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LA PERSONALIDAD Y LA CONDUCTA SALUDABLE

Personalidad, emociones y conducta saludable

LA PERSONALIDAD Y LA CONDUCTA SALUDABLE

Si algún término es ambiguo y controversial en psicología, éste es el de “personalidad”. A este término, como a muchos otros en psicología (ej. autocontrol), se le ha llegado a consi- derar una simple palabra sin correspondencia objetiva en fe- nómenos reales; por supuesto, ésa no es la posición que anima el presente escrito. Las teorías de la personalidad surgen de la necesidad de dar explicaciones generalizadoras a lo que se observa de común en las múltiples manifestaciones conduc- tuales del ser humano (Bischof, 1973); de ahí que las diver- sas teorías de la personalidad se vertebren alrededor de motivos que explican las conductas y los sistemas de con- ducta de las personas. Farber (1964, citado por Bischof, 1973) afirma “que cualquier teoría de la conducta, relativamente comprensible, y en particular si incluye variables de tipo motivacional, es aceptable como teoría de la personalidad” (p. 18), y más adelante enfatiza en la tendencia actual a re- emplazar las teorías de la personalidad, muchas con dificul- tades para ser aceptables como verdaderas teorías científicas, por teorías de la conducta; incluso manifiesta su esperanza de que llegue el día “en que se considerarán las teorías de la personalidad como curiosidades históricas” (p. 18).

Lo que interesa al presente escrito, en el que se aborda el comportamiento saludable desde una perspectiva moti- vacional, es enfatizar en la amplia interacción que se estable- ce entre personalidad y motivación de la conducta individual. De ahí que la variable personalidad y a su evolución durante el ciclo vital, lo mismo que las variables sociales y culturales, tengan que tomarse en cuenta en la determinación del com- portamiento a todo lo largo de la progresión de etapas por las que transcurre la probabilidad de su ejecución, etapas en las que la motivación se asimila a “disponibilidad al cambio” y se toma como variable dependiente (dependiente de las expec- tativas, de las actitudes, de la toma de decisiones, del

autocontrol), más que como variable independiente. Este úl- timo aspecto, cuando se conceptualiza a la motivación como variable independiente, es el que da origen a la mayoría de críticas que se hacen tanto a las teorías de la motivación como a las teorías de la personalidad, por la frecuencia con que estas teorías incurren en explicaciones circulares que preten- den dar cuenta del comportamiento en función de la teoría, pero a la vez dan cuenta de la teoría en función del compor- tamiento.

Desde el punto de vista de la DPPPS, el término personali- dad se utiliza y tiene una gran relevancia en un doble senti- do: como característica global del comportamiento individual originada en factores de origen biológico (Eysenck, 1967), y como estabilidad del comportamiento originada en fenóme- nos de aprendizaje social (Mischel, 1973). En ambos senti- dos existe una amplia tradición teórica en psicología y en medicina que ha pretendido establecer asociaciones entre la personalidad y el proceso salud-enfermedad; y esta tradición no puede ser ajena al interés del presente escrito, en el que se hace referencia a dos niveles fundamentales de la acción en salud, como lo son la promoción de la salud y la prevención de las enfermedades. Por supuesto que este tipo de asociacio- nes se han establecido entre ambos procesos desde múltiples aproximaciones teóricas; de hecho, la denominada “medicina psicosomática” constituye una aproximación fundamentada en el análisis de las interacciones entre personalidad y salud, hecho desde una perspectiva psicoanalítica. Esta tendencia se interesa particularmente en establecer el papel que pue- den jugar la represión y los conflictos psicosexuales en el desarrollo de las enfermedades (Morales, 1997); y no se trata de una corriente con importancia histórica solamente, sino con impacto actual, como puede interpretarse a partir de recientes publicaciones que reeditan a Franz Alexander, el autor más relevante de este modelo teórico, en la búsqueda

de principios integradores para el disperso campo de la psi- coterapia (Alexander, 2004; Carpenter, 2004).

Sin embargo, debe anotarse que esa tendencia a asociar ras- gos de personalidad con enfermedades somáticas –caracte- rística del abordaje psicoanalítico en el análisis de las relaciones entre personalidad y salud–, en la tradición cognoscitiva- conductual que sustenta esta propuesta de la DPPPS se ha manifestado a través de propuestas distintas, entre ellas la propuesta sobre patrones de comportamiento que reflejan estabilidades en el estilo de pensar, de sentir y de actuar de las personas, las cuales configuran formas prototípicas de comportamiento complejo ante situaciones con determina- da significación psicológica. Esas formas o patrones de com- portamiento tienden a asociarse con la enfermedad o con la salud; tal es, por ejemplo, la propuesta acerca del patrón de comportamiento tipo “A” que se ha asociado con enfermeda- des cardiovasculares (Sender, Valdés, Riesco y Martín, 1993), y del patrón de comportamiento tipo C, que se ha asociado al cáncer (Temoshok y Dreher, 1992). También en esta línea puede enmarcarse la propuesta de Antonovsky (1979) acer- ca del sentido de coherencia, que se refiere a la capacidad de la persona para percibir el significado de las situaciones (del mundo) y para anticipar el efecto o controlabilidad que sus acciones tienen sobre el entorno; y la propuesta de Kobasa (1979) acerca de la personalidad “resistente” o “vigorosa” (del término inglés hardiness). En particular estas últimas pro- puestas (coherencia, resistencia y, también, resiliencia) han sido tomadas como fundamento para hacer un planteamien- to positivo que asocia la personalidad con la salud, desde un enfoque salutogénico; se trata de un abordaje procesual de la personalidad, que enfatiza en la interacción de la persona con las variables sociales y medioambientales, con el resulta- do de hacerse más resistente o vulnerable ante las situaciones de riesgo (Moreno-Jiménez, Garrosa y Gálvez, 2005).

Por otra parte, el interés primordial que anima el presente escrito sobre la DPPPS se orienta más en la dirección de esta- blecer asociaciones entre las variables o los factores psicoló- gicos, de una parte, y el desarrollo de comportamientos saludables complejos, de otra. El interés primordial no es el de aproximarse a la asociación entre factores psicológicos y enfermedad, a la manera que se hace en la medicina psico- somática. En ese sentido, se pretende encontrar modelos cognoscitivo-comportamentales acerca de la personalidad que permitan entender cómo se da la interacción entre la perso- nalidad y las variables incluidas en la escalera psicológica (creencias, expectativas, decisiones, planes de acción) para determinar el curso del desarrollo de un comportamiento saludable complejo. Un modelo teórico acerca de la persona- lidad, muy compatible con este planteamiento, es el del Sis- tema Cognitivo-Afectivo de Personalidad (CAPS, sigla que representa a Cognitive-Affective Personality System) (Mischel y Shoda, 1995; Shoda y Mischel, 2000).

En la línea de caracterización de la personalidad a partir de sus fundamentos biológicos, una de las propuestas más rele- vantes es la hecha por Hans Eysenck, la cual condujo a la clasificación de tres dimensiones primarias de personalidad: introversión, neuroticismo, y psicoticismo (Eysenck, 1953, 1972). En su obra acerca de las bases biológicas de la perso- nalidad, Eysenck (1967) toma en cuenta dos dimensiones ortogonales: la de estabilidad-neuroticismo y la de introver- sión-extraversión. El autor relaciona el neuroticismo con la labilidad heredada del sistema nervioso autónomo, mientras que la introversión-extraversión la relaciona con las propie- dades del sistema nervioso central (sistema nervioso de la vida de relación). La tendencia ha sido la de asociar una ma- yor presencia de enfermedades difusas y de importancia va- riable en individuos que puntúan más elevado hacia los extremos de neuroticismo y de introversión. La prueba E.P.I., que tiene una versión en español (Eysenck y Eysenck, 1990),

evalúa estas dimensiones y se utiliza actualmente con fre- cuencia en estudios psicológicos en los que se busca estable- cer asociaciones entre personalidad y salud-enfermedad. Otra propuesta contemporánea muy relevante en esta mis- ma línea de conceptualización es la que se ha denominado como “los cinco factores de personalidad” (Wiggins, 1996), la cual reúne los factores designados en la sigla Ocean: Openness,

Concientiousness, Extroversion-introversion, Agreeableness, Neuroticism.

Mientras que la anterior línea de análisis aborda la personali- dad como estabilidad del comportamiento a través de diver- sas situaciones, apelando a factores o rasgos de origen biológico (no intrapsíquico como lo hacen las teorías psicodinámicas), en especial de tipo genético, la segunda línea de análisis (apren- dizaje social, Mischel, 1973) busca explicar la estabilidad del comportamiento apelando a factores cognoscitivos que me- dian la conducta ante situaciones similares; es decir, toman- do en cuenta las estabilidades cognoscitivas que rigen la conducta ante estabilidades situacionales. Ambas líneas apun- tan a lo mismo, que es entender la consistencia del compor- tamiento; una lo hace en referencia a características biológicas propias del individuo que se comporta, transformadas en ras- gos a los que se atribuye la consistencia conductual a través de situaciones diferentes; la otra lo hace en referencia tanto a características cognoscitivas propias del individuo como a características del contexto en el cual se da el comportamiento del individuo. Como se ha hecho notar en otras partes del presente escrito, la búsqueda de soluciones a los hallazgos contradictorios que sustentan posiciones relativamente opues- tas, como las anteriores, conduce por un camino de integra- ción conceptual dentro de un marco teórico común, en este caso un marco teórico que privilegia el papel de los procesos cognoscitivos en la determinación inicial del comportamien- to complejo del ser humano. Respecto de la teoría de la per-

sonalidad, esa integración se ha propuesto a través de mode- los que consideran que estas dos posturas no son irreconcilia- bles si se toman en cuenta las variables mediadoras propias del procesamiento cognoscitivo y afectivo de la información, que determinan tanto la estabilidad como la variabilidad del comportamiento a través de las diversas situaciones (Mischel y Shoda, 1995; Shoda & Mischel, 2000).

La posición integracionista representada en la teoría CAPS parte del reconocimiento de que la consistencia conductual atribuible a rasgos de personalidad, a través de situaciones diferentes, evaluada mediante coeficientes de consistencia, es bastante baja, aunque mayor que cero. Ante esta realidad, el reto que se plantea es el de establecer en qué grado esas consistencias son producto de cualidades invariables de la persona, y cuál es la naturaleza de esas cualidades. El modelo propone que las consistencias o estabilidades se dan en la interacción entre las situaciones en que la persona se com- porta, y el comportamiento. Asumiendo la forma de una re- lación condicional del tipo Si … Entonces … (si se da la situación X, entonces emerge la conducta Y), gráficamente esta concepción teórica se representa en la Gráfica 5.1. De esta gráfica interesa resaltar especialmente el papel del siste- ma cognitivo-afectivo de personalidad como nivel mediador entre las características psicológicas relevantes de las situa- ciones percibidas y los perfiles de respuesta individual a di- chas situaciones (perfiles Si … Entonces … o perfiles de situación-conducta).

De acuerdo con los autores, las unidades que conforman dichos CAPS son cinco: a) los códigos personales o esque- mas cognoscitivos que le sirven a la persona para establecer categorías acerca de sí misma y acerca del mundo; b) las expectativas y creencias (incluidas las expectativas de autoeficacia); c) los afectos y emociones (incluidas las res- puestas fisiológicas); d) las metas y los valores; y, finalmente,

Gráfica 5.1.

El sistema cognitivo-afectivo de personalidad (Mischel & Shoda, 1995).

Rasgos psicológicos de

las

situaciones

Sistema

de

personalidad afectivo-cognitivo (CAPS)

Perfiles si... entonces situación-conducta Consecuencias de la conducta juicios de observadores Historia biológica Historia de aprendizaje social-cognitivo Antecedentes genéticos Cultura y sociedad Historia de desarrollo Interacciones concurrentes Influencias del desarrollo

e) las competencias o habilidades, los planes, y las habilida- des autorregulatorias. Es a nivel de estas cinco unidades don- de se puede ejercer la acción, a través del aprendizaje o por medios bioquímicos, que facilite los cambios en la estructuración e interacción de dichos CAPS, en situaciones concretas, ya sea que se trate de situaciones medioambientales o de situaciones internas (pensamientos, imágenes, atención selectiva, etc.).

Vale la pena recordar que es mediante la acción a nivel de las unidades constitutivas de los CAPS como la terapia de corte cognoscitiva centrada en el análisis del procesamiento de la información (Beck, Rush, Shaw & Emery, 1983; Beck, Emery & Greenberg, 1985; Beck, Brown, Steer, Eidelson & Riskind, 1987; Ellis, 1996; Riso, 1992; 1996; 2004; 2006), y algunos enfoques de corte existencial (Yontef, 2002) se proponen in- ducir el cambio en situaciones de alteración afectiva y emo- cional, como la ansiedad y la depresión.

Mediante estudios de campo en los que se observan, de una parte, las situaciones detalladamente clasificadas a partir de sus características psicológicas relevantes, y, de otra, el com- portamiento de niños entre 7 y 13 años de edad que permane- cían por períodos prolongados en campamentos de verano, los autores de la teoría CAPS (Shoda, 1990; Shoda, Mischel & Wright, 1989, 1993a, 1993b, 1994; Wright & Mischel, 1987, 1988; citados por Mischel & Shoda, 1995) establecieron la presencia de estabilidad en el tipo de interacciones situa- ción-conducta, esto es, la presencia de un orden a través de la variabilidad conductual, que empieza a tener sentido y a ser predecible si se analiza a través de las diversas situacio- nes en las que esa variabilidad se produce. Los autores en- contraron una alta estabilidad en los perfiles Si … Entonces … (situación-conducta) de cada individuo.

Los autores toman esa consistencia de los perfiles Si …. En- tonces para proponer una integración entre la posición ambientalista (a partir de las situaciones) y la posición del estudio de las personas (a partir de las cualidades personales estables) para explicar la estabilidad del comportamiento in- dividual. Ellos lo expresan de la siguiente manera:

En lugar de establecer los tradicionales coeficientes de consis- tencia a través de las situaciones, lo cual ha sido el objetivo que se ha perseguido durante la mayor parte del siglo, los hallazgos de estabilidad del perfil sugieren que la coherencia de la perso- nalidad debe reflejarse en un patrón intraindividual estable de variabilidad. Desde esta perspectiva, que se focaliza en las rela- ciones entre las características psicológicas de las situaciones y los patrones de variación de la conducta individual a través de las situaciones, no sólo no se subestima la personalidad, sino que se necesita de ella (Mischel & Shoda, 1995, p. 250, original en inglés).

Una interesante aplicación del modelo CAPS de la persona- lidad, hecha al análisis de un patrón de comportamiento sa- ludable complejo, es el que suministran Miller, Shoda & Hurley (1996), quienes toman el comportamiento de autoexamen en la prevención del cáncer de seno. Ellos par- ten del análisis de las estrategias que la mujer utiliza para codificar la información acerca de los síntomas del cáncer de seno, de sus riesgos, del valor del autoexamen de pecho como comportamiento preventivo, etc., las cuales constituyen las unidades cognoscitivas, que se relacionan con otras unidades afectivas (ej. los sentimientos de ansiedad que se producen ante la idea de tener un mal intratable, en contraste con los sentimientos de tranquilidad que se generan cuando las ideas son de probable control si se hace una detección temprana del mal). Como resultado de las diversas combinaciones po- sibles de las unidades cognoscitivas entre sí, y de éstas con las afectivas, los autores ilustran diversas estructuras cognitivo- afectivas subyacentes que pueden llevar a un resultado favo-

rable al comportamiento de autoexamen de seno (AES), o a uno desfavorable; dichas unidades se representan en la Grá- fica 5.2. En el análisis se resalta el papel del comportamiento consecuente a las características psicológicas que la mujer le atribuye a las diversas situaciones (síntomas, tratamiento, etc.), es decir, a las situaciones medioambientales tal y como son interpretadas o construidas por la persona, proceso en el cual participa su estructura de personalidad, entendida como la manera habitual de procesar la información en determinadas situaciones.

Las situaciones externas objetivas que se refieren al cáncer de seno están representadas en tres factores: en la manera como la mujer percibe esas situaciones mediante la informa- ción que tiene acerca del cáncer de seno y del nivel personal de riesgo; en la información sobre efectividad del comporta- miento de autoexamen, y en la información práctica acerca de cómo ejecutar el autoexamen de seno. Esa información es la materia prima sobre la cual se construyen las unidades cognitivas y afectivas que se interrelacionan en la red. Algu- nas unidades cognoscitivas a través de las cuales una mujer puede codificar esa información son las siguientes:

“Puedo desarrollar un cáncer de seno”; “el tumor puede cre- cer sin ser detectado y finalmente me causará la muerte”; “si tengo un tumor, puedo detectarlo a través del autoexamen”; “tarde o temprano voy a detectar alguna masa en mi seno cuando me examine”; “si detecto una masa puedo recibir un tratamiento efectivo”; “me van a someter a tratamientos do- lorosos e inefectivos”.

Las múltiples combinaciones entre las anteriores unidades cognoscitivas, que se ilustran en la Gráfica 5.2, y su conse- cuente función sobre el estado afectivo de la persona (ej. ansiedad, depresión, tranquilidad, etc.), trazan múltiples vías diferenciales que conducen a estimular o a inhibir la afirma-

“Puedo desarrollar cáncer de seno ” INFORMACIÓN ACERCA DEL CÁNCER DE SENO Y DEL RIESGO PERSONAL INFORMACIÓN ACERCA DEL AES Y DE SU EFECTIVIDAD RECOMENDACIONES DE HACERSE EL AES ENTRENAMIENT OE NL A PRÁCTICA DEL AES “El cáncer puede crecer sin que lo detecte y finalmente moriré ” “Si tengo cáncer de seno puedo detectarlo haciéndome el AES” “T arde o temprano etectaré una masa ” “Me someterán a tratamientos dolorosos e inefectivos que sólo prolongarán mi dolor ” ansiedad y depresión “Me harán un tratamiento efectivo, me curaré y podré continuar mi vida productiva ” RECORDA T ORIOS DE HACERSE EL AES “Me haré el regularmente ” (intención) AES Folletos con gráficas del procedimiento para hacerse el AES Representaciones “objetivas ”, pensamientos relevantes para la tarea; autoinstrucciones; autorrecompensas contingentes Representaciones “subjetivas ”: Afirmaciones negativas sobre sí misma; ideación ansiógena EJECUCIÓN DEL AES 1 2 3 7 4 5 6 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 Gráfica 5.2.

Ilustración de los sistemas cognitivo-afectivos de personalidad y su imp

acto sobre la conduct

a de

autoexamen de seno (AES) (Miller

, Shoda, & Hurley

, 1996).

Líneas continuas: enlaces excit

atorios.

ción: “me haré el autoexamen de seno regularmente”, afir- mación que expresa la decisión favorable al comportamien- to. Si la combinación de unidades cognoscitivas y afectivas es favorable a la intención del comportamiento, se pasa a una segunda fase en la que nuevamente opera la estructura de interacciones cognoscitivo-afectivas, esta vez relacionada con el aspecto procedimental del comportamiento (cómo hacer, fase volitiva) y no con el aspecto motivacional (decisión de hacer). Un análisis muy interesante hecho por los autores es el correspondiente al suministro de información –y a la ma- nera como el profesional de la salud debe suministrar dicha información–, el cual puede ser favorable en unos casos (ej. cuando la estructura de procesamiento subyacente corres- ponde a la de una persona “globalizadora”) y desfavorable en otros (ej. cuando la estructura subyacente corresponde a una persona “focalizadora”).

Los autores (Miller, Shoda & Hurley, 1996) aclaran expresa- mente que su posición no es la de proponer una teoría de etapas al estilo del MTT (o al estilo de la DPPPS que se pro- pone en este escrito), sino la de proponer una teoría acerca de la personalidad, en la cual las disposiciones individuales actúan a partir de las interacciones dinámicas que caracteri- zan al procesamiento de la información en cada persona, di- námicas que cambian ante situaciones diversas. De ahí la variabilidad comportamental expresada en los Si… Enton-