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Poesía 17 Salmo

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Israel y Moab

6. Poesía 17 Salmo

“Por el desierto erraban, por la estepa, no acertaban con lugares habitados; hambrientos y sedientos se sentían desfallecer. Pero clamaron a Yahvé en su apuro, y él los libró de sus angustias. Los condujo por el recto camino, hasta alcanzar un lugar habitado. ¡Den gracias a Yahvé por su amor, por sus prodigios en favor de los hombres!” Sal 107,4-8

Este es un salmo mixto, compuesto por un himno comunitario de acción de gracias (v 1-32), y una conclusión de carácter sapiencial en forma de himno añadida posteriormente (v 33-43).

Un grupo de mercaderes parte de Jerusalén. Camellos, viajeros y productos se internan en el desierto. Bajo una tormenta de arena pierden el rumbo y los asalta el pavor de perderse en ese vasto mar de arena. Frente a la muerte, cada uno apela instintivamente a lo más sagrado. Milagrosamente la tormenta se detiene. Al recobrar la calma, se orientan nuevamente y llegan al oasis previsto, cansados pero con un profundo sentido de gratitud. De regreso en Jerusalén, van al templo a cumplir con el voto prometido en el momento de su angustia: “¿Cómo pagar a Yahvé todo el bien que me ha hecho? Cumpliré mis votos a Yahvé en presencia de todo el pueblo. Te ofreceré sacrificio de acción de gracias e invocaré el nombre de Yahvé.” Sal 116,12ss.

La esplanada alrededor del templo está llena de otras personas que al igual que ellos, fueron salvados. Du- rante la liturgia, el sacerdote intenta poner orden en aquel mar de personas; organiza la multitud en cuatro grupos según el motivo de su acción de gracias: los salvados en desierto (4-9), los sanados de una enfermedad (17-22), los liberados de la prisión (10-16), los rescatados en el mar (23-32). Cada grupo, colocado en uno de los cuatro puntos cardinales, sigue la liturgia. Un sacerdote se dirige primero en dirección a la salida del sol, hacia el este, al grupo de mercaderes y proclama: “Por el desierto erraban .. se sentían desfallecer”. El grupo de mercaderes le responde con el primer estribillo: “Pero clamaron a Yahvé en su apuro y él los libró de sus angustias” v 6.13.19.28. Otro sacerdote invita a todos los presentes: “Den gracias a Yahvé por su amor”, segundo estribillo v 8.15.21.31. El liturgo da vuelta y se dirige ahora al segundo grupo, los sanados de la enfermedad, toda la ceremonia se repite nuevamente hasta completar el círculo en el punto donde empezó. Usualmente, el canto de acción de gracias precedía el sacrificio mismo, y era realizado en forma individual, o bien entonado por el coro de los participantes en la celebración (familiares y amigos). El sacerdote repartía entre los invitados la carne que según las prescripciones, les correspondía (cf. Lev 7,11-21). La descripción de lo sucedido y las palabras de gratitud de la persona, creaban entre los asistentes una atmósfera de temor (cf. Sal 40,4) y alegría (cf. Sal 69,33), y profundizaban su sentido de confianza en Dios. Los presentes confirmaban que, cuando se encontrasen ellos mismos en una situación similar, Dios –sin duda alguna, intervendría en su auxilio. Los presentes son invitados entonces a que se alegren con el salmista: “Engran-

dezcan conmigo al Señor, ensalcemos juntos el nombre del Señor” Sal 44,4.

Desde el punto de vista de su contenido religioso, el salmo tiene tres momentos:

(1) el momento de gratitud, v 1-3 es una invitación litúrgica: “Dad gracias a Yahvé por su amor”. Representa el momento presente, explica la situación concreta en la que surge el salmo. Estamos en el templo después de haber vivido la experiencia de peligro, es un momento de celebración.

(2) El momento de memoria, v 4-32 es un testimonio de lo sucedido: “que lo digan los rescatados por él”. Representa el momento pasado, cuenta la historia vivida por las personas, las razones que las han motivado a venir a Jerusalén y presentarse en el templo. Es el momento del recuerdo y del recuento.

(3) El momento de reflexión, v 33-43 es una meditación: “Guarden estas cosas, mediten en su amor”. Representa el momento de interioridad, cf. Sal 8,4s. Las personas no sólo narran lo sucedido, sino se preguntan por el significado de estos hechos en la vida de la comunidad. Esta sección muestra que el hecho de salvación por si sólo no basta, a menos que la per- sona/comunidad sea capaz de ver tras él, el gesto gratuito de Dios y su cuidado misericordioso.

Los Salmos

“Las obras literarias de épocas y ambientes arcaicos se dis- tinguen de las de los pueblos

Estela en gratitud al dios egipcio Upuaut (representado en forma de perro o chacal), por salvar a la per- sona de las fauces de un cocodrilo, cuando ésta se bañaba en el Nilo. En la estela, el cocodrilo es una encarnación de Apofis, monstruo en forma de serpiente o cocodrilo que representa las fuerzas maléficas y que reina en las tinieblas. De abajo hacia arriba: nivel I, el espacio de lo cotidiano, en donde se vivió el peligro y el auxilio del dios que salva; nivel II: ofrenda de aceite ante el altar del dios salvador. Se realiza privadamente y se ofrece de rodillas; nivel III: participación de la persona en una procesión comunitaria al dios. Obsérvese el lenguaje gestual de las manos en cada nivel.

desarrollados precisamente por el hecho de que no son concebidas puramente como obras escritas, sino que proceden de la vida real de las personas y tienen su realización en esa vida: un grupo de mujeres entona un canto triunfal ante el ejército que vuelve victorioso; las plañideras entonan, junto al ataúd, la conmovedora canción de los muertos; en el atrio del santuario, un profeta hace oír su voz atronadora ante la asamblea.

¿Cuál pudo ser el contexto existencial *(Sitz im Leben) de los salmos? Como su mismo nombre indica (tehillim = himnos), el judaísmo los intro-

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163 - dujo en el culto. Los salmos babilónicos están relacionados también con

ciertas celebraciones litúrgicas. Los mismos salmos de la Biblia, en su versión original, en traducciones o en composiciones inspiradas en ellos, fueron introducidos en la liturgia. Este hecho nos permite aventurar la hipótesis de que los salmos tienen su origen en el culto de Israel.

Esta hipótesis se verá confirmada inmediatamente con una observación que no puede escapar a un lector atento del salterio: el carácter de fórmula, no de todos, pero sí de muchos de estos poemas. La semejanza entre ellos es tal que a veces es casi imposible distinguirles. Y en consecuencia, el elemento per- sonal, la aportación peculiar del autor pasa a un segundo plano. Encontramos muy pocos detalles concretos en los salmos. Muchos autores se contentan con alusiones o indicaciones muy generales. La misma naturaleza de la lírica explica esta forma de expresión. Pero ésta no es la única explicación. David, en su elegía, menciona a Saúl y a Jonatán expresamente: ¿por qué los salmos no se refieren a ningún personaje contemporáneo del autor citándolo por su nombre? Este hecho tan curioso obedece a que estos cantos no son considerados como una simple expresión de la piedad personal. Este carácter generalizante sólo puede explicarse por su contexto cultual. Se ha de considerar, por tanto, que originariamente eran formularios del culto o, al menos, que proceden de él. Esta conclusión es indudablemente cierta, pues también los poemas babilónicos muestran el mismo carácter formulista, aunque de forma más acentuada. Este fenómeno según han reconocido ya muchos autores, se explica en ambos casos por una misma causa: su utilización con fines cultuales.

Sin embargo, al afirmar esta vinculación al culto, no pretendemos negar o minusvalorar la dimensión personal de los salmos. Lo que hemos dicho no excluye que con frecuencia aparezcan rasgos de originalidad e, incluso, una auténtica cordialidad de tipo personal. Pero en estos casos, hemos de considerar que se trata de un cierto impulso religioso y poético muy elevado que se sale del esquema. (Gunkel, Introducción 24-26).

“El salterio se presenta como una colección de ciento cincuenta salmos. Pero el número no es exacto. Hay salmos divididos en dos que son uno, como 9-10 y 42-43; otros están repetidos, como 14 y 53, 70 y la segunda parte del 40. En el salmo 9-10 la numeración griega se separa de la hebrea y continúa con un número menos hasta coincidir de nuevo en el 147. La gran colección se divide en cinco colecciones desiguales, cómo una especie de pentateuco de la oración: 1-41, 42-72, 73-89, 90-106, 107-150.

Los hebreos han dado a la entera colección el título de tehillim, privile- giando el himno o la alabanza, aunque sean más numerosas las súplicas. Globalmente se han atribuido a David, aun contra títulos particulares. Casi todos los salmos llevan, en la Biblia hebrea, un título que indica el autor, la circunstancia y una instrucción musical. Son obra de eruditos, que han intentado muchas veces historificar el salmo correspondiente. No pertenecen al salmo original. Otras tradiciones ofrecen títulos diversos.

Hoy es corriente la clasificación de los salmos por géneros literarios. Un género está definido por el tema, el desarrollo, recursos formales y la situación en que nace o para la cual es compuesta. No todos los comentaristas coinciden en la lista completa de géneros y mucho menos en la clasificación de cada salmo. En esta tarea hay que evitar el rigor y el reduccionismo. Los poetas no hacían voto de rigor, y más importante que el género es el individuo. Propongo la siguiente lista de géneros con ejemplos.

1. Himno: 65; 148. Del que son especificaciones: a) canto de entronización o realeza de Yhwh: 93-99 b) canto de / para Sión: 48; 122

2. Acción de gracias: 18; 116

3. Súplica nacional o comunitaria: 74; 79 4. Súplica individual

a) de perseguido: 22; 35 b) de enfermo: 6; 38

c) de inocente acusado en falso: 17; 26 5. Canto de confianza: 4; 23

6. Por o para el rey: 45; 72 7. Liturgia: 118 8. Penitenciales: 50-51; 130 I49 9. Sapienciales a) históricos: 78; 105 b) meditaciones: 49; 73

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165 - Algunas observaciones. El himno y la

acción de gracias fácilmente se confunden o entremezclan. Los cantos de Sión se agrupan por el tema genérico, difieren en el desarrollo; un grupo particular lo forman los cantos de peregrinación. La súplica indi- vidual puede ser ampliada o acogida por la comunidad. La confianza es parte de la súplica, no siempre se independiza del todo. Los salmos reales coinciden en el tema genérico, nada más; varía mucho su tema específico: boda, batalla, gobierno. Las liturgias incluyen en el texto indica- ciones para la ceremonia. En los penitenciales podemos distinguir la acusación, la confesión, la demanda de perdón. La situación de estos sal- mos es raras veces histórica, de ordinario es típica. Puede ser real o de imitación literaria; quiere decir que el salmo está estilizado a la manera de notas.

Muy importante es el estudio del lenguaje de los salmos. Se ha dicho, con razón, que el salterio es una síntesis de todo el AT. De ahí la necesidad de leer los paralelos en su contexto próximo y en su relación con el salmo. Después hay que remontarse a un punto desde donde abarcar la validez general y aun universal de sus abundantes símbolos. Por otra parte, el individuo debe ser comprendido en

su estructura de superficie o profunda; de aquí la importancia de estudiar la composición y sus relaciones internas. El texto hebreo de los salmos es con frecuencia deficiente o dudoso. El intérprete tiene que recurrir a hipótesis o conjeturas; o presenta alternativas probables. Más importante que lo dife- rencial es un factor común: los salmos son oración, fueron compuestos para ser rezados: ¿por quién?, ¿por quiénes? Lo primero es definir quién pronuncia el salmo en la intención original. Más aún, dentro de algunos salmos hablan diversos personajes, y hace falta identi- ficar sus voces; p. ej. Sal 2; 27; 55. Pasa el tiempo y otros pronuncian el salmo en circunstancias nuevas, con otro hori- zonte mental. Y así sucede la transfor- mación profunda, sin cambiar el texto. Esto significa un cambio de horizonte que afecta profundamente al sentido. Para rezar sinceramente hay que apropiarse el salmo. A saber, sus sentimientos y su expresión. A veces sentimientos ajenos, por compasión, por experiencia vicaria: p. ej. el salmo de un moribundo, Sal 88. La expresión es todo un lenguaje: concreto, rico, simbólico. Unas veces el salmo da expresión a sentimientos ya existentes; otras veces la recitación nos comunica y excita los sentimientos adecuados.” (Schökel, Biblia II: 571-573).

18. El alimento:

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