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Natalia Di Marco (2)

Hola a todas y todos. Primero que nada quería agradecer la invita- ción a las compañeras y compañeros de Pañuelos en Rebeldía, y reconocer en este lugar a muchas de mis hermanas, que han sido maestras para mí: Claudia, Analía, Roxana, Nilda… quería rescatar que en este camino de construcción personal, política y colectiva una se va encontrando con hermanas, maestras, compañeras y compañeros.

Mi reflexión viene a pensar qué podría aportar, que no se hubiera dicho ya en este espacio tan rico y tan diverso, desde nuestro espacio de articulación y organización nacional feminista, que es Feministas Inconvenientes.

Hay reflexiones, experiencias y saberes con los que una llega a este Taller de Talleres, y hay muchos otros que surgen de lo que vamos escuchando acá, en este aprehender, en este lugar, en este encuentro.

1. Intervención en el Taller de Talleres 2009.

2. Natalia Di Marco es integrante de Las Histéricas, las Mufas y las Otras, colectiva fe- minista de Córdoba, que participa de la red Feministas Inconvenientes.

El año pasado me había quedado muy fuerte la idea de soberanía: cómo, a lo largo de la historia de América Latina, se habían dado y se dan aún todas esas luchas que tienen que ver con la soberanía: las luchas por la tierra, por el agua, por el maíz, por la democracia, por justicia, por elecciones libres, por la soberanía de nuestros pueblos; y de qué maneras las mujeres, lesbianas y travestis, hemos sido parte activa de esas luchas. Pero a su vez, esa idea de so- beranía, reflexionando acerca de nosotras, va más allá y cobra un significado que tiene que ver con recuperar la soberanía de nuestras vidas, nuestros pro- pios cuerpos, aquello más cercano a nosotras. Y cómo en esta construcción, en este organizar estas luchas, estas resistencias, para nosotras no puede tener sentido hablar de una sociedad libre, democrática, autónoma y soberana, si esa soberanía, autonomía y libertad no la podemos practicar y ejercer sobre nosotras mismas, en nuestras decisiones y proyectos. Esto tiene que ver con el planteo que ayer comentaban las compañeras acerca de politizar lo perso- nal. Nosotras decimos “lo personal es político”, politizamos lo personal, lo ha- cemos político al trasladarlo a la arena pública, al debate, en estas instancias, a veces con dificultades.

También personalizamos lo político, también hacemos de lo político la razón de nuestras vidas. Por ejemplo, en esa operación de politizar lo personal, una de las situaciones claves es la de los abortos clandestinos. Nosotras sostene- mos que cada mujer que aborta, cada una de las que interrumpe un embara- zo clandestinamente, consciente o no de los sistemas de opresión, está ejer- ciendo una resistencia, una rebelión, contra un sistema que la oprime, que le asigna mandatos, que la comprime, que la disciplina. Para nosotras, el primer paso es cuando comenzamos a encontrarnos y a darnos cuenta que esa opre- sión y esa resistencia, tienen que ver con estructuras de dominación que de- nominamos patriarcado, que a su vez es hoy funcional al capitalismo también, y por eso es importante la definición del feminismo anticapitalista.

Otra forma brutal de ataque contra nuestros cuerpos tiene que ver con la trata de personas para la explotación sexual, en la cual creemos que hay una respon- sabilidad importante e ineludible del Estado, en la lectura y construcción del discurso social, mediático, médico, religioso, etc., de nuestros cuerpos como

objetos de uso y consumo. Entendemos que hay una transformación que tie- ne que ver con cuestionar los lugares que se asignan en esta sociedad, donde hay cuerpos que “valen la pena”, y hay cuerpos que son para uso y consumo de otrxs, y de empezar a ver los cuerpos de las mujeres, lesbianas y travestis no como objetos, no cosificados, no para el consumo o la exposición. Eso tiene que ver con un cambio cultural y social en el cual todxs nos construyamos y relacionemos como pares en todas las instancias. Tiene que ver con todas las formas de violencia, con los femicidios. Con que aunque sabemos que son crímenes que se vienen realizando hace mucho tiempo, recién hoy hemos empezado a poner en el ámbito público/político toda esa problemática. Re- cién hoy podemos hablar, incluso, de cuáles son los números de esa opresión, cuál es la realidad, porque a veces parece que no son problemas importantes y sin embargo nos atraviesan.

Los crímenes transfóbicos, travestofóbicos o lesbofóbicos también son algo que queremos visibilizar como formas de disciplinamiento sobre nuestros cuerpos, sobre nuestras sexualidades, que tienen que ver, como también de- cían ayer, con un disciplinamiento social. Partimos de ahí, de cómo debemos vestirnos, de cómo debemos hablar, cómo debemos expresarnos, a quién de- bemos desear, a quién debemos amar, y consolidando un ordenamiento de la sociedad que se va acomodando en la reproducción material y simbólica del capital, a un montón de otras funcionalidades…

En la jornada de ayer hubo otro concepto que me iba atrapando: el de diver- sidad. Hablamos largamente de biodiversidad, de diversidad en las luchas, de estados plurinacionales, y en este pensar aportes desde nuestra reflexión fe- minista e inconveniente, lo que quería traer, era la diversidad de los cuerpos. Empezar a reconocernos como cuerpos diversos en la construcción política. Traer todas estas presencias, porque estas luchas las sostenemos con cuerpos y así nos atraviesan. Empezar a entender cómo las categorías que se preten- den universales, que pretenden construir sujetos únicos e inequívocos, pier- den riqueza, pierden nuestros cuerpos, pierden nuestras diferencias, pierden mucho. Dentro del feminismo hemos caminado una larga historia de cuestio- nar categorías que pretendían incluirnos a todas, como pudo haber sido en

su momento la de “mujeres” identificada con un cuerpo biológico cuidado- samente descrito y determinado, y que en realidad terminaba representando a un determinado sector de mujeres de clase media, blancas, heterosexuales. Nosotras desde el feminismo, tuvimos que hacer un replanteo y revisión de la manera en que construimos esas categorías, operación en la que inevitable- mente definimos un “universo” que incluye y excluye, por más flexible que lo pensemos. Las que empezaron la crítica que posibilitó estas reflexiones, fueron las feministas chicanas, las feministas negras, las feministas lesbianas, que empezaron a decir: “¡¡esa categoría no nos incluye!!”.

Nosotras queremos que la categoría, por ejemplo de “trabajadores”, también nos incluya. Nos construimos y reconocemos como trabajadoras. Entonces lo que proponemos, lo que creemos que podemos hacer, acercar y aportar a esta construcción anticapitalista, a esta construcción para una transformación so- cial, tiene que ver con empezar a reconocernos también en ese sentido, para enriquecer las categorías, dándoles mayor potencia, porque es el reconoci- miento de esa diversidad de donde partimos, lo que va a dar la posibilidad de pensar estrategias de resistencia y de lucha mucho más diversas.

En esta construcción, en este aporte, en este ser parte de las luchas de nues- tros pueblos en las que nos incluimos, nosotras venimos también intentando hacer un camino de articulación al interior de los movimientos feministas en la Argentina con la experiencia de Feministas Inconvenientes, que va ca- minando ya su cuarto año. Con un intento de empezar a articular con com- pañeras que sostenemos un feminismo anticapitalista, latinoamericano, un feminismo desde los pueblos, un feminismo inconveniente en todas partes. Construimos nuestro feminismo como inconveniente, porque sabemos que cuestiona e interpela a muchos espacios feministas y también a muchos que se definen como anticapitalistas. Porque creemos que el fortalecimiento de un feminismo de estas características, ha sumado y suma como parte de un proceso de crecimiento y de enriquecimiento de las organizaciones que se plantean transformaciones sociales radicales. En este proceso constante de construcción y reflexión de nuestro feminismo inconveniente, comenzamos a pensar la “latinoamericanización” de la lucha feminista anticapitalista, con

lo que fue en el 2008 la visita de la compañera colombiana Piedad Córdoba al Encuentro Nacional de Mujeres en Neuquén, con lo que fue la construcción de la Plataforma de Mujeres Paz con Justicia para Colombia y, hace un par de meses, la experiencia del panel latinoamericano en el Encuentro de Mujeres en Tucumán, que instaló en este histórico espacio de debate y construcción del movimiento de mujeres que son los Encuentros Nacionales de Mujeres de nuestro país, la realidad, el aporte, la voz, el color, de una cantidad de com- pañeras latinoamericanas de distintos rincones de nuestro continente. Por otro lado, el pensar que así como reconocemos nuestra lucha inserta y parte de las luchas populares, la mayoría de nosotras nos hicimos feministas en organizaciones que no se definían así, organizaciones de izquierda, parti- dos de izquierda, anticapitalistas, y en nuestro camino fuimos construyén- donos como feministas y exigiendo el reconocimiento como tales, también seguimos participando de estos espacios, queremos pensar estrategias con- juntamente, que no tengan que ver exclusivamente con “nuestras” reivindica- ciones, pero sí con comenzar a mirar desde otro lugar, con mirada feminista, todas las reivindicaciones y todos los proyectos del mundo que deseamos y que nos movilizan.