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Lo que percibimos y a lo que atendemos

Una de las condiciones básicas para procesar cualquier información es percibirla. A través de los sentidos se recibe una gran cantidad de estímulos

que provienen del medio y a los que, en muchas ocasiones, es preciso dar una respuesta. Así pues, la percepción constituye el primer paso necesario para que la cadena del procesamiento de la información se ponga en marcha.

La percepción se caracteriza por ser un proceso activo a través del cual no sólo se recibe información sino que además se le da sentido, es decir, los estí- mulos se reconocen y se interpretan para que alcancen un sentido. La expe- riencia es muy determinante en este proceso puesto que se tiende a interpre- tar los estímulos siempre en el mismo sentido. Se aprende a reconocer la información del medio hasta que se convierte en familiar, lo cual tiene enor- mes ventajas adaptativas. Por tanto, no sólo hay una percepción «sensorial» sino también una percepción «cognitiva».

Para interpretar y reconocer los estímulos que llegan a los sentidos se cuenta con ciertos principios muy útiles que guían la percepción (Giménez de la Peña, 2000). Al percibir los contornos se distinguen las figuras del fondo pues las figuras suelen parecer más claras y se perciben como más cercanas que el fondo (ver figura 6.1). Además, cuando se perciben figuras incomple- tas al estar, por ejemplo, tapadas por otras se tiende a cerrar la figura o a ima- ginar la parte que no se puede ver. También suelen percibirse como partes de un mismo estímulo los elementos cercanos entre sí y que se parecen, frente a los que están más alejados y guardan menos similitudes.

FIGURA6.1. Un ejemplo clásico que muestra cómo se separan el fondo y la figura (tomado de Goldstein, 1988).

Además de ser necesario que la información del medio llegue a noso- tros para poder procesarla, existe otro requisito imprescindible para que el 184 PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DE LA EDUCACIÓN

procesamiento se ponga en marcha: es necesario prestar atención. Los datos a los que no se atiende no forman parte del repertorio de conocimientos de una persona. La atención es una forma de estar alerta, de estar preparado para poder actuar o dar una respuesta.

Sin embargo, la capacidad atencional es limitada. No se puede prestar atención a diferentes cosas a la vez, sobre todo si se necesitan los mismos recursos. Por ejemplo, no se puede ver la televisión y escribir en el ordenador a la vez puesto que para ambas tareas se necesita la visión. Tampoco se puede tocar el piano y tender ropa al mismo tiempo. No obstante, hay ciertas tareas que sí se pueden realizar simultáneamente: andar y cantar o conducir y escu- char la radio, son cosas que casi todos hacemos sin problema. ¿Por qué hacer dos cosas a la vez unas veces es tan fácil y otras tan compleja? En primer lugar, como se acaba de señalar, cuando para las dos tareas se necesitan los mismos recursos es complicado o imposible su realización pero, por el con- trario, hay ciertas conductas que se pueden llegar a automatizar. Cuando se realiza la misma actividad una y otra vez, se llega a un nivel de sobreapren- dizaje tal que ya no es necesario prestar gran atención. Por ejemplo, la pri- mera vez que alguien está delante de un piano y tiene que tocar una escala, necesita poner toda su concentración en las teclas y el movimiento de sus dedos. Después de varios años de práctica y aprendizaje, tocar escalas se con- vierte en algo automático, en lo que ya no hay que pensar porque «sale solo». Lo mismo ocurre con muchos otros procesos como andar, escribir o condu- cir. La gran ventaja de automatizar conductas es que la atención que antes se necesitaba para, por ejemplo, mover las manos por el teclado del piano ahora se puede emplear en componer nuevas obras o improvisar mientras se ofrece un concierto. Así, la automatización libera recursos que se emplean en otras tareas aumentando la capacidad de aprendizaje.

Como la atención es limitada hay que aprender a seleccionar aquellos estímulos a los que se quiere atender. Cuando alguien se distrae con cosas que no son importantes para resolver una tarea está seleccionando estímulos irrelevantes que le impiden dar una respuesta correcta. Esta selección inade- cuada puede darse al tratar aspectos del propio problema que se quiere resol- ver o a otros factores ajenos a la tarea. Así, cuando estamos intentando leer y nos distraemos mirando por la ventana o pensando en otras cosas que no nos dejan concentrarnos, la selección del estímulo es inadecuada. Los problemas de concentración que relatan muchos estudiantes se deben, en muchas oca- siones, a que no pueden dejar de prestar atención a cosas irrelevantes que dis- traen la atención de la actividad fundamental.

Otra variable muy relacionada con los problemas de concentración y con los déficits atencionales en general, es el tiempo que se dedica a intentar resolver una tarea. La distracción con otros estímulos hace que se dedique menos tiempo a buscar la solución, a entender un texto o a escribir unas líneas, es decir, a resolver la tarea planteada y la atención necesita mantenerse

durante cierto tiempo para que se pueda resolver el problema con éxito. Hay niños que no son capaces de mantener la atención de forma constante en el mismo estímulo durante más de unos segundos porque necesitan una varia- ción estimular permanente. Estos niños, a los que se ha denominado hiperac- tivos, no pueden concentrarse en realizar tareas escolares ni prestar atención a las explicaciones que dan los profesores. Al contrario, necesitan moverse con- tinuamente y variar el estímulo al que atienden (Moreno, 1999; Giménez de la Peña, 2000). Estos niños son muy impulsivos, no analizan sus respuestas bas- tante tiempo y responden de forma rápida con lo que no son capaces de regu- lar su conducta.

La regulación de la conducta es un elemento esencial y característico del comportamiento de los seres humanos adultos. Esta regulación consiste en ignorar determinados estímulos e inhibir ciertas respuestas para seleccionar la adecuada. Mediante este mecanismo se consigue dirigir la conducta hacia unas metas determinadas y, de alguna forma, controlar el medio en el que se vive. La regulación de la conducta es un mecanismo que se va aprendiendo a lo largo de los años y en el que la atención está muy implicada. Los bebés de pocos meses todavía no pueden inhibir unas respuestas y seleccionar otras porque tampoco tienen una capacidad atencional que les permita deci- dir entre varias alternativas posibles. En realidad, esta capacidad de aten- ción sostenida es escasa y los bebés necesitan cambios constantes de jugue- tes y juegos. No obstante, a medida que van creciendo, los niños pueden estar más rato jugando con el mismo juguete y controlan mejor sus propios movimientos.

Hay varios factores que ayudan a este aprendizaje: por una parte, la maduración neurológica repercute en el tiempo que el niño atiende a un estí- mulo. Por otra, los cuidadores y los bebés comparten una actividad conjun- ta que, en un primer momento y debido a la falta de recursos del bebé, con- trola el adulto. En esta actividad, el adulto consigue dirigir la atención del bebé hacia diferentes objetos proporcionando información relevante acerca de sus características y estructurar la situación para que se produzca cierto diálogo y se respeten los turnos. De esta forma, el adulto introduce elemen- tos básicos que más tarde el bebé utilizará para dirigir su atención y regular su conducta.

Posteriormente, la aparición del lenguaje supone un instrumento funda- mental en la planificación, control y ejecución de tareas. El lenguaje consti- tuye un instrumento simbólico básico a través del cual dirigimos la atención y regulamos la actuación. La distinción entre habla egocéntrica y habla inte- riorizada pone de manifiesto esta capacidad reguladora del lenguaje (Pardo, 2001). El habla egocéntrica es el discurso en voz alta que un sujeto realiza consigo mismo. Este tipo de conducta se ha observado en niños que están empezando a manejar el lenguaje y todavía no son expertos. Mediante este habla, que aumenta su frecuencia de aparición cuando el niño se enfrenta a 186 PSICOLOGÍA DEL DESARROLLO Y DE LA EDUCACIÓN

tareas complejas, el sujeto se autoimparte una serie de órdenes en las que pla- nifica su conducta para alcanzar una meta. Algo más tarde, el habla se inte- rioriza y aunque el discurso se sigue manteniendo con la misma función reguladora, ya no es necesario expresarlo verbalmente en voz alta sino que el sujeto dialoga consigo mismo de forma interna.

Así pues, mediante todos estos mecanismos los niños aprenden a dirigir su atención y controlar su conducta. Estas habilidades resultan básicas para poder resolver los numerosos problemas formales y no formales a los que los niños y los adultos tenemos que enfrentarnos. Poseer los recursos necesarios para atender, inhibir y planificar nuestras acciones es un mecanismo funda- mental que es preciso activar cuando los procesos de pensamiento se ponen en marcha.