Segunda parte: otros elementos a considerar
1.4. El Poder en el Chile de hoy
Si bien nos hemos referido al contexto político nacional, y en él se han visualizado ciertos aspectos que guardan relación con el tema del poder, aquí nos basaremos principalmente en el estudio realizado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) del año 2004, en el cual se da cuenta de cambios en la sociedad chilena
48 En las elecciones presidenciales del año 2000 las mujeres inscritas votaron válidamente en un 91,8%
respecto de un 89,4% de los varones. Así mismo, las abstenciones y los votos blancos fueron menores proporcionalmente que los hombres. Ver, Fries, Lorena. Un malestar... p.2
49 “Las transformaciones culturales han ido integrando cada vez más mujeres a la elite, pero no existe aún
plena conciencia de que ellas pueden desarrollar su labor tan bien o mejor que los hombres”. Op. Cit. PNUD 2004, p. 179
respecto de qué se espera y cómo se concibe el tema del poder. En el estudio se asume que “los imaginarios del poder son las representaciones subjetivas sobre las capacidades de acción personal y su distribución asimétrica en las relaciones sociales”52
.
Chile es un país de tradición autoritaria, marcada por un discurso identitario con fuerte impronta militarista y nacionalista, que exacerba supuestos actos de valentía y hazañas de los próceres de la patria. Históricamente se ha optado por regímenes políticos de corte presidencialista y a nadie sorprende las pautas culturales que nos llevan a establecer relaciones verticales de poder en prácticamente todos los ámbitos y niveles de la sociedad. A esta histórica relación con el poder se suma la no menor influencia de los 17 años de régimen autoritario y sus consecuencias en los imaginarios de la sociedad. Sin embargo, o quizás justamente por ello, pareciera ser que los nuevos tiempos se acompañan de expectativas de cambio también a este nivel. Respecto a ello, el Informe del PNUD nos señala que “la modernización del país, y sus cambios políticos y culturales, han creado un escenario de acción en el cual las formas paternalistas y autoritarias ven crujir sus fundamentos”53
. En tal sentido, uno de los aspectos que se destaca en el estudio es la sensación mayoritaria de que lo que está en cambio no es la sumisión de quienes obedecen, sino que se estaría atenuando el autoritarismo de quienes mandan. Dicho cambio es visto como espontáneo y natural. Así, las relaciones verticales de poder se plantean como un obstáculo para la realización de las capacidades personales y los cambios en estos patrones tenderían a producir situaciones de mayor igualdad.
Este cambio en los imaginarios y en las relaciones de poder estaría tornando a la ciudadanía más demandante frente a las elites de poder. El temor al conflicto estaría disminuyendo y los medios de comunicación masiva se estarían estableciendo como aliados de la sociedad civil54, al constituirse en efectivos escenarios de protesta: “Se estaría ante la emergencia de un sujeto social que demanda más explicaciones a quienes ejercen la
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CEM - Centro de Estudios de la Mujer, Los hombres también pueden ser presidentes de la República, Marzo 2000, http://www.cem.cl/argumentos/ediciones/argu30.htm
52 Op. Cit. PNUD 2004, p. 94-95 53 Op. Cit. PNUD 2004, p.81 54
“Los medios de comunicación aparecen como la institución que más ayuda a la gente a defenderse de los abusos de los poderosos”. Op.Cit. PNUD 2004, p.261
conducción, y que no teme la dureza eventual de las respuestas, pues está dispuesto a asumir y procesar los conflictos que éstas puedan acarrear”55
. Dichos cambios sociales parecen venir “desde abajo” y las elites presentan dificultad para explicar y adaptarse a la nueva realidad, quedan con “una sensación de perplejidad ante la evolución de la sociedad y el papel de las elites en ella”56
Mención especial, y relacionado con el tema anterior, hacemos al cambio en las relaciones de poder entre hombres y mujeres. Es en éste ámbito en el que se reconocen los mayores cambios en los imaginario de poder; así, un 85,5% de la población opina que las mujeres han ganado poder y ellas parecieran reconocer tener un poder específico y un modo propio de ejercerlo. En tal sentido, destacamos algunos imaginarios respecto de que “ellas tendrían un instinto natural para el poder y las decisiones. Por una parte, serían más decididas que los hombres; pero, al mismo tiempo, más inteligentes que ellos en el uso del poder. Buena parte de esta lógica se debería a una suerte de capacidad perceptiva de las mujeres para entender las necesidades de los demás y así poder conducirlos suavemente (...) ellas pueden renunciar a sí mismas para entregarse a los demás, permitiendo así un liderazgo amable” 57
. Ante estos cambios en el imaginario femenino los hombres parecieran quedarse sin respuesta clara: “en la medida que el ejercicio del mando se ha venido democratizando, pierden validez las anteriores formas de dominación, lo cual deja al hombre sin marcos de referencia frente a las relaciones de mando y obediencia”58
. De este modo, más allá de los comentarios que se podrían hacer sobre la exaltación de las cualidades de la mujer para la actividad política, se estaría avanzando hacia el establecimiento de relaciones más horizontales de poder entre sexos.
Por último, destacamos que, según el informe del PNUD, estos cambios estarían produciendo una demanda de nuevos tipos de liderazgos. Los procesos que acompañan la desafección política han repercutido en un distanciamiento de los ciudadanos con la elite, la cual es vista como alejada de la realidad. Se está demandando una mayor y mejor
55 Op. Cit. PNUD 2004, p. 195 56 Op. Cit. PNUD 2004, p. 203 57
Op.Cit. PNUD 2004, p. 111
comunicación entre líderes e individuos; así, lo que la población más valora en un líder es su capacidad para escuchar y unir a las personas (65.3%) y luego su capacidad para resolver problemas puntuales (47.7%). Consecuentemente, el defecto que la población menos perdonaría a un líder es que tome poco contacto con la gente. Se espera en un líder prudencia (56.2%), capacidad de proyectar el país en el futuro (57.3%) y que sea una persona capaz de enfrentarse a otras posiciones y defender sus puntos de vista (52.2%). Este último punto toma especial relevancia ante el clima de consensos que han mantenido los actores políticos nacionales durante los últimos años. Como se afirmó anteriormente, pareciera que el temor al conflicto ha disminuido y hoy se demanda mayor debate. Por último, se plantea que el principal desafío de los líderes políticos y económicos debe ser conocer mejor las necesidades de la gente (49.1%), es decir, se espera un líder más cercano y comprensivo de la realidad social59.
1.5. Las estrategias de resolución de los temas relacionados con las violaciones a los