AL P JUAN ÁLVAREZ.
6. Pues de parte de la persona B también hay razones que mueven a reprobar las cosas sobredichas, presuponiendo que, como en la natura se requiere sujeto dispuesto
para recibir bien el influjo del agente natural, así en las cosas sobrenaturales; aunque en ellas en algunos particulares acaezca el contrario, porque la potencia infinita no tiene necesidad que la materia sea dispuesta, mas hablando ut in plurimum[143] [sic] (aunque para ellas el tal sujeto dispuesto no sea necesario). Y, por consiguiente, como ver un sujeto dispuesto para tales gracias inclinaría a creer que en él las hubiese, así ver que no lo es, antes tiene disposición para dejarse engañar, inclina a lo contrario. Que en B. haya tal disposición para engañarse se ve, primeramente, de parte de su entendimiento. Si como él habla de C. la disposición natural para el don de profecía se ha de considerar, así él no es apto, por tener el entendimiento confuso, según nos avisa el mismo C.[144], a la cual causa dice no es bueno para enseñar a otros. Pues para la iluminación profética más proporcionado sería un entendimiento claro y distinto, no solamente para recibir la iluminación tal, pero aun para distinguir en ella lo que se muestra como absoluto o como
conditionate [bajo condición], y saber distinguir lo que sabe en la lumbre natural y lo que
en la profética, porque confundiéndose se tomaría fácilmente uno por otro.
7. 2.ª Para que se haya engañado es argumento que es (a lo que muestra el n. 24 y muchos de los otros) hombre que se satisface harto de su juicio y está tan fijo demasiadamente en él, y habránle ayudado para esta estabilidad, o dureza de su sentir propio, las continuadas oraciones sin orden y ejercicios mentales con mortificaciones del cuerpo, que, naturalmente, cuanto más se aparta la creatura racional de las cosas materiales, su entendimiento se hace más estable en lo que aprende verdadero o falso, y a tales personas interviene muchas veces, en especial si humo de alguna pasión les ciega (como a este parece haber intervenido), tomar cosas dudosas y aun falsas por verdaderísimas.
8. 3.ª Para facilitar su engaño hace también que como con indiscretos ejercicios corporales y mentales tiene mal tratado su cuerpo (que acá entendimos de echar sangre por la boca y otras indisposiciones), temo y parece claro verlo, que tiene estragado el órgano de la imaginación y dañada la estimativa o cogitativa, en quien está el juicio de los particulares para discernir en ellos lo verdadero de lo falso y lo bueno de lo malo; y de la
esta llegue, él haya dado (lo cual Dios no quiera) señales más ciertas en esta parte, o de
mayores errores en parte de ella.
9. 4.ª De parte de su voluntad y afecto se ve también la facilidad del engaño, que, como la voluntad es inclinada a una parte o a otra, lleva tras sí el entendimiento, y no le deja libre para juzgar lo recto. De donde viene que en causa propia no suelen ser los hombres buenos jueces. Ahora, el B. vese que tenía inclinación grande a las largas meditaciones y oraciones, tanto que se quería ir al desierto, y hale dolido, como parece, que le contradijesen a este su amor propio, y de aquí han tenido, como parece, origen aquellas profecías y sentencias (nn. 8, 9, 10, 26, 27, 30, 31), que en todos parece que se traduce este amor propio.
10. 5.ª Como es ayuda para que uno no sea engañado y señal de ello ver que va recto en todo coram Domino [ante el Señor], buscando su entera voluntad, así la falta de esta rectitud que se ve en B. hace lo contrario. Digo falta de rectitud, porque se tiene por cierto no va su voluntad conforme a la divina, que es regla suma de rectitud, no se conformando por obediencia con la del superior, como se ve [en] nn. 10, 30, y en los demás, antes juzgándola y condenándola.
11. 6.ª Como es señal que el espíritu sea bueno, si induce a la observancia y amor de todo lo que hombre es obligado por servicio de Dios N.S., así el espíritu parece malo que induce a lo contrario, como se ve en el n. 9 y otros, donde muestra su poca devoción al instituto de vida que ha tomado y, con voto, prometido de observar; pues no le pareciendo bien instituida la Compañía, quiere se instituya de nuevo a su gusto, y es cierto que cuando uno no siente bien de una cosa, suele en la observancia de ella no ser muy diligente y cumplido.
12. 7.ª Como es señal que es espíritu de Dios que hace el ánima más humilde y baja, con más conocerse en la luz que Dios Nro. Sor. le comunica; así este espíritu
muestra ser del su adversario y nuestro, como se ve que mueve y pone al B. en mucha
soberbia con la cual juzga y condena a quien él ha tomado por superior en lugar de
Cto. N.S. y lo que él ordena, y el instituto de la Compañía, etc.
13. 8.ª Como también la mortificación de los vicios espirituales, así como la ostentación y vanagloria, son señales de buen espíritu, así, ver estos apetitos inmortificados, da señal del malo. Esta inmortificación se trasluce en muchas de las
proposiciones que de él se escriben, especialmente en el n. 20 y 21, cuando habla de los que están en estado supernatural, o lo estarán presto. Que cuando él tuviese revelación de estas cosas, no parece que debería publicarlas así fácilmente; que los que tienen cosas supernaturales y extraordinarias de Dios Nro. Sor. suelen tomar para sí lo que dice Isaías: «Secretum meum mihi, secretum meum mihi» [Mi secreto es para mí, mi secreto es para mí, Is 24,16], secretum meum mihi [sic], y, si alguna cosa manifiestan, es con medida, cuanto por la edificación del prójimo, juzgan que Dios quiere se descubra o les es mandado.
14. 9.ª A esta razón se allega la siguiente de la curiosidad y de la temeridad, y del ingerirse, que parecerá en la 3.ª parte que ahora se seguirá, y son señales grandes de su mal espíritu como las contrarias de bueno.
En manera que de parte de su persona, el entendimiento así confuso, la dureza del propio juicio, la lesión de los órganos corporales en especial de la cogitativa, la voluntad apasionada y no recta en la obediencia ni devota a la observancia de lo que es obligado, y la soberbia y vana manifestación y curiosidad y temeridad que se muestra en sus dichos, hacen que se tenga el espíritu que los ha dictado por malo y digno de ser contradicho,
siendo adversario padre de mentira [cf. Jn 8,44] y enemigo de todo bien, Pero
vengamos a las terceras probaciones, de parte de las mismas cosas.
[Las propuestas y profecías presentadas por Onfroy]
Razones de parte de algunas de sus proposiciones: nn. 1, 2, 3.
Cerca de los nn. 1, 2, 3 y otros que tocan a profecías, aunque no imposibles, de suyo deben dejar de aceptarse por las otras cosas inconvenientes y falsas que se han dicho y dirán; que, si el espíritu fuese bueno, uniformemente diría bien. 2.º Porque, si miramos para qué se habían de revelar estas cosas, no hallaríamos fin de utilidad, antes de lo contrario: inquietar, etc.; 3.º Porque razonablemente hablando, según hoy van las cosas, no hay razón para creer tales novedades; pues si se ha de aceptar como sobre razón o contra ella, a todo hombre atentado se le deberían dar argumentos que satisficiesen a un entendimiento puesto en razón, para que creyese que tales cosas son reveladas de Dios Nro. Sor.; pues no constando de esto, no es razón ponerse a peligro de errar livianamente, tanto que aun a los que son verdaderos profetas, no somos
obligados a creer cuanto dicen; porque en las cosas que no les son mostradas claramente, ellos pueden engañarse, y a las veces, diciendo lo que nos les ha sido mostrado en la luz profética, sino ellos por el natural discurso y propio han entendido, como arriba se dijo había intervenido a algunos. Pues, si en los verdaderos profetas esto es así, [¿] cuanto más recatados hemos de ser en creer a los que no sabemos si tienen don de profecía, antes parece que narran visiones del nuestro adversario, o de propios humores, de los cuales hay tantos en nuestros días?
15. nn. 4, 5: No parece conveniente contención y resistencia contra el vicario de