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POR LA LIBERTAD

In document La Historia Del Cine - Revista Sucesos N 10 (página 137-142)

En 1940, pese a la virulenta oposición de la prensa de Hearst, empeñada en mantener a los Estados Unidos al margen de la guerra europea, Chaplin estrena El Gran Dictador.

RECONOCIMIENTO: Cargado de años, de hijos y de honores, Chaplin recibe el homenaje de un clown de un circo inglés.

Ha desaparecido el vagabundo de chistera y bastón: ahora es Hynkel, dictador sospechosamente parecido a Hitler, y también un barbero judío. Ninguna de sus

obras provoca tantos elogios. El cineasta Sergei Eisenstein manifiesta: "Se sitúa entre los más ilustres maestros de la milenaria batalla de la sátira contra las tinieblas, a la altura de Aristófanes, Erasmo de Rotterdam, Rabelais, Swift, Voltaire... Y quizás por encima de ellos, si se piensa en las proporciones de este Goliat de la felonía, de la crueldad y del embrutecimiento, al que el más pequeño de los descendientes de la estirpe de David destruye con la honda del ridículo”.

PLACIDO REPOSO: A pesar de su edad, Charlie mantiene asombrosa actividad, matizada con vacaciones en la Costa Azul italiana.

Poco después, el actor se divorcia de Paulette Goddard, y a fines de 1942 sufre una vez más una virulenta campaña en su contra: una joven llamada Joan Barry le acusa de ser padre de su hija, y pese a que las pruebas de sangre excluyen categóricamente la menor posibilidad de tal cosa, Chaplin una vez más es llamado "violador", "inmoral", "antiamericano"... La campaña se prolonga hasta fines de 1945, y revivirá con nuevos bríos dos años después, cuando las Ligas de la

Decencia acusarán al bufo de hacer en Monsieur Verdoux, una apología del crimen. Pero ahora Chaplin ha conquistado una fortaleza interior que le permite resistir los más enconados ataques. En 1943 se había casado, a los 54 años de edad, con Oona O'Neill, de 18, hija del célebre dramaturgo Eugene O'Neill, Premio Nobel de Literatura. "Nunca he sido tan completamente feliz", declararía poco después.

Por fin, a una edad en que muchos hombres ya nada esperan de su vida sentimental, Charles Chaplin encontraba la felicidad.

VACACIONES: Chariot, su esposo, Oona, y sus hijos: Geraldine, Eugene, Michael, Victoria y Josephine

Los últimos años de la década del 40 coinciden con una "caza de brujas" que tilda de comunistas a decenas de actores del cine y las tablas: diez personalidades de Hollywood, entre ellos guionistas como Dalton Trumbo y Ring Lardner y directores como Edward Dmytryck, son encarcelados por supuestas simpatías pro-soviéticas. "No soy comunista; soy un hacedor de paz", declara Chaplin ante el comité de investigación encabezado por el senador Parnell Thomas, encarcelado poco después por estafa. Simultáneamente, aislado en su casa de Hollywood, empieza a preparar su última película filmada en Norteamérica: Candilejas...

Apenas terminada la conmovedora historia del payaso Calvero y la joven bailarina, Chaplin se embarca en el "Queen Elizabeth" con Oona y sus cuatro hijos: necesita un respiro; quiere llevar a su familia a Europa por un breve viaje de vacaciones. Al

día siguiente, 19 de septiembre de 1952, el Ministro de Justicia James McGranery anuncia que se ha iniciado una investigación de las actividades "antiamericanas e inmorales" de Chaplin, y que será internado si regresa a los Estados Unidos. Una nueva campaña de prensa exige la expulsión del país de "este individuo que socava, desde hace medio siglo, con sus películas, las bases de la moral americana", como escribe el influyente columnista político de tendencia fascista Westbrook Pegler. Al llegar a Londres, Chaplin comprueba emocionado que centenares de miles de compatriotas se han reunido para manifestarle su adhesión, para gritarle; "¡Quédate con nosotros, Charlie!" Ovaciones interminables y homenajes públicos de críticos y artistas saludan el estreno de "Candilejas" en Londres, París, Roma... Picasso, Aragón, Rosselini, De Sica, la princesa Margarita de Inglaterra lo colman de lisonjas. Europa entera desaprueba la persecución desatada por las autoridades norteamericanas. Y el 16 de abril de 1953 Chaplin se presenta ante el cónsul de los Estados Unidos en Lausanne, Suiza, y le entrega su pasaporte con la visación de regreso obtenida antes de su salida: "Ya no volveré a los Estados Unidos. Tengo el honor de saludarlo, señor cónsul".

Ese día, Charles Chaplin cumplía 64 años.

Oona volvió brevemente a California para vender a puertas cerradas la gran residencia de Beverly Hills y rescatar los manuscritos y copias de películas ocultos en una caja fuerte.

En Suiza Chaplin compró una hermosa residencia, el Manoir de Ban, y se concentró en la filmación de Un Rey en Nueva York, amarga sátira contra las lacras, prejuicios e injusticias de la sociedad norteamericana. Después escribiría sus memorias y se dedicaría a su familia, que crecía año a año. En 1962, cuando nació su décimo hijo, recibió lo que calificó como "el más grande honor de toda mi carrera": un doctorado Honoris Causa de la Universidad de Oxford.

Una Condesa de Hong-Kong, obra menor sin lugar a dudas, no puede empañar el brillo de la gloriosa carrera del artista. Tal corno escribiera el crítico francés Georges Sadoul en las líneas finales de su "Vida de Chaplin": "Cientos de millones de hombres siguen venerando respetuosamente en usted, desde el fondo de sus corazones, al artista genial, al gran ciudadano, al hombre bueno".

Capítulo 7

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