The Witch’s House
–The Diary of Ellen–
Índice
Capítulo 0: Prólogo……….3
Capítulo 1: Reunión del callejón……….4
Capítulo 2: Despertar………48
Capítulo 3: Pequeña linda botella……….95
Capítulo 4: Una chica que era amada………..143
Capítulo 5: Ellen……….197
Palabras del Traductor……….235
Traducción ingles-español: -Deadlysmile- y Ziel Graywords
Revisión y corrección: -Deadlysmile-
Edición de imágenes para el recopilatorio: Ziel Graywords
Agradecimiento especial: Wlady Andre
Oí un sonido silbante. Estaba muy cerca, y lo eh oído cada vez que levanto mi pecho. Sabía que no era el viento, sino un sonido proveniente de mí.
Esta habitación es muy fría, muy oscura. Ah, ¿no había sentido este frío suelo de la misma manera antes? Cerré mis ojos con un pensamiento. Lágrimas, sangre, no sé cuál de ellas, corrió por mis mejillas.
Un poderoso viento soplo por la ventana. Oí voltear las páginas del diario en el escritorio. Era mí diario.
Un libro encuadernado–color rojo en el que estaba escrito todo sobre mí. Podía recordarlo todo, con la misma facilidad de como si hubiera sucedido ayer.
–
1/
Estoy enferma,
Así que nadie juega conmigo.
Vi a un gato negro atrapar a un ratón.
Sucedió en un instante. Todo lo que vi fue una sombra oscura que saltaba, y antes de darme cuenta, había un gato negro con un ratón en su boca.
El ratón ni siquiera crispaba –– tal vez el golpe del gato fue vital. Como si notara mi mirada, el gato me observo.
Sus grandes, ojos dorados estaban muy abiertos.
Sólo momentos después, el gato desapareció en el callejón.
Dejé escapar un gran suspiro. Qué hermoso era. La imagen de ese gato negro fue grabada en mi vista.
Ese cuerpo ágil, y con ojos como la luna llena. Oro como los míos, verdad. Pero yo no tenía colmillos como él. Y no tenía libertad.
Tirada en mi sucia cama, miraba hacia afuera. Todo lo que podía hacer todos los días era mirar por la ventana hacía el callejón.
¿Por qué, te preguntaras?
Las personas que pasan no me notan. Y si lo hicieran, ellos fingen no ver a la pálida niña que los observa.
Las personas honestas fruncen el seño como si vieran algún tabú, y rápidamente desaparecen.
Naturalmente. Estos eran los barrios bajos.
Todo el mundo se centra en vivir sus vidas, incapaces de preservarse a la hora de prestar una mano a otros.
“¿Ellen?”
Mi madre me llamo por mi nombre tan dulcemente que me devolvió a la realidad. “¿Has visto algo?”, me pregunto, colocando un cubo de agua en el suelo.
Quizás ella había notado como veía hacía afuera con más de un destello en los ojos como era usual.
Asentí un poco con la cabeza y abrí la boca.
“Un gato…”
Una voz más degastada de lo que esperaba emergió. Tosí un poco, y luego continúe.
“Vi a ese oscuro gato negro capturar a un ratón.”
“Ah”, ella sonrío. Su holgada-estacado cabello castaño claro se balanceo por encima de su clavícula.
Mojó un trapo en la cubeta con agua y lo escurrió. Ella lo dobla cuidadosamente, y luego coloca una mano en la manta.
“Voy a cambiar los vendajes.”
Tenia vendas envueltas en ambas pantorrillas. Había tenues manchas color rojizo en ellas. Cuando me quito las vendas, la descolorida e agrietada piel se hizo evidente. Mamá comenzó a limpiarme con sus manos como una experta.
Trate de hablarle de que tan rápida, elegante forma el gato había atrapado al ratón. Pero, ya que solo había sido cuestión de momentos, pronto me quede sin cosas que contar.
Mientras guarde silencio, madre termino de envolver mis vendas y tiró de la manta hacía arriba.
Ella miró mi cabeza, y como si apenas se diera cuenta, dijo “Oh, tus cintas se resbalaron.”
Se extendió hasta ella. No es que no me guste saber si se están resbalando o no. Ella sonrío y hizo un gesto para que mirara hacía el otro lado. Estoy obligada, giro mi cuerpo hacía la ventana.
Desató mi cinta roja y empieza a peinar lentamente mi largo pelo, de un ligero-purpura. Con cuidado, para no tocar las vendas en la cara.
Sabía que no podía mover un músculo. Espere a que termine de peinarme a través de la totalidad de mi pelo de una longitud-hasta mi cintura.
Es casi como si ella estuviera jugando con una muñeca.
Cada vez que movía sus brazos, un dulce aroma contemplaba a mi nariz.
Mi madre siempre lleva un aroma como a dulces confites. Yo lo esperaba ya que es su trabajo hacer este tipo de cosas.
Ella siempre reemplaza mis vendajes por las noches. El cual es más o menos el momento en el que llega a casa. Me gusta la combinación de su dulce aroma y el poco aire frío que aparece en las puestas de sol.
El tiempo pasó lentamente. Cerré los ojos con comodidad.
“Lo siento, no puedo dejar que juegues afuera.”
Mis ojos se abrieron de golpe.
Una pequeña corriente eléctrica corrió por mi cabeza. Era una especie de señal, advirtiéndome del peligro, que me dejo inmóvil.
Tengo que elegir las palabras adecuadas para momentos como estos. Los engranajes de mi cabeza giran para encontrar una respuesta. Todo esto sucede en solo un momento.
Le contesto tan alegremente como soy capaz.
“Está bien. Me gusta jugar dentro de la casa, ¿Sabes?”, le dije, mirando hacía mi madre.
Ella sonrió y se peinó el pelo como si nada hubiera ocurrido. Una vez que confirme su sonrisa, torpemente traje una sonrisa a mis labios.
Nací enferma.
Pero eso no quiere decir que me limité a esta oscura habitación desde mi
nacimiento. No podía ver el cielo desde esta ventana, sin embargo sabía sobre el azul del cielo y el olor de la hierba. Cuando era más joven, yo jugué afuera.
Desde que nací, la piel de mi cara y piernas se inflama. Hay algo malo con mis articulaciones, por lo que duelen con solo caminar.
No saben el por qué. Mucho menos curarla. No hay médicos decentes por aquí, ni tampoco tenemos dinero para gastar.
Recordé lo que el adivino nos había dicho.
“La enfermedad que tiene esta niña es por culpa de la mala conducta de sus antepasados. Ella va a sufrir por toda la eternidad.”
Mi madre gritó algo, y me saco de ahí de la mano con el adivino. A medida que avanzábamos por las callejuelas, su rostro se volvía tan pálido que parecía estar a punto de desmayarse.
En última instancia, todo lo que mi madre podía hacer es proteger mi piel con vendajes y hacerme beber la medicina.
No sabía que significaba. En esos momentos, yo apenas era sólo una niña, que quería jugar al aire libre. Había dolor en mis piernas, pero no era suficiente para que no pudiera caminar. Mi madre me había permitido salir a jugar como yo tanto deseaba.
Podía ocultar las vendas en las piernas con una falda, pero no las de la cara. Cada vez que me movía o rascaba mi cara, la piel podrida como lombrices trituradas se veía con facilidad a través de los huecos entre las vendas.
Los niños de mi edad me encontraban repulsiva. No era una enfermedad contagiosa, pero los padres me temían y no dejaban a sus hijos acercarse.
Algunos me miraban y susurraban a distancia. Fingí ignorarlos y jugaba sola, sollozando levemente. Sin embargo seguía siendo mejor que estar en una sombría habitación.
Cuando me cansaba de jugar, volvía a casa.
Me acostaba, dejando mi ropa sucia y vendas como estaban, y esperaba a que mi madre regresara.
Un día, ella regresaba del trabajo como de costumbre. “¿Te divertiste?”, preguntó, tratando de alcanzar mi sucia ropa.
Vi su mano.
No sé por qué, pero la inquietud me invadió, y cada uno de mis poros padeció un frío sudor.
…¿Las manos de mi madre siempre eran tan duras?
No podía abrir la boca para preguntar. Sólo imaginar pedirlo hizo que mis piernas se doblaran. Sentí escuchar un susurro –– “Es tu culpa”. Yo estaba temblando.
Definitivamente no podía decir que la aspereza de sus manos se debía enteramente a su atención hacia mí. Pero no había duda de que tenía un efecto sobre su vida.
A este paso, mi madre seguramente algún día me abandonara. Ese fue el presentimiento que tenía.
Mi madre no dijo nada. Y sin embargo sin que use palabras, vi que sus labios fuertemente apretados –– me culpan, y estaba asustada.
No, no quiero ser abandonada. Es un grito a través de mi cuerpo.
Creo que fue entonces cuando esas señales comenzaron a volar por mi cabeza. A partir del día siguiente, dejé de ir a jugar afuera. Sólo esperaba obedientemente en la cama para cuando mamá regresara del trabajo. Podría tener comezón, pero me
abstenía de rascarme. Quería mantener el tiempo en el que ella me cuida al mínimo.
Ella penó que era extraño verme hacer esto, pero sólo al principio. Muy pronto, dejó de atribuir toda opinión.
De hecho, parecía volverse más amable que de costumbre. Tal vez sea sólo mi imaginación, pero no me importaba.
Yo tenía mucho, mucho más miedo de perder el amor de mi madre que el de no ser capaz de jugar al aire libre.
Por el momento cuando cumplí siete, era una prisionera.
Yo había elegido el insensato camino de un prisionero, atada por las vendas como cadenas, alimentada sólo con el amor de mi madre.
“Ya está.”
Mi madre ajusto mi cinta y levantó un espejo en su mano.
Vi en el reflejo una chica flaca con la cara envuelta en vendajes. Un pelo de un ligero púrpura decorado con una cinta roja. A mi lado, una mujer con el pelo castaño claro susurro, sonriendo tranquilamente.
Ella me abrazó por la espalda, y suavemente giró mi cuerpo como a una cuna. “Mi querida Ellen…”
Me coloco el tranquilizador dulce aroma de mi madre. Agarré sus delgados dedos y cerré mis ojos.
Mi madre. La madre que me había amado. Yo la amaba también.
Ser abandonada por mi madre sería lo mismo que la muerte. Porque ella era la única persona que me amaba.
Si ella no sonreía, entonces yo tampoco podría hacerlo. Si ella no me estuviera amando, no podría respirar.
Al igual que un desesperado debilucho por tener algo para mantenerse, me aferré al amor de mi madre.
Debido a que estos eran los barrios pobres.
Al igual que cualquiera estaba desesperada por vivir, estaba desesperada por tener su amor.
“… ¡Maldita sea! ¡Me estas cargando!”
El sonido de la puerta principal al abrirse violentamente me decía que padre había llegado a casa.
Mi madre y yo nos separamos por la sorpresa. O más bien, fue ella quien me dejo ir de inmediato.
Me tomo de la mano, y el ligero temblor de la misma me comunico su nerviosismo.
Es una pequeña casa, por lo que la entrada y donde duermo estaban casi conectados. Había una gran mesa en el centro de la habitación, padre se sienta y cerro de golpe una botella que llevaba.
No sabía qué tipo de trabajo tenía mi padre. Recuerdo que llega a casa más tarde que mama.
Su cabello corto y ropa usada siempre estaban sucios con tierra o lo que sea eso. “Voy a tener que sacar otro préstamo…”
Él murmuró. Sabía que él no hablaba consigo mismo, sino que estaba dirigido a mi madre.
Ella habló con él inquisitivamente. “¿Qué pasa con el sindicato?”
Mi padre se limitó a sacudir la cabeza.
“No va a pasar, no van hablar. Y sabían que llegaríamos a ir donde teníamos que ir, por lo que –– ¡Maldita sea!”
Como si estuviera enfadado con su memoria, pateó el cercano cubo. Mi Madre apretó mi mano con fuerza.
El tiempo pasó torpemente. El tic–tac, tic–tac del reloj hizo eco a través de la habitación.
Mi padre dejó escapar un gran suspiro, y su mirada vagó. Miró más allá de mi madre bajando sus ojos.
Me sobresalté, y abrí mi boca para decir algo. Pero en un momento, miró hacia otro lado con fastidio, tomando un trago de la bebida que había traído con él.
Mi corazón se hundió profundamente. Siempre fue así.
Mi padre no me mira.
Me trata como si no existiera.
Nunca dijo que me amaba y me abrazó, pero él nunca dijo que me odiaba y me regañó. No había ninguna duda de que era consciente de mi existencia. De hecho, parecía que él hacía todo lo posible para mantenerme fuera de su visión.
Una vez le pregunte a mi madre “¿Padre me odia?” Ella solemnemente negó con la cabeza. “Por supuesto que no. Tú padre trabaja para ti, Ellen.”
“¿Entonces por qué él no habla conmigo?” Ella se rió un poco y dijo: “Él solo es tímido.”
Quería creerle. Quería pensar que mi padre me amaba.
Y cuando la esperanza de sus miradas hacía mi tenían un significado, por lo general me encontraba decepcionada.
Mi padre nunca dijo mi nombre. Sólo lo dijo mi madre.
Por fin, se levantó de la silla y se acercó. Yo no era su objetivo. Fue mi madre.
Él tiró de ella más o menos de la mano. Mi mano y la de ella se separaron, como si fuéramos amantes desgarrados.
Padre la arrastró hasta la otra habitación –– la única otra habitación –– y cerró la puerta. Después, escuche el sonido de la cerradura desde el interior.
Y entonces me quedé sola.
He oído un clamor por la pared. Los ruidos se habían calmado, luego cambió a voces hablando.
Esta era la costumbre.
Siempre hablaban donde no podía verlos.
No sabía lo que estaban haciendo Pero sentía que era algo necesario para las relaciones entre un hombre y una mujer.
Una vez le pregunté a mi madre cuando salió, “¿Qué estaban haciendo?” Ella se echó a reír con preocupación.
En estos momentos, podía oler algo distinto a su dulce olor de confección en todo el lado de atrás de su cuello. Supuse que podía ser el olor de mi padre.
Mientras hablaban, yo perdí el tiempo inútilmente mirando afuera y arañando las etiquetas en los frascos de medicamento.
Quería decir que se me había concebido un tiempo para ser libre.
En verdad, estaba siendo dejada atrás. Pero me puso triste pensar en eso.
Cuando me aburrí de rayar las etiquetas, cogí una vieja muñeca guardada bajo mi cama.
Es la muñeca de una niña de pelo rubio. Lleva un vestido de color púrpura y un sombrero, por no hablar de su misteriosa sonrisa.
Mi madre me la había dado, diciendo “No había muñecas con un pelo como el tuyo, Ellen. ¡Pero su ropa es del mismo color que tu pelo!”
La acepté, fingiendo alegría. No me importaba de qué color era el pelo de la muñeca. Después de todo, no está hecha con mi propio pelo.
Mi cabello era el mismo tenue púrpura que el de mi padre. Pero me hubiera gustado que fuera de un color marrón claro, como el de mi madre. Tal vez entonces, si tengo el pelo como el suyo, mi padre se digne a mirarme.
Le aparté el pelo a la muñeca con mi mano. El hilo de oro se hizo todo un nudo, por lo que es difícil para mis dedos pasar a través.
Creció mi irritación. Me abrí paso a través forzando los nudos. Los inorgánicos ojos de la muñeca parecía que hablaban conmigo.
“…Eso duele.”
Cállate. No puede dolerte. Eres una muñeca. “… ¿Y tú no eres una muñeca también?” Yo no soy una muñeca.
Lo negué, en lo profundo de mi corazón, recordé como mi madre peinaba mi cabello.
Estaba completamente inmóvil, dejando que ella haga lo que quiera. Permanecía sentada esperando a que ella moviera el peine de arriba abajo.
¿Soy una muñeca? “…Lo eres.” Incorrecto.
Continúe alejando los nudos en el hilo.
Mis ojos no están muertos como los tuyos. Mis ojos pueden ver todo tipo de cosas, todo tipo de lugares.
Heeheehee.
La muñeca se rió, su cuello giro en una dirección extraña, y su rostro es el mismo de siempre.
“… ¿Lugares como este callejón? ¿Y qué más?” Sentí la sangre subir a mi cabeza.
Inmediatamente lance a la muñeca. Chocó contra un muro y cayó sobre una pila de ropa en el suelo.
Escondí mi cabeza bajo las sábanas, no quería oír nada.
Yo odio estar sola. Me hace pensar mucho. Me hace oír demasiado.
Oré por mi madre para que viniera a mi lado pronto, y cerré mis ojos con fuerza. No tengo frío, pero ni cuerpo se estremeció. Muy pronto, me quedé dormida.
Cuando volví en mí, mi madre me acariciaba mi mejilla con la palma de su mano. Su expresión era vacía, pero cuando me vio, sonrió.
“¿Estás despierta?”
En silencio, asiento con la cabeza.
Con sólo mirar su rostro logro clamarme. “Te voy a traer un poco de agua.”
Ahora que lo pienso, ya es hora del medicamento.
Miré por la ventana. La noche ya había caído. La noche todavía tenía que descender. No debe de haber pasado mucho tiempo desde que me dormí. Miró hacía el espacio
pensando, aún somnolienta por mi siesta.
Mis ojos seguían casualmente la espalda de mi madre.
¿Me pregunto por qué? Me parecía que estaba trabajando menos para mí bien, y más como si estuviera huyendo de algo. ¿Pero de qué?
Vi más allá de la puerta de la otra habitación. Mi padre, que sin duda sigue ahí, no arrastrara más a mi madre de la mano.
Finalmente, mi madre regreso con una taza de agua y una medicina en polvo. Poco a poco me senté en la cama y los tome.
Luego, cuando distraídamente miraba el rostro de mi madre, quedé desconcertada. Quedé sin aliento, como si me hubiera dado cuenta de un hecho asombroso.
Mi madre se ve increíblemente hermosa.
No era la estructura de su rostro. Su pelo es un desastre, y apenas llevaba maquillaje. Ella sólo sonreía débilmente.
Su labio inferior esta rojo por ser mordido tantas veces, y ese rojo se sentía como el único color en este oscuro cuarto.
Sus abatidas pestañas se sacudieron varias veces con el recuerdo. Su mirada, la respiración, las manos juntas, todo parecía tener un significado.
Esta mujer está viva, sentí.
Tragué la medicina. Pero no me sabía amargo. Mi estómago se había acostumbrado a las cosas amargas.
Sin embargo el agua en el fondo de mi estómago hizo tal como una serpiente retorciéndose, y trató de escapar por mi garganta.
“¡…Madre!”
Iba a gritar, pero instantáneamente la llame.
Mi voz tembló. Estaba a punto de llorar en cualquier momento.
Como mi madre había visto, yo soy una niña que se preocupa por ella. Me tomo de la mano y suavemente me abrazo.
Incapaz de expresar los sentimientos que tengo, me aferre desesperadamente a su cuerpo.
¿Yo era incapaz de expresarme? No sé porque me parecía eso. Para ser exacta, quería fingir que no podía.
Aún envuelta en el aroma de mi madre, la oscuridad en mi pecho no desapareció. De hecho, sólo parecía hacerse más profunda.
Estaba nervios por este sentimiento que nunca había experimentado. Esta cosa nació en mi pecho.
Era el odio.
Yo la odiaba. A mi madre quien me hizo sentir que estaba viva. A mi madre que continuaba aceptando el amor de un padre que nunca quiso darme nada.
Estaba confundida al sentir una emoción tan brutal.
¿Cómo podía odiar a mi madre, quien era tan amable y adorable? Me advertí a mí misma.
Para acabar con los pensamientos amargos, me aferré aún más a su brazo.
Con un abrazo como este, ella me está coloreando, también.
Soy Ellen. Amada hija de mi madre. No necesito nada más que eso.
Desesperadamente me convencí a mí misma.
Y aún así, el odio enrollado alrededor de mi pierna, trataba de arrastrarme a las profundidades del mar.
Incluso llegó un susurro a mis oídos, por lo que me doy cuenta de eso.
“¿De verdad?”
Capitulo 1 – Reunion del callejon trasero
2/
Había algo malo en esa tarde.
Vi una masa oscura en el usual callejón. Se veía como una pieza de tela negra, o algo cubierto con pintura negra.
Tuve un mal presentimiento.
En el fondo de mi mente surgió la imagen de aquel hermoso gato negro que atrapó al ratón. Tal vez era el cuerpo del gato negro.
Me volví incapaz de ver algo más que al gato, y pude calmarme.
Investigarlo era inaguantable, bajé de mi cama. El poner todo el peso en mis piernas me creo un intenso dolor. El dolor de mis piernas se disparó hacia mi cabeza, y las lágrimas se formaron en mis ojos.
Me dolió. Pero no bastaba para que no pudiera caminar. Me apoye en la silla más cercana, mis pies tambalearon.
Eché un vistazo alrededor de la habitación, pero mis zapatos no estaban por ningún lado.
Deben haber sido quitados. Mi madre seguramente pensó que nunca tendría que salir, después de todo. Lo había deseado por mí misma, pero me hizo sentir un poco triste.
Salí descalza.
El sol brillaba sobre mí, casi directamente sobre mi cabeza. Los brillantes rayos hieren mis ojos.
Puse una mano a lo largo de las paredes de la casa, procediendo hacía la parte trasera del callejón.
Vi a la silueta negra. Al acercarme, se hizo más evidente que era un gato. Reflexione, eso era el cadáver del gato negro.
El gato estaba a un lado de la acera. Uno de sus globos oculares había estallado hacía afuera como un bol volteado, y por encima del otro, su cráneo estaba roto y ensangrentado.
Me detuve a pocos pasos del gato, repugnante.
Lo miré, estupefacta por la gran diferencia con la primera vez que la vi. No podía correr, pero tampoco puedo conseguir que nadie se acerque.
Me acordé de la impresionante vista cuando controlo a aquel ratón. ¿Por qué y cómo había sucedió esto?
¿Fue atropellada por un carro? ¿O cayó desde un lugar alto hasta el suelo? ¿Cómo podía una criatura viva ser reducida a un estado tan horrible? Me entristeció.
Yo no sentía mucho odio hacia quien le había hecho esto. Fue esta ciudad, que le obligaron a aceptar que cosas como esta pasan, es lo que odiaba.
Oí el graznido de un cuervo encima de mí. Miré hacia arriba y lo vi un una cerca alta, extendiendo sus alas. Él iba tras la carne.
¿…Crees que voy a dejarla?
Me acerqué al gato negro. Sentía que no podía dejarla así. La levante con ambos brazos, para protegerlo.
Ella fue luz. Y rígida. El cuerpo del gato se había endurecido en la posición que tenía en el suelo.
El globo ocular que estaba afuera hacía cómicamente evidente que no viviría más, sin embargo cuando la toque… Era como si fuera una cosa. Un objeto. Fue entonces cuando me enteré de que cuando las criaturas mueren, se convierten en meras cosas.
La zona a los alrededores estaba toda pavimentada. No hay lugar para enterrar a un gato. Pero debe de haber un parque con tierra cerca. Basándome en los recuerdos de mi infancia, me dirigí en busca de un parque.
En cada paso que daba, había un dolor punzante en mis huesos. Y como estaba caminando por el suelo cubierto-de guijarros con mis pies descalzos, no estaba segura de cuanto sufrieron mis piernas. Mordí mi labio y camine desesperadamente.
Finalmente, entré en el parque.
Había un gran árbol en el centro. Sus hojas eran verdes y estaban llenas de vida, se sentía totalmente fuera de lugar con esta ciudad.
No había equipo de juego digno para ser llamado un parque, sólo una extensión vacía, el árbol, y una banca.
Una anciana vestida con harapos se sentó en la banca, jugueteando con su bolso. Cuando ella me vio, me echó un vistazo, y luego desinteresadamente volvió a mirar a su bolso.
Entré en la sombre del árbol. El suelo se extendía por fuera de la base, como si lo radiara.
Parecía ser un lecho de flores. Pero todas las flores se habían marchitado, y olían a basura podrida. Fue entonces cuando encontré un lugar donde parecía que nada había sido enterrado y me agaché.
Baje al gato y cavé en la tierra.
El suelo era sorprendentemente suave. Tenía un toque fresco agradable. Escave como si me hubiera vuelto un topo.
Claramente no asistida muy bien.
Mis brazos estaban libres. Mis brazos estaban libres.
Ellos mostraron pocos síntomas de la enfermedad. Me alegré mucho de que ambos pudieran moverse libremente.
El sudor corría por mis vendas, lo que las hizo deslizarse. Me froté la nariz, entro suciedad en mi cara. Más o menos la limpie con la manga, provocando que arruinara las vendas.
Cuando el sudor tocó mi inflamada piel, punzo. Apreté los dientes y aguanté el dolor, para continuar cavando.
Una vez que había un hoyo lo suficientemente profundo, deje escapar un largo suspiro.
Coloqué el gato negro en el interior y con cuidado llene el agujero.
Finalmente, apoye mis manos y cerré los ojos. No sabía el significado de esto, pero sabía que se supone que esto es un gesto para los muertos… ‘cosas’.
No oí el graznido del cuervo nunca más.
Me puse de pie para volver a casa. En cuestión de segundos, no podía moverme por culpa de los mareos. Parpadee con fuerza y logré empezar a caminar.
Me llamó la atención mi fatiga repentina, tan pronto como salí de la sombra del árbol. Sentía como su hubiera pasado un día entero. Sin embargo el sol todavía estaba a lo alto en el cielo, aún sigue quemando a la acera delante de mí.
Todo mi cuerpo está herido, pero estoy muy satisfecha. …Ahora, el gato negro puede regresar a la tierra.
Por supuesto, no pensé que eso era lo que ella buscaba, volver a la tierra. Era mi propio egoísmo. Yo simplemente no quería verla, lo que una vez fue una criatura viva, acostada en un frío callejón, picoteada por cuervos, pisada por personas.
Mientras caminaba, mi boca formaba una leve sonrisa, pasé al lado de la mujer de mediana edad que me hizo apresurar para que enderezara mis labios. Pero al pensar de nuevo en eso, ella no estaba cuestionando mi expresión, pero tenía una extraña mirada.
Mi apariencia.
Me detuve y me mira otra vez, mi ropa estaba cubierta con unas extrañas manchas por la mezcla de sangre y suciedad. Ambas manos estaban totalmente negras. Me veía igual a un niño que se acababa de escapar de un hospital y jugó en el barro.
¿Qué diría mi madre? Me estremecía imaginarlo. Corrí a casa.
De repente, se sentía como un largo camino.
Tenía que llegar a casa antes que mi madre. Tenía que cambiarme la ropa, lavarme las manos y los pies, y cambiar mis vendajes. Tenía que ser una niña que no necesita mucho cuidado.
Me había olvidado completamente de que era una prisionera. Para tener el amor de mi madre, había elegido convertirme en una criatura que siempre iba a estar pegada a su cama. ¿Cómo pude haberlo olvidado? Yo tenía un sudor frío.
Finalmente, llegué a casa.
Faltaba mucho tiempo antes de la puesta del sol. Abrí la puerta principal con un sentimiento de alivio, y luego todo quedo endurecido en su lugar.
Me sentí como si hubiera escuchado el sonido de la luz de la tarda al ser congelada.
Mi madre estaba allí.
Estaba sentada en una silla, mirando al vacio.
Inmediatamente observe el reloj.
No era el momento para que ella volviera a casa. ¿Por qué? De repente, olí algo dulce. Había una cesta de pasteles en la mesa.
Es correcto. De vez en cuando, muy raramente, madre salía temprano del trabajo y traía a casa algunos pasteles.
Al notarme en la puerta del frente un par de segundos después, lentamente me miro. Tomó un poco de tiempo antes de que sus labios se abrieran y ella hablara.
“Ellen… ¿A dónde has ido?”
No había visto en su rostro esa mirada demacrada en un largo tiempo. Algo frío recorrió mi espalda.
“Yo e-e… enterré un gato.” “¿Un gato?” Ella levantó una ceja. No. No, no me mires así.
Resistí el impulso de gritar e hice una desesperada sonrisa.
“Sí, un gato negro muerto… fui a enterrarlo… l-lo siento mucho. Por salir afuera. P-pero, yo, yo puedo caminar. Duele, pero puedo soportarlo. Puedo caminar por mi cuenta, así que, puedo hacer muchas cosas por mi cuenta ahora, o ayudarte…”
Me desesperaba mientras hablaba.
Debido a que mi madre me miraba con la misma expresión.
Ojos vacios. Una mirada fija. Estaba mirando el barro en mi ropa. Mis sucios dedos manchados. Mis piernas ensangrentadas.
Entendí que había hecho algo que no debería haber hecho.
Pero sabía que nada de esto tendría efecto alguno. Y sin embargo mi boca no paro de moverse.
Por último, mi madre se levantó de la silla. Ella preparó un cubo de agua y empezó a lavar mis manos.
Ella no se sentía áspera en lo más mínimo. Era tan meticulosa como siempre. Pero no vi ni un rastro de la madre que decía que me amaba.
Señales continuaban volando en mi cabeza. Pero al igual que un reloj roto el cual no puede girar sus manos, no llegaría a nada.
Me di cuenta de que había terminado algo que no podría recuperar. Y como para demostrar inmediatamente la validez de esa corazonada,
Capitulo 1 – Reunion del callejon trasero
3/
Padre era el más preocupado por la ausencia de mi madre.
Alguien del trabajo de mi madre llegó a casa, y padre sólo gritaba y lloraba,
negándose a hablar. El compañero de trabajo en vez de terminar de pacificar a mi padre, se fue.
Padre, arrugado en el suelo lloraba como si le rezara a Dios, parece que ni siquiera me dio tiempo para llorar.
Su desaparición había sido muy repentina.
Ella no dejó ninguna carta, no dijo nada, abandono todas sus pertenencias. Ella no tomó ni una pinza para el pelo de casa.
No estaba ‘triste’, sino más bien, una parte de mi cuerpo se consumió con una sensación de vacío.
…Sin duda, se podría llamar a este sentimiento desesperanza.
Tenía la garganta seca, y no podía dormir. No tenía energía para levantarme, o comer cualquier cosa.
Pero como esto se prolongó durante dos o tres días, consideré algo. Tal vez mi madre estaba un poco cansada.
Tal vez ella sólo necesitaba un descanso de su agotadora vida conmigo. Una vez que ella allá descansado, ella recordara a padre y a mi quienes había abandonado y se apresuraría en regresar a casa.
Por que yo era su querida Ellen. Por que sin duda, yo era demasiado valiosa como para ser dejada atrás.
Esa vaga idea se volvió gradualmente en una condena, calmándome. Imaginando a mi madre volviendo a casa, pude dormir tranquila.
Por supuesto que mi madre regresará. Ella se arrepentirá de haberse ido, pedirá disculpas, y me abrazara. Y envuelta en su aroma, sonreiré y perdonare a mí madre.
Eso es correcto.
Aparté la manta y salí de la cama.
Para ello, tendría que ser una niña que no requiera mucho-tiempo.
Durante varios días, he cambiado mis propias vendas, ya que había sido descuidada con eso. Incluso tuve que soportar el dolor en mis piernas para bombear agua. Copiando lo que había visto, me preparé mis propias comidas.
Me imaginaba a la mejor madre que un niño podía desear, y lo aceptaba, y empezaba a jugar ese papel.
Aunque mi padre y yo vivíamos juntos, todavía no decíamos ni una palabra el uno al otro. Hablaba con objetos, pero nunca hablaba conmigo. Tal vez resultaría espeluznante el no haber llorado y tomarlo con calma.
Tal vez debería de llorar como un niño, y decir cosas egoístas. Pero no podía hacer eso, entonces.
Estando demasiado acostumbrada a la situación entre mi padre y yo, no podía romper al mismo silencio. Estaba inmovilizada del miedo de que si llegaba a llorar para que se preocupara por mí, haría que cada vez me ignore más.
Después de haber hecho mi error, yo estaba terriblemente tímida.
Padre estaba constantemente en casa. Quizás había sido despedido de su trabajo. Al poco tiempo, un hombre que no conocía lo vino a visitar.
Padre recibió algo del hombre y le pagó con dinero. Una vez que lo tenía en su mano, parecía inquieto y entro en la otra habitación, y no salió por un tiempo.
Como esto siguió sucediendo, mi padre salía cada vez menos de la habitación. El dulce olor que emanaba la otra habitación parecía hacerse más fuerte día a día.
Sinceramente esperaba el regreso de mi madre.
Me dormía imaginando su regreso a casa, y despertaba rezando para que ella estuviera acariciando mi mejilla.
A veces despierto pensando que ella está allí, pero solo es el viento que toca mi mejilla.
La muñeca que había tirado a la pared ladeó la cabeza y me observó.
Sentí un escalofrío. Antes de que pudiera oír su risa, me sumergí debajo de las sábanas y cubrí mis oídos.
Una vez que empezaba a bombear mi propia agua, mis piernas parecían empeorar. Mis manos se volvieron ásperas como las de mi madre.
Yo no era capaz de atar mi pelo muy bien.
Sólo tenía un par de vendas y medicinas restantes.
Capitulo 1 – Reunion del callejon trasero
4/
Desperté con una sensación de sed. Fue en medio de la noche.
Me dirigí al lavado con una marcha inestable. Iluminada débilmente por la luna a través de la ventana, mi habitación era de un blanco pálido.
Temblando de frío, bombee un poco de agua, la tome con mis manos, y la bebí.
Pensé que debería de traer algunos vendajes mientras estaba haciendo esto, así que abrí el cajón de la cómoda. Me sorprendió su ligereza, y descubrí que sólo quedaban dos o tres rollos.
De hecho, la medicina que tomé esta mañana era la última.
¿Qué pasara si no bebo mi medicina? Recordé a mi madre diciéndome: “Si no bebes esto, te pondrás peor”. ¿Era eso solo una excusa para que bebiera esa amarga medicina? O tal vez era porque realmente podía empeorar.
… No quería pensar en eso. Me estremecí, y no por el frío.
Estaba sufriendo bastante. Aunque me ponga peor, las cosas no podían cambiar tanto.
Estaba completamente exhausta.
Empecé a caminar de regreso a la cama.
En el camino, tropecé con una pared y se me cayeron las vendas. Rodaron dirigidas a la entrada.
Mientras iba a por ellas, de repente, note una débil luz cercana a la puerta principal. … No puede ser.
Mi corazón latía con esperanza.
Mis ojos y piernas naturalmente se voltearon hacía la fuente de luz. “¿Madre…?”
Sentí como si hubiera pasado un largo tiempo desde que no escuchaba mi propia voz.
Vi la sombra a penas como un rayo.
Mi madre estaba en la puerta. Ella me miraba con mucha sorpresa. La lámpara de una mesa bajita iluminaba vagamente la escena.
¿Has regresado?
No podía expresar la pregunta.
Debería de estar muy contenta y abrazarla, pero no podía mover mis pies. ¿Por qué?
Era la mujer que veía delante de mí la que causo que haga esto.
La apariencia de mi madre era mucho más ordenada, como si fuera una persona diferente. Su ex–pelo despeinado estaba cuidadosamente atado con un pasador, y llevaba una bufanda para nada familiar alrededor de su cuello.
Con una gran bolsa a sus pies, parecía como si se preparara para salir.
“¿Vas a… alguna parte?”, le pregunté claramente.
No estaba presionando por información, ni tratando de hacerla sentir incomoda. Era sólo una pregunta que vino a mi mente.
La expresión de mi madre se ensombreció. Después de vacilar, ella hizo un gesto para que me acercara, así que corrí y la abrace.
Mis flacas piernas dolieron. Pero envuelta en el olor de mi madre, podía olvidarme inmediatamente del dolor.
“Ellen…”
Mi madre me abrazó. Podía sentir su estremecimiento. Lloró sin hacer ningún sonido.
¿Estaba triste? ¿Si no, por qué? No lo sabía.
Pero me sentí triste también, y sostuve herméticamente a mi madre. “Lo siento, Ellen…”
¿Lo sientes?
En mi imaginación, perdoné a mi madre pidiéndome disculpas una y otra vez. Pero ahora, sentí como si se estuviera disculpando por una razón diferente.
La miré como si no lo entendiera. Ella apartó la mirada, incapaz de mirarme directamente.
En el momento en el que la vi, mi pecho se estrecho.
De repente, empecé a ver la situación en la que estaba de una forma objetiva. Mi madre no estaba volviendo a casa. Estaba vestida ordenadamente. Tenía una gran bolsa. Y vino en medio de la noche cuando mi padre estaba durmiendo ––
Dejé caer mi mirada.
Madre llevaba unos bonitos zapatos.
Unos zapatos blancos que nunca había visto antes. Mi padre no era del tipo de persona que los compraría. Nosotros no tenemos suficiente dinero de sobra para unos zapatos tan caros.
Así que alguien además de mi padre le había comprado esos zapatos. Y quien quiera que fuese, mi madre planeaba irse de casa con él.
No quería entender la situación. Madre ––
Madre había destinado el abandonarme.
El olor de mi madre, aquello que me había dado tanta comodidad, rápidamente se convirtió en algo detestable.
La niebla igual a la leche blanca se aclaró, y noté que el aire de la noche rozaba mi piel. La tristeza en mí había desaparecido.
La llama de la lámpara vaciló en la esquina de mi visión.
A su lado, había un pequeño cuchillo utilizado para las artesanías.
“Llévate bien con tu padre, ¿Lo harás?” Dudaba de mis oídos.
¿Qué clase de tontería estaba diciendo esta mujer? La miré con escepticismo. Padre no ve a nadie más que ti, madre.
¿No sabes lo mucho que te ama?
¿No sabes lo mucho que mi padre no me quiere?
¿Esta mujer realmente piensa que mi padre y yo podemos llevarnos bien? A pesar de que él te quiere tanto, y te ama tanto,
¿Vas a rendirte a la aceptación de su amor? Y ––
Vas a renunciar a amarme a mí también, ¿Verdad?
Madre se separó lentamente de mí y elegantemente se secó las lágrimas. Ella tenía el rostro de una madre cariñosa.
“Que te vaya bien, Ellen.”
Tomo su bolso y se volteo para irse. “Madre.”
Entonces la detuve. No había emoción en ellas; de hecho, se sentía como si alguien más estuviera diciendo esas palabras.
Puso la mano en la puerta delantera y dudó unos instantes. Ella miró hacia atrás con un rostro lleno de afecto.
Bajé mi cabeza, y murmure algo para que mi madre no pudiera oírlo. Ella se coloco en cuchillas para escucharme.
Con el pequeño cuchillo cerca. Entonces ––
Yo la apuñale en la garganta.
La sangre roja brotó. La mujer trató de gritar. No me detuve. Seguí atacando su cuello. Sin descanso. Una y otra vez. En todos los ángulos posibles. La mujer se derrumbó. Cambié el agarre sosteniendo el cuchillo turbiamente. Descendí sobre ella. Me bañe en el aspersor de sangre.
Sabía que el cuello es débil.
Debido a que el gato había atacado al cuello del ratón, y quedo rendido e inmóvil. Mis brazos estaban libres.
Mis brazos estaban libres.
Recordé a aquel gato negro. El hermoso gato negro que cazo al ratón. Sus armas eran los colmillos. Yo pensaba que no tenía ese tipo de armas. Pero no era así. Mis armas siempre fueron estas manos.
Si no vas a amarme, no te necesito.
Si eres amada, pero no lo aceptas, nunca te perdonaré.
Lo admití. Admití que odiaba a mi madre. Y que estaba celosa de ella, yo misma como mujer, por ser amada por mi padre.
Pero solo si mi madre hubiera seguido amándome, habría mantenido a raya al odio. Yo podría haberla amado entonces.
Me deje llevar por el amor de mi madre. De lo que yo me había aferrado desesperadamente.
Así como me engullí su entibiada sangre, lo comprendí.
Yo podía respirar. Y sin embargo me había convencido de que si la dejaba ir, no sería capaz de hacerlo.
En las profundidades de un mar de sangre, sostuve mis rodillas y sollozaba.
Ese fue mi verdadero yo.
Yo era igual a la gente del callejón. Evité mirar las cosas que no quería ver. Quería fingir ignorancia. Ciertamente existía, pero lo único que hice fue admitir que estaba allí.
Cuando levante mi cara llena de lágrimas y sonriendo, una mano me alcanza. Tomé su mano. Justo en ese momento, la mano se convirtió en un cuchillo ensangrentado, y yo estaba de pie en la entrada.
La mujer se sentó frente a mí en la puerta y ya no hablaba.
No podía mover mis extremidades, y sentía una burbuja en la garganta.
Me sentía repugnante. Me sentía viva. Vivir no debería de sentirse tan repugnante. Había aprendido del ratón que inmediatamente se iba cojeando. Pero aún así, ¿Mi método había sido equivocado?... Dime, gato negro.
Agarrando con fuerza al cuchillo, me senté en el suelo.
Fragancias venían de la boca de mi estómago. Todo mi cuerpo estaba caliente por el dolor y la fatiga, pero mi cabeza se encontraba en paz.
La mujer, que era mi madre, ahora era solo una masa que emitía un horrible olor. Horrible.
Su vista no incitaba ninguna emoción en particular.
Miré sus pies.
Los blancos zapatos estaban ahora completamente teñidos de un rojo sangre. Levante con cuidado uno de los zapatos con mis dedos y lo mire. Tenía que
informarle al hombre que compró estos zapatos. “Lo siento, pero no puede ir contigo nunca más.”
Una gota de sangre goteo de la punta del zapato tal como una lágrima ––
Estruendo.
Venía de atrás. Oí una puerta que se abrió desde la parte trasera de la sala. Voltee solamente mi cabeza.
Padre.
Poco a poco salió de la habitación, mirándome.
El zapato resbaló de mis dedos y cayó al suelo.
Lo que hizo que se deslizara no fue la prisa, el arrepentimiento, o el miedo. … Era una sensación de exaltación.
Una sonrisa brotó de mi boca. Casi grité en la confusión. Suspendí los latidos de mi corazón para evitarlo. Me había levante y movido, por lo que papa tenía una buena vista del cadáver de mi madre.
Los ojos de mi padre vacilaron. Señalo el cadáver con una mano y se acercó. La luz de la lámpara iluminaba con claridad su demacrado cuerpo. Él era como una cáscara desgastada.
Sus ojos hundidos tenían un extraño brillo al mirar a la cara de esa mujer empapada de sangre.
Yo estaba emocionada.
Porque él podría gritarme “¿Tú hiciste esto?” Porque él podría utilizar su mano para golpearme.
Porque finalmente, voy a obtener la preocupación de mi padre.
Mi padre impotente se arrodilló junto al cadáver. Tomo la barbilla de la mujer con su mano temblorosa. Una vez confirmo su rostro, abrazó al cuerpo y comenzó a llorar como una bestia.
Me sorprendió brevemente, pero rápidamente se volvieron silenciosos llantos y gemidos.
Hice un esfuerzo para mantener la calma cuando dije en voz baja, “Yo hice esto.”
Se lo dije.
Traté de ocultar lo mucho que me gustó hacerlo. “Yo hice esto, padre.”
Temblé diciendo la última palabra. Había llamado a mi padre innumerables veces en los sueños, pero nunca antes se lo había dicho a él. Casi me conmovió hasta las lágrimas.
Padre miró hacía arriba brevemente, pero sus húmedos ojos no me miraban a mí. Volvió de nuevo al cadáver de la mujer.
Tuve un mal presentimiento.
Mi corazón había estado latiendo con expectación, pero mi pecho se lleno con algo más.
Padre insistió en llamar el nombre de la mujer. Como si quisiera mostrar mi malestar, la llama de la lámpara vaciló.
“¡Fui yo! ¡Yo hice esto!”
Extendí mis brazos. Una partícula de sangre salió volando. En mi herida mano derecha, aún sostenía con fuerza al cuchillo. Mi arma.
Pero mi padre sólo siguió llorando, y no se movía ni un centímetro. Mi cara se puso pálida.
“Padre.”
Mi grito se había vuelto lloroso.
No importa lo mucho que lo llamó por su nombre, él ni siquiera me mira. …¿Por qué?
¿Por qué no me miras? ¿Por qué a esa mujer?
¿Por qué –– por qué debes seguir demostrando que no me quieres? “Detente.”
Detente. No la mires a ella. No quiero ver esto.
Como el lamento de mi padre se hizo más fuerte, mi desesperación aumento. El ruido brotaba en mis oídos.
Mis dientes chocaron.
Todo mi cuerpo se estremeció, y grité
“¡DETENTE!”
Capitulo 1 – Reunion del callejon trasero
5/
Me quedé aturdida.
Mi brazo derecho era pesado, como si estuviese tomado por un espíritu demoníaco. Sangre –– la cual se dé quien es ––escurría del extremo del cuchillo, creando manchas en el suelo.
Padre se derrumbó encima de mi madre. Vi a los dos cadáveres superpuestos sin que dejaran espacio para interponerme entre ellos, y eso me irritaba.
Se aferro a mi madre en sus últimos momentos.
Padre no veía nada más que a mi madre. Una vida sin ella era demasiado dolorosa para él. Cierto. Así que esto era lo mejor.
Me alejé poco a poco. Entonces me di cuenta que la puerta de la otra habitación había quedado entreabierta.
La habitación de mi padre. Para ser exacta, la habitación de mi padre y la mujer que una vez fue mi madre.
No podía apartar los ojos de la rendija de la puerta. Mi corazón latía con fuerza, constantemente.
Había un olor dulce diferente al de mi madre que venía de la habitación. Como si fuera empujada por detrás, abrí la puerta con el cuchillo en la mano y entre.
Todo lo que podía oír era el crujido de la puerta. La sala se llenó de un dulce olor. Lo suficiente como para hacer que te ahogues.
Era muy oscuro dentro.
Había una cama individual a lo largo de la pared del fondo. Una vela en una mesa lanzaba una luz poco fiable en el interior de la estrecha habitación.
Sobre la mesa habían platos y cuencos, así como un delgado objeto cilíndrico. Humo se formaba por una de las salidas, y yo sabía que era una pipa para fumar.
De mi padre, supuse.
Aquí era de donde provenía el dulce aroma.
Me la acerqué lentamente a la cara. Cosas estaban esparcidas por todo el suelo, por lo que podía tropezar si no iba con cuidado.
Llegué a la cama y me senté. Era más dura que mi cama, e incómoda para sentarse. ¿Me dieron la mejor cama para mí? Pensar me hacía difícil el respirar.
Yo no podía saber más con seguridad.
Contemplé el humo de la pipa. Al poco tiempo, sentía como si tuviera una visión a través del humo. Un sonriente padre, madre y yo. Parecíamos una familia feliz.
Ahh… Sollocé.
¿Por qué tiene que pasar esto? Yo sólo buscaba ser amada. Yo sólo buscaba amarlos. Pero nadie me amaba.
Me duelen los ojos. Tal vez el humo se filtraba dentro de ellos. Cada vez que pestañeaba, mi visión parecía volverse más borrosa.
Nadie me amaba. ¿Por qué?
¿…Por qué estaba enferma?
Toqué las vendas en mi cara, hechas un revoltijo por el sudor, lágrimas, y la rociada de sangre. Como si comprobara algo, toque mi agrietada piel.
“Uuugh…”
Rasqué la piel semejante a la de un reptil. Me dolió. Sin embargo como si estuviera poseída, no dejaba de rascarme.
Debido a que estaba enferma –– debido a eso ––. Nadie me amaba. Todo el mundo salía corriendo. Mi padre no me miraba.
Mi madre me abandono. ¿Qué soy?
Ellen. Ese es mi nombre. Pero, ¿Qué es Ellen?
¿Una fea, horrible, hija enferma? ¿Una muleca que sólo mira al callejón? ¿Una niña, que nunca, nunca será querida?
"¡¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA!!"
Incapaz de detenerme con solo mi rostro, comencé a desgarrar mi pelo. Mi cabello fue a mi boca, quedando cubierto de baba. Me dolió. Me dolió. Pero mi corazón gritaba aún más fuerte.
Juste entonces, oí el estruendo de la ventana abierta, y regrese a mis sentidos. Un fuerte viento soplaba desde la ventana. Justo en ese momento, la pipa encendida cayó de la mesa y empezó a quemar una pieza de tela en el suelo.
Unos segundos más tarde, mi cerebro reaccionó. Se iba a provocar un incendio. Me apresuré a ponerme de pie.
… Tiene que desaparecer.
De repente, mis pensamientos se detuvieron. ¿Desaparecer?
… No hay nada en esta casa, ¿Verdad?
Me aparté del fuego que se calentaba poco a poco, y luego acelere hacía fuera de mi casa.
En un callejón en medio de la noche.
Yo estaba sin aire, y ni siquiera podía correr más de dos casas de distancia. Mis pies descalzos golpeaban el frío pavimento.
Eso fue teñido de rojo por mi sangre, y la sangre de otros. Sin duda, dejaba huellas. Tal vez había nacido con zapatos rojos. Caminaba al igual que reflexionaba.
El cuchillo que tenía agarrado se fundió en la oscuridad y se convirtió en una parte de mi cuerpo.
No habían farolas públicas en los barrios pobres. Estaba en medio de la noche, así que no había siquiera una luz de las casas.
Todo lo que me iluminaba era la tenue luz de la luna. No había nadie alrededor para echarme la culpa de mis acciones. Aquellos que juzgaban habían guardado sus balanzas y se fueron a dormir.
En el camino, tropecé y caí en un lugar lleno de basura.
Había montones de basuras en bruto, chatarras y otros desperdicios.
Mi pecho y estomago dolían, y me acosté con la cara hacía el suelo. No tenía energía para levantarme, solo para voltear la cabeza a un lado.
Dejé escapar un frío suspiro blanco y de repente estaba abrumada por la fatiga.
En mi mano derecha, aun agarraba el cuchillo.
“¿Quieres morir?”
Parecía que el cuchillo me preguntaba. Negué con la cabeza débilmente.
No puedo hacerlo. Porque tú eres mis colmillos. Un gato no puede morder su cuello con sus propios dientes, ¿puede ser posible?
Cerré los ojos.
¿Qué iba a hacer ahora? Me despertare mañana, antes que todo. ¿Pero qué pasara después de este día? ¿O el día después de ese?
Temblaba de frío, lloraba por el dolor de mis piernas, frente a las noches de insomnio con el estómago vacío, el cual no tardaría en dejar de funcionar, sin duda.
Y entonces tal vez alguien me entierre.
Tal vez una mano amable me guiara a una cama en el suelo.
Sabía que no iba a suceder.
Enterré al gato negro porque era una pequeña, frágil criatura. Porque ella era lo suficientemente fugaz como para llevarla en mis brazos.
Y sabía de la hermosa figura del gato. Sabía de su hermosa vida. Así que quería abrazarla.
En mi caso, ¿Quién va a conocerme? ¿Quién me miraría? E incluso si fuera vista, ¿Quién pensaría que soy hermosa?
Nadie podía echarme una mano. Incluso si alguien lo hiciera, sería neciamente tirada lejos.
Me imaginaba a mí en el lugar de aquel gato negro en ese callejón. Ah…Tal vez no me adaptaría después de todo.
Dejé de pensar en ello.
Justo en ese momento –– “Yo.”
Una repentina voz me arrastró de nuevo a la conciencia.
Sonaba como un niño, sin embargo tenía un tono extrañamente sereno. Me sentí de alguna manera estimulada y levante mi cuerpo.
Mire a mi alrededor buscando al dueño de la voz, pero no vi a nadie. “Por aquí, Ellen.”
La voz dijo mi nombre como si lo supiera desde hace mucho tiempo.
Naturalmente, recordé al gato negro que había enterrado. Sus ojos eran oro como los de ella.
Pero era diferente. No era ella. Debido a que ella era un ‘gato’.
La cosa delante de mi no era un ‘gato’. Los gatos no pueden hablar como los humanos.
“Realmente eres de ayuda. Creí que iba a morir, estaba tan hambriento.”
Se lamió la pata delantera con satisfacción. El movimiento era igual al que un gato real haría.
Me froté los ojos. No fue una ilusión. “Yo…” murmuré distraídamente. “¿Te di algo?”
Tal vez feliz de que yo respondiera, el gato saltó al hablar. “¡Sip! La melodía de dos sabrosas almas.”
Levanté una ceja a su declaración. ¿Qué fue lo que dijo? ¿Almas?
“Sí, los seres humanos están hechos de cuerpos y almas. ¿Lo sabías?” Negué con la cabeza ligeramente.
El gato se aclaró la garganta –– “¡A–hem!” –– Y habló.
“Un ser humano se compone de un cuerpo y un alma. No puedes comerla mientras están con vida. Pero cuando mueren, puedes chupar toda el alma y comerla. No es fácil para nosotros venir. Es por eso que hacemos esto, teniendo a alguien para que mate por nosotros podemos comer. ¡Qué vas a hacer hoy, seguro vas a salvar mi culata! Pero si no hubieras estado allí, no sé qué haría… Hey Ellen, ¿Qué pasa?”
Me puse de pie, con las piernas todavía temblando. Mi cara estaba probablemente tan pálida como el aire de la noche.
“¿… Te comiste a mi padre?”
No sabía que era esto llamado alma. Pero parecía algo importante para las personas. ¿Y él se la comió?
Me sentí de forma extraña por como la criatura ante mí había contaminado a mi padre. Curiosamente, la mujer que alguna vez fue mi madre no se me vino a la mente.
“Bueno, sí, pero…”
Se mostró con una apariencia preocupada. Pero sin duda era sólo la apariencia. No lo hacía porque en realidad estuviera preocupado.
“Ellen. Sí, puede parecer egoísta que hacemos lo que queramos con lo que esta fuera del alcance de chicos y chicas como tú. Pero incluso si te dijera que no me los comí, ¿Cómo lo sabrías a ciencia cierta? ¿Y porque te importaría si me los comí o no?”
El gato pasó su larga cola. No pude decir nada.
El gato negro me miró en silencio. Sus ojos tenían una frialdad como la de una muñeca, y yo estaba inquieta. Inconscientemente mire hacia otro lado. Mis labios temblaban de frío o miedo.
¿Qué es exactamente de lo que me está hablando?
Suspiré para alejar la sensación de no tener ningún refugio.
Sentí el dolor regresar a mis piernas. A mi brazo derecho le dolían los latidos de mi corazón. Pensando acerca de cómo estaba de pie en el frío y duro pavimento, quería llorar.
¿Qué iba a hacer ahora?
Pensé mientras miraba a la luna detrás del gato negro. La luna parecía haberse vuelto un rojo misterioso, tal como si le pasaran vasos sanguíneos.
“Así que hey, quiero darte las gracias.” “¿Eh?”
Ligeramente la alta voz del gato me trajo de vuelta.
“Los demonios como nosotros podemos conseguir almas de parte de niños como tú. Y entonces les podemos dar magia como agradecimiento. Estaba pensando que podría darte un encanto muy especial, Ellen.”
“…”
Levanté una ceja, no me moleste en hacer nada más. Ni siquiera tenía ganas de hablar.
“Ellen, te voy a dar una casa.”
… Una casa.
Me hizo abrir un poco los ojos. El gato negro pareció darse cuenta.
“¿Tú no tienes ningún lugar al cual volver, sí? ¿Puedes seguir viviendo de esta manera? Sólo arrastrar tus podridas piernas y morir en este viejo pueblo sucio. Un poco chupada y fruncida, ¿Huh? No quiero ver eso para ti. Ven conmigo. Voy a darte la bienvenida.”
Las palabras del gato sonaron agradables en mis oídos, floreciendo una flor en mi cabeza. Un lugar cálido. Eso es lo que mi frío cuerpo quería más que nada en este
momento...
“¡Fuego!”
De repente, escuché un grito.
Me voltee hacía él y vi las llamas de lo que había sido mi casa.
Las llamas se alzaron, apartando las nubes a su alrededor, incapaces de ser detenidas, quemaban con un atronador rugido.
Vi al fuego con asombro.
La casa a la cual no iba a volver. La casa que nunca me amó.
Mi padre y el rostro de mi madre vinieron a mi mente. Ellos se tiñeron de un color rojizo en mi memoria, como una superposición con el fuego en la distancia.
Me duelen los ojos, y no es a causa del humo.
“¿Qué te parece?”, preguntó el gato negro. Voltee hacía él.
No me preocupaba acerca de la magia que, tenía este demonio. Sólo sabía que si le contestaba que no, me convertiría en un frío cadáver en este callejón trasero.
… No me gusta el frío. Así que asentí.
Pero el gato lo tomó como una aceptación, y mis sentidos se cortaron como un chasquido de cuerdas.
La gente iba y venía, apresurándose a apagar el fuego o viendo desde la distancia. Pero nadie se dio cuenta, afuera en el callejón, una chica y un gato negro se fugaron como si fueran tragados por la oscuridad.
1/
Mi padre y mi madre No me amaban.
Así que los X.
He estado en esta casa desde entonces.
Pude ver patrones de belleza.
Curvas negras como la hiedra, o como la serpiente, decoraban el techo. A medida que mis ojos seguían los patrones, notaba lo regulares que eran. Me enterré en una cama blanda, miré hacia el desconocido techo.
Era como estar acostado en un lugar debajo del sol. A pesar de que estaba dentro, podía oler el exterior. El tenue aroma de las flores.
Que reconfortante. Apenas había despertado, y ya me sentía con ganas de volver a acostarme.
Pero ciertamente no haría eso.
En el rincón de mis pensamientos, una tranquila zona me preguntó: ¿Dónde estoy?
Empujada por la curiosidad, a regañadientes me senté en la cama.
Mi cabello color morado claro cayó sobre las blancas sabanas. Si, en lugar de una sucia manta, hermosas sabanas bordadas cubrían mi cama. Eran tan suaves, me resultaba difícil escapar del estado de ensueño en mi mente.
Miré alrededor de la habitación. Un cuarto cuadrado con una puerta. Yo estaba durmiendo en la gran cama en el centro de la habitación.
Era una habitación adorable.
El suelo cubierto por floreadas baldosas me llevó a pensarlo. Las paredes estaban perfectamente alineadas con el armario y las mesas, también. Todo parecía de un tamaño adecuado para mi estatura, eso me hacía pensar que todo estaba preparado sólo para mí.
El color rojo dirigió mis ojos a la mesa, sobre ella vi unas flores. Así que podía olerlas a pesar de que estaba aquí dentro.
“¿Arriba y a ello?”
De repente, escuché una voz familiar desde atrás y me gire hacía ella. Miré a los rayos de luz que entraban por la ventana.
Había una gran ventana en la pared de color blanco leche, en el umbral se sentó un gato negro.
Vagamente reconocí a la figura del gato negro, y su voz de niño, es demasiado familiar.
Ayer por la noche. El frío callejón. Yo merodeaba con un cuchillo. El gato negro en el cerco. La conversación que tuvimos. Él vino a mí, luego desapareció. Sentía como si eso hubiera sido un sueño y esto era la continuación, hablé con el gato.
“¿Dónde estoy…?”
“Te lo había dicho, ¿No? Es tu casa.” ¿Mi casa?
Sentí que había dicho eso. Regresando a través de mi memoria, no encontré nada luego de haber asentido al gato. Supuse que perdí el conocimiento poco después, pero ¿Cómo llegue hasta aquí?
Me levante de la cama, entonces note que llevaba una blusa blanca con un buen entallado y una pieza roja.
Sin duda el gato negro no me había vestido, ¿Lo hizo?
Esto se está volviendo muy extraño, pensé. Me bajé de la cama. Mis pies descalzos tocaron el suelo pulido. Sorprendentemente no sentí ningún dolor en mis piernas.
Pise los floridos azulejos, acercándome a la ventana en la que estaba el gato. Puse mi mano en la ventana. Con sólo esa acción, la ventana se abrió por sí misma. Una calmante brisa soplaba, acariciando mi largo pelo.
Afuera, pude ver muchos árboles grandes, con la luz del sol atravesando entre ellos. Los pájaros cantaban y tuitean. Miré hacia el cielo.
A través de las densas hojas vivas, apenas podía discernir el claro cielo azul. Estaba en el profundo bosque.
Lo que es más, esta habitación estaba bastante alto.
El viento era incesantemente, suave contra mi cuerpo. El crujido de las ramas resonaba como una susurrante bienvenida.
“Bienvenida, Ellen. Mi querida bruja.”
Absorbida por el sentir del viento, respondí con un par de segundos de retraso. “¿… Bruja?”
“Correcto. ¿No te lo había dicho? Quiero hacerte una bruja.” ¿Había dicho eso?
Miré al gato dubitativo y parpadeo. Justo en ese momento, un mechón se balanceo hacía mi ojo.
Ayer por la noche, el gato negro había hablado sobre un montón de cosas anormales como comer almas y demonios, pero en ningún momento sentí que dijo la palabra ‘bruja’.
“¿En cuanto a lo que es ser una bruja? Bueno, ya lo descubrirás muy pronto”, bostezó, dispuesto a explicar o no querer molestar.
No quiero preguntarle mucho acerca de eso, tampoco.
En este limpio aire del bosque, sentí como si las palabras o los pensamientos eran positivos.
El gato negro se veía bastante lindo entonces, sentado en la luz del sol haciendo que su pelaje se vea grisáceo, con el viento soplando en él. Sin embargo su mirada era muy extraña la noche anterior, en la oscuridad, con sus ojos dudosamente relucientes.
Él me observo mientras hablaba.
“Hmm. Ya sabes, tienes una cara muy linda, Ellen. Justo como me gusta.” Miré al gato, mostrando mi plano disgusto para que lo vea.
¿Qué es lo que está diciendo acerca de este horrible rostro? Tome mi mejilla para comprobar la hinchazón. Sin embargo me sorprendí al encontrar a mis dedos tocando una suave piel.
Continué sintiendo mi mejilla, con una sensación de malestar general que tal vez no debería de haber sentido. No es que tuviera una esperanza de estar equivocada.
Rápidamente miré alrededor de la habitación por ver algo en lo que pueda verme. Encontré un aparador y me asomé en el espejo.
Con mis ojos conocí mi reflejo.
Ella no tenía nada malo en el rostro o en las piernas –– estaba perfectamente sana. Di unos pasos hacia atrás y miré por encima de mi cuerpo. No podía encontrar ni siquiera un rastro de la horrible, piel irritada. El único color rojo sobre mi cuerpo es de la gran cinta, mi única pieza, y mi boca colgando media abierta por el shock.
“Una especie de privilegio para las brujas”, dijo casualmente el gato negro. No podía quitar los ojos del espejo. Toqué mi mejilla que siempre había estado hinchada y adolorida. Podía escuchar a mi corazón latir con fuerza.
Sabiendo o no como me sentía, el gato negro agitó la cola, como si quisiera borrar a la soñadora niebla.
“El asunto es, que no puedes salir de la casa. Porque eres una bruja.”
Sus palabras pronto me arrastraron de vuelta a la realidad. La boca de mi estómago se sintió fría, y yo tímidamente pregunte.
“¿Yo… no puedo salir afuera?”
El gato ladeó la cabeza, con la mirada perdida.
“¿Entonces que puedes hacer? Estoy seguro que no es una casa aburrida, puedo decirte. Vamos, sígueme.”
Una vez que hablo, de repente oí el desbloqueo de la puerta. Me gire hacía la puerta abierta por la sorpresa, y el gato negro ya estaba sentado allí. Rápidamente miré
nuevamente a la ventana. Sin embargo a pesar de que el gato había estado sentado allí, ya no lo estaba.
“¡Ahora, por aquí!”
Habló desde la puerta, a mis espaldas. Giro su cabeza y sacó su cola tentadoramente.
Parpadeé un par de veces, y luego seguí por detrás al gato negro.
Fuera de la habitación había un largo pasillo.
El sol transitaba desde las ventanas, calentando el suelo de madera. Caminé varios pasos detrás del gato negro, cuyos pasos no hacían ruido.
El vestíbulo tenía pedestales colocados con intervalos fijos, decorados con flores rojas. Ellos son iguales a los que están en la habitación en la que dormía.
Los floreros llenos, tienen una forma de recipientes anchos. Los pétalos eran de un color que parecía apropiado llamarlo un profundo carmesí, plegado sobre sí para formar a de cada flor.
Sentí que el agua había sido sustituida recientemente. Los pétalos y tallos parecían tan vivos, cubiertos por el rocío.
“¿Qué estás haciendo?”, el gato negro se detuvo y hablo.
Corrí tras él y lo encontré en unas escaleras que bajaban al final de una sala. Alegremente se retiró, y yo lo seguí.
En la parte inferior de la escalera había una puerta.
Al abrir la puerta, me encontré con un gran comedor con una chimenea.
Sobre la mesa había cubriéndola un paño blanco, y sobre ella destacaban dos velas de oro. Las Teteras y tazas de té estaban bien ordenadas e iluminadas por la luz de las velas.
Las ardientes llamas de las velas rojas envían su calor a través de la habitación. Al percibir un color vivo, mi mirada se dirigió a la esquina, y una vez más me encontré con esas flores rojas.
“Ahora, toma asiento.”
Después de que el gato negro hablo, la silla más cercana a la chimenea se deslizó sola.
Me senté en la silla mientras me insistió. A continuación el asiento de al lado se acerco solo, y el gato saltó sobre él.
Una vez que el gato y yo estábamos sentados, una tetera sobre la mesa comenzó a temblar. Entonces floto en el aire, y se inclino para verter su contenido en una taza de té. Un líquido de color marrón rojizo lleno la copa con un sonido agradable.
Simultáneamente, un terrón de azúcar salió de una recipiente transparente y cayó en la taza como si fuera sorbida. Luego de esperar una cuchara de té se levantó y agito el contenido de la taza.
Una vez que la cuchara se acomodó en su lugar, la mesa quedo silenciada, como si nada hubiera pasado. Me quede mirando la humeante taza de té delante de mí, estupefacta.
Me sorprendió, pero no fue nada terrorífico. Mi corazón estaba extrañamente tranquilo, probablemente a causa del olor de la bebida.
Vi mi rostro en el reflejo de la bebida. Tomé la taza de té con mis manos y lentamente tome un sorbo.
“Esta bueno…”
Cálido. Dulce. Parecía que se filtraba por todo mi cuerpo. Aunque para ser honesta, antes de beberlo, el agradable aroma había abrumado mis pulmones –– pero eso era todo. Nunca había estado tan satisfecha por una bebida antes.
El gato negro parecía satisfecho con mi reacción y habló con orgullo.
“No te preocupes por pasar hambre aquí. Tampoco por congelarte, ‘por supuesto’.” Como si trabajara al unísono con el comentario del gato negro, la chimenea detrás de mí se iluminó.
Mi mente seguía confusa. Como si tomara aquellas palabras, su sabor rodaba alrededor de mi boca.
“¿Cómo se llama esto?”
Le pregunté el nombre de la desconocida bebida. “Es té negro.”
“Té…”
Miré hacia abajo a la taza de té que calentaba mis manos.
Todo lo que había tenido para beber antes era agua impura y sopa diluida. Ni siquiera sabía de la existencia de tal deliciosa bebida.
Mientras yo preguntaba, miré a las flores en la esquina de la habitación. “¿Cómo se llaman esas flores?”
“¿Cuáles?” “Aquellas.”
Señale a las flores rojas.
El gato se dio la vuelta para enfrentarse con ellas, y luego se volvió. “Oh, son rosas. ¿No las conoces?”
“¿Rosas?”
Al igual que antes, repetí esa palabra en mi boca. Rosas. Tenía un sonido maravilloso.
… Hay tantas cosas que no sé, pensé.
Todo ante mis ojos era coloridos. Era una extraña sensación. Llegue a conocer algo que no sabía. Por alguna razón, le agradó a mi corazón.
Estaba aturdida por todos y cada cosa feliz que se me presentaba. Y también empecé a aceptar la forma de vida en esta casa.
Click.
De repente, se abrió una puerta que no era por la que yo había venido. Me gire a mirarla con sorpresa y vi a alguien entrar, empujando un carro de cocina.
Cuando lo vi, casi se me cayó mi taza de té.
Era un hombre grande, fácilmente tenía unos seis pies y medio de altura. Lo preocupante era que no tenía cabeza. Su piel estaba cubierta con remiendos, como puntos de sutura en todo su cuerpo. Vestía un pantalón negro en sus piernas que apuntaban a su espantosamente grande parte superior.
“¡Rayos, no la asustes! No puedes venir de esa manera.”
Fui capaz de calmar mi miedo gracias al gato negro que hablaba sin preocupación con el hombre. El hombre se encogió de hombros a modo de disculpa, se veía bastante patético.
“Este es nuestro cocinero”, explicó el gato, y lo miré de nuevo.
El pequeño trapo sucio que llevaba puesto era un delantal, me di cuenta. No parecía apropiado en absoluto para un gigante musculoso.
“¿La comida está lista?”
El cocinero hizo un gesto a la pregunta del gato y empujó el carro de cocina hacía mí.