2
1
Yo X a todos los amigos
Que vinieron a mi casa después de eso.
Todos fueron devorados por la casa. Pero no era suficiente.
Para comenzar, encontraba a los niños alrededor de mi edad y los invitaba a entrar. Todos ellos fueron engañados por el dulce olor de la comida y mi sonrisa.
Todos estos niños tenían hambre. Y encima de eso, eran puros. Querían creer en un sueño, que la felicidad vendría a ellos por sí sola.
Aunque tal cosa nunca aparecería convenientemente delante de ellos, sus corazones infantiles fácilmente aceptaron el reconfortante cebo. De la misma manera yo lo había hecho.
La propia casa utilizó lo que sabía para matar a mis amigos con facilidad, y lo hizo de varias maneras.
No necesite hacer nada. Sólo extender una mano para invitarlos.
Aplastarlos entre las paredes era la forma más sencilla. De vez en cuando un niño afortunado podía escapar y corría por el pasillo, pero un cuchillo de la nada se hacía cargo de ellos rápidamente. La casa siempre ha tenido tales trampas en el lugar.
3 Porque ésta era la casa de una bruja. Una casa creada por demonios para devorar humanos. No era ninguna sorpresa que estuviera llena con herramientas mortales.
Cada vez que la casa comía a una persona, me expresaba su gratitud –gracias, muchas gracias– y yo sentía vergüenza de mí pasado por fallar al llevar a cabo mi trabajo como una bruja.
¿Remordimiento? ¿Culpa? No sentí tales cosas. Porqué quería ser curada.
Porqué quería alguien que me amara.
Al simplemente ir acumulando las piedras delante de mí, podría tener mis deseos concedidos. Cualquiera ante esa oferta hubiera elegido lo mismo. Las recogí y apile.
Sin embargo no eran piedras, sino huesos blancos. Los cráneos redondos de la gente. Quizás la gran pregunta era si éstos estaban al nivel de las piedras, o si habían sido efectivamente la vida de una persona.
Las almas humanas, por el momento, eran una moneda.
Dinero con el cual una bruja puede comprar hechizos de un demonio.
Justo como cambié las almas de mi padre y madre por el hechizo de esta casa, necesitaba más almas para recibir cosas del demonio.
Tenía que seguir trabajando no sólo por la cura que el demonio prometió, también por la medicina para retardar la progresión de mi enfermedad.
Cuando pise afuera ese día, vi mis dedos manchados de rojo. Aunque nunca antes hubo síntomas de mi enfermedad ahí.
Fue porque había dejado de tomar mi medicina desde que vine aquí. Temblé de miedo. No quería que fuera a empeorar. Me aferre a los medicamentos del demonio. Aún si no sabía cuánto ayudaban a tratarla.
Cuando la casa comía a una persona, calor circulaba por mi cuerpo, y sentía el alma ser llevada al demonio.
4 Con la medicina para ralentizar mi enfermedad, por el momento.
El resto, por así decirlo, fue hacia las ofrendas al demonio para conceder mi deseo.
–No es realmente una ofrenda, sólo una transacción.
Mire hacia la voz gruesa, y un cuervo negro se coloco en el borde de la ventana abierta. –Hola –el cuervo saludo, agitando las alas abiertas.
Lo miré con los brazos cruzados y una mirada de disgusto. –Solo deja la medicina y vete.
–Ooh, da miedo. La niña no tiene ningún respeto, ningún respeto. Oye, ¿qué pasa contigo? –, el cuervo escupió al gato negro, abajo en el piso.
–Shhh. No te aconsejo intentar hacerla enojar, – respondió irritado, pero no hizo ninguna implicación que el cuervo fuera una molestia. Se sentía como si el gato y el cuervo eran conocidos desde hace mucho tiempo.
–Te oigo. Haciendo buenos negocios. ¡Nos olemos luego!
El cuervo batió sus alas unas cuantas veces y luego despegó de la ventana. Me paré y la cerré con fuerza. Pero no necesitaba tocarla directamente; las cosas de esta casa se movían como era mi voluntad.
–¿Él no te agrada?
–Nop. Es tan ruidoso, – dije con frialdad. El gato se rasca la nariz con un suspiro.
Compraba mi medicina a otro demonio, distinto del gato negro. Sencillamente lo nombre demonio cuervo.
El gato negro no tenia nombre, tampoco.
Los demonios, al no tener una forma definida, evidentemente poseyeron los cadáveres de animales para hacer su trabajo.
5 Y al igual que tenían gustos diferentes en los animales, daban a las brujas diferentes tipos de magia. El gato negro no parecía saber hechizos medicinales, así que dependía del cuervo.
Le pregunté mientras ponía la medicina en una alacena. –¿Ese cuervo tiene una bruja, también?
–Bueno...
–¿Bueno? ¿No sabes?
–Nah. Porque solo estoy interesado en ti, Ellen. –…
–¿Estás escuchando?
Ignore al gato y continúe con mi trabajo.
¿Tenía el cuervo una bruja propia? Si es así, eso significaba que había alguien más viviendo como yo.
Pero pensar en eso no me interesa. No sentía hermandad alguna con una compañera bruja. Porque ella había elegido el camino de trabajar con un demonio para cumplir sus deseos, también. ¿Qué bien haría para mí entrometerme en la vida de otra persona, mientras que ella tenía sus propias emociones por separado?
Simplemente por su conexión a un demonio, las brujas vivían en sus propios mundos. Impedir eso solo causaría problemas. Por lo menos en mi caso.
Pensé en el vínculo entre los demonios y las brujas.
¿Los demonios usan a las Brujas para sus propios fines? ¿O las brujas usan a los demonios para sus propios fines?
Sentí que ambas eran correctas. Era una transacción, como el cuervo dijo. Porque parecía que los demonios no podían matar humanos con su propio poder.
6 Visite el cuarto de libros buscando información sobre los demonios. No pude encontrar mucho de interés.
–¿Podrías estarlo ocultando? –, pregunté al gato negro.
–Bueno, nunca, –respondió, caminando con gracia y girando la cola.
Siempre que tomaba un libro en esta casa, era provista de un libro con una cercana dificultad correcta de lectura para mí. Lo que significaba que no se me permitía leer libros que no debía todavía.
El próximo libro que busqué fue acerca de la magia del gato negro. Me senté en una silla al azar y leí.
Todos los hechizos demoniacos del gato negro eran cosas retorcidas.
Un hechizo para hacer que la gente vea ilusiones, un hechizo para mirar dentro del corazón de una persona, un hechizo para controlar el cuerpo de alguien...
Yo pensaba que simplemente destruir el cuerpo de una persona sería suficiente para comer su alma.
Sin embargo el gato negro parecía interesado en infundir miedo, algo que era bastante evidente en esta casa de trampas mortales.
–¿Por qué sólo sabes hechizos como estos?
–Hmm. Supongo que simplemente me gustan ese tipo de cosas. Y... –¿—Y?
–Son más sabrosos así. –¿En serio?
–Sí. Así que buena suerte. Buena suerte, dice.
Vaya holgazán. Aún así, temblé ligeramente.
Porque no había duda. Él sabía que iba a disfrutar usando estos hechizos. Una bruja, ¿usa a un demonio para sus propios fines? Absolutamente no. Esa no es la posición en la que esta una bruja.
7 No volví a molestarme con intentar entablar una amistad con las personas que invitaba a la casa. Era simplemente improductivo.
Porque nadie me amaba en mi enfermedad. Podía poner a una ilusión temporal, pero una vez que se revelaba mi verdadera apariencia, corrían por el miedo.
Y todos tenían casas para volver, así que no se quedaban. Era fácil doblegarlos, pero eso no era real.
Si tan sólo pudiera moldear sus corazones, entonces podría reunir a muchos de ellos, y lo haría realidad. Eso era todo.
Cada vez que una persona moría, las rosas alrededor de la casa parecían multiplicarse. Arranque un pétalo y lo mire en mi palma.
Quizás estas flores rojas estaban hechas de sangre, y no metafóricamente.
Podía ver patrones como vasos sanguíneos en este mismo pétalo. Y eran casi idénticos a las venas que podía ver en mi mano.
Mi vida como una bruja comenzó favorablemente.
Aunque no era muy diferente de lo que había estado haciendo. Bebía té, leía libros y miraba hacia afuera.
Sólo de vez en cuando, invitaba a un humano que primero tenía que llegar a la casa.
Deambulaba por la casa sin ningún sentido de restricción.
Cada vez que pasaba un espejo, revisaba mi reflejo. La chica ahí parecía muy saludable. Pero no podía sonreír desde el fondo.
8 –Hey, ¿cuánto falta?
–Todavía no. No es remotamente suficiente –respondió el gato negro.
2
Pasaron muchos días y noches.
Al cambiar las estaciones igual lo hizo el bosque, las flores en el jardín se marchitaban y floreciendo nuevamente. Las estrellas arriba, destellantes, no cambiaban sus alineaciones, sino sólo sus posiciones.
El tiempo pasaba lentamente pero con seguridad.
…Y con todo mi cuerpo seguía siendo de una niña de siete años.
Me di cuenta de esto nuevamente el día que mate a un humano y vi su memoria.
Ese humano adulto había sido un niño que, hace mucho tiempo, escapó por un capricho. Había pasado suficiente tiempo para que un niño se convirtiera en adulto. Comparé mi propio cuerpo con el del cadáver plenamente maduro a mis pies.
Yo no había crecido un centímetro. Es más, mi cabello y uñas no habían crecido tampoco. Era como si el tiempo se hubiera detenido para mí. Y sin embargo la maldición de mi enfermedad progresaba dentro de mí.
Las brujas no mueren, había dicho el gato negro. Débilmente me preguntaba si esto era lo que significaba vivir para siempre, oliendo el aroma de una rosa recién florecida.
Había vivido aquí mucho tiempo y aprendí muchas cosas, pero mi cerebro de siete años olvidaba mucho.
9 Un libro abierto lleno de páginas en blanco apareció en la mesa delante de mí.
Un libro de cubierta roja.
¿Qué escribiré? Sin siquiera pensarlo, la pluma comenzó a moverse por sí sola, elegantemente anotando las cosas.
Ah. Así que no necesito escribir. Porque parecía que el diario ya estaba escribiendo cosas que ni siquiera podía recordar –la casa sabía más sobre mí que yo misma–.
De esa manera, incluso mis pensamientos actuales podían volverse palabras en las páginas.
Dejé el diario detrás, que sea escrito como la magia de la casa elija, y partí.
Todo tipo de personas llegaron al bosque. Niños jugando.
Amantes encontrándose.
Adultos pasando para cazar o hacer negocios.
Y además, algunos adultos venían a buscar a sus niños, o para investigar el bosque.
Manipulaba el bosque con gran habilidad. Miré hacia abajo desde lo alto en el cielo, con la visión mágica sobre todo el bosque. Despejé un camino como un hilo enrollándose para llevar gente a mi casa.
Comenzando a aburrirme de las trampas de la casa, opte por jugar con la magia del gato negro. A veces yo misma me involucraba.
Ellos desviaban la mirada. Eso estaba bien. Enredaderas de rosa se enrollaban alrededor de sus cuellos. Dura como metal, se enterraban con fuerza en la piel. Justo antes de que sus cabezas rodaran, ellos me miraban y decían «Bruja».
Algunos luchaban, otros se enojaban, otros insultaban.
No me molestaba por esas cosas. Porque incluso los más grandes eventos de todas sus vidas eran, para mí, un capítulo de mi vida cotidiana.
Los mire con la barbilla en las manos como si viera una obra de teatro. Sus maldiciones pasaban atreves de mis oídos.
10 Pero de repente, tuve un pensamiento.
Acerca de cómo me llamaron bruja. ¿Podría ser que era conocida?
–¿Hm? lo hiciste a propósito, ¿verdad? –, dijo el gato negro, mirando a un charco de sangre en el piso.
–¿A propósito?
–Sí. A veces dejas a la gente que viene aquí huir. Obviamente los rumores van a difundirse.
Ah. Quizás tenía razón.
Hubo momentos en que hermanos o amantes se perdían aquí, y yo maté a sólo uno del par, dejando al otro huir. Y no fue ocurrencia de una sola vez.
No sé qué estaba pensando particularmente en esos momentos, pero pensando en ello, era verdad.
Tal vez quería ser conocida.
Que mi existencia lo fuera. Y que vivía profundo en el bosque.
Tal vez yo odiaba vivir desconocida para todos. Me sentía sola. Quería que todos vinieran a jugar.
–¿En serio?
El gato negro sonrió con una boca que goteaba rojo. Le respondí con una sonrisa del mismo grado que la suya.
Sí. Quiera a amigos. Amigos que darían su vida por mí. Era como un juego de pescar a otros –solo que yo era la única que corría detrás de ellos–.
11 Cuando venia un niño con costosas prendas o accesorios, los robaba y probaba en mí. Giraba delante del espejo. ¿Y bien? ¿Me queda? El gato negro siempre simplemente decía que era linda, lo que era aburrido.
Así que rápidamente me aburrí de eso y guarde las cosas en un armario.
La medicina del demonio se mesclaba en té o pasteles para que pudiera fluir a través de mi cuerpo.
Como un ritual diario, me hundía en el sofá rojo y esperaba. Cuando era la hora, una medicina dulce aparecía en la mesa delante de mí.
Hoy, fue tarta de fresa.
Clave el tenedor a través de la fresa en la punta y observé el jugo fluir hacia fuera.
Debo decir que no disfrutaba matando gente exactamente. Los Mataba de manera brutal, pero no me gustaba hacerlo.
Sólo lo hacía para complacer al demonio.
Por supuesto, a él le encantaba ver sufrir a la gente. Se deleitaba comiendo almas empapadas en la desesperación.
«No, no quiero morir, no aquí, no ahora. Ayúdame.» las almas que murieron con esos pensamientos eran deliciosas, dijo.
No podía distinguir esos sabores yo misma –no tenía ningún deseo de degustarlos–, pero él me felicitó por los mejores. En pocas palabras, eran más rentables.
Fue por eso que empecé a matar a la gente de esas maneras.
La casa también lo sabía. Optaba por los más horribles métodos. ¿Los había ideado la bruja que vivía aquí antes de mí?
No tenía ningún interés en ello. Termine acostumbrándome al olor de las tripas, pero eso fue todo.
12 Últimamente había estado cortando las manos de la gente para juntarlas, pero solamente como ingredientes para hacer medicina. No tenía ningún interés particular en hacer disecciones.
El cocinero me asistió en esto. Aunque le faltaba algo de cabeza –en ambos sentidos– y a algunas veces casi me cortó por error.
Me pregunte por qué una persona así estaría aquí, pero supongo que la bruja anterior deseaba sus habilidades de cocina.
Sabía cocinar todo. Por desgracia, yo tenía poco interés en la cocina y sólo comía pastelillos y tartas, así que puede haber sido algo aburrido para él.
Así que, no. No me gusta matar gente.
Porque, míralo de esta manera. Hay humanos que matan cerdos, ¿no es cierto? Ellos lo hacen para comer, pero no disfrutan lo que están haciendo. Es la misma cosa.
–¿A quién diablos hablas? –, preguntó el gato negro, sentándose a mi lado mientras me comía mi tarta.
A quién, en efecto. A alguien leyendo este diario, sin duda. Dibuje las letras en el aire con el extremo del tenedor. –¿Estás escribiendo un diario?
Correcto. Aunque no soy yo quién está escribiendo, sino la casa. –Bueno, eh. ¿Puedo leerlo?
No le contesté, empujando un pedazo de tarta a mi boca.
Por supuesto, seria mentir si dijera que no me gustaba la sensación de euforia cuando la casa comía un humano.
Pero eso era de esperarse. Provocaba una reacción en mi cuerpo, pero no había nada que pudiera hacer… oye, gato, ¿por qué sonríes?
13 Lo vi por la ventana, llamando «Alo». La voz gruesa y estridente del cuervo no podía ser buena para mi corazón.
Me molestaba saber todo lo que pasaba por el bosque, menos el cuervo. Siguiendo ese pensamiento, tampoco podía saber dónde estaba el gato negro. Quizás todos los demonios eran así.
Y en lo que se refería a lo incomprensible, estaban también los relojes de la casa.
Sin importar cuánto cambiara de forma la casa, los relojes se mantenían en las mismas posiciones, realizando fielmente la marcha del tiempo independientemente de mi voluntad.
Era como el latido del corazón. Inafectado por la conciencia de su propietario, su predeterminado ritmo no podía ser alterado. Era el pulso de la casa—
El cuervo toco mi mejilla trayéndome de vuelta a la realidad. Parecía haber terminado de llevar las medicinas.
Con el fin de determinar la medicina que necesitaba, era necesario que el demonio cuervo mirara dentro de mi cuerpo.
–Eres como un médico, –le dije–. Eh, –dijo.
–Bueno, entonces ¿no podrías curar mi enfermedad? –, pregunté–. Sólo el gato puede hacer eso, –dijo.
–Hmph.
Estaba un poco decepcionada, y mire con sospecha al cuervo.
Por la manera en que él lo dijo, podría ser que tenía la capacidad, pero dejaba el deber de curarme al gato negro.
Pero preguntarle a un demonio más al respecto no me llevaría a ningún lugar. Me tragué mis sospechas y pregunte otra cosa.
–¿No es un poco extraño que se comen a la gente, y sin embargo tienen el poder para curarla?
El cuervo se rió. –Déjame ponerlo en tus términos. Tendrías un problema si un cerdo enferma, ¿no?
14 Con la Sensación de que llegaría a algo, levanté una ceja. –¿Es un problema para los demonios si los seres humanos están enfermos?
El cuervo abrió su gran boca y dijo, –no lo es tanto. Pero lo es si queremos jugar, – entonces se rió crudamente.
Su voz sucia y discursito hizo mi cara torcerse. –Nosotros –. ¿Era eso el cuervo y el gato negro?
Sentí desagradable pensar que estos demonios tenían sus manos en todo.
Lleve la taza de té a mis labios, y luego me di cuenta. …Espera. Si un cerdo...
¿No fue eso lo que escribí en mi diario antes? –Podría ser... ¿espías los diarios de la gente?
–¡Wuup! –El cuervo huyó por la ventana con una prisa aparentemente intencional. ¿Por qué? Tú... lo perseguí hasta la ventana, pero no podía continuar.
–¡Hey! No te burles de Ellen.
El gato negro apareció de algún lado y saltó al techo con el cuervo. El cuervo lo miró y hablo con una voz intimidante.
–No hice nada. Eres tan odiosamente sobre protector. Lárgate. –¿Q–qué?
El gato y el cuervo comenzaron a luchar en el techo, aunque el cuervo esta solamente a la ofensiva. El gato negro chasquea sus bigotes, llamándome con los ojos. Ayúdame, Ellen, decían.
Observé durante un tiempo y pronto suspire ruidosamente, lo suficiente como para que me escucharan, entonces salí de la habitación.
–Hey, Ellen, ¡no me ignores! –, dijo el gato patéticamente detrás de mí. Oí al cuervo reír mientras se iba volando.
15 El gato saltó dentro la habitación y me siguió. Una de sus orejas se había perdido en la