MARCO CONTEXTUAL.
2.2. POBLADORES DE TLACOTALPAN.
2.2.1. Periodo prehispánico y la conquista hispana en Tlacotalpan.
Pese a que no se han encontrado evidencias arqueológicas sobre los primeros asentamientos en Tlacotalpan, es evidente que su localización dentro de la cuenca del Papaloapan no fue azarosa. Como señala Aguirre Beltrán (2008), todos los pueblos cabeza se establecieron en la confluencia de los ríos principales, tanto por cuestiones estratégicas y de sobrevivencia, como por la concepción que los pueblos mesoamericanos tuvieron sobre el agua como
elemento sagrado (Martínez, 1995). Lo cual refleja la relevancia que tuvo Tlacotalpan antes de la conquista hispana, pues al ser un pueblo completamente ribereño, aprendió del río y aprovechó las ventajas de su ubicación para llevar una provechosa producción agrícola y pesquera.
Se cree que la fundación del pueblo le corresponde a un grupo totonaco que se desplazó al norte cuando fueron expulsados por popolocas primero, y por mixtecas y nahuas después (Aguirre, 2008). Gracias al Códice Mendocino se sabe que los nahuas de la región fueron vencidos por los mexicas a mediados del siglo XV, quedando Tlacotalpan sometido a la federación Azteca bajo el reinado de Moctezuma Ilhuicamina, que, al igual que otros pueblos de la cuenca, tributó con artículos como plumas y piedras preciosas, pieles de pájaros y de jaguar, fardos de algodón en breña o tejido en mantas (Aguirre, 2008). Al momento de la conquista, Tlacotalpan no dejó de ser un lugar sobresaliente, ya que fue uno de los varios señoríos dependientes de los mexicas. Hecho que le permitió ser un cacicato importante, debido a que fue tomado en cuenta por los españoles cuando estos se asentaron con base a la organización política existente en Mesoamérica (Aguirre, 2008; Delgado, 2004).
Según el ya citado Aguirre (2008), la palabra Tlacotalpan se compone de dos palabras,tlacotl
ytlalli, más la preposición locativapan, ambas de la lengua náhuatl, que se ha traducido como “terreno entre el agua”, “tierra partida” o “en el comedio de la tierra”, haciendo referencia a la apariencia física del lugar. Pues Tlacotalpan fue una isla partida en dos por el río Chiquito (un brazo del Papaloapan), que con el paso del tiempo fue secándose hasta quedar incorporado a tierra firme.
Resulta interesante la representación iconográfica de Tlacotalpan que aparece en el Códice Mendocino, pues se refiere un poco de la concepción que tuvieron sus pobladores sobre su entorno, en tanto que esa concepción fue sustancial para la configuración de su cosmovisión. Además, todo mapa no sólo reproduce la morfología física de la superficie de la tierra, sino que es también una expresión cultural del paisaje, porque en él se resaltan las cualidades físicas que son significativas para el hombre, tanto en hechos de sustento físico, como en hechos de la cultura humana (Sauer, 1925)
En el Códice Mendocino (Imagen 4), Tlacotalpan está representado por un círculo dividido en dos partes iguales por una línea recta. De las cuales, una está coloreada y contiene “signos indicativos de tierra cultivada” (Aguirre, 2008), mientras que la otra mitad aparece sin ninguno de esos elementos, por lo que no queda claro qué es lo que está representando. Sin embargo, para Aguirre, la línea que divide al círculo a la mitad es la que resalta la condición de isla de
44 Tlacotalpan, una línea que se sugiere es agua (según una
misiva que los indígenas del pueblo le enviaron al virrey en 1580). Esa condición, así como la posición de Tlacotalpan dentro del Papaloapan, como isla dentro del gran río y atravesado además por un pequeño brazo del mismo, configuraron entre sus habitantes una cosmovisión en torno al agua. Pues además de la agricultura, la pesca fue una de las actividades económicas más importantes no sólo de este lugar sino de toda la región.
Para cuando los españoles llegaron y se asentaron en el Bajo Papaloapan, Tlacotalpan recibió el nombre cristiano de San Cristóbal de Tlacotalpan, en alusión al santo que en los ríos ayudaba a cruzar a las personas de una orilla a otra
preservando su vida. Función simbólica que los evangelizadores intentaron relacionar con su posición estratégica, pues Tlacotalpan se convirtió en un importante centro de almacenamiento para el traslado de mercancías (Velasco y Ramos, 2006). Incluso llegó a desplazar al pueblo de Alvarado (que al principio también concentró mercancías), ya que la posición geoestratégica de Tlacotalpan le permitió llevar dicho papel con mayor seguridad, mientras que Alvarado fue víctima constante de ataques piratas.
Así entonces, los brazos del río fueron “las venas” que facilitaron el traslado de numerosos productos provenientes tanto de las tierras altas del Papaloapan como de la región de los Tuxtlas. Y Tlacotalpan, como capital comercial en la región, uno de los sitios que se encargó de recibirlos para su redistribución (Delgado, 2004; García, 2011).
En un principio, Tlacotalpan estuvo administrada por Teutila, pero pese a que poco después pasó a depender de la alcaldía mayor de Veracruz (por su relevante papel como centro de almacenamiento y su tributación directa a la Real Corona), se mantuvo más en la dinámica socioeconómica de la cuenca del Papaloapan, tanto así que su dependencia religiosa se encontró en el Beneficio de Cosamaloapan (García, 2004).
Por otra parte, como se señaló anteriormente, la ganadería modificó tanto el paisaje como las antiguas relaciones sociales. Pues trajo consigo no sólo una nueva alimentación, sino otras prácticas y costumbres provenientes no únicamente de Europa, sino también del continente africano. Lo cual propició que para el siglo XVIII los habitantes del Bajo Papaloapan fueran mayoritariamente mestizos y mulatos. Ya que, por una parte, los mulatos jarochos (vaqueros)
Imagen 4. Representación iconográfica de Tlacotalpan en
el Códice Mendocino. Fuente: Aguirre, 2008.
fueron la mano de obra preferida para manejar el ganado. Y, por otra parte, a finales del siglo XVII numerosas familias españolas migraron del puerto vecino de Alvarado para establecerse en Tlacotalpan con todo y sus esclavos y trabajadores (García, 1991; citado en Guadarrama, 2013; Sagahón, 2005)
En cuanto a la organización religiosa, se concedieron algunos espacios ceremoniales para la construcción de tres iglesias:
“la de San Cristóbal, parroquia en construcción, que obtiene la plaza principal situada en la mitad de la traza, pero cercana al río; la capilla de Nuestra Señora de Candelaria que, aunque ubicada contra esquina de la anterior con puerta principal abierta a la plaza principal no comparte esta con la parroquia, por salida en el costado oriental se comunica con plaza propia; finalmente, la iglesia de San Miguel, antes circunvalada por amplio jardín, hoy contempla reducida la dimensión temprana y dilatada de su zócalo ceremonial a una plazuela párvula. San Miguel y su plazuela se instalan en el barrio de abajo tradicionalmente indio.” (Aguirre, 1991: 17)
En 1604 se congregaron los poblados de indígenas dispersos, pero bajo algunas contradicciones, exclusiones y despojos. Pues los españoles implementaron varias medidas para desplazar a los indígenas a los solares destinados para ellos (como el incendio intencional de los antiguos asentamientos), hasta que lograron reducirlos al Barrio de Abajo, ubicado al Noroeste en la periferia y presidido por la iglesia de San Miguel (construida de cal y canto y techo de teja).
Dicho sector indígena estuvo conformado principalmente por pescadores y agricultores. Los españoles hacendarios, por su parte, ya en el siglo XVIII se adueñaron de la mayor parte de la isla, de la capilla de La Candelaria (de mampostería), de la cofradía de La Candelaria (propietaria de dos sitios de ganado mayor) y la iglesia parroquial de tres naves. Las tierras que fueron desalojadas por los indígenas luego de que fueran congregados se ocuparon para el ganado y con ello los estancieros y hacendados obtuvieron múltiples ventajas. A diferencia de la población indígena que perdió tanto sus tierras como importantes accesos a las rutas fluviales para el comercio (Sagahón, 2005)
Además de la ganadería y el comercio, se siguió practicando la pesca y la piscicultura, a la que se dedicaban sobre todo los indígenas. De hecho, la pesca llegó a ser un complemento alimenticio para los más pobres, entre ellos la población más excluida, es decir, la indígena. Pues a la ganadería se concibió como una actividad digna “de señores” (Aguirre, 2008; González, 2004; Velasco, 2003).
46 Pero la pesca también fue una actividad productiva para los españoles, pues fueron propietarios de varias mercedes con las que exportaron pescado salado hasta mercados tan retirados como los de la Ciudad de México, haciendo de Tlacotalpan un puerto de producción importante. Junto a ello, la tala intensiva también benefició a los mercaderes, ya que el corte de maderas se ocupó masivamente para la construcción sobre todo de navíos y para la infraestructura urbana del puerto de Veracruz (García, 2011). Y pese a que una cláusula expedida en 1552 le impedía a los españoles contratar indígenas para alguna labor, los indígenas de Tlacotalpan se convirtieron en jornaleros excelentes y reputados carpinteros para los españoles.