B. TÉCNICAS NARRATIVAS
1. El punto de vista
1.2. El perspectivismo
La ausencia en el relato de un narrador único, que controle al lector con su versión única y acabada de los hechos, es una técnica narrativa muy valorada por Carmen Martín Gaite. Ya en El cuento de nunca acabar, dedicó un capítulo completo, el titulado “Lugar a dudas”, a esta técnica consistente en acompañar la narración del testigo con otras narraciones que le den credibilidad. Por medio de esta técnica –dice Carmen Martín Gaite- el narrador
se despliega dentro del relato en sucesivos personajes a los que manda que le justifiquen, va delegando en ellos, dejándolos hablar para que cada cual aporte su testimonio de cómo intervino en el asunto que se va a presentar como materia de narración. Generalmente se trata de personajes secundarios que, una vez cumplida su misión de emisarios de la credibilidad, desaparecen de las páginas del libro. (Cuento, 192)
Y así consigue el narrador que la “verdad” no se imponga como algo único e inamovible, sino que el lector pueda ir accediendo por su propio pie a esa verdad, descubriéndola poco a poco por sí mismo, a través de las versiones complementarias de los distintos narradores.
La técnica perspectivista supone, desde este punto de vista, una alternativa a la narración egocéntrica, única e inamovible, que cada uno de nosotros ha elaborado para sustentar la propia imagen, ante nosotros mismos y ante los demás; por eso señala Carmen Martín Gaite que quien sea capaz de cuestionar su propia narración egocéntrica
comprenderá que ni para uno mismo ni para los demás existe una sola verdad opuesta a la mentira, sino varias verdades en rotación accidental, y que el confrontamiento de ellas no tiene por qué desvelar falsedad (...). Y si alguna vez, saliéndose de su propio argumento, se pone a inventar otros donde no se halle implicado, jamás escribirá una novela de buenos y malos. (Cuento, 217-218)
Así, la valoración de la técnica perspectivista estaba presente ya en su prólogo a la edición de Taurus de Pepita Jiménez. La autora dedica la parte central de su estudio a analizar la utilización por parte de Valera del recurso del perspectivismo en la caracterización
25 Carmen Martín Gaite, “Una niña desdolida”, prólogo a Remedios Casamar Pérez, Memorias de una
de la protagonista, y hace derivar de estas versiones contradictorias el origen de la historia amorosa que se cuenta en la novela. Las diferentes opiniones acerca de un personaje mueven en otro, interesado ya desde el primer momento del encuentro, el interés y la curiosidad por conocerlo, germen seguro de una historia de amor. Pero también es un recurso que invita al lector a participar en la historia, porque estas múltiples perspectivas, además de sembrar el desconcierto en el lector, despiertan en él el interés por seguir leyendo, por conocer al personaje y aportar también su propio juicio y su propia visión (Agua, 122-137)26.
En otras ocasiones, Carmen Martín Gaite pone en relación la técnica perspectivista con el tema tan literario de la mentira. En cada versión personal que se da acerca de unos hechos hay algo de luz y de oscuridad, una parte de verdad y una parte de ocultamiento. Desde esa perspectiva, en su reseña de 1977 titulada “El incentivo de la mentira. El príncipe
negro, de Iris Murdoch”, alaba a la autora irlandesa, quien encontraba –según Martín Gaite-
el mayor incentivo de la ficción en la confrontación de las opiniones ajenas. En total sintonía con ella, afirma Martín Gaite que la literatura no es sino “el intento de poner de acuerdo la versión del narrador sobre determinados hechos, (...), con las versiones contradictorias que le van aportando los demás. Inquietantes versiones que sirven también, entre otras cosas, para detectar nuestra propia mentira” (Tirando, 154-155).
Por eso el libro de Mary McCarthy Memorias de una joven católica le resulta el libro de memorias más original que ha leído en su vida, porque su autora emprende la tarea de recordar su infancia y su juventud contando con la mentira, con el proceso deformador de la realidad que supone el acto de recordar. La autora norteamericana, consciente de que su propia versión de los hechos puede no coincidir con la realidad, emprende la escritura de sus memorias como si se tratase de una investigación histórica en la que todos los testimonios cuentan, de tal manera que su obra se convierte sustancialmente en una reflexión sobre la esencia misma de la mentira (Tirando, 166-167)27.
En su conferencia titulada “Historia e historias”, explica Carmen Martín Gaite el origen de esta conexión entre el recurso narrativo del pespectivismo y la mentira, o mejor dicho, el momento de su constatación. Martín Gaite evoca las dificultades en el proceso de elaboración de Macanaz, otro paciente de la Inquisición, por la cantidad de versiones fragmentarias y contradictorias que encontraba sobre él y también por la propia personalidad del protagonista, que mostraba una cara distinta y una versión diferente de los hechos dependiendo de quién fuera su interlocutor. Y afirma que, en este momento, se dio cuenta de que sólo contando con la mentira se puede entender algo de la realidad, y de que ese cúmulo
26 Creemos apropiado señalar también cómo nuestra autora critica en este prólogo la concesión al final feliz de la novela que hace el autor, en vez de recurrir a la sugerencia. Esta crítica de la autora al “happy end” está muy presente tanto en los comentarios de obras de otros autores como en los referidos a su propia obra. A tal efecto, consultar las reseñas a Un casamiento convencional, de Doris Lessing, en Agua pasada, 191; a La sinrazón, de Rosa Chacel, en el mismo volumen, 178. Por otra parte, Carmen Martín Gaite se permite incluso la licencia de caracterizar a la protagonista femenina de Valera con un apelativo propio, el de “ventanera”.
27Al hilo de esta reseña que hace Carmen Martín Gaite de la autobiografía de Mary McCarthy, sería conveniente consultar el artículo de Isabel Durán Jiménez-Rico titulado “El viaje a la infancia en la obra autobiográfica de Mary McCarhty y Carmen Martín Gaite”, en Epos, VII, 1991, 485-505. El estudio analiza las relaciones intertextuales entre Memorias de una joven católica y El cuarto de atrás como escritos autobiográficos, que, a pesar de sus diferencias, tienen como elemento básico común la recuperación de la infancia y la mirada irónica hacia la realidad que se intenta traer al presente. También se refiere a esta relación, destacando la conexión cronológica entre la redacción de la reseña sobre el diario de K. Mansfield y la finalización de El cuarto de atrás, José Teruel en su prólogo “Carmen Martín Gaite, articulista”, en Tirando del hilo, 13-31.
de versiones que se contradecían era un artificio literario muy productivo, que consistía en inventar personajes que van aportando a la historia informes contradictorios (Palabra, 359- 372).
La técnica perspectivista es vista también por Carmen Martín Gaite como uno de los mayores logros de Emily Brontë en Cumbres borrascosas. Los distintos narradores van aportando al lector distintos puntos de vista sobre lo que va ocurriendo no sólo en el interior de cada personaje, sino también en la manera de relacionarse con los demás; y esta habilidad en el uso de estrategias de distanciamiento es lo que la lleva a considerar esta novela romántica como pionera de la novela moderna (Palabra, 312-324).
La valoración de esta técnica narrativa está estrechamente relacionada con esa manera de contar que Carmen Martín Gaite defiende y que explicábamos más arriba. Una manera de contar que parte de una visión absolutamente relativa de la realidad y que ella simbolizó en su novela Nubosidad variable con la figura de los añicos de espejo. Martín Gaite relaciona también esta metáfora de Natalia Ginzburg con la especificidad de la escritura femenina, que alude a un mundo fragmentario en el que la realidad no está completamente explicada sino sólo a través de imágenes fragmentarias (Palabra, 325-341). En ese sentido, su entusiasmo por la novela de Onetti Los adioses procede precisamente de la utilización por parte del autor de esta técnica, concretada en la intervención de varios personajes testigos que ayudan al narrador en su pesquisa. Martín Gaite alaba que la literatura de Onetti no sea una literatura de afirmación sino de ambigüedad, una ambigüedad procedente del rechazo de una interpretación unívoca de la realidad y de la apuesta por las múltiples versiones (Tirando, 206-207).