

Entre las numerosas dudas que despiertan los documentos pizarristas en cuanto a su autenticidad, los testamentos son los que han estado sujetos a las mayores manipulaciones.13 En rela-

ción a la tutoría de los menores, conviene hacer notar que todos los nombrados eran, en efecto, personajes muy próximos a Fran- cisco Pizarro, pero coincidentemente todos murieron con él o en época muy cercana, excepto Hernando Pizarro que se encontraba en España. Hernando utilizaría en el futuro las atribuciones que le otorgaban estos testamentos, manipulados o no. Sin embargo, para los fines de protección de los menores, él y Gonzalo se halla- ban ausentes, y Francisco Martín de Alcántara, Chávez y Picado habían sido muertos por los almagristas.

Debió ser voluntad difundida entre los almagristas que se eli- minase a los hijos de Pizarro, pero los testimonios de la época son

9 Lohmann, Francisco Pizarro, 300. Extrañamente, Juan Pízarro murió en 1536, un año antes de la supuesta fecha en que se otorgó este testamento (Lima, 5.6.1537).

10 Lohmann, Francisco Pizarro, 308. 11 Lohmann, Francisco Pizarro, 314.

12 No se conoce el texto de este testamento, pero testigos cercanos declararon que Pizarro dejaba la gobernación a Gonzalo, y mientras él salía de la Canela la encargaba a Francisco de Chávez y a Picado. Sin embargo, no se menciona nada de la tutoría (ibid., 286).

13 Véase, al respecto, Lohmann. "Las expresiones de última voluntad de Fran- cisco Pízarro".

cisco Martín de Alcántara." En otra versión del testamento, la lla-mada "minuta enmendada", fechada en 1538, aparecían los mis-

mos tutores para España y, para el Perú, Hernando Pizarro, Fran- cisco Martín de Alcántara, Francisco de Chávez y el secretario Antonio Picado.10 En el testamento de 1539 no se hace mención de

tutores, pero los albaceas nombrados para los asuntos del Perú son: el padre fray Vicente de Valverde, Hernando y Gonzalo Piza- rro, Francisco Martín de Alcántara, Francisco de Chávez y Anto- nio Picado.11 Finalmente, en un último testamento de 1541, cuyos

términos son desconocidos por haber sido destruido o escondido por don Diego de Almagro ‒quien lo arrebató al notario Pedro de Salinas‒, Pizarro reafirmaba su confianza en su hermano Gonzalo, Francisco de Chávez y Antonio Picado.12

Entre las numerosas dudas que despiertan los documentos pizarristas en cuanto a su autenticidad, los testamentos son los que han estado sujetos a las mayores manipulaciones.13 En rela-

ción a la tutoría de los menores, conviene hacer notar que todos los nombrados eran, en efecto, personajes muy próximos a Fran- cisco Pizarro, pero coincidentemente todos murieron con él o en época muy cercana, excepto Hernando Pizarro que se encontraba en España. Hernando utilizaría en el futuro las atribuciones que le otorgaban estos testamentos, manipulados o no. Sin embargo, para los fines de protección de los menores, él y Gonzalo se halla- ban ausentes, y Francisco Martín de Alcántara, Chávez y Picado habían sido muertos por los almagristas.

Debió ser voluntad difundida entre los almagristas que se eli- minase a los hijos de Pizarro, pero los testimonios de la época son

9 Lohmann, Francisco Pizarro, 300. Extrañamente, Juan Pízarro murió en 1536, un año antes de la supuesta fecha en que se otorgó este testamento (Lima, 5.6.1537).

10 Lohmann, Francisco Pizarro, 308. 11 Lohmann, Francisco Pizarro, 314.

12 No se conoce el texto de este testamento, pero testigos cercanos declararon que Pizarro dejaba la gobernación a Gonzalo, y mientras él salía de la Canela la encargaba a Francisco de Chávez y a Picado. Sin embargo, no se menciona nada de la tutoría (ibid., 286).

13 Véase, al respecto, Lohmann. "Las expresiones de última voluntad de Fran- cisco Pízarro".

contradictorios en algunos detalles. El aya de doña Francisca afir- maba que los rebeldes querían matar a los hijos de Pizarro, que estaban en otra casa, y el veedor García de Salcedo y su mujer los escondieron para salvarles la vida,

por lo cual se tomó por medio que los desterrasen a ellos [los ni- ños] ya doña Inés de Ribera... y así los desterraron y los metie- ron en un navío de que era maestre uno llamado Bauptista, el cual habiéndolo[s] embarcado en su navío supo este testigo por cosa cierta que los había echado en tierra sabiendo quel dicho li- cenciado Vaca de Castro ... había ya entrado en [el Perú].14

La propia doña Inés participaba de esta versión en una carta al rey, en la que decía que don Diego y sus secuaces intentaron ma- tar a los hijos de Pizarro, por lo cual había sido forzada a ocultar- los y sacarlos del Perú.15

El almagrista Diego Méndez, por su parte, declaró que fue Juan de Herrada quien envió a los hijos de Pizarro a Nicaragua y doña Inés se fue con ellos por propia voluntad.16 La diferencia es-

triba en si hubo intención homicida ‒la versión pizarrista‒ o únicamente destierro ‒versión almagrista‒ hacia los descen- dientes de Pizarro. En todo caso, la ausencia de los Pizarro de Lima, en ese momento, generó un vacío que no permitiría agluti- nar a la oposición contra el grupo almagrista. La llegada del licen- ciado Cristóbal Vaca de Castro vendría a cambiar esta situación, devolviendo nuevamente a la autoridad de la colonia su condi- ción de legitimidad. Para los menores y su patrimonio, sin embar- go, el gobierno de Vaca de Castro (1541-1544) traería, al largo pla-

14 AGI, Escribanía 496-A, ff. 696v-697.

15 ¿Lima?, 8.5.1543, AGI, Patronato 192, n. 1, r. 32. Doña Inés repite su versión de los hechos en una carta al Consejo de Indias, de Lima, 12.3.1575, AGI, Lima 270, ff. 641-644v. Ya anciana, doña Inés, que para entonces era abadesa del monasterio de Nuestra Señora de la Limpia Concepción, dirigió una proban- za pidiendo mercedes al Consejo de Indias, en la que afirmaba que había sido la primera mujer casada que entró con su marido al Perú; en esa ocasión consideró más conveniente no mencionar el episodio de los hijos de Pizarro (Lima, 18.3.1592, AGI, Lima 209).

16 AGI, Justicia 422, n. 1, f. 52.

zo, problemas de mayor envergadura que los causados por el bre- ve gobierno de don Diego.

EL LICENCIADO CRISTÓBAL VACA DE CASTRO

En un primer momento Francisco de los Cobas recomendó al rey" dilatar algo la ida del licenciado Vaca" debido a que la tierra estaba pacífica.17 Sin embargo, al poco tiempo se percibió la gra-

vedad de la situación que aquejaba al Perú, cuando se recibió la noticia del ajusticiamiento de Almagro y el expediente cuya do- cumentación pretendía amparar la pena que los Pizarro le habían aplicado.18 Los funcionarios metropolitanos realizaron una exacta

evaluación de los hechos. El propio Cobas debió meditar larga- mente sobre los riesgos del enfrentamiento entre pizarristas y al- magristas, lo que opacaba la satisfacción que le habían producido la llegada de dinero y noticias de las minas de plata.19

Fray García de Loaysa, cardenal hispalense y presidente del Consejo de las Indias, escribió al rey informándole de la reunión que había tenido con Cobas y el conde de Osorno, integrantes de su consejo, con quienes había convenido que seguía siendo nece- sario el envío de una persona al Perú. Por un lado había que satis- facer

a los que piden justicia y proveer las cosas generales, así de las cuentas de la hacienda y patrimonio real de Vuestra Magestad como de la reformación del exceso que dicen que hay en los re- partimientos, que tenemos relación que en lo uno y en lo otro hay necesidad de proveer; y también visto la edad del goberna- dor don Francisco Pizarro y el estado en que están las cosas de aquellas provincias, si acaeciese fallecimiento suyo sería muy provechoso que esta persona se hallase allá en aquella coyuntura para tener la tierra en justicia.20

17 Cobas al emperador, Madrid, 25.11.1539, AGS, Estado 45, f. 240c. 18 Fiscal Villalobos al emperador, Madrid, 20.12.1539, AGS, Estado 45, f. 242. 19 Cobas al emperador, Madrid, 9.5.1540, AGS, Estado 49, f. 45.

20 Presidente del Consejo de Indias al emperador, Madrid, 23.12.1539, AGS, Estado 45, f. 243.

contradictorios en algunos detalles. El aya de doña Francisca afir- maba que los rebeldes querían matar a los hijos de Pizarro, que estaban en otra casa, y el veedor García de Salcedo y su mujer los escondieron para salvarles la vida,

por lo cual se tomó por medio que los desterrasen a ellos [los ni- ños] ya doña Inés de Ribera... y así los desterraron y los metie- ron en un navío de que era maestre uno llamado Bauptista, el cual habiéndolo[s] embarcado en su navío supo este testigo por cosa cierta que los había echado en tierra sabiendo quel dicho li- cenciado Vaca de Castro ... había ya entrado en [el Perú].14

La propia doña Inés participaba de esta versión en una carta al rey, en la que decía que don Diego y sus secuaces intentaron ma- tar a los hijos de Pizarro, por lo cual había sido forzada a ocultar- los y sacarlos del Perú.15

El almagrista Diego Méndez, por su parte, declaró que fue

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