3. DISTRIBUCIÓN
3.2. Posibles Centros de distribución comercial en Cartagena
Debido a la importancia económica de Cartagena como puerto donde llegaba la flota transatlántica, allí se asentaron varios comerciantes que despachaban sus productos a nivel local, y
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Barco de una pieza cuadrado en los extremos como artesa más alto que la canoa afadidos los bordes con cafias y betunado y no chato como la canoa sino con quilla (de Navarrete, 1831).
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Dimensión de barca y nombre de la que es muy chica (de Navarrete, 1831)
19 Remo corto y de pala muy ancha frecuentemente postiza y en general de figura ovalada con el cual se boga á mano
sin tolete ni chumacera y al mismo tiempo se puede gobernar. (de Navarrete, 1831)
138 a nivel regional. Así para 1771 se encontraban 41 comerciantes (McFarlane & Mejía de López, 1983). A continuación, se realizará una breve contextualización de los sitios de comercio en Cartagena, teniendo en cuenta que no se ha encontrado información respecto a cuál de estos eran usado para la comercialización de la cerámica.
3.1.11 Pulperías y hombres de negocios
Este apartado se concentrará en los “pulperos” de la Pedraja Tomán (1976) o “mercaderes de tienda” de Rivero Gracia (2005). Hay que tener en cuenta que también habían tiendas y tenería, además de otros establecimientos comerciales como serrerías, curtiduría, capintería, barbería, etc (Garrido, 2007)
Respecto al comercio local de Cartagena, en los censos de los barrios de 1777 se identificaron 100 pulperos de los cuales 66 estaban localizados en el centro de la ciudad y 34 en Getsemaní. Además, se encontraban otros oficios relacionados con el comercio como mercaderes, bodegueros, etc. (Ver Anexo 7.4). De esta forma, a pesar de que el sector comercial de Cartagena estaba compuesto por diversas castas, por barrios se observa correlaciones entre estos establecimientos y las castas sociales. Así, en el barrio de San Sebastián (Calle de Nuestra Señora de los Dolores) habían 11 pulperías pertenecientes en su mayoría a pardos, mientras que en el barrio de Santa Catalina, de las 32 pulperías, la mayoría eran de blancos (Ripoll, 2006). Por otro lado, en Santo Toribio 28 hombres de negocios (pulperos y mercaderes) que viven en el barrio o tienen sus negocios allí. Sin embargo, entre ellos se observa una diferenciación entre aquellos que tienen una “pulpería”, quienes tienen una “asesoría de pulpería”, los “comerciantes” y los “mercaderes”. Así, los dos últimos son españoles con títulos nobiliarios de Don y no cuentan con establecimientos
139 fijos en este sector. Por el contrario, entre los pulperos una gran cantidad tiene sus tiendas en la misma casa en donde radican. Entre las castas de los pulperos, la mayoría son blancos o españoles, aunque hay algunos mulatos y pardos (Ver Anexo 7.4). Sin embargo, a pesar de que este era un mundo principalmente manejado por hombres, también habían algunas mujeres negociantes como la marquesa de Valdehoyos, de María Amador de Pombo y su hija, y de Nicolasa García de Andrés- Torres, e incluso podían llegar a tener sus tiendas como a esposa de Ignacio Cavero (Ripoll, 2006).
Por otro lado, existía una agrupación de tiendas de víveres junto al puente o terraplén de Getsemaní que comunicaba la plaza con este barrio. Allí, durante las madrugadas se organizaba el mercado que debía entrar a la ciudad (Ripoll, 2006).
Así mismo, se observa que existe una correlación entre las personas de negocios y la carrera militar. Esta relación entre oficios ya ha sido explorada por Serrano (2007) quien plantea que los hombres de negocios usaban las carreras militares para ascender social y económicamente.
Entre los comerciantes más importantes de la ciudad, estaba Esteban Baltazar de Amador y sus cuñados José de Arrázola y Ugarte y José Ignacio de Pombo.Este último era un importante comerciante de ultramar (Aguilera-Díaz & Meisel-Roca, 2009). Esta familia acogió importancia especialmente hacia finales del siglo XVIII (Ripoll, 2006).
3.1.12 Algunas consideraciones sobre los costos
No se han encontrado fuentes documentales donde se muestren los costos de la cerámica del Tejar de San Bernabé, ni sobre la cerámica foránea. Sin embargo, a partir del inventario realizado
140 a los tejares del colegio de la Compañía de Jesús de Cartagena (Tierrabomba, Alcivia y Preceptor) se pueden inferir algunos precios (Ver Tabla 3.1).
Tabla 3.1 Precios de diferentes formas de loza y materiales de construcción. Con base en (AGN Colonia Temporalidades:SC 57 3 D12, 1770; AGN Colonia Temporalidades 57 3 D8, n.d.)
Precio Cantidad Valor unitario
(pesos) Valor total (pesos) Formas varias Ollas de vidrio 60 1 60 Lebrijos 200 0,0325 6,5 Lebrijos y servicios 2 y 9 - 12
Vasijas vidriadas sin quemar: lebrillos
y bacinicas, tazas y pozuelos 90 - 8
Piezas crudas: lebrillos, platos, escudillas y servicios 700 - 12
Jaquete cocido y vidriado 50 1 real
Platillos, escudillas, candeleros y pozuelos 312 - 10
Bacines viejos 4 0,5 2
Tejas
Tejas 1000 0,018 18
Tejas que estan en el horno ya quemadas 800 0,0175 14
Tejas sin quemar 1500 0,008 12
Ladrillos
Ladrillos que estan en los hornos ya quemadas 1000 0,007 7
Ladrillos crudos y secos 1000 0,004 4
Ladrillos toscos (de baja calidad) 1000 0,007 7
Ladrillos cuadrados toscos 1000 0,016 16
A partir de esto se puede observar una gran diferencia en los costos de las vasijas vidriadas, las no vidriadas y las que no están cocidas. Así mismo, se vendían algunas piezas a menor precio cuando eran de baja calidad. Tal es el caso de los ladrillos avaluados en Alcivia y Preceptor con los ladrillos “toscos”. De manera similar, en el Tejar de Lozano no se desperdiciaban la cerámica de baja calidad, sino que se aprovechaba para realizar donaciones ya que “por su descomposición al tiempo hacerse, no tiene el legítimo valor de la otra” (AHJ b1 eS1 e n cp26 Dvd01 Doc 1141,
141 1733, p. Fol 63). De esta manera, Lozano se aprovechaba económicamente y socialmente la loza de baja calidad al adquirir aliados.
Por otro lado, parece ser que la cerámica manufacturada por los Jesuitas tenía costos mayores a los del Tejar de Lozano, cuyos precios eran “más cómodos” que los que ofrecían otros tejares.
Así mismo, en las fuentes documentales se establece que la cerámica local también era comerciada con otras colonias. Tal es el caso de Pablo Domenech quien vendió 63 “Jarras ordinarias de barro sin vidriar («del País»)” en 400 rs v. en una embarcación que iba camino a la Habana (Castillero Calvo, 2004).
De igual forma, de acuerdo a comparaciones entre precios de otros productos se sabe que un factor que influía era el transporte de los mismos, siendo incluso más caros aquellos vendidos de manera local que los productos exportados, como en el caso de la carne (Martínez Méndelez, 2015).
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