LA ILUSIÓN DEL PODER
L
A
I
LUSIÓN
DEL
P
ODER
Apogeo y decadencia
de los Pizarro
en la conquista del Perú
R
AFAEL
V
ARÓN
G
ABAI
IEP Instituto de Estudios Peruanos
IFEA Instituto Francés de Estudios Andinos
Serie: Estudios Históricos 21
Este libro corresponde al Tomo 98 de la serie "Travaux de l'Institut Français d'Études Andines" (ISSN 0768-424X).
© IEP ediciones
Horacio Urteaga 694, Lima 11 432-3070 / 424-4856 Fax [511] 432-4981 E-mail: [email protected] ISBN 9972-51-000-X ISSN 1019-4533
Instituto Francés de Estudios Andinos Casilla 18-1217, Lima 18
447-6070 Fax [511] 445-7650
E-mail: [email protected] Impreso en el Perú
Primera edición, noviembre de 1996 1,000 ejemplares
VARÓN GABAI, Rafael
La ilusión del poder: apogeo y decadencia de los Pizarro en la conquista del Perú.-- Lima: IEP/IFEA, 1996.-- (Estudios Históricos, 21)
PIZARRO, FRANCISCO/PIZARRO, HERNANDO /PIZARRO, GON- ZALO/ ALMAGRO, DIEGO DE/HISTORIA/CONQUISTA/COLO-NIA/SIGLO XVI/PERÚ
W/05.01.01/E/21
Portada: Pintura al óleo de la serie "La partida" de Félix Oliva. Diseño de carátula: Claudia Burga-Cisneros de Román
CONTENIDO
Ilustraciones 10 Cuadros 10 Siglas 11 PREFACIO 13 INTRODUCCIÓN 17Primera parte: LA DINÁMICA DE LA EMPRESA 1. ANTES DE LA CONQUISTA
Trujillo de Extremadura 23
Francisco Pizarro en Tierra Firme 34
La Compañía del Levante 44
2. CAPITULACIÓN, MERCEDES Y FISCALIZACIÓN
La Capitulación de Toledo y las primeras mercedes 63 Nuevas negociaciones de Hernando Pizarro en la corte 74
La fiscalización metropolitana 81
Serie: Estudios Históricos 21
Este libro corresponde al Tomo 98 de la serie "Travaux de l'Institut Français d'Études Andines" (ISSN 0768-424X).
© IEP ediciones
Horacio Urteaga 694, Lima 11 432-3070 / 424-4856 Fax [511] 432-4981 E-mail: [email protected] ISBN 9972-51-000-X ISSN 1019-4533
Instituto Francés de Estudios Andinos Casilla 18-1217, Lima 18
447-6070 Fax [511] 445-7650
E-mail: [email protected] Impreso en el Perú
Primera edición, noviembre de 1996 1,000 ejemplares
VARÓN GABAI, Rafael
La ilusión del poder: apogeo y decadencia de los Pizarro en la conquista del Perú.-- Lima: IEP/IFEA, 1996.-- (Estudios Históricos, 21)
PIZARRO, FRANCISCO/PIZARRO, HERNANDO /PIZARRO, GON- ZALO/ ALMAGRO, DIEGO DE/HISTORIA/CONQUISTA/COLO-NIA/SIGLO XVI/PERÚ
W/05.01.01/E/21
Portada: Pintura al óleo de la serie "La partida" de Félix Oliva. Diseño de carátula: Claudia Burga-Cisneros de Román
CONTENIDO
Ilustraciones 10 Cuadros 10 Siglas 11 PREFACIO 13 INTRODUCCIÓN 17Primera parte: LA DINÁMICA DE LA EMPRESA 1. ANTES DE LA CONQUISTA
Trujillo de Extremadura 23
Francisco Pizarro en Tierra Firme 34
La Compañía del Levante 44
2. CAPITULACIÓN, MERCEDES Y FISCALIZACIÓN
La Capitulación de Toledo y las primeras mercedes 63 Nuevas negociaciones de Hernando Pizarro en la corte 74
La fiscalización metropolitana 81
3. FRANCISCO PIZARRO, GOBERNADOR DEL PERÚ
(1532-1541) 105
La consolidación del poder pizarrista, 1532-1533 106 El primer ordenamiento colonial, 1533-1541 115 4. EL PATRIMONIO PIZARRIST A EN MANOS DE
LOS TUTORES (1541-1553)
Asesinato y caos almagrista 131
El licenciado Cristóbal Vaca de Castro 137 La tutoría a cargo de Gonzalo Pizarro 142 La gestión de don Antonio de Ribera (1547-1553) 146 5. HERNANDO PIZARRO Y DOÑA FRANCISCA:
MATRIMONIO Y UNIFICACIÓN PATRIMONIAL
La "reconquista" de Hernando Pizarro 153 Salvataje y reorganización (1552-1578) 157
El fin de una ilusión 176
Segunda parte: LAS PERSONAS Y LAS PROPIEDADES
6. LAS PERSONAS 187
El clan de los Pizarro 191
La parentela y los descendientes en el Perú 194
Los parientes de Trujillo 197
Los criados extremeños 200
Los lazos de sangre entre los servidores 206 Los vínculos con las órdenes religiosas 215 7. EL MUNDO INDÍGENA Y LOS CONQUISTADORES 221 La percepción indígena de la invasión 223
Los intérpretes 227
Los cañaris, centinelas de los conquistadores 229 Los huaylas, Paullu Inca y doña Inés 237 Lima, don Gonzalo y los anfitriones indígenas
de la capital 256
Las poderosas naciones de las Charcas 260 Doña Angelina, segunda mujer de Pizarro 266
8. EL PATRIMONIO DE FRANCISCO PIZARRO
Y SUS HIJOS 271
Jurisdicción de la ciudad de Lima 279
Jurisdicción de Trujillo 291
Jurisdicción del Cuzco 294
Jurisdicción de La Plata 301
Jurisdicción de Arequipa 309
Jurisdicción de Quito 310
Negocios y compañías 311
9. EL PATRIMONIO DE LOS HERMANOS PIZARRO 317
Hernando Pizarro 318
Gonzalo Pizarro 348
Juan Pizarro 356
Francisco Martín de Alcántara 357
10. CONCLUSIONES Y EPÍLOGO 361
ANEXOS
1. Mercedes otorgadas a los hermanos Pizarro 393 2. Consulta del Consejo de Indias al rey sobre
Martín de Ampuero, 1595 400
3. Real cédula al virrey del Perú sobre mercedes
a don Juan Ayavire Cuysara 402
4. Carta de compromiso entre doña Francisca
Pizarro y el veedor García de Salcedo 405 5. Notas sobre el cálculo del número de tributarios
otorgados a Francisco y a Hernando Pizarro en
1540 411
BIBLIOGRAFÍA
Ensayo historiográfico 413
Una nota sobre las fuentes: avatares de una
Investigación 422
Fuentes manuscritas 431
Fuentes impresas, obras contemporáneas y guías 433
3. FRANCISCO PIZARRO, GOBERNADOR DEL PERÚ
(1532-1541) 105
La consolidación del poder pizarrista, 1532-1533 106 El primer ordenamiento colonial, 1533-1541 115 4. EL PATRIMONIO PIZARRIST A EN MANOS DE
LOS TUTORES (1541-1553)
Asesinato y caos almagrista 131
El licenciado Cristóbal Vaca de Castro 137 La tutoría a cargo de Gonzalo Pizarro 142 La gestión de don Antonio de Ribera (1547-1553) 146 5. HERNANDO PIZARRO Y DOÑA FRANCISCA:
MATRIMONIO Y UNIFICACIÓN PATRIMONIAL
La "reconquista" de Hernando Pizarro 153 Salvataje y reorganización (1552-1578) 157
El fin de una ilusión 176
Segunda parte: LAS PERSONAS Y LAS PROPIEDADES
6. LAS PERSONAS 187
El clan de los Pizarro 191
La parentela y los descendientes en el Perú 194
Los parientes de Trujillo 197
Los criados extremeños 200
Los lazos de sangre entre los servidores 206 Los vínculos con las órdenes religiosas 215 7. EL MUNDO INDÍGENA Y LOS CONQUISTADORES 221 La percepción indígena de la invasión 223
Los intérpretes 227
Los cañaris, centinelas de los conquistadores 229 Los huaylas, Paullu Inca y doña Inés 237 Lima, don Gonzalo y los anfitriones indígenas
de la capital 256
Las poderosas naciones de las Charcas 260 Doña Angelina, segunda mujer de Pizarro 266
8. EL PATRIMONIO DE FRANCISCO PIZARRO
Y SUS HIJOS 271
Jurisdicción de la ciudad de Lima 279
Jurisdicción de Trujillo 291
Jurisdicción del Cuzco 294
Jurisdicción de La Plata 301
Jurisdicción de Arequipa 309
Jurisdicción de Quito 310
Negocios y compañías 311
9. EL PATRIMONIO DE LOS HERMANOS PIZARRO 317
Hernando Pizarro 318
Gonzalo Pizarro 348
Juan Pizarro 356
Francisco Martín de Alcántara 357
10. CONCLUSIONES Y EPÍLOGO 361
ANEXOS
1. Mercedes otorgadas a los hermanos Pizarro 393 2. Consulta del Consejo de Indias al rey sobre
Martín de Ampuero, 1595 400
3. Real cédula al virrey del Perú sobre mercedes
a don Juan Ayavire Cuysara 402
4. Carta de compromiso entre doña Francisca
Pizarro y el veedor García de Salcedo 405 5. Notas sobre el cálculo del número de tributarios
otorgados a Francisco y a Hernando Pizarro en
1540 411
BIBLIOGRAFÍA
Ensayo historiográfico 413
Una nota sobre las fuentes: avatares de una
Investigación 422
Fuentes manuscritas 431
Fuentes impresas, obras contemporáneas y guías 433
ILUSTRACIONES
1. Ascendencia y enlaces del capitán Gonzalo Pizarro 32 2. Enlaces y descendencia de Francisco Pizarro 134
3. Mapa de Huaylas 239
4. Genealogía de los huaylas 240
5. Mapa de las propiedades de Francisco Pizarro 275 6. Mapa de las propiedades de Hernando Pizarro 319 7. Dibujo de las minas de Porco, siglo XVI 341 8. Mapa de las propiedades de Gonzalo Pizarro 350
CUADROS
1. Repartimientos y guarangas de Ruringuaylas, 1534 244 2. Repartimiento de Chuquiabo, "que fue" de Francisco
Pizarro, 1548 304
3. Población tributaria de Francisco Pizarro, 1535-1573
y ajustada a 1540 315
4. Encomienda de Hernando Pizarro, 1539 320 5. Población tributaria de Hemando Pizarro, 1536-1573
y ajustado a 1540 347
6. Estimado del tributo anual recibido por Hemando
Pizarro, 1549-1552 349
7. Encomienda de Gonzalo Pizarro en la provincia de
los cañaris, 1540 355
8. Tasas de despoblación en el Perú, 1530-1600 412
SIGLAS
ACC Archivo de los Condes de Canilleros (Cáceres) -AT -Asuntos de Trujillo
AGI Archivo General de Indias (Sevilla)
AGNP Archivo General de la Nación del Perú (Lima) AGS Archivo General de Simancas
-DC -Diversos de Castilla -E -Estado
AHN-OMS Archivo Histórico Nacional (Madrid) – Ordenes Militares, Santiago
AHP Archivo Histórico de Potosí -CR -Cajas Reales AHPUV Archivo Histórico Provincial y Universitario
de Valladolid
-JR -Juan de la Rúa -FR -Francisco Ruiz AMT Archivo Municipal de Trujillo (España) ANB Archivo Nacional de Bolivia (Sucre)
-EP -Escrituras Públicas
-LAACh -Libros de Acuerdos de la Audiencia de Charcas
-RC -Reales Cédulas BNP Biblioteca Nacional del Perú (Lima)
CAPS Catálogo de los fondos americanos del Archivo de Protocolos de Sevilla
ILUSTRACIONES
1. Ascendencia y enlaces del capitán Gonzalo Pizarro 32 2. Enlaces y descendencia de Francisco Pizarro 134
3. Mapa de Huaylas 239
4. Genealogía de los huaylas 240
5. Mapa de las propiedades de Francisco Pizarro 275 6. Mapa de las propiedades de Hernando Pizarro 319 7. Dibujo de las minas de Porco, siglo XVI 341 8. Mapa de las propiedades de Gonzalo Pizarro 350
CUADROS
1. Repartimientos y guarangas de Ruringuaylas, 1534 244 2. Repartimiento de Chuquiabo, "que fue" de Francisco
Pizarro, 1548 304
3. Población tributaria de Francisco Pizarro, 1535-1573
y ajustada a 1540 315
4. Encomienda de Hernando Pizarro, 1539 320 5. Población tributaria de Hemando Pizarro, 1536-1573
y ajustado a 1540 347
6. Estimado del tributo anual recibido por Hemando
Pizarro, 1549-1552 349
7. Encomienda de Gonzalo Pizarro en la provincia de
los cañaris, 1540 355
8. Tasas de despoblación en el Perú, 1530-1600 412
SIGLAS
ACC Archivo de los Condes de Canilleros (Cáceres) -AT -Asuntos de Trujillo
AGI Archivo General de Indias (Sevilla)
AGNP Archivo General de la Nación del Perú (Lima) AGS Archivo General de Simancas
-DC -Diversos de Castilla -E -Estado
AHN-OMS Archivo Histórico Nacional (Madrid) – Ordenes Militares, Santiago
AHP Archivo Histórico de Potosí -CR -Cajas Reales AHPUV Archivo Histórico Provincial y Universitario
de Valladolid
-JR -Juan de la Rúa -FR -Francisco Ruiz AMT Archivo Municipal de Trujillo (España) ANB Archivo Nacional de Bolivia (Sucre)
-EP -Escrituras Públicas
-LAACh -Libros de Acuerdos de la Audiencia de Charcas
-RC -Reales Cédulas BNP Biblioteca Nacional del Perú (Lima)
CAPS Catálogo de los fondos americanos del Archivo de Protocolos de Sevilla
CDIAO Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las posesiones españolas de América y Oceanía CDIHCh Colección de documentos inéditos para la historia
de Chile
CDIU Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas de ultramar. Segunda serie
CHDT Colección histórico documental trujilloniana FaP Doña Francisca Pizarro
FP Francisco Pizarro GP Gonzalo Pizarro
HC The Harkness Collection in the Library of Congress HP Hernando Pizarro n. número r. ramo R.C. Real Cédula RR.CC. Reales Cédulas
PREFACIO
CUANDO HACE VARIOS AÑOS iniciaba esta aventura, mientras mi esposa y yo nos alistábamos para partir a Inglaterra en busca del doctorado, María Rostworowski me hizo saber, con su acostum-brada generosidad, que debía "mirar unos legajos sobre los Piza-rro" existentes en el Archivo General de Indias. De su lectura sur-giría tiempo después mi tema de tesis, la que a su vez sirvió de fundamento para esta publicación.
Como es natural, en todos estos años la cuestión de los Piza-rro ha estado presente sin tregua en mi pensamiento y, por lo tan-to, conversé sobre ella numerosas veces con colegas y amigos. Si bien el intercambio fue fructífero y guardo de cada uno de ellos el más vivo recuerdo, muy a mi pesar no puedo aquí nombrar más que a unos pocos. Sin embargo, todos han tenido parte en la ela-boración de este trabajo.
La dirección recibida de John Lynch, mi supervisor de tesis, muestra la nobleza del maestro; este libro es en gran medida deu-dor de sus sutiles insistencias y de una fecunda comunicación personal y epistolar de varios años. Debo a Franklin Pease un agradecimiento especial por haberme animado a proseguir con el tema escogido y, luego, por comentar con acuciosidad mis borra-dores.
En Londres, en el Instituto de Estudios Latinoamericanos y su Seminario de Historia, ambos dirigidos a la sazón por John Lynch, intercambiamos ideas y experiencias, en especial con Les-
CDIAO Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las posesiones españolas de América y Oceanía CDIHCh Colección de documentos inéditos para la historia
de Chile
CDIU Colección de documentos inéditos relativos al descubrimiento, conquista y organización de las antiguas posesiones españolas de ultramar. Segunda serie
CHDT Colección histórico documental trujilloniana FaP Doña Francisca Pizarro
FP Francisco Pizarro GP Gonzalo Pizarro
HC The Harkness Collection in the Library of Congress HP Hernando Pizarro n. número r. ramo R.C. Real Cédula RR.CC. Reales Cédulas
PREFACIO
CUANDO HACE VARIOS AÑOS iniciaba esta aventura, mientras mi esposa y yo nos alistábamos para partir a Inglaterra en busca del doctorado, María Rostworowski me hizo saber, con su acostum-brada generosidad, que debía "mirar unos legajos sobre los Piza-rro" existentes en el Archivo General de Indias. De su lectura sur-giría tiempo después mi tema de tesis, la que a su vez sirvió de fundamento para esta publicación.
Como es natural, en todos estos años la cuestión de los Piza-rro ha estado presente sin tregua en mi pensamiento y, por lo tan-to, conversé sobre ella numerosas veces con colegas y amigos. Si bien el intercambio fue fructífero y guardo de cada uno de ellos el más vivo recuerdo, muy a mi pesar no puedo aquí nombrar más que a unos pocos. Sin embargo, todos han tenido parte en la ela-boración de este trabajo.
La dirección recibida de John Lynch, mi supervisor de tesis, muestra la nobleza del maestro; este libro es en gran medida deu-dor de sus sutiles insistencias y de una fecunda comunicación personal y epistolar de varios años. Debo a Franklin Pease un agradecimiento especial por haberme animado a proseguir con el tema escogido y, luego, por comentar con acuciosidad mis borra-dores.
En Londres, en el Instituto de Estudios Latinoamericanos y su Seminario de Historia, ambos dirigidos a la sazón por John Lynch, intercambiamos ideas y experiencias, en especial con Les-
lie Bethell, Luis Henrique Dias Tavares y Leonardo León Solís. Compartí oficina y amistad con Roberto Escalante y con Hazel Aitken. En Madrid recibí la hospitalidad de Alfredo Moreno Ce-brián y Ascensión Martínez Riaza. En Sevilla usé la biblioteca de la Cátedra de Historia de los Descubrimientos gracias a Francisco Morales Padrón. José Jesús Hernández Palomo hizo que nuestra estancia en la ciudad fuese cálida desde el primer momento. Siempre en Sevilla, y en el Archivo General de Indias, hicimos un gran descubrimiento, de mayor trascendencia que cualquier do-cumento oculto. Advertimos que la pasión por la investigación histórica la compartíamos con un entusiasta grupo de colegas, cuya energía y amistad ocupan un lugar imborrable en nuestros recuerdos.
En Lima fui invitado al Instituto de Estudios Peruanos por María Rostworowski, y de inmediato fui recibido por todos aque-llos compañeros con quienes he participado en las labores coti-dianas de los últimos años. Miguel León, conocedor del siglo XVI y de la sierra norcentral, ha sido un permanente interlocutor, así como los colegas del área de historia. En otros ámbitos, he dividi-do preocupaciones e intereses con Lorenzo Huertas, Idilio Santi-llana, Pedro Guibovich y Felipe Burstein. Pablo Macera apoyó mi investigación con estimulantes comentarios. Noble David Cook, David Brading, Linda Newson y Woodrow Borah hicieron útiles sugerencias. Eduardo Sanseviero, recordado amigo, tiene aquí el libro por el que tantas veces inquirió.
Mención especial merece el personal de los archivos y biblio-tecas que consulté, casi siempre afables con los investigadores, a pesar de su solitario trabajo entre libros y papeles. En Lima, qui-siera destacar la atención del Archivo General de la Nación, Sala de Investigaciones de la Biblioteca Nacional y Archivo Arzobis-pal. En Su ere, descubrí en don Gunnar Mendoza al hombre que había dedicado un cariño inconmensurable al cuidado de la docu-mentación histórica, hoy lamentablemente fallecido. Las pautas y ficheros personales que me proporcionó hicieron más provechosa mi investigación en el ejemplar Archivo Nacional de Bolivia. En Potosí, con más frío que nunca, fui guiado por los amables funcio-narios del Archivo Histórico.
Aprecio la atención del personal del Archivo General de In-dias, de la biblioteca de la Escuela de Estudios Hispano-America-nos, del Archivo de Protocolos de Sevilla y de la biblioteca y ar-chivo de la Universidad de Sevilla. También recibí una esmerada atención en el Archivo Municipal de Trujillo, el Archivo General de Si mancas y el Archivo Provincial y Universitario de Vallado-lid. Dejo constancia, asimismo, de la amabilidad con que me reci-bieron don José Zuleta y Carvajal, Duque de Abrantes, de Jerez de la Frontera, y don García Rueda, nieto de don Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, de Cáceres, y por permitirme la consulta de sus archivos privados. En Londres usé, como en casa, la biblioteca del Instituto de Estudios Latinoamericanos, así como las del University College, la Universidad de Londres, el Institute of Historical Research y la Biblioteca Británica.
En diversas etapas de la investigación y redacción recibí apo-yo del Consejo Británico, Central Research Fund de la Universi-dad de Londres, Instituto de Cooperación Iberoamericana, Fun-dación Ford, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología del Perú, Instituto de Estudios Peruanos e Instituto Francés de Estudios Andinos. El tramo final de la publicación se vio favorecido por la corrección de estilo de Gabriel Valle, la lectura y sugerencias de César Augusto Lengua, la diagramación siempre acuciosa de Aída Nagata y la colaboración de Marcos Fishman.
Por último, mis padres, José y Arlette Varón, estuvieron cerca de nosotros a pesar de los años que pasamos fuera del Perú, así como mi suegra María Eugenia de Suárez. Mi esposa, Margarita Suárez, siguiendo su propio derrotero profesional compartió con-migo estos años llenos de investigación y de intensidad emocio-nal. A José Mauricio, nuestro hijo, dedico este trabajo.
lie Bethell, Luis Henrique Dias Tavares y Leonardo León Solís. Compartí oficina y amistad con Roberto Escalante y con Hazel Aitken. En Madrid recibí la hospitalidad de Alfredo Moreno Ce-brián y Ascensión Martínez Riaza. En Sevilla usé la biblioteca de la Cátedra de Historia de los Descubrimientos gracias a Francisco Morales Padrón. José Jesús Hernández Palomo hizo que nuestra estancia en la ciudad fuese cálida desde el primer momento. Siempre en Sevilla, y en el Archivo General de Indias, hicimos un gran descubrimiento, de mayor trascendencia que cualquier do-cumento oculto. Advertimos que la pasión por la investigación histórica la compartíamos con un entusiasta grupo de colegas, cuya energía y amistad ocupan un lugar imborrable en nuestros recuerdos.
En Lima fui invitado al Instituto de Estudios Peruanos por María Rostworowski, y de inmediato fui recibido por todos aque-llos compañeros con quienes he participado en las labores coti-dianas de los últimos años. Miguel León, conocedor del siglo XVI y de la sierra norcentral, ha sido un permanente interlocutor, así como los colegas del área de historia. En otros ámbitos, he dividi-do preocupaciones e intereses con Lorenzo Huertas, Idilio Santi-llana, Pedro Guibovich y Felipe Burstein. Pablo Macera apoyó mi investigación con estimulantes comentarios. Noble David Cook, David Brading, Linda Newson y Woodrow Borah hicieron útiles sugerencias. Eduardo Sanseviero, recordado amigo, tiene aquí el libro por el que tantas veces inquirió.
Mención especial merece el personal de los archivos y biblio-tecas que consulté, casi siempre afables con los investigadores, a pesar de su solitario trabajo entre libros y papeles. En Lima, qui-siera destacar la atención del Archivo General de la Nación, Sala de Investigaciones de la Biblioteca Nacional y Archivo Arzobis-pal. En Su ere, descubrí en don Gunnar Mendoza al hombre que había dedicado un cariño inconmensurable al cuidado de la docu-mentación histórica, hoy lamentablemente fallecido. Las pautas y ficheros personales que me proporcionó hicieron más provechosa mi investigación en el ejemplar Archivo Nacional de Bolivia. En Potosí, con más frío que nunca, fui guiado por los amables funcio-narios del Archivo Histórico.
Aprecio la atención del personal del Archivo General de In-dias, de la biblioteca de la Escuela de Estudios Hispano-America-nos, del Archivo de Protocolos de Sevilla y de la biblioteca y ar-chivo de la Universidad de Sevilla. También recibí una esmerada atención en el Archivo Municipal de Trujillo, el Archivo General de Si mancas y el Archivo Provincial y Universitario de Vallado-lid. Dejo constancia, asimismo, de la amabilidad con que me reci-bieron don José Zuleta y Carvajal, Duque de Abrantes, de Jerez de la Frontera, y don García Rueda, nieto de don Miguel Muñoz de San Pedro, Conde de Canilleros, de Cáceres, y por permitirme la consulta de sus archivos privados. En Londres usé, como en casa, la biblioteca del Instituto de Estudios Latinoamericanos, así como las del University College, la Universidad de Londres, el Institute of Historical Research y la Biblioteca Británica.
En diversas etapas de la investigación y redacción recibí apo-yo del Consejo Británico, Central Research Fund de la Universi-dad de Londres, Instituto de Cooperación Iberoamericana, Fun-dación Ford, Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología del Perú, Instituto de Estudios Peruanos e Instituto Francés de Estudios Andinos. El tramo final de la publicación se vio favorecido por la corrección de estilo de Gabriel Valle, la lectura y sugerencias de César Augusto Lengua, la diagramación siempre acuciosa de Aída Nagata y la colaboración de Marcos Fishman.
Por último, mis padres, José y Arlette Varón, estuvieron cerca de nosotros a pesar de los años que pasamos fuera del Perú, así como mi suegra María Eugenia de Suárez. Mi esposa, Margarita Suárez, siguiendo su propio derrotero profesional compartió con-migo estos años llenos de investigación y de intensidad emocio-nal. A José Mauricio, nuestro hijo, dedico este trabajo.
INTRODUCCIÓN
FRANCISCO PIZARRO Y LA CONQUISTA DEL PERÚ han sido tema de numerosos trabajos de las más variadas características, desde na-rraciones imaginarias hasta valiosos estudios históricos. Quizá la constante en todos ellos haya sido la búsqueda de una explica- ción de los hechos que conmovieron a los Andes en el siglo XVI e hicieron caer a sus pobladores bajo el dominio del imperio espa-ñol. Así, se han tratado aspectos religiosos, militares, políticos y culturales, y aun amorosos relacionados a la invasión, conquista y colonización del Tahuantinsuyo. Resulta curioso, sin embargo, que hasta la fecha no se haya tratado en su debida magnitud la motivación empresarial de los conquistadores. Fue ésta la que permitió que hombres valerosos de Europa se uniesen y dispusie-sen de recursos para buscar la sujeción de otros hombres que he-roicamente defendían a sus dioses, sus familias y sus tierras ante el invasor. Es este aspecto empresarial y la relación política que la compañía de conquista mantuvo con la corona española lo que hará comprender, asimismo, que el gobierno primigenio del Perú colonial estuviese dominado por Francisco Pizarro, sus familiares y allegados.
La conquista del Perú se sustentó en una organización empre-sarial privada que obtuvo los recursos económicos y militares, así como la concesión real requeridos para emprender aquella tras-cendental tarea. Esta organización tuvo que ser potenciada para hacer frente a las nuevas demandas planteadas por la invasión
del Tahuantinsuyo y su consiguiente colonización y explotación. La pequeña organización originaria debió evolucionar hacia la creación de dos estructuras paralelas: una empresarial, destinada a satisfacer los intereses privados de Francisco Pizarro, y la otra política, cuya finalidad era el manejo del gobierno de la colonia. Debido a que el modelo español de conquista de América se ca-racterizó por la presencia de empresas privadas que actuaron bajo el patrocinio real, en el Perú ambas estructuras estuvieron estre-chamente vinculadas en tanto que respondían a los intereses par-ticulares del gobernador Pizarro y sus allegados.
Aquello que en sus inicios había sido algo más que un peque-ño grupo de servidores se convirtió en una nómina de cientos de personas de origen europeo, destinadas a servir a Pizarro. Su fun-ción era doble. Por el lado empresarial, debieron dirigir y recoger la producción de miles de indígenas ‒que para fines tributarios los españoles se repartieron bajo la forma de encomiendas‒ , así como atender las unidades productivas y mercantiles que se ubi-caron a todo lo largo del antiguo territorio incaico. Por el lado gu-bernamental se designaron individuos de confianza para cubrir los diversos cargos políticos y municipales, así como para mante-ner las relaciones con la burocracia imperial, tanto en la metrópoli como en el Perú.
Este libro fue motivado por una larga lista de estudios que lo precedieron, los que se detallan en el ensayo historiográfico que antecede a la bibliografía. Sin embargo, quisiera anotar que en la actualidad la etnohistoria, que hace dos décadas se fortaleció co-mo una corriente historiográfica diferenciada, ha logrado que la visión indígena sea incorporada como parte de la perspectiva usual del historiador. En otras palabras, creo que difícilmente po-drá elaborarse ahora un estudio histórico serio sobre los Andes que no abarque tanto la perspectiva hispana como la indígena. En consecuencia, en este trabajo he intentado seguir esta pauta.
El tema específico que abordaré es el estudio de la organiza-ción empresarial formada por Francisco Pizarro para el gobierno político y explotación empresarial del Perú, con énfasis en el pe-ríodo que se extiende desde la invasión de 1532 hasta la muerte de Hernando Pizarro en 1578. Se tratará de explicar los orígenes y el funcionamiento de la organización, así como su carácter priva-
do y el patrocinio que obtuvo de la corona española, todo lo cual condujo a que Francisco Pizarro ocupara el máximo cargo políti- co de las gobernaciones de la Nueva Castilla y de la Nueva Tole- do, a la vez que se convertía en el mayor explotador de los recur- sos del país. Compartió, con sus hermanos y allegados, gran parte de los riesgos y la mayoría de los beneficios.
En la primera parte del libro, titulada "La dinámica de la em-presa", se ofrece un recuento cronológico de la empresa formada para la invasión, ocupación y gobierno del Perú, en una interrela-ción que hace imposible disociar lo privado de lo público.
La segunda parte, titulada "Las personas y las propiedades", reseña aspectos referidos a aquellos hombres que se vincularon con Pizarro por medio de su participación en la conquista y en la administración de las empresas que constituyeron el patrimonio peruano de la familia del conquistador.
El libro, en suma, presenta algunos temas novedosos para la historiografía sobre la conquista y colonización de América y del Perú, pero también toca algunos asuntos controversiales que han sido discutidos durante siglos. En ambos casos he tratado de eva-luar la veracidad de los hechos y las acciones de los personajes, en base a la disponibilidad de las fuentes. Debido a la ausencia del archivo de los Pizarro, hoy perdido, he acudido a la documenta- ción del Archivo General de Indias, el Archivo Histórico Provin-cial y Universitario de Valladolid y el Archivo Nacional de Boli-via, entre otros. Así encontré expedientes judiciales, protocolos notariales, cartas privadas, visitas y peticiones de mercedes a la corona.
Esta investigación agrega la dimensión empresarial a la con- quista y gobierno durante las primeras décadas de presencia es-pañola. El interés privado se revela como la fuerza que alentó la invasión y colonización del Perú, aunque bajo el necesario patro-cinio de la corona castellana. Los nuevos datos que aquí se pre-sentan, así como la interpretación que explica el surgimiento y desarrollo de la organización pizarrista, pensada tanto para ex-plotar los recursos del país como para gobernarlo en nombre de la monarquía española, acaso ayuden a incrementar el conoci-miento que se tiene sobre las dos primeras décadas de presencia colonial en el país. Sin embargo, el tema de Francisco Pizarro y
del Tahuantinsuyo y su consiguiente colonización y explotación. La pequeña organización originaria debió evolucionar hacia la creación de dos estructuras paralelas: una empresarial, destinada a satisfacer los intereses privados de Francisco Pizarro, y la otra política, cuya finalidad era el manejo del gobierno de la colonia. Debido a que el modelo español de conquista de América se ca-racterizó por la presencia de empresas privadas que actuaron bajo el patrocinio real, en el Perú ambas estructuras estuvieron estre-chamente vinculadas en tanto que respondían a los intereses par-ticulares del gobernador Pizarro y sus allegados.
Aquello que en sus inicios había sido algo más que un peque-ño grupo de servidores se convirtió en una nómina de cientos de personas de origen europeo, destinadas a servir a Pizarro. Su fun-ción era doble. Por el lado empresarial, debieron dirigir y recoger la producción de miles de indígenas ‒que para fines tributarios los españoles se repartieron bajo la forma de encomiendas‒ , así como atender las unidades productivas y mercantiles que se ubi-caron a todo lo largo del antiguo territorio incaico. Por el lado gu-bernamental se designaron individuos de confianza para cubrir los diversos cargos políticos y municipales, así como para mante-ner las relaciones con la burocracia imperial, tanto en la metrópoli como en el Perú.
Este libro fue motivado por una larga lista de estudios que lo precedieron, los que se detallan en el ensayo historiográfico que antecede a la bibliografía. Sin embargo, quisiera anotar que en la actualidad la etnohistoria, que hace dos décadas se fortaleció co-mo una corriente historiográfica diferenciada, ha logrado que la visión indígena sea incorporada como parte de la perspectiva usual del historiador. En otras palabras, creo que difícilmente po-drá elaborarse ahora un estudio histórico serio sobre los Andes que no abarque tanto la perspectiva hispana como la indígena. En consecuencia, en este trabajo he intentado seguir esta pauta.
El tema específico que abordaré es el estudio de la organiza-ción empresarial formada por Francisco Pizarro para el gobierno político y explotación empresarial del Perú, con énfasis en el pe-ríodo que se extiende desde la invasión de 1532 hasta la muerte de Hernando Pizarro en 1578. Se tratará de explicar los orígenes y el funcionamiento de la organización, así como su carácter priva-
do y el patrocinio que obtuvo de la corona española, todo lo cual condujo a que Francisco Pizarro ocupara el máximo cargo políti- co de las gobernaciones de la Nueva Castilla y de la Nueva Tole- do, a la vez que se convertía en el mayor explotador de los recur- sos del país. Compartió, con sus hermanos y allegados, gran parte de los riesgos y la mayoría de los beneficios.
En la primera parte del libro, titulada "La dinámica de la em-presa", se ofrece un recuento cronológico de la empresa formada para la invasión, ocupación y gobierno del Perú, en una interrela-ción que hace imposible disociar lo privado de lo público.
La segunda parte, titulada "Las personas y las propiedades", reseña aspectos referidos a aquellos hombres que se vincularon con Pizarro por medio de su participación en la conquista y en la administración de las empresas que constituyeron el patrimonio peruano de la familia del conquistador.
El libro, en suma, presenta algunos temas novedosos para la historiografía sobre la conquista y colonización de América y del Perú, pero también toca algunos asuntos controversiales que han sido discutidos durante siglos. En ambos casos he tratado de eva-luar la veracidad de los hechos y las acciones de los personajes, en base a la disponibilidad de las fuentes. Debido a la ausencia del archivo de los Pizarro, hoy perdido, he acudido a la documenta- ción del Archivo General de Indias, el Archivo Histórico Provin-cial y Universitario de Valladolid y el Archivo Nacional de Boli-via, entre otros. Así encontré expedientes judiciales, protocolos notariales, cartas privadas, visitas y peticiones de mercedes a la corona.
Esta investigación agrega la dimensión empresarial a la con- quista y gobierno durante las primeras décadas de presencia es-pañola. El interés privado se revela como la fuerza que alentó la invasión y colonización del Perú, aunque bajo el necesario patro-cinio de la corona castellana. Los nuevos datos que aquí se pre-sentan, así como la interpretación que explica el surgimiento y desarrollo de la organización pizarrista, pensada tanto para ex-plotar los recursos del país como para gobernarlo en nombre de la monarquía española, acaso ayuden a incrementar el conoci-miento que se tiene sobre las dos primeras décadas de presencia colonial en el país. Sin embargo, el tema de Francisco Pizarro y
sus hermanos en la conquista del Perú no ha sido agotado y seguirá siendo, por mucho tiempo más, motivo de investigaciones y publicaciones, apasionadas en algunos casos aun cuando no se encuentra tan lejana la fecha en que se cumplirá el medio milenio de la captura del Inca Atahualpa en el tambo de Cajamarca.
PRIMERA PARTE
sus hermanos en la conquista del Perú no ha sido agotado y seguirá siendo, por mucho tiempo más, motivo de investigaciones y publicaciones, apasionadas en algunos casos aun cuando no se encuentra tan lejana la fecha en que se cumplirá el medio milenio de la captura del Inca Atahualpa en el tambo de Cajamarca.
PRIMERA PARTE
CAPÍTULO 1
ANTES DE LA CONQUISTA
TRUJILLO DE EXTREMADURA
Francisco Pizarro regresó a Trujillo casi treinta años después de haber partido a las Indias en busca del apoyo que sólo sus pa-rientes y paisanos podían brindarle. Mientras Almagro y el resto de la hueste esperaban, el conquistador viajó a España para bus- car un acuerdo favorable con la corona y hombres para su expedi-ción. Hasta entonces ya se habían producido avances importan- tes, y en dos expediciones se tocaron las costas del Perú.
Teniendo en mente la tercera expedición al Perú, que sería la definitiva para la conquista, los hermanos Pizarro salieron de Trujillo hacia América en 1529. Tiempo después, a mediados del siglo XVI, Hernando Pizarro quedaba como único sobreviviente. En ese lapso, mientras conquistaban y colonizaban el Perú, los Pi-zarro mantuvieron vivo el vínculo con su tierra natal por medio de correspondencia con sus familiares, donativos e inversiones. En el caso de Hernando ‒el único varón nacido del vínculo ma-trimonial legítimo de su padre‒ puede afirmarse con certeza que en ningún momento dejó de pensar que Trujillo sería su destino final.
El lazo que agrupó a los hermanos Pizarro para su partida conjunta a las Indias no ocultaba las grandes diferencias que los separaban. De ellos, Hernando nunca debió dudar de su regreso a España, mientras que Francisco llegó a ser el más comprometido
con sus territorios americanos. Juan y Gonzalo permanecerían en el Perú a causa de la fatalidad de los hechos históricos que les tocó vivir.
Ya a inicios de la conquista del Perú podía sentirse la presen-cia extremeña y en espepresen-cial la trujillana entre los miembros de la expedición. Téngase en cuenta, por ejemplo, que los extremeños constituyeron el grupo regional más numeroso entre los ciento sesentaiocho europeos presentes en la captura de Atahualpa en Cajamarca, y de ellos nada menos que diecisiete eran trujillanos. La lealtad que el grupo de trujillanos mostró hacia los Pizarro so-lamente fue superada por el infalible apego fraterno que unió a los hermanos Pizarro entre sí.
Si bien ninguno de los expedicionarios pertenecía a la alta no-bleza ‒es decir, al grupo conformado por duques, condes, pe-queños señores feudales y sus parientes más próximos‒, trein-taiocho eran hidalgos y la mayoría provenían de Extremadura, especialmente de Trujillo. Las familias más prominentes de la ciudad aportaron hombres que pasaron con Pizarro a las Indias, como por ejemplo Pedro Barrantes, Juan Pizarro de Orellana y Juan de Herrera. Debajo de estos hidalgos, en la escala social, se ubicaron seis individuos en categoría intermedia, mientras que noventaiuno caerían en la de plebeyos, aunque de éstos sólo unos veinte pertenecían al estrato más bajo; los treintaitrés hombres restantes no han podido identificarse en sus orígenes sociales. Si se tomase como índice comparativo el alfabetismo, se podría tam-bién llegar a conclusiones válidas en cuanto a la composición so-cial del grupo. Del total, cincuentaiún hombres eran definitiva-mente alfabetizados; otros cincuentaisiete sabían firmar sus nombres con desigual habilidad y a treintaitrés puede conside- rarse analfabetos, mientras que los veintisiete restantes no pue- den ser clasificados por falta de datos.1
Así como Trujillo influyó en la conquista del Perú, este acon-tecimiento a su vez tuvo presencia en Trujillo. Los "indianos", aquellos hombres que regresaban enriquecidos de las Indias, aca-
1 A lo largo del libro se citará en las notas una versión resumida de la referencia bibliográfica, cuyos datos completos aparecen en la bibliografía.
Lockhart, Men of Cajamarca, 28-35.
pararon el Concejo, compraron pueblos reales y sus familiares se casaron entre sí. A pesar de ello, Ida Altman encuentra el límite al que llegó la gran presencia indiana, al afirmar que "la sociedad de Trujillo permaneció estable. Era lo bastante flexible como para absorber el impacto de las Indias y conservar esencialmente intac-tas sus estructuras".2 Los más exitosos de estos migrantes fueron
evidentemente los Pizarro, y por ese motivo jugaron un papel protagónico en la ciudad, aunque, en opinión de la citada histo-riadora, "los Pizarro no eran Trujillo, ni siquiera después de la conquista del Perú".3 En todo caso, resulta indudable que el cauce
de la historia de Trujillo fue labrado, en gran medida, por las re-mesas de dinero que enviaban los Pizarro y otros conquistadores, los migrantes que regresaban con fortunas mayores o menores, los indígenas y mestizos que llegaron a formar parte de la socie-dad trujillana, las imponentes edificaciones y hasta el vacío deja- do en la ciudad por los que partieron y nunca regresaron.
Trujillo no era una gran ciudad hacia comienzos del siglo XVI, a pesar de la notable presencia que tuvo en la conquista de América. Por esta época contaba solamente con unos dos mil ve-cinos, lo que la hacía mayor que Cáceres pero más pequeña que Burgos, Salamanca, Segovia y Valladolid, y aproximadamente la mitad de Medina del Campo. La importancia de la ciudad estuvo basada en el control que ejerció sobre los pueblos y villas de su ju-risdicción. En 1557, según un padrón elaborado para propósitos tributarios, había en Trujillo setentaiseis hombres y mujeres en la categoría de hidalgos, dos tercios de los cuales pertenecían a la baja nobleza, y si bien ya para esa fecha la conquista de América había influido en la vida trujillana, sólo ocho de ellos eran consi-derados "peruleros".4
El espacio de la ciudad estaba dividido en tres secciones que, asimismo, correspondían a la estratificación social de sus habi-tantes. La villa, en primer lugar, formaba el recinto amurallado y se ubicaba en la parte elevada de una colina, desde donde se divi-saba la jurisdicción de la ciudad. En ella tenían sus casas con to-
2 Altman, Emigrantes y sociedad, 60. 3 Ibid., 22-23.
con sus territorios americanos. Juan y Gonzalo permanecerían en el Perú a causa de la fatalidad de los hechos históricos que les tocó vivir.
Ya a inicios de la conquista del Perú podía sentirse la presen-cia extremeña y en espepresen-cial la trujillana entre los miembros de la expedición. Téngase en cuenta, por ejemplo, que los extremeños constituyeron el grupo regional más numeroso entre los ciento sesentaiocho europeos presentes en la captura de Atahualpa en Cajamarca, y de ellos nada menos que diecisiete eran trujillanos. La lealtad que el grupo de trujillanos mostró hacia los Pizarro so-lamente fue superada por el infalible apego fraterno que unió a los hermanos Pizarro entre sí.
Si bien ninguno de los expedicionarios pertenecía a la alta no-bleza ‒es decir, al grupo conformado por duques, condes, pe-queños señores feudales y sus parientes más próximos‒, trein-taiocho eran hidalgos y la mayoría provenían de Extremadura, especialmente de Trujillo. Las familias más prominentes de la ciudad aportaron hombres que pasaron con Pizarro a las Indias, como por ejemplo Pedro Barrantes, Juan Pizarro de Orellana y Juan de Herrera. Debajo de estos hidalgos, en la escala social, se ubicaron seis individuos en categoría intermedia, mientras que noventaiuno caerían en la de plebeyos, aunque de éstos sólo unos veinte pertenecían al estrato más bajo; los treintaitrés hombres restantes no han podido identificarse en sus orígenes sociales. Si se tomase como índice comparativo el alfabetismo, se podría tam-bién llegar a conclusiones válidas en cuanto a la composición so-cial del grupo. Del total, cincuentaiún hombres eran definitiva-mente alfabetizados; otros cincuentaisiete sabían firmar sus nombres con desigual habilidad y a treintaitrés puede conside- rarse analfabetos, mientras que los veintisiete restantes no pue- den ser clasificados por falta de datos.1
Así como Trujillo influyó en la conquista del Perú, este acon-tecimiento a su vez tuvo presencia en Trujillo. Los "indianos", aquellos hombres que regresaban enriquecidos de las Indias, aca-
1 A lo largo del libro se citará en las notas una versión resumida de la referencia bibliográfica, cuyos datos completos aparecen en la bibliografía.
Lockhart, Men of Cajamarca, 28-35.
pararon el Concejo, compraron pueblos reales y sus familiares se casaron entre sí. A pesar de ello, Ida Altman encuentra el límite al que llegó la gran presencia indiana, al afirmar que "la sociedad de Trujillo permaneció estable. Era lo bastante flexible como para absorber el impacto de las Indias y conservar esencialmente intac-tas sus estructuras".2 Los más exitosos de estos migrantes fueron
evidentemente los Pizarro, y por ese motivo jugaron un papel protagónico en la ciudad, aunque, en opinión de la citada histo-riadora, "los Pizarro no eran Trujillo, ni siquiera después de la conquista del Perú".3 En todo caso, resulta indudable que el cauce
de la historia de Trujillo fue labrado, en gran medida, por las re-mesas de dinero que enviaban los Pizarro y otros conquistadores, los migrantes que regresaban con fortunas mayores o menores, los indígenas y mestizos que llegaron a formar parte de la socie-dad trujillana, las imponentes edificaciones y hasta el vacío deja- do en la ciudad por los que partieron y nunca regresaron.
Trujillo no era una gran ciudad hacia comienzos del siglo XVI, a pesar de la notable presencia que tuvo en la conquista de América. Por esta época contaba solamente con unos dos mil ve-cinos, lo que la hacía mayor que Cáceres pero más pequeña que Burgos, Salamanca, Segovia y Valladolid, y aproximadamente la mitad de Medina del Campo. La importancia de la ciudad estuvo basada en el control que ejerció sobre los pueblos y villas de su ju-risdicción. En 1557, según un padrón elaborado para propósitos tributarios, había en Trujillo setentaiseis hombres y mujeres en la categoría de hidalgos, dos tercios de los cuales pertenecían a la baja nobleza, y si bien ya para esa fecha la conquista de América había influido en la vida trujillana, sólo ocho de ellos eran consi-derados "peruleros".4
El espacio de la ciudad estaba dividido en tres secciones que, asimismo, correspondían a la estratificación social de sus habi-tantes. La villa, en primer lugar, formaba el recinto amurallado y se ubicaba en la parte elevada de una colina, desde donde se divi-saba la jurisdicción de la ciudad. En ella tenían sus casas con to-
2 Altman, Emigrantes y sociedad, 60. 3 Ibid., 22-23.
rreones los caballeros e hidalgos, con sus respectivos escudos de armas en la puerta. Algunos de los apellidos ahí presentes eran los de Bejarano, Altamirano, Orellana, Añasco, Vargas, Carvajal, Loaysa, Paredes, De los Grados, Alvarado, Calderón, Torres, Es-cobar, Hinojosa, Aguilar, Cervantes, Tapia y, por supuesto, Piza-rro, varios de los cuales serán reconocibles entre los conquistado-res del Perú y posterioconquistado-res emigrantes a las Indias. En la misma villa se alzaba la iglesia de Santa María la Mayor, lugar preferido por los vecinos para sus ceremonias. En ella se habían realizado los funerales del rey de Aragón, con la asistencia de su nuera Isa-bella Católica y también ahí fueron enterrados varios de los Piza-rro. Así, en su nave yacen Diego Hernández Pizarro, supuesta ca-beza de los Pizarro de Trujillo, y también don Francisco Pizarro, hijo mestizo del conquistador, nacido en el Perú y muerto en Tru-jillo a los veinte años.5
El segundo espacio era la plaza, ubicada al pie de la colina, en un área amplia y plana, posiblemente de trazo más reciente. Ini-cialmente ocupada por mercaderes y escribanos, con el paso del tiempo fue aumentando su importancia como centro económico, tanto para los productos del campo como para los artesanales. El tercer y último espacio era el llamado, casi despectivamente, de los arrabales. Estaba constituido por las callejuelas que partían de la plaza en dirección al campo. En ellas vivían los labradores y los artesanos, quienes además tenían sus talleres en esta zona, según lo reflejaban los nombres de las calles: de los Olleros, Sillerías, Zu-rradores, de los Hornos, Tintoreros, Herreros y al final la judería.6
A mediados del siglo XV había comenzado la migración de la nobleza pueblerina desde la villa hacia la plaza, afianzándose en el siglo XVI. Así, cuando Carlos V pasó por Trujillo en 1526 se alojó en la llamada casa de la Cadena, propiedad de Nuño García de Chávez y situada en la plaza. Los Pizarro tenían casa en la villa, 5 Porras, Pizarro, 3-4, 45-95 y 104-108. Los datos de Porras, principal
investiga-dor del tema tratado en esta sección, por lo general son precisos según he podido comprobar al confrontarlos con los documentos originales, aunque lamentablemente es excepcional que indique su procedencia archivística. Además de los textos citados véanse: Naranjo Alonso, Trujillo; Busto, La tierra
y la sangre y Tena Fernández, Trujillo histórico y monumental.
6. Porras, Pizarro, 4-5
pero a fines del siglo XV el capitán Gonzalo Pizarro, padre de Francisco, tenía solar en la plaza, al igual que sus amigos Martín de Chávez y Juan Núñez de Prado. Ese solar sería luego amplia- do por Hernando Pizarro con la adquisición de casas adyacentes para edificar el palacio de la Conquista, sin lugar a dudas la cons-trucción más imponente de la plaza de Trujillo. Si bien el proceso se había iniciado mucho antes, resulta acertada la afirmación de 'porras según la cual" en la definitiva transformación de la ciudad y descendimiento de la villa al arrabal tuvieron parte decisiva los conquistadores del Perú"7 Sin embargo, tal vez sería más preciso
decir que éstos hicieron sus inversiones en la zona de mayor pres-tigio de la ciudad, que para mediados del siglo XVI era ya defini-tivamente la plaza.
En el caso de los Pizarro, este proceso es bastante claro: el ca-pitán Gonzalo Pizarro tenía su solar en la plaza y sus hijos con-quistadores auspiciaron el desarrollo urbano de Trujillo tomando ese solar y la plaza como ejes. Francisco ordenó, en una sección especial de su testamento, la construcción de una iglesia consa-grada a Nuestra Señora de la Concepción, la que sería ubicada en el lugar más cercano posible a las casas de su padre, en la plaza pública de la ciudad y que habían sido heredadas por su hermano Hernando.8
La iglesia no se llegó a construir, seguramente debido al inte-rés de Hernando por evitar la dispersión del patrimonio familiar que quedaba a su cargo y que incluía las herencias de sus herma-nos Francisco y Juan.9 Sin embargo, en su testamento y codicilo
7 Ibid., 5-7.
8 Testamento de FP, Los Reyes, 5.6.1537. Publicado por Porras, Pizarro, 503-577. La cita en la p. 525.
9 Un detallado análisis heurístico de los testamentos de Francisco Pizarro ha sido elaborado por Guillermo Lohmann, quien muestra las incongruencias entre estos documentos y su probable manipulación. En cuanto al documento referente a la erección de la iglesia de Trujillo, las sospechas de que Hernando Pizarro lo hubiese alterado se multiplican a causa de las omisiones formales y contradicciones con el testamento de 1537, variantes que redundan en beneficio de Hernando. Véase Lohmann Villena, "Las expresiones de última voluntad de Francisco Pízarro", 23-24.
rreones los caballeros e hidalgos, con sus respectivos escudos de armas en la puerta. Algunos de los apellidos ahí presentes eran los de Bejarano, Altamirano, Orellana, Añasco, Vargas, Carvajal, Loaysa, Paredes, De los Grados, Alvarado, Calderón, Torres, Es-cobar, Hinojosa, Aguilar, Cervantes, Tapia y, por supuesto, Piza-rro, varios de los cuales serán reconocibles entre los conquistado-res del Perú y posterioconquistado-res emigrantes a las Indias. En la misma villa se alzaba la iglesia de Santa María la Mayor, lugar preferido por los vecinos para sus ceremonias. En ella se habían realizado los funerales del rey de Aragón, con la asistencia de su nuera Isa-bella Católica y también ahí fueron enterrados varios de los Piza-rro. Así, en su nave yacen Diego Hernández Pizarro, supuesta ca-beza de los Pizarro de Trujillo, y también don Francisco Pizarro, hijo mestizo del conquistador, nacido en el Perú y muerto en Tru-jillo a los veinte años.5
El segundo espacio era la plaza, ubicada al pie de la colina, en un área amplia y plana, posiblemente de trazo más reciente. Ini-cialmente ocupada por mercaderes y escribanos, con el paso del tiempo fue aumentando su importancia como centro económico, tanto para los productos del campo como para los artesanales. El tercer y último espacio era el llamado, casi despectivamente, de los arrabales. Estaba constituido por las callejuelas que partían de la plaza en dirección al campo. En ellas vivían los labradores y los artesanos, quienes además tenían sus talleres en esta zona, según lo reflejaban los nombres de las calles: de los Olleros, Sillerías, Zu-rradores, de los Hornos, Tintoreros, Herreros y al final la judería.6
A mediados del siglo XV había comenzado la migración de la nobleza pueblerina desde la villa hacia la plaza, afianzándose en el siglo XVI. Así, cuando Carlos V pasó por Trujillo en 1526 se alojó en la llamada casa de la Cadena, propiedad de Nuño García de Chávez y situada en la plaza. Los Pizarro tenían casa en la villa, 5 Porras, Pizarro, 3-4, 45-95 y 104-108. Los datos de Porras, principal
investiga-dor del tema tratado en esta sección, por lo general son precisos según he podido comprobar al confrontarlos con los documentos originales, aunque lamentablemente es excepcional que indique su procedencia archivística. Además de los textos citados véanse: Naranjo Alonso, Trujillo; Busto, La tierra
y la sangre y Tena Fernández, Trujillo histórico y monumental.
6. Porras, Pizarro, 4-5
pero a fines del siglo XV el capitán Gonzalo Pizarro, padre de Francisco, tenía solar en la plaza, al igual que sus amigos Martín de Chávez y Juan Núñez de Prado. Ese solar sería luego amplia- do por Hernando Pizarro con la adquisición de casas adyacentes para edificar el palacio de la Conquista, sin lugar a dudas la cons-trucción más imponente de la plaza de Trujillo. Si bien el proceso se había iniciado mucho antes, resulta acertada la afirmación de 'porras según la cual" en la definitiva transformación de la ciudad y descendimiento de la villa al arrabal tuvieron parte decisiva los conquistadores del Perú"7 Sin embargo, tal vez sería más preciso
decir que éstos hicieron sus inversiones en la zona de mayor pres-tigio de la ciudad, que para mediados del siglo XVI era ya defini-tivamente la plaza.
En el caso de los Pizarro, este proceso es bastante claro: el ca-pitán Gonzalo Pizarro tenía su solar en la plaza y sus hijos con-quistadores auspiciaron el desarrollo urbano de Trujillo tomando ese solar y la plaza como ejes. Francisco ordenó, en una sección especial de su testamento, la construcción de una iglesia consa-grada a Nuestra Señora de la Concepción, la que sería ubicada en el lugar más cercano posible a las casas de su padre, en la plaza pública de la ciudad y que habían sido heredadas por su hermano Hernando.8
La iglesia no se llegó a construir, seguramente debido al inte-rés de Hernando por evitar la dispersión del patrimonio familiar que quedaba a su cargo y que incluía las herencias de sus herma-nos Francisco y Juan.9 Sin embargo, en su testamento y codicilo
7 Ibid., 5-7.
8 Testamento de FP, Los Reyes, 5.6.1537. Publicado por Porras, Pizarro, 503-577. La cita en la p. 525.
9 Un detallado análisis heurístico de los testamentos de Francisco Pizarro ha sido elaborado por Guillermo Lohmann, quien muestra las incongruencias entre estos documentos y su probable manipulación. En cuanto al documento referente a la erección de la iglesia de Trujillo, las sospechas de que Hernando Pizarro lo hubiese alterado se multiplican a causa de las omisiones formales y contradicciones con el testamento de 1537, variantes que redundan en beneficio de Hernando. Véase Lohmann Villena, "Las expresiones de última voluntad de Francisco Pízarro", 23-24.
Hernando ordenó fundar la Iglesia Colegial de Trujillo y un hos-pita1.10
La influencia de los conquistadores en la región no se limitó al ámbito urbano de Trujillo. Los Pizarro, por ejemplo, de manera paulatina pero constante, compraron todas las tierras agrícolas y urbanas que pudieron en el lugar de La Zarza, ubicada a pocos ki- lómetros y dentro del término de Trujillo. Además, Hernando ad-quirió tierras y rentas de pastos en las cercanas Garciaz, Jaraicejo, Cañamero, La Cumbre, Santa Cruz de la Sierra y Logrosán.11
Sin relegar el aspecto económico de las inversiones, resulta in-teresante anotar la mezcla de ideales que representa la estrategia de compras de bienes raíces llevada a cabo por Hernando Pizarro y que corresponde a una época de mutación de patrones sociales en España. Mientras que, por un lado, el conquistador ampliaba el solar heredado para construir un verdadero palacio en la plaza de Trujillo ‒centro económico de la vida moderna y burguesa del siglo XVI‒ , por el otro armaba, a manera de rompecabezas, la propiedad de La Zarza, de inconfundibles reminiscencias feuda- les y con tal éxito que sería otorgado en marquesado con el nom-bre de La Conquista a sus sucesores, aunque sin las prerrogativas señoriales que tanto había deseado Hernando Pizarro.12
Los Pizarro fueron los más importantes peruleros que volvie-ron cargados de dinero americano a Trujillo, aunque no los úni-cos. Si bien es cierto que los extremeños, y en especial los trujilla-nos que estuvieron en la conquista del Perú fueron más pro- pensos que otros grupos regionales a quedarse en las Indias dada su proximidad al líder de la expedición.13 no es menos cierto que,
como norma, tanto aquellos que regresaron como los que no lo hi-cieron enviaban dinero a España en cantidades significativas. Así, en la plaza de Trujillo y en sus inmediaciones construyeron casas
10 Tena Fernández, Trujillo histórico y monumental, 39l.
11 Para un estudio detallado de las inversiones de los Pizarro en España ver Varón y Jacobs, "Los dueños del Perú".
12 Ibid.
13 Lockhart, Men of Cajamarca, 51, considera que entre los amigos y paisanos de Pizarro hubo una tendencia a quedarse en el Perú, mientras que sus enemigos y rivales prefirieron volver a España.
varios peruleros, y entre ellos Diego de Carvajal, Francisco de He-rrera, Juan Pizarro de Orellana, y García Ruys.14
El nombre Pizarro es uno de los antiguos de la zona y de la ciudad, encontrándosele desde el siglo XIII vinculado al linaje de los Añasco. Hay referencias documentales que indican la presen-cia de los Pizarro en la región desde 1280; se menciona a un Gon-zalo Sánchez Pizarro, precisamente del linaje de los Añasco. Este habría sido padre de Sancho Martínez, Añasco Pizarro y Alonso Martín Pizarro, y del primero de ellos descenderían los Pizarro del Perú. Estos personajes, así como sus sucesores del siglo si-guiente, serán localizados por medio de diversos documentos en las inmediaciones del monte Pizarroso.15
En Trujillo, el personaje identificado como el más antiguo de los Pizarro de la ciudad vendría a ser Diego Hernández Pizarro, quien se casó hacia 1400. Un sucesor suyo, Hernando Alonso Pi-
14 Diego de Carvajal, criado de Juan Pizarro en el Perú regresó a su Trujillo natal antes de 1541 (Porras, Pizarro, 6; Lockhart, Men of Cajamarca, 173). Juan Pizarro de Orellana era pariente lejano de los Pizarro y estuvo presente en la captura del Inca en Cajamarca, pero prefirió regresar a Trujillo, llegando a España en 1535. A pesar de sus posteriores pleitos por dinero con los Pizarro, su hijo se casó con doña Francisca Pizarro, una hija ilegítima de Hernando con Isabel de Mercado, en cuyos descendientes recaerían con el tiempo los títulos de los Pizarro conquistadores (Lockhart, Men of Cajamarca, 236-238). 15 Porras, Pizarro, 7, haciendo referencia al historiador trujillano Clodoaldo Naranjo Alonso. Véase, además, el "Catálogo de los fondos municipales" del AMT, manuscrito disponible en el citado repositorio, que incluye varios documentos del año 1353 sobre los Añasco en las heredades del Monte Pizarroso. Asimismo, Porras afirma haber visto en el AMT un documento de 1391 según el cual Rodrigo Alfonso Pizarro y Martín Alfonso, su hermano, vivían en una "heredat" suya, en el monte y dehesa de Pizarroso, cerca de Trujillo (porras, Pizarro, 7). Por otra parte, Madoz cita con el nombre de Pizarroso un arroyo en la provincia de Cáceres, partido judicial de Trujillo, que desemboca en el río Almonte, y un riachuelo, en la misma provincia, pero en el partido judicial de Logrosán, que naciendo en las sierras de Garciaz desemboca en el Ruecas. No incluye mención, sin embargo, al monte Piza-rroso (Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico, 13:75). Finalmente, Busto asegura que "pese al notorio origen montañés, no hay un solo lugar en la Montaña que se arrogue el derecho de haber sido la cuna de los Pizarro" (Busto, La tierra y la sangre, 47, n. 10).
Hernando ordenó fundar la Iglesia Colegial de Trujillo y un hos-pita1.10
La influencia de los conquistadores en la región no se limitó al ámbito urbano de Trujillo. Los Pizarro, por ejemplo, de manera paulatina pero constante, compraron todas las tierras agrícolas y urbanas que pudieron en el lugar de La Zarza, ubicada a pocos ki- lómetros y dentro del término de Trujillo. Además, Hernando ad-quirió tierras y rentas de pastos en las cercanas Garciaz, Jaraicejo, Cañamero, La Cumbre, Santa Cruz de la Sierra y Logrosán.11
Sin relegar el aspecto económico de las inversiones, resulta in-teresante anotar la mezcla de ideales que representa la estrategia de compras de bienes raíces llevada a cabo por Hernando Pizarro y que corresponde a una época de mutación de patrones sociales en España. Mientras que, por un lado, el conquistador ampliaba el solar heredado para construir un verdadero palacio en la plaza de Trujillo ‒centro económico de la vida moderna y burguesa del siglo XVI‒ , por el otro armaba, a manera de rompecabezas, la propiedad de La Zarza, de inconfundibles reminiscencias feuda- les y con tal éxito que sería otorgado en marquesado con el nom-bre de La Conquista a sus sucesores, aunque sin las prerrogativas señoriales que tanto había deseado Hernando Pizarro.12
Los Pizarro fueron los más importantes peruleros que volvie-ron cargados de dinero americano a Trujillo, aunque no los úni-cos. Si bien es cierto que los extremeños, y en especial los trujilla-nos que estuvieron en la conquista del Perú fueron más pro- pensos que otros grupos regionales a quedarse en las Indias dada su proximidad al líder de la expedición.13 no es menos cierto que,
como norma, tanto aquellos que regresaron como los que no lo hi-cieron enviaban dinero a España en cantidades significativas. Así, en la plaza de Trujillo y en sus inmediaciones construyeron casas
10 Tena Fernández, Trujillo histórico y monumental, 39l.
11 Para un estudio detallado de las inversiones de los Pizarro en España ver Varón y Jacobs, "Los dueños del Perú".
12 Ibid.
13 Lockhart, Men of Cajamarca, 51, considera que entre los amigos y paisanos de Pizarro hubo una tendencia a quedarse en el Perú, mientras que sus enemigos y rivales prefirieron volver a España.
varios peruleros, y entre ellos Diego de Carvajal, Francisco de He-rrera, Juan Pizarro de Orellana, y García Ruys.14
El nombre Pizarro es uno de los antiguos de la zona y de la ciudad, encontrándosele desde el siglo XIII vinculado al linaje de los Añasco. Hay referencias documentales que indican la presen-cia de los Pizarro en la región desde 1280; se menciona a un Gon-zalo Sánchez Pizarro, precisamente del linaje de los Añasco. Este habría sido padre de Sancho Martínez, Añasco Pizarro y Alonso Martín Pizarro, y del primero de ellos descenderían los Pizarro del Perú. Estos personajes, así como sus sucesores del siglo si-guiente, serán localizados por medio de diversos documentos en las inmediaciones del monte Pizarroso.15
En Trujillo, el personaje identificado como el más antiguo de los Pizarro de la ciudad vendría a ser Diego Hernández Pizarro, quien se casó hacia 1400. Un sucesor suyo, Hernando Alonso Pi-
14 Diego de Carvajal, criado de Juan Pizarro en el Perú regresó a su Trujillo natal antes de 1541 (Porras, Pizarro, 6; Lockhart, Men of Cajamarca, 173). Juan Pizarro de Orellana era pariente lejano de los Pizarro y estuvo presente en la captura del Inca en Cajamarca, pero prefirió regresar a Trujillo, llegando a España en 1535. A pesar de sus posteriores pleitos por dinero con los Pizarro, su hijo se casó con doña Francisca Pizarro, una hija ilegítima de Hernando con Isabel de Mercado, en cuyos descendientes recaerían con el tiempo los títulos de los Pizarro conquistadores (Lockhart, Men of Cajamarca, 236-238). 15 Porras, Pizarro, 7, haciendo referencia al historiador trujillano Clodoaldo Naranjo Alonso. Véase, además, el "Catálogo de los fondos municipales" del AMT, manuscrito disponible en el citado repositorio, que incluye varios documentos del año 1353 sobre los Añasco en las heredades del Monte Pizarroso. Asimismo, Porras afirma haber visto en el AMT un documento de 1391 según el cual Rodrigo Alfonso Pizarro y Martín Alfonso, su hermano, vivían en una "heredat" suya, en el monte y dehesa de Pizarroso, cerca de Trujillo (porras, Pizarro, 7). Por otra parte, Madoz cita con el nombre de Pizarroso un arroyo en la provincia de Cáceres, partido judicial de Trujillo, que desemboca en el río Almonte, y un riachuelo, en la misma provincia, pero en el partido judicial de Logrosán, que naciendo en las sierras de Garciaz desemboca en el Ruecas. No incluye mención, sin embargo, al monte Piza-rroso (Madoz, Diccionario geográfico-estadístico-histórico, 13:75). Finalmente, Busto asegura que "pese al notorio origen montañés, no hay un solo lugar en la Montaña que se arrogue el derecho de haber sido la cuna de los Pizarro" (Busto, La tierra y la sangre, 47, n. 10).