EL TRABAJO FANTASMA
Y HAY QUE PONERLE A ESO UN ALTO
Nebrija predica la uniformización de una lengua viviente en beneficio de su forma escrita. Es un argumento que también sostiene nuestra época, pero con otra finalidad. Nuestros contemporáneos estiman que la unifor mización de la lengua es una condición necesaria para la enseñanza de la
16 En español en el original. [T.] 17 En español en el original. [T.]
lectura, indispensable para la diseminación de libros impresos. En 1492, Nebrija hace valer un argumento inverso: se altera de que la gente que habla en decenas distintas de lenguas vernáculas se haya vuelto víctima de una epidemia de lectura. Desperdician su tiempo libre, lo pierden en libros que se propagan fuera de cualquier control burocrático posible. Un manuscrito era tan precioso y tan raro que frecuentemente las autoridades podían hacer desaparecer la obra de un autor agarrando literalmente todos los ejempla res. A los manuscritos se les podía eventualmente extirpar de raíz. Pero no sucedía lo mismo con los libros. Incluso con los pequeños tirajes de 200 a por debajo de 1000 ejemplares —típicos de la primera generación de la imprenta— era imposible confiscar una edición en su totalidad. Los libros impresos exigieron el ejercicio de una censura mediante un Index de li
bros prohibidos. Ya sólo podrán proscribirse libros, no destruirlos. Pero
Nebrija formula su propuesta más de medio siglo antes de la publicación del Index (1559). Quiere regentear la producción de libros de modo severo, pero distinto del que más tarde intentará hacer la Iglesia mediante la prohi bición. Lo que busca es remplazar lo vernáculo del pueblo por la lengua del gramático. El humanista propone la normalización de la lengua hablada con el fin de quitarle el dominio vernáculo a la nueva técnica de la imprenta —impedir a la gente imprimir y leer en las diversas lenguas que hasta en tonces se limitaba a hablar— . Mediante ese monopolio de una lengua ofi cial y enseñada tenía la intención de suprimir la lectura vernácula, libre, no enseñada.
Lo VERNÁCULO ALIADO CON LA IMPRENTA PONDRÁ EN RIESGO AL ESTADO
Para asir todo el alcance de la argumentación de Nebrija — según la cual la enseñanza obligatoria de una lengua nacional normalizada es necesaria para impedir a la gente librarse de lecturas ligeras que les procura un placer de mala calidad— hay que recordar el estatus de la cosa impresa en aquella época. Nebrija nació antes de la creación de los tipos móviles — tenía 13 años cuando los primeros entraron en uso; su vida de adulto coincide con los incunables— . La imprenta tenía 25 años cuando publicó su gramática espa ñola. Nebrija podía rememorar la época anterior a la imprenta, como yo rememoro la de antes de la televisión. Por una coincidencia, ese texto de Nebrija que comento se publicó el año de la muerte de Thomas Caxton, y la obra de Caxton nos da luz sobre el libro vernáculo.
Thomas Caxton fue un comerciante de paños inglés que vivía en Flan- des. Se hizo traductor, luego entró con un impresor para aprender el oficio. Después de publicar algunos libros en inglés, llevó, en 1476, su prensa a
Inglaterra. A su muerte, en 1491, había publicado 40traducciones en inglés
y prácticamente todo lo que existía de literatura vernácula inglesa, con ex cepción — notable excepción— de Pedro el labrador, de Langland. Frecuen temente me he preguntado si no publicó esta importante obra porque habría competido con uno de sus títulos más solicitados: The Art and Crafte
to Knowe Well to Dye. Ese volumen, salido de su imprenta de Westminster,
pertenece a la primera serie de manuales de autoayuda. Todo lo que se ne cesitaba saber para tener un buen comportamiento en una sociedad ins truida y cortés, todo lo que había que hacer para conducirse de manera honesta y devota, se encontraba consignado en los pequeños enfolios y en los encuartos impresos en elegantes caracteres góticos: instrucciones, sobre todo; desde la manera de usar un cuchillo hasta la de conversar; desde el arte de llorar hasta el de jugar a las cartas y el de morir. Antes de 1500hizo aparecer unas 100 ediciones de esta última obra. Dicho manual muestra cómo prepararse a morir con dignidad sin intervención de un médico o de un sacerdote.
Los libros, publicados primero en lenguas populares, eran de cuatro ca tegorías: literatura vernácula, indígena; traducciones del francés y del latín; obras de piedad y, ya, manuales “prácticos” que volvían superfluos a los maestros. De otra especie eran los libros impresos en latín: manuales, ritua les y obras jurídicas — libros al servicio de los “profesionales”: clérigos y enseñantes— . Desde sus inicios, los libros impresos fueron de dos géneros: los que los lectores escogían por sí mismos para su propia delectación, y los
que les eran impuestos por su bien. Se estima que antes de 1500más de 170
imprentas, en cerca de 300ciudades de Europa, habían editado uno o mu
chos libros. Aparecieron cerca de 40 000 obras a lo largo del siglo xv, con un total de cerca de 15a 20 millones de ejemplares. Alrededor de un tercio se publicaron en las diversas lenguas vernáculas de Europa. De esa porción de libros impresos se preocupa Nebrija.
En a d e l a n t e l o s l i b r o s s e r á n v i s t o s y n o e n t e n d i d o s
Para medir bien hasta qué grado la libertad de leer apesadumbraba a Ne brija, hay que recordar que en su tiempo la lectura no era silenciosa. Esa
lectura es un invento reciente. San Agustín era ya un gran autor y obispo de Hipona cuando descubrió que la cosa era posible. Cuenta ese descubri miento en sus Confesiones. Durante la noche, la caridad le impedía turbar el sueño de otros monjes con los ruidos que hacía al leer. Pero la curiosidad lo empujaba a tomar un libro. Aprendió a leer en silencio, un arte que sólo había observado en un solo hombre, su maestro, Ambrosio de Milán, quien practicaba la lectura silenciosa porque sin ella la gente se arremolinaba en tomo a él y lo interrumpía con sus preguntas sobre el texto. La lectura en voz alta era el vínculo entre los estudios clásicos y la cultura popular.
La práctica de la lectura en voz alta tiene efectos sociales. Es un medio extraordinariamente eficaz de enseñar un arte a quienes miran por encima del hombro del lector; en lugar de confinarse en una forma sublime o subli mada de satisfacción personal, suscita cambios comunitarios; conduce acti vamente a dirigir y comentar en común los pasajes leídos. En la mayoría de las lenguas de la India, el verbo que se traduce por “leer” tiene un sen tido cercano al de “resonar” . El mismo verbo hace resonar el libro y la vina. Leer y tocar un instrumento musical se perciben como actividades parale las. La definición corriente, univoca, de saber leer, que se acepta intema- cionalmente, relega a la sombra otra aproximación del libro, de la imprenta y de la lectura. Si la lectura era principalmente concebida como una acti vidad social, a la manera, por ejemplo, del arte de tocar la guitarra, un número más reducido de lectores significaría un acceso mucho más consi derable a los libros y a la literatura.
La lectura en voz alta era común en Europa antes de la época de Nebri- ja. La imprenta multiplicó y diseminó el contagio de la literatura de mane ra epidémica. La demarcación entre el letrado y el iletrado era diferente de la que trazamos hoy en día. El primero era a quien se le había enseñado latín. La gran masa de gente, perfectamente familiarizada con la literatura vernácula de su región, aunque no supiera leer ni escribir; aunque se hubie se iniciado sola en ello, se hubiese formado como contador, hubiese dejado la clericatura o conociera el latín, lo empleaba rara vez. Eso era verdad para los pobres y para muchos nobles, sobre todo mujeres. Y olvidamos con mucha frecuencia que también hoy los ricos, al igual que muchos profe sionales y burócratas importantes, tienen colaboradores que les presentan resúmenes orales de documentos e informes, y secretarias para que escri ban lo que ellos dictan.
La empresa que proponía Nebrija debió parecer a la reina todavía más improbable que el proyecto de Colón. Pero finalmente se reveló más fun
damental que el Nuevo Mundo para el ascenso del imperio de los Habs- burgo. Nebrija exponía claramente el medio para impedir el desarrollo libre y anárquico de la técnica de la imprenta, y mostraba de manera pre cisa cómo transformarlo en un instrumento de control burocrático para el Estado nacional en formación.
Als e r v i c i o d e l a r e i n a , e l c a s t e l l a n o s i n t é t i c o r e m p l a z a r á LAS HABLAS POPULARES
Nuestra actual actitud en relación con los libros procede de la idea de que no podrían imprimirse en gran número si estuvieran escritos en una len gua vernácula que escapa a las constricciones de una gramática oficial. De igual manera pensamos que la gente no puede aprender a leer y escribir su propia lengua si no se le enseña, como tradicionalmente se les enseña ba el latín a los estudiantes. Escuchemos de nuevo a Nebrija: “Gracias a mi gramática entenderán bien el arte del castellano, lo que no será difícil ya que se funda en una lengua que ya entienden; y entonces el latín les será fácil...”
Nebrija considera ya lo vernáculo como una materia primera de la que se puede obtener un arte del castellano, un recurso más o menos explota ble, como la madera llamada “brasil” y como el ganado humano del que Colón concluyó tristemente que era el único recurso de valor o de impor tancia en Cuba.
El h a b l a d e s a r r o l l a d a e n c o m ú n, s u s t i t u i r l a l e n g u a