CAPÍTULO 1: MARCO CONCEPTUAL
1.2. EL CUIDADO: EVOLUCIÓN Y REPERCUSIONES
1.2.3. El perfil ideal del cuidador: perfil humano y perfil profesional
Las responsabilidades y las tareas del cuidador requieren el desarrollo de habilidades que no todas las persones están en capacidad de desarrollar o demostrar, sin embargo, deben asumir el rol de cuidador, afrontar las demandas del cuidado y compartir la experiencia de la enfermedad.
Whatson citado por Gaut de Lores (1996)23 señala que hay tres elementos que
son fundamentales en la entrega del cuidado: la conciencia y el conocimiento de las necesidades de asistencia de uno mismo, la intención de cuidar y las acciones basadas en el conocimiento y un cambio positivo como resultado de la asistencia. La habilidad del cuidado del cuidador hace referencia al potencial del cuidado que tiene la persona adulta, que asume el rol de cuidador de una persona que lo
posibilidad de encontrar significado en los hallazgos de mantener un vínculo significativo, de hacer actividades de forma estética y de tomar decisiones pertinentes para determinar el curso de la acción que debe realizar. El cuidador hábil comprende que él y las personas a su cargo son seres humanos activos, trascendentes y totales en todo momento”87.
El cuidador ideal requiere desarrollar habilidades y estrategias de afrontamiento que requieren capacitación, esfuerzo físico, esfuerzo psicológico y actitudes y aptitudes adecuadas al cuidado. El cuidador debe poseer, por tanto, virtudes humanas con capacidad de realizar las tareas del cuidado, no solo desarrollando tareas que requieren conocimientos, sino sentir y hacer sentir, a la persona que cuida, el respeto y cariño necesario en estas situaciones. Para ello es necesaria la comunicación como herramienta fundamental, además de paciencia, empatía y dedicación4.
1.2.3.1. El perfil humano del cuidador
Normalmente el perfil humano del cuidador está configurado por una serie de características que no se expresan en su experiencia profesional. Se puede denominar la experiencia del “Saber ser”. A continuación, se aborda este concepto desde tres perspectivas: individual, social e interactiva.
Autonomía: Capacidad para funcionar competentemente como individuo (perspectiva individual). Se requiere del sujeto autónomo haber adquirido el grado suficiente de autonomía que le permita asumir responsabilidades, entendiendo por tal, el hecho de ser capaz de responder ante sí y ante los demás de su propia conducta y de las consecuencias positivas o negativas que de ella se deriven. El ser autónomo precisa de otros rasgos, tales como confianza en sí mismo, organización efectiva del trabajo, según unos
Responsabilidad social: Capacidad para funcionar competentemente como miembro de una sociedad (perspectiva social). Se requiere haber adquirido unas leyes de convivencia. Esto exige que se haya desarrollado en el sujeto la idea de que convivir implica tener en cuenta, no solamente las necesidades del propio YO, sino también las necesidades y motivos de los OTROS. Esto conlleva la necesidad de compromiso social, apertura al cambio sociopolítico y tolerancia ante las diferencias individuales y culturales.
Ser en Relación: Capacidad para funcionar competentemente a nivel inter- relacional (perspectiva interpersonal). Estar en relación, significa, “estar vinculado”. Cuando dos personas entran en relación el comportamiento de una influye en el de la otra y viceversa. La vida humana procede de una relación, y sólo se desarrolla en “relación con”. Se requiere ser capaz de aprender y desarrollar habilidades de comunicación (habilidad para codificar y descodificar mensajes, empatía, expresar aprecio, ser asertivo…), así como confianza y conocimiento de los roles principales. Es necesario profundizar en la fundamentación teórica y práctica de los rasgos que diseñan y perfilan la dimensión humana de este profesional, para así poder adecuar mejor el trabajo a la persona, y viceversa.
1.2.3.2. El perfil profesional del cuidador
La figura del Cuidador está recogida en el Título de Técnico en Atención Sociosanitaria que aparece en el Real Decreto 496/2003, de 2 de mayo 2003 (BOE, nº 124; 24-V-03).
Con este título se pretende cubrir las necesidades de formación correspondientes al nivel de cualificación profesional para la prestación de servicios de atención directa a las personas, desarrollando diversas actividades tales como: coordinador, responsable de planta, gobernante de una institución residencial, cuidador de personas mayores, adquiriendo experiencias en discapacidades físicas, psíquicas o sensoriales en las diferentes instituciones y asistente de atención domiciliaria.
Ser competente profesional se puede equiparar a estar profesionalmente preparado. Esta afirmación nos conduce a definir la competencia como capacidad efectiva que tiene un sujeto para realizar con éxito una tarea laboral definida.
De manera descriptiva, también se puede decir que, la competencia profesional es ese conjunto de conocimientos, destrezas y aptitudes que los individuos adquieren para desarrollar, de modo propositivo, las diversas funciones y tareas que se le exigen en una situación real de trabajo: tener iniciativa, resolver problemas con autonomía, desplegar una conducta flexible y, a la vez, adaptado al contexto, organizar el trabajo según los objetivos y a las decisiones tomadas en el equipo en el que se está inserto.
El “saber hacer” o perfil profesional y las competencias profesionales del cuidador ideal se refieren a la organización, preparación, seguimiento y desarrollo de actividades e intervenciones de atención a las personas que demanden cubrir necesidades.
El Real Decreto 496/2003 (BOE, nº 124; 24.5.2003) asigna las capacidades de autonomía que se le requieren al cuidador ideal en el campo de su dedicación, denominadas “competencias de autonomía”:
- Organizar y supervisar, a su nivel, espacios, ayudas técnicas e instrumentos de trabajo.
- Mantener las condiciones higiénico-sanitarias adecuas al usuario. - Aplicar técnicas y procedimientos con el fin de cubrir las
necesidades básicas de la vida diaria del usuario. - Aplicar técnicas básicas de primeros auxilios. - Adecuar y aplicar las ayudas técnicas prescritas.
- Organizar y supervisar las recogidas y entregas de ropa de los residentes.
- Elaborar el plan de actividades de atención domiciliaria. - Mantener la higiene y el orden del domicilio.
- Diseñar y preparar los menús de la unidad convivencial.
- Administrar alimentos por vía oral aplicando, en caso necesario, técnicas de ayuda a la ingesta.
- Registrar y transmitir los datos observados sobre la evolución del usuario y su entorno en el desenvolvimiento diario.
- Elaborar la decoración y ambientación de los espacios.
- Organizar, desarrollar y dinamizar juegos y actividades de entrenamiento y relación social.
- Acompañar al usuario en sus gestiones y actividades diarias destinadas al mantenimiento y mejora de sus hábitos de autonomía personal, social y ocupacional.
- Aplicar técnicas de comunicación grupal.
Por lo tanto, el “Saber ser” y el “Saber hacer” deben formar parte del cuidador ideal como desarrollador de actividades que ayuden y satisfagan las necesidades de otras personas, pero sin quedarse en el olvido las habilidades sociales necesarias para cubrir la parte afectiva.