En cuarto lugar, Pizarro guard´o con Manco Inca un elemento fundamental de negociaci´on. Le ofreci´o restablecer a trav´es de ´el la legitimidad del Hanan Cusco. As´ı, este sector o Cusco inferior tuvo las manos libres para su venganza contra los orejones atahualpistas que todav´ıa resid´ıan en la ciudad. Al ofrecer a Manco Inca una legitimidad subordinada, se comprueba que uno de los objeti- vos de Pizarro era superponer a la estructura ind´ıgena una legitimidad espa˜nola racial, tecnol´ogica y religiosamente diferente, pero mante
Pizarro, el Rey de la Baraja
niendo el orden aparente para valerse de ´el como instrumento de negocia- ci´on con el conjunto.
En este caso, Pizarro parece seguir otro de los conceptos de Maquiavelo, el cual advert´ıa sobre((lo peligroso que es introducir nuevas instituciones)). Es previsible que Pizarro hubiera mantenido la legitimidad inca subordinada, de no haberse producido el levantamiento de Manco originado por los abusos y crueldades de sus incapaces hermanos Juan y Gonzalo. Adem´as hubiera man- tenido la legitimidad cusque˜na dentro de un reino gobernado desde Lima para todo lo fundamental, ratificando una capa intermedia de orejones y caciques que le sirvieran para apropiarse del producto social. Volviendo al punto, en to- dos los casos mencionados, tanto en el de Atahualpa, al cual garantiz´o la vida; en el de Hu´ascar, cuya muerte permiti´o; en el de Chalcuch´ımac, cuya presen- cia utiliz´o; y en el de Manco Inca, al que desprotegi´o ante la codicia de sus hermanos Juan y Gonzalo, Pizarro aplic´o tambi´en otra cl´asica y fr´ıa norma de Maquiavelo:((el Pr´ıncipe no est´a obligado a cumplir su palabra si es que se retoma contra ´el y si las causas de la promesa han desaparecido)).
XIII
DECIMOTERCERA REGLA
Alan Garc´ıa Perez
Ya conocemos los claros prop´ositos que Pizarro ten´ıa para s´ı mismo: un objetivo estrat´egico, como era constituir un reino de legitimidad para ´el, y un objetivo t´actico, que fue la captura de Atahualpa, logrando con ella el desgaste de sus fuerzas. Para ello necesit´o de un instrumento fundamental: mostrar se- renidad ante los adversarios y los testigos; es decir, la paciencia que fue en su caso una demostraci´on de fortaleza y confianza, porque el adversario h´abil de- tecta tras la gesticulaci´on y la emocionalidad exageradas el temor y la debilidad del actor.
Es cierto que la estructura psicol´ogica y la imagen que de s´ı mismo ten´ıa Pizarro, de pocas palabras y larga constancia, conduc´ıan a la reflexi´on pacien- te, pero m´as all´a de ser una aptitud o una decisi´on t´actica, la paciencia fue funcional a sus objetivos. Ninguno de los dem´as actores (Almagro, Hernando, De Soto, Maisa Huilca, u otros) ten´ıa tal fortaleza. Tal vez la fing´ıa Atahualpa como un c´odigo de conducta ante sus s´ubditos, porque era una virtud requerida para la alta nobleza ind´ıgena de Am´erica, tal cual se ense˜naba en M´exico.
A trav´es de los c´odices aztecas sobre la ense˜nanza que se ofrec´ıa en los calmescac, o escuelas, a los pipiltin, o nobles aztecas, sabemos que se impart´ıa como virtudes la paciencia, la serenidad, la indiferencia aparente ante el dolor y el no delatar los verdaderos sentimientos. En este sentido Pizarro fue cultor de tal norma y de la especialidad en((guardar para ma˜nana la respuesta o el rencor)), como afirman los testigos. Y lo comprobar´ıa en muchas ocasiones. Primero, en Piura, donde a pesar de la aparente traici´on de Chirimasa, que abandon´o a los espa˜noles ante las tropas atahualpistas, le perdon´o la falta con fingida generosidad, pero con el objetivo de continuar inform´andose a trav´es de ´el y de ganar para su causa al pueblo tall´an.
Desde Piura se mantuvo a la espera varios meses, ante la impaciencia de su hueste. Pero ´el aguardaba la destrucci´on mutua de las legitimidades incaicas en las batallas de Cusipampa, Conchahuaylas, Bambon, Yanamarca, Tahuaray, Cotabambas, Chontacaxa, etc. En esa espera pudo ver c´omo se destru´ıan hasta trescientos mil vidas humanas. Durante esa larga paciencia logr´o la alianza fundamental con el m´as importante se˜nor de la costa e incorpor´o para s´ı las fuer
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zas de Moche, Vir´u, Chicama, Jequetepeque y Collique, que deber´ıan apor- tarle con los anteriores curacazgos, mil doscientos hombres por cada cacique.
Esa paciencia en la marcha, que previsiblemente no hubiera prac- ticado Hernando de Soto, dispuesto al avance audaz aunque a veces irresponsable como en el caso de Vilcaconga, donde fue sitiado, le permiti´o estacionarse a la espera de los acontecimientos, dejando a los otros tomar la iniciativa y hacer su propio juego, cual en una estrategia de rocambor. Y con esa espera promovi´o la curiosidad de Atahualpa, demostrada con el env´ıo de Maisa Huillca a Ser´an, visita que aprovech´o Pizarro para proyectar sobre Atahualpa las im´agenes y mensajes que deseaba.
M´as adelante, despu´es de la prisi´on de Atahualpa en Cajamarca, perma- neci´o all´ı nueve meses, con lo cual gener´o el hambre y el desconcierto de los quite˜nos. Dio tiempo a quienes se alzaron contra Chalcuch´ımac, acrecent´o la divisi´on de los ca˜naris y permiti´o la casi total eliminaci´on de la nobleza cus- que˜na. Adem´as gan´o tiempo para la recaudaci´on del tesoro y cuando la llegada diaria de los env´ıos fue disminuyendo, procedi´o al reparto y a la ejecuci´on del reh´en. Despu´es, haci´endose fuerte en el Cusco tras su ingreso triunfal, pudo observar la rebeli´on de las fuerzas quite˜nas contra su jefe Quisqu´ıs, que fue obligado a retroceder hacia el norte y culmin´o muriendo a manos de Huaina Palcon, otro jefe atahualpista.
Pero la serenidad y el no mostrar sus sentimientos fueron practicados tam- bi´en con las personas. Ya hemos relatado antes como, a Maisa Huillca, la enca- maci´on de la soberbia atahualpista, que lleg´o amenazante con patos desollados ante los espa˜noles, respondi´o con enorme frialdad y hasta sonriendo, aunque Maica Huillca llegara a halar las barbas de algunos espa˜noles para ver si estas eran reales porque hab´ıa visto en acci´on al barbero ((devolviendo la juven- tud)). Mesar las barbas era un gran ultraje en la Espa˜na posmedioeval, pero lo ignor´o porque Maisahuillca no era importante en s´ı mismo y el objetivo de Pizarro era demostrar temor y voluntad de paz hasta llegar a Atahualpa, d´ando- le mensajes de confianza. Convirti´o al enviado del jefe ind´ıgena en mensajero suyo.
Inclusive en el pugilato entre este y Huachapuru, el se˜nor de los tallanes, se limit´o a ordenar que los separaran y se ofreci´o nueva-
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mente para servir a Atahualpa. As´ı manipul´o a Maisa Huillca y este a su vez a Atahualpa. La misma y estudiada paciencia demostr´o ante Pedro de Al- varado, ante quien envi´o a Almagro con una generos´ısima oferta econ´omica para comprar su salida. Igual paciencia, tal vez mezclada con el afecto de vie- jos socios, tuvo con Almagro en sus dos entrevistas, tanto en la de Pachacamac como en la del Cusco, desde donde sali´o la expedici´on a Chile, aunque en la ´ultima, en Mala, fue seco y duro porque ya hab´ıa decidido su suerte.
Sin embargo, la misma serenidad la ejerci´o con la frialdad del terror cuando fue necesario aplicarlo a los trece curacas de la Chira, a los que precipit´o a la hoguera para confirmar su alianza con los tallanes. Hay pocos episodios en los que se puede ver a Pizarro perdiendo la paciencia. Uno de ellos ocurri´o ante la noticia del sitio del Cusco, pues en esa ciudad se encontraban sus hermanos, lo que motiv´o que enviara sucesivamente cinco expediciones, cuatro de las cua- les, al mando de Mogrovejo, Tapia, Gaete y Diego Pizarro, fueron totalmente exterminadas al subir a los Andes.
Tambi´en sucedi´o cuando Lima fue sitiada por Titu Yupanqui, ocasi´on en la que, en un acto de desesperaci´on, que algunos cronistas suponen fue indu- cido por los celos de In´es Huaylas, la madre de Francisca, ejecut´o a Acarpa, hermana de In´es. La acus´o de ser la informante y la quinta columna de las tropas de Manco Inca, y la someti´o al garrote en su propia casa y comedor. La misma impaciencia y crueldad fue mostrada en el caso de Cura Collo, mu- jer de Manco Inca, que hab´ıa sido anteriormente tomada como concubina por Hernando Pizarro y tras ser recuperada por Manco fue capturada en una de las expediciones que se hizo hacia Vilcabamba para terminar con la insurgencia. Entonces Pizarro, no habiendo podido alcanzar a Manco, hizo que la torturaran y la asaetearan las tropas ca˜naris, dejando su cuerpo en un bote para que sirvie- ra de lecci´on al Inca rebelde. Esta acci´on, as´ı como la quema de los prisioneros tomados a Manco, entre ellos el Villa Huma, fue duramente criticada por los testigos y cronistas:((E querido decir esto de estas dos se˜noras que as´ı mata- ron tan sin consideraci´on y mirar que eran mujeres y sin culpa)) ( Pizarro 122 v.). Pizarro un´ıa a su paciencia un gran respeto y culto por el ceremonial y el protocolo, tal vez porque ello retroalimentaba la ima
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gen de serenidad que gustaba ofrecer a los observadores. Fundar ciudades con gran alarde, invitar diariamente a cenar a Atahualpa, guardar las reglas de la etiqueta fueron permanentes muestras de su deseo de construir una nueva legi- timidad.
Femando VII fue paciente y taimado al aceptar la constituci´on liberal im- puesta por la sublevaci´on de Riego en 1821. Concluy´o ejecutando en la Plaza de la Cebada de Madrid, en 1823, a quien es un h´eroe indirecto de la inde- pendencia de Am´erica, pues con su sublevaci´on de 1821 impidi´o la partida de un ej´ercito de veinte mil hombres que, sumados al contingente realista en Su- dam´erica hubieran aplastado a los ej´ercitos libertadores. Luis XVI, por el con- trario, demostr´o impaciencia, pues insisti´o en el derecho al veto, conspir´o con las potencias europeas e intent´o huir de Francia y fue ´el quien muri´o en la gui- llotina. El propio Hitler, expresi´on m´axima de la crueldad y la megaloman´ıa, despu´es del fracaso del putsch de Munich, acept´o en apariencia las reglas de- mocr´aticas, realizando un paciente ascenso parlamentario durante ocho a˜nos hasta alcanzar la mayor´ıa y desenmascarar sus prop´ositos criminales.
XIV
DECIMOCUARTA REGLA
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Pizarro identificaba los lugares geogr´aficos con fuerza econ´omica o con fuerza de legitimidad pol´ıtica; por eso la captura de Cajamarca y su estan- cia all´ı significaron tomar directamente la legitimidad del territorio y garanti- zarse la paz. Acumul´o el rescate y adem´as las ofrendas de los huascaristas y all´ı esper´o pacientemente la gran cosecha andina que pod´ıa permitir una mar- cha sin tropiezos a los espa˜noles y a los miles de indios auxiliares que los acompa˜naban.
El segundo punto de acopio que domin´o fue Pachacamac, un milenario cen- tro religioso de legitimidad espiritual y donde, a trav´es de su hermano Hernan- do, logr´o la destrucci´on del ´ıdolo de Pachacamac en el llamado Templo Viejo, cuyos vestigios aun existen, pero donde mantuvo el Templo del Sol (pir´amide visible hoy). No hay cronista que afirme que sobre ese ´ıdolo destruido y m´as aun sobre el Templo del Sol, edificado por T´upac Yupanqui, se levantara una cruz o alg´un centro de oraci´on cristiana, lo que vale decir que en esos primeros momentos se atac´o la religiosidad anterior pero fingi´o respetarse la legitimidad de Hu´ascar y Atahualpa a trav´es del dios Sol.
El tercer centro de acopio fundamental fue el Cusco, el ombligo del mundo, el centro del Tahuantinsuyo y punto final de los lugares desde los que conflu´ıan las riquezas y productos del territorio y donde llegaban todos los caciques y curacas del imperio, quienes constru´ıan all´ı viviendas para residir durante el tiempo en que rend´ıan homenaje al Inca. All´ı logr´o entrar Pizarro como un h´eroe, articulando la suma de todas las legitimidades.
Pero no contento con ello cre´o, en cuarto lugar, un nuevo centro de acopio de poder y riqueza, con conexi´on por mar a la metr´opoli, continuando la l´ogica de la expansi´on incaica hacia el oc´eano por la alimentaci´on y el comercio que ello supon´ıa. La construcci´on de Lima es la edificaci´on de un nuevo centro de acopio de la riqueza minera, agraria, pol´ıtica y de legitimidad religiosa. Tal vez Pizarro entendi´o entonces, en 1535, que m´as que el sol cusque˜no de recien- te data, Pachacamac en la costa representaba como santuario un antecedente m´as importante sobre el que construir la nueva religiosidad. Ello fue compro- bado por la historia cuando los siervos ind´ıgenas del primer encomendero de Pachacamac, trasladados a su
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casa en la ciudad de Lima, edificaron m´as adelante un ´ıdolo sobre el cual pin- taron despu´es los esclavos negros un Cristo al cual se conoce como el Cristo de Pachacamilla, Se˜nor de los Temblores, como Pachacamac fue a su turno, Se˜nor de la Tierra.
Pizarro, con gran criterio de dominio espacial, escogi´o un punto central en la zona que los propios cronistas parecen preferir al Cusco. Esteta (24) afirma que Lima era una tierra muy poblada y rica, y a su turno Cieza lo se˜nala como el valle m´as rico de toda la costa del Per´u.
XV
DECIMOQUINTA REGLA
EVADI ´O LAS RESPONSABILIDADES Y
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Hemos se˜nalado c´omo Maquiavelo advierte que((los hechos que originan odio deben ser asignados a otros y el Pr´ıncipe debe cumplir aquellos que ga- nan afecto)). Pizarro fue un h´abil evasor de la responsabilidad que le era propia por sus acciones o por sus omisiones. En el caso de la muerte de Atahualpa, que ´el decidi´o, aprovech´o los m´ultiples elementos con los que contaba. Pri- mero, el pedido de un gran sector de espa˜noles, entre los que figuraban Diego de Almagro y Alonso de Riquelme, el tesorero real, quienes lo exig´ıan, co- mo Atahualpa hab´ıa anticipado, para poder participar del rescate invalidando el primer acuerdo de reparto. En segundo lugar, el pedido un´anime de los ca- ciques del norte y de los orejones huascaristas. En tercer lugar, la aplicaci´on retroactiva solicitada por los sacerdotes presentes de la moral cat´olica al jefe ind´ıgena. Y en cuarto lugar la tesis de la conspiraci´on. No es casual que ante la amenaza de un posible ataque ind´ıgena denunciado por Felipillo el traductor, se decidiera inmediatamente el inicio del juicio y el ajusticiamiento, aprovechan- do,((coincidentemente)), que De Soto hab´ıa sido enviado a las inmediaciones a verificar la realidad de tal amenaza de concentraci´on de tropas, que d´ıas des- pu´es desminti´o y que Hernando Pizarro, amigo del Inca en esos ocho meses, hubiera sido enviado a Espa˜na con el quinto real.
Tampoco es casual la coincidencia de los cronistas pizarristas. Esteta afirma que((ocurri´o el proceso a Atahualpa, aunque contra la voluntad del propio go- bernador)) y su secretario y valido Pedro Sancho de la Hoz, testimonia: ((viendo el gobernador el peligro del ataque y aunque le doli´o mucho)). Igualmente lo dice su primo Pedro Pizarro. Pero todo ello sabe a consigna o a la eficacia de sus manifestaciones de dolor y duelo en el proceso, la ejecuci´on y en la misa posterior. Tampoco es v´alida la tesis de un requerimiento masivo de sus solda- dos, difundida por Pedro Pizarro. M´as que nunca, Pizarro era due˜no total de la situaci´on y del mando y el n´ucleo familiar y extreme˜no, que era mayoritario, le obedec´ıa ciegamente.
Lo cierto es que Pizarro requer´ıa la muerte de Atahualpa para iniciar su viaje al Cusco huascarista. Nada hubiera podido hacer manteniendo con vida a Atahualpa, aunque seg´un los cronistas le hab´ıa ofrecido dejarle marchar hacia Quito y restablecer su reino all´ı. Lo ejecut´o, pero para ello cumpli´o con una de sus reglas b´asicas,
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la legitimidad formal y con esa formalidad y la acusaci´on respaldada por los sacerdotes dominicos, con la acusaci´on de idolatr´ıa, incesto y fratricidio co- metido contra Hu´ascar, se logr´o en pocas horas la condena, que de inmediato fue ejecutada a pesar de los lamentos del usurpador quite˜no. As´ı, habi´endo- se satisfecho todas estas formalidades, con fiscal, jueces y defensor, jam´as el Consejo de Indias, entre 1533 y 1541, pudo hacer reproche alguno a Pizarro por la muerte de Atahualpa, pues se acept´o que actuaba por necesidad urgen- te, a diferencia de la forma en que se actu´o contra Cort´es por la muerte de Moctezuma.
En el caso de la muerte de Hu´ascar, ella fue conveniente y funcional para sus prop´ositos. Aunque pudo evitarla, qued´o para siempre en la historia que fue Atahualpa el que la orden´o, sin importar si Atahualpa era un prisionero su- jeto a la voluntad de Pizarro y al que este dej´o actuar. Sin embargo, la evasi´on de responsabilidades por parte de Pizarro no es un caso aislado. Bol´ıvar supo cubrir con su triunfo y con su gloria final su responsabilidad sobre el horroro- so episodio de la entrega del m´as grande revolucionario americano, el procer Francisco de Miranda, al jefe espa˜nol Monteverde, a cambio de su autorizaci´on para salir de Venezuela. As´ı tambi´en evadi´o la responsabilidad de haber perdi- do la fortaleza que le fue encargada por Miranda, evadi´o su responsabilidad por el asesinato de ochocientos soldados espa˜noles canarios, prisioneros en Puerto Cabello y degollados por su indicaci´on. Evadi´o su responsabilidad por el fusi- lamiento del general Piar, ejecutado para ganar la obediencia de otros jefes, el fusilamiento de Berindoaga en el Per´u, hecho para aterrorizar a los peruanos, etc. ¡Oh victoria, que cubres todas las culpas!.
Y Napole´on, con el fasto nacionalista de su imperio, dej´o atr´as el deg¨uello de miles de mamelucos en Acre y a los millones de muertos que la construcci´on de su gloria ocasion´o mientras repart´ıa las tierras((ganadas por las ideas de la revoluci´on)) a sus hermanos como nuevos reyes. El propio San Mart´ın, perdida la guerra en el Per´u e incapaz de enfrentar a sus viejos compa˜neros del ej´ercito espa˜nol, donde sirvi´o por m´as de veintid´os a˜nos, cubri´o su fracaso con el apa- rente((desprendimiento)) de su partida, que es por lo que se le recuerda. Evadir las responsabilidades no fue pues una caracter´ıstica exclusiva de Pizarro.
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Este tambi´en lo hizo en otros asuntos importantes. Despu´es de viajar a To- ledo en 1528 y lograr las Capitulaciones con la Corona, en las que obtuvo su propia designaci´on como la ´unica autoridad leg´ıtima, a pesar del pedido y del encargo hecho por sus dos socios para compartir esas responsabilidades, Piza-