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Transformación de la cuenca en el periodo virreinal.

MARCO CONTEXTUAL.

2.1. EL BAJO PAPALOAPAN.

2.1.1. El Papaloapan como escenario histórico.

2.1.1.2. Transformación de la cuenca en el periodo virreinal.

En las primeras décadas del periodo virreinal, el noreste del Papaloapan se integró a la jurisdicción de Veracruz, el centro y una parte del sur a la de Cosamaloapan, el extremo oriente a la de Acayucan y el sur al distrito oaxaqueño de Tuxtepec. Y fue con base a esta misma división política intrarregional, como se sobrepusieron las divisiones de tipo eclesiástico. La margen izquierda del Río Papaloapan estuvo bajo la jurisdicción del Obispado de Tlaxcala, mientras que la margen derecha quedó al cuidado del Obispado de Antequera, hoy Oaxaca (González, 2004).

Como en otras partes de México, la demografía indígena de la Cuenca se redujo drásticamente por una serie de enfermedades que los españoles trajeron consigo y para las cuales los indígenas no estaban metabólicamente preparados. Sin embargo, dicha caída poblacional implicó el reagrupamiento de la población dispersa en congregaciones, así como la importación de grandes contingentes de hombres y mujeres negro-africanos esclavizados. Lo cual, transformó radicalmente la dinámica socioeconómica del Papaloapan (González, 2004). Asimismo, la estancia primero y la hacienda después, se impusieron como un sistema de explotación agrícola y ganadera “que albergó diferentes formas de ocupación territorial, de relaciones laborales, de formas de producción y de intercambio cultural” (Velasco y Montero, 2005: 18). Las condiciones geográficas del Bajo Papaloapan, sus terrenos altos y bajos, sus ciénagas y su constante humedad (que propicia el crecimiento de pasto), fue lo que motivó a los encomenderos para introducir grandes cantidades de ganado vacuno y enfocar la producción en ello.

Este mercado ganadero fue el que más transformó los paisajes y la organización sociocultural de la región durante el periodo virreinal, así como la concepción que los pueblos prehispánicos

tuvieron sobre el ambiente. Ya que, el sistema de producción agrícola que se practicó en tiempos prehispánicos cambió completamente con la implementación de la ganadería. Pues los terrenos pasaron de sostener maíz y algodón a sustentar ganado, el cual se adaptó muy bien a las condiciones fisiográficas de la región.

La abundancia de terrenos planos y despoblados, con pastos naturales, ríos, arroyos y abrevaderos existentes, brindaron las condiciones ideales para que se desarrollara “una cultura ganadera estrictamente asociada a la llanura y muy alejada de la hacienda tradicional” (Velasco, 2004b; 63). Hasta convertirse en un rasgo típico del trópico veracruzano. La ganadería en el Papaloapan, fue un sistema muy bien organizado que, contrario a otros lugares, requirió muy poca mano de obra (Velasco, 2004b). Ya que, la producción consistió en dejar que los hatos se reprodujeran libremente y en forma salvaje (algo que en la hacienda tradicional se consideraba accidental por quedar algunas reses fuera de la manda), para después capturarlos y conducirlos a los rodeos donde se amansarían y marcarían con fierros particulares (Velasco, 2003; 2004b).

Esto propició que la ganadería en el Papaloapan tuviera un alto grado de control sobre el espacio. Dado que la Cuenca es una región que se caracteriza por ser susceptible a inundaciones, y puesto que las estancias y haciendas se mantuvieron con miras a satisfacer la demanda urbana, la ganadería se extendió por toda la región. Lo cual, les permitió contar con terrenos bajos susceptibles de inundación, pero también con zonas altas para mantener el ganado hacinado en la temporada de lluvia (Velasco y Montero, 2005). Es decir, las condiciones naturales del terreno no fueron un problema. Por el contrario, los hacendados sacaron provecho de ello, pues las elevaron “a la calidad de jurisdicción natural para tener un mayor control del espacio” (Velasco, 2004b: 66).

Así, entonces, estancieros y hacendados marcaron una dinámica productiva con base a las condiciones espaciales de la Cuenca y las temporadas de lluvia. Ya que, en temporada de seca, el ganado era trasladado a terrenos bajos que contaban con pastos frescos, mientras que en periodo de lluvia, era movido a tierras altas que les garantizaba alimento.

Por su parte, la agricultura no tuvo tanto éxito entre los estancieros de la cuenca, sobre todo porque para ellos fue totalmente inédito el cultivo de productos propios del trópico. Además, la expectativa que se tuvo sobre el status social se basó en la acumulación de la tierra y en la propiedad de grandes hatos de ganado, por lo que la producción del maíz se dejó en manos

36 de los indígenas7. Quienes a su vez lo cultivaron en las tierras del fundo de los pueblos junto al cacao y el algodón, con los cuales pagaban sus tributo y abastecían el mercado local (Velasco, 2003).

No obstante, la producción de caña de azúcar fue de suma importancia para la región, puesto que no sólo desplazó considerablemente al maíz, sino que implicó también la introducción de africanos esclavizados para que trabajaran los cultivos. Si bien la caña de azúcar se concentró con mayor intensidad al norte de la Cuenca, a lo largo del curso del rio Papaloapan también se desarrolló exitosamente (Delgado, 2004; García, 2011; González, 2004; Velasco y Montero, 2005).

La invasión de la Cuenca por parte de los españoles y los africanos esclavizados modificó profundamente la economía previa a la conquista. Ya que, con la introducción del ganado y la caña de azúcar, los indígenas fueron desplazados de la agricultura intensiva, así como del río. Puesto que, en tiempos prehispánicos, la pesca fue una actividad predilecta entre los habitantes del Papaloapan, que si bien no dejó de practicarse durante el virreinato, se fue reduciendo conforme se fue expandiendo la ganadería y la caña de azúcar. Inclusive, la pesca llegó a convertirse en un complemento alimenticio para los campesinos más pobres (Aguirre, 2008; González, 2004).

La llegada de la población africana, por otro lado, ha sido muy importante para la historia tanto de México, como para la de todo el continente americano. Pues mucho del mestizaje que hoy existe se debe en gran parte a los aportes que legó. En el caso del Bajo Papaloapan, es innegable toda la herencia que dejaron los africanos y sus descendientes, sin la cual una parte importante de sus procesos socioculturales no podrían comprenderse. Tales como la comida, la música, en incluso la forma de manejar el ganado. Pues, en el periodo virreinal (pese a que la ganadería consistía en el control de las reses al estilo andaluz), los vaqueros que las arreaban con lanzas y garrochas, a pie o a caballo, estuvieron conformados por los llamados vaqueros jarochos (Velasco, 2004b; García, 2011).

La denominación de “jarocho” proviene de esas lanzas o garrochas con las que los vaqueros quebrantaban las reses cimarronas8. Pues con ellas dirigían el ganado capturado hacia los rodeos donde sería amansado (Velasco, 2004b: 70-71). Pero los jarochos en sí, fueron

7Según Velasco Toro, la importancia que adquirió el ganado mayor en el Papaloapan fue superior a la que se tenía en la Península Ibérica (Velasco, 2004b: 66).

8Se recomienda revisar el texto “Espacio y cultura ganadera colonial en la región del bajo Papaloapan, Veracruz”, de José Velasco Toro (2004), para un mayor conocimiento sobre la producción ganadera, el control del espacio, las relaciones sociales, laborales y comerciales en el Bajo Papaloapan.

vaqueros o pastores (como más comúnmente aparecen en los registros históricos), “que eran contratados por un sueldo a cambio de desempeñar un actividad determinada” (2004b: 74). Pues, debido a que la ganadería fue de tipo absentista (por la dinámica productiva que adquirió), la esclavitud no floreció como en otras regiones de la Nueva España. Sino que, muy tempranamente resultó antieconómica, por lo que los estancieros y hacendados recurrieron a la fuerza de trabajo libre y asalariada (2004b: 74).

Con ello, los pastores o vaqueros pudieron contar con una mayor movilidad y libertad contractual, “debido a que no siempre se requería de gran cantidad de trabajadores permanentes” (2004b: 74). Los cuales estuvieron conformados en un primer momento por africanos, puesto que conocían muy bien la vaquería, a diferencia de los indígenas que ignoraban completamente la domesticación de las reses. Pero también por cimarrones africanos, puesto que los estancieros y hacendados optaron por darle refugio a estos fugados para sumarlos a sus filas de trabajadores asalariados, y así evitar que les saquearan o robaran sus propiedades.

Sin embargo, conforme fue transcurriendo el periodo virreinal, comenzó a proliferar en el Papaloapan una población descendiente de la mezcla entre indígenas y africanos: los llamados mulatos. Que muy pronto recibieron el calificativo de jarocho y podían ser libres siempre y cuando nacieran de madres indígenas. “De los negros huidos, de los libertos, de los hijos de negros e indias y de algunos indios, fue como emergió ese grupo social que se fue extendiendo por los llanos y que pronto constituyó una clase trabajadora libre dedicada al difícil arte de la vaqueada: el vaquero jarocho” (Velasco, 2004b: 83).

A estos hombres y mujeres se les permitió montar a caballo, y se especializaron en la captura, quebranto y manejo del ganado vacuno. Pero crearon también una cultura particular muy característica de la Cuenca, dentro de la que sobresale el fandango, el son jarocho, los trajes blancos y sombreros de cuatro pedradas. Que hoy en día son utilizados sólo en ocasiones especiales y se les conoce como los trajes de gala jarochos.