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UNA DIOSA DEL AMOR SIN AMOR

In document La Historia Del Cine - Revista Sucesos N 10 (página 148-153)

Tal vez ninguna otra actriz ha vivido, ante las cámaras, el amor y la pasión con tanta plenitud y profundidad como Greta Garbo. Lejos del mundo imaginario de la

pantalla, sin embargo, ella fue siempre una mujer.

Muchos afirman que Mauritz Stiller, su descubridor, fue también el gran amor de su vida, y cuando murió en 1928 el corazón de Greta murió con él. Pero por intenso que haya sido el semi-miento que unió a esta Galatea sueca con su Pigmalión, debemos recordar que en 1928 ella tenía apenas 23 años. ¿Es posible que nunca haya vuelto a amar?

Sólo la propia Greta sabe la respuesta. Con el correr de los años, vagos rumores unían su nombre al de igualmente vagos personajes que alguna vez aparecieron en público en su compañía; pero hasta los investigadores más acuciosos, debieron confesarse derrotados ante el misterio de la prolongada soledad de la mujer más bella de su tiempo. Se habló de su romance con John

A los 36 años huye hacia el incógnito

Gilbert, su galán en varias películas mudas; pero cuando el advenimiento del cine sonoro hizo desaparecer a Gilbert del firmamento cinematográfico. Greta continuó filmando escenas igualmente pasionales con otros astros. Periódicamente saltaban

al tapete nombres ya olvidados, señalados como "el gran amor secreto de la Garbo". Cada vez el tiempo desmentía, y Greta seguía siendo la solitaria esfinge de siempre.

En 1941, a los 36 años de edad, en la cumbre de su popularidad y en plena madurez ele su talento, Greta Garbo se retiró del cine para siempre. Una vez más se dijo que su desaparición era un truco publicitario, que sólo trataba de llamar la atención, que volvería apenas el estudio la llamara; y una vez más el tiempo desmintió la estela de chismes y suposiciones. Entre todos los elementos desconcertantes que rodearon siempre la figura de la enigmática estrella sueca, este voluntario abandono de su carrera en plena juventud fue tal vez el más inexplicable.

A los 63 años, Greta Garbo, su belleza casi destruida por el paso del tiempo y su timidez convertida en un terror patológico al contacto con otros seres humanos, recorre el mundo ocultando su identidad tras nombres falsos y su rostro tras gruesos velos. De vez en cuando algún fotógrafo atento logra captar su esbelta silueta envuelta en amplios ropajes oscuros, en alguna calle de Roma o París.

Sin embargo, la leyenda de la Garbo ha demostrado ser inmortal: una leyenda formada por su belleza, su talento, su misterio, su mágico e indefinible encanto captado para siempre en el celuloide. Y cada vez son más los que perpetúan esa leyenda, los que, sin haberla conocido en sus tiempos de gloria, contemplan arrobados los films rodados hace treinta años, y caen bajo el hechizo de ese rostro fabuloso, esa voz espesa y casi masculina, esos luminosos ojos trágicos.

Uno de ellos es el conocido intelectual y crítico inglés Kenneth Tynan. Cuando la Garbo, en 1927, embrujó al público del mundo entero en "El Demonio y la Carne", Tynan recién empezaba a gatear y aún usaba pañales. Hace poco vio algunas de sus películas y no descansó hasta no conocerla personalmente: resultado de la entrevista fue un lírico homenaje que comenzaba con las siguientes palabras: ''Aquello que cuando uno está borracho ve en otras mujeres, lo ve en la Garbo sin haber bebido una sola copa".

Al parecer, la magia de la Garbo embruja y emborracha aún hoy, cuando de su hermosura sólo quedan ruinas. Es una prueba más que poseyó, y posee aún, ese “algo” indefinible que la convirtió en ídolo absoluto del mundo entero e hizo que

hombres y mujeres por igual se emocionaran hasta las lágrimas ante la mágica fascinación de su imagen en una pantalla.

Capítulo 8

Personalidades de la Pantalla

Hombres y mujeres sin atractivo físico, pero que llegaron al éxito solo con su talento artístico

Las imágenes que desfilan por la pantalla no siempre simbolizan el ideal estético o erótico del espectador: no todos los grandes astros y estrellas poseen la belleza ideal de una Garbo, la apostura varonil de un Clark Gable o un Vittorio Gassman. Fuera de los "amantes soñados" y las "novias ideales", el "varón recio" o la "mujer fatal", el cine ha dado también celebridad mundial a otro tipo de intérpretes: artistas que proyectan desde el ecran una personalidad arrolladora, la que unida muchas veces a un excepcional talento les ha ganado la admiración de millones.

HOMBRE BUENO. Spencer Tracy siempre tuvo papeles de hombre bueno, como en “Con los Brazos Abiertos”, una de sus primeras películas

Los ojos desorbitados de una Bette Davis, el rostro anguloso de una Katharine Hepburn o las toscas facciones de una Anna Magnani, en nada menoscaban su status de auténticas estrellas, así como la figura obesa y torpe de un Charles Laughton, o la breve estatura de Humphrey Bogart no impidieron que un público entusiasta los aplaudiera durante décadas. Entre los factores que determinan la popularidad de un artista de cine, este elemento sutil e indefinible que es la personalidad —proyectada a través de las caracterizaciones más diversas--tal vez sea lo que ha cimentado en forma más duradera lo fama de mochas grandes figuras del cine.

In document La Historia Del Cine - Revista Sucesos N 10 (página 148-153)