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CAPITULO IV: MARCO CONCEPTUAL

4.5 Los posibles impactos de la sojización sobre el ambiente

Los recursos naturales de la Región Pampeana favorecen la implementación de los modelos de desarrollo que permiten obtener ventajas competitivas en los mercados globales dado que los sistemas agrícolas de las “pampas” poseen alto rendimiento. En los años 90 han sido transformados en su estructura,

debido a que las técnicas de producción han ido variando desde la “labranza convencional o tradicional” hacia un tipo de labranza que busca aumentar la sustentabilidad de la producción, denominada “labranza cero o siembra directa”. El aumento de la sustentabilidad ocurriría debido a que en tanto en el sistema tradicional el suelo es arado antes de la siembra, en la labranza cero se siembra directamente sobre el rastrojo del cultivo anterior; el no laboreo de la tierra permite una disminución de la erosión del suelo y una mayor retención del agua en el perfil edáfico. La siembra directa intensifica la productividad mediante

procesos complejos que demandan un cambio en la mecanización agrícola y en la utilización de insumos químicos y biológicos. El sistema de producción tradicional se transforma así en uno de “agriculturización permanente” con un importante avance del cultivo de soja sobre los demás productos agrícolas y los ganaderos (Sarandón S. J., 2002).

La siembra directa está dentro de lo que se denomina “agricultura conservacionista”, cuya principal preocupación se centra en los efectos ambientales producidos por las prácticas en el uso de la tierra o sobre la productividad de los cultivos. De esta manera la sustentabilidad es más bien de tipo económica que ambiental, ya que se entiende que la depredación de los recursos por mal manejo en la agricultura llevará a la disminución de los ingresos en el largo plazo. Por lo tanto, más que sustentabilidad en un sentido integral, se

habla de sostenibilidad de ingresos en el tiempo (Grinberg E., 2012).

Dada la variedad de cambios que trae la técnica de siembra directa es necesario saber si todos se orientan a aumentar la sustentabilidad de la producción. El desarrollo sustentable es aquel que permite satisfacer las necesidades de las generaciones presentes, sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras según la Comisión Brundtland (1987) en la que se formaliza por primera vez el concepto de desarrollo sostenible. Durante mucho tiempo el hombre fue considerado una entidad “separada” de su medio, lo que produjo sobreexplotación y degradación de los sistemas naturales. Por lo cual, en el concepto ambiente fue cada vez más relevante la relación existente entre la naturaleza y el hombre, llegando a considerar que ambos forman parte de un todo. En el concepto de medioambiente se considera la relación entre el medio natural y el social. Esta puede darse cuando el hombre utiliza los recursos de la naturaleza para poder producir; cuando ésta interacción no se da adecuadamente, debido a la explotación de esos recursos, se generan problemas ambientales. En este sentido, se considera problema ambiental a la alteración de la relación ambiente-sociedad que perjudica, de algún modo, a un grupo social. Tener una comprensión globalizadora de los problemas ambientales significa analizar tanto factores sociales como naturales.

Vázquez, P. y Kristensen M. J. (2008) en un trabajo de evaluación de impacto ambiental producido en el Partido de Tandil (sudeste pampeano) compararon los cambios producidos a causa del monocultivo de soja en período

1992-2002. A partir del análisis de la matriz de impacto (ver anexo) se concluyó en que los impactos generados por las modalidades de producción convencional, respecto a los generados por la siembra directa, varían tanto en el tipo como en intensidad. Los impactos ambientales negativos denotan en 2002 un aumento.

Los beneficios de esta técnica productiva fue en principio detener la erosión y mejorar la retención del agua del suelo, no obstante, genera otros impactos negativos debidos a la aplicación masiva de agroquímicos y por la manipulación

de los residuos peligrosos que genera. Los indicadores utilizados en este trabajo6

denotan una reducción de la sustentabilidad en 2002 respecto de 1992, época en que se utilizaba la labranza convencional, lo que pone en evidencia que la expansión e intensificación agrícola, producto de la siembra directa, puede considerarse una modalidad tan poco conservacionista como las practicas utilizadas en 1992. El análisis de impactos ambientales nos permite detectar que la utilización de agroquímicos, el manejo de residuos y la sobreutilización del suelo son los aspectos que se deben optimizar. Los cambios a través del tiempo en las modalidades de producción en el establecimiento, del caso de estudio, no necesariamente implicaron una mayor sustentabilidad del agroecosistema. En consecuencia, éste modelo intensivo asociado a un paquete tecnológico basado en tecnologías de insumos formaría parte del paradigma de la revolución verde, tal cual lo analiza Requesens E. (2006), cuando aplica el modelo de cambios de paradigma de Thomas Kuhn (1978) a los cambios en la agricultura:

El surgimiento de la llamada Revolución Verde como parte de la revolución tecnológica que siguió a la Segunda Guerra Mundial, marcó una etapa de ciencia normal7 en agronomía, que abarcó aproximadamente las décadas del

‘60, ‘70 y ‘80. Este modelo de producción, que se originó en los Estados Unidos, fue liderado por el Ingeniero Agrónomo Norman Bourlag, quien es considerado por muchos el padre de la agricultura moderna y de la revolución verde, ha sido llamado "el hombre que salvó mil millones de vidas". En un principio estuvo

6 Se tuvieron en cuenta como indicadores de impacto ambiental: las acciones impactantes

generadas por las distintas etapas del proceso productivo, a saber: preparar la tierra, cultivos, cosecha, uso de plaguicidas, disposición y manipulación de residuos, y los factores ambientales susceptibles de ser impactados, diferenciados en físicos (comprende los abióticos y bióticos) y socioeconómicos (salud, empleo, infraestructura, etc.).

7 Ciencia normal: investigación basada firmemente en una serie de realizaciones científicas

pasadas que la comunidad científica reconoce durante cierto tiempo, como fundamento para su práctica posterior (Khun, T. S.1978 en Requesens E., 2006).

dirigido a aumentar los rendimientos por ha, sin comprometer áreas vulnerables a la práctica agrícola y de este modo palear el hambre en las regiones más pobres. Sin embargo, en las últimas décadas, los problemas ambientales y socio- económicos derivados de la intensificación agrícola y la falta de ordenamiento territorial, se tornaron notoriamente evidentes, conduciendo a una alarmante acumulación de anomalías. Este fenómeno impulso el surgimiento de los principios de la agricultura sustentable como alternativa a las prácticas de la Revolución Verde, iniciando una etapa de revolución científica.

Existen diferencias entre los paradigmas en términos de desarrollo científico-tecnológico. En cuanto a los objetivos de la investigación y desarrollo de la Revolución Verde están orientados hacia la búsqueda de paquetes tecnológicos de aplicación general, destinados a maximizar la producción por unidad de superficie. La idea subyacente es manipular el ambiente para adecuarlo al genotipo, desarrollado en condiciones ideales, de modo tal que esta pueda expresar todo su potencial de rendimiento. Al mismo tiempo los sistemas de investigación y transferencia tecnológica plantean una clara separación de objetivos y responsabilidades entre quienes tienen que crear conocimientos y quienes deben transferirlos. Por otro lado, los objetivos de la investigación y desarrollo de la Agricultura Sustentable están orientados a procesos e interacciones entre los componentes del sistema, cuyo manejo está subordinado al reconocimiento de las particularidades ecológicas, culturales y socio- económicas de cada región y sistema productivo. La idea subyacente es que, en muchos casos, las tecnologías de insumo pueden ser reemplazadas por tecnologías de procesos8 y los paquetes tecnológicos universales por estrategias

adaptadas a situaciones particulares. Viglizzo E. F., (2001), establece las siguientes diferencias entre ambos tipos de tecnología:

8 Como tecnología de procesos comprendemos en términos generales a “aquella que se conecta

más con los aspectos no materiales del proceso de producción, que tiene que ver con la acumulación de conocimientos y experiencias en el manejo integral de todos los componentes, incluidos aquellos que provienen de la innovación integral” (Bageneta, J. M., 2015).

Tabla 4: Diferencias entre la tecnología de insumos y la tecnología de procesos.

Fuente: Viglizzo E. F., 2001

La generación y transferencia de conocimientos deben ser consideradas como partes inseparables de un proceso único. Bajo esta concepción, los investigadores, extensionistas y productores deben participar conjuntamente en las instancias de validación tecnológica en el territorio.

También se presentan diferencias en términos de formación agronómica. La Revolución Verde supone un análisis individual de cada una de las partes, podrá llegarse luego a la compensación de todo. En este contexto, la formación se orienta fundamentalmente hacia la agricultura intensiva, altamente dependiente de capital y tecnología de insumos y enfocada a los componentes individuales (cultivo, maleza, plaga, nutriente, etc.). Acorde a este modelo, los planes de estudios poseen numerosas materias inconexas y dictadas por cátedras individuales. El perfil profesional es netamente productivista. El éxito en la profesión se asocia casi exclusivamente a la obtención de altos niveles de rendimiento a través de intensificación de los procesos productivos. En cambio, en la Agricultura Sustentable la formación agronómica está orientada hacia la agricultura que combina el respeto por los límites que impone el ambiente con los legítimos intereses socio-económicos del productor agropecuario. Para ello, el perfil profesional debe incluir un mayor compromiso con la preservación de la base ecológica que sustenta a los sistemas productivos. El enfoque reduccionista de componentes individuales es complementado con un mayor desarrollo del enfoque sistémico. El nuevo profesional debe ser capaz de establecer relaciones y flujos y entender los procesos en su conjunto, para poder rediseñar o reordenar sistemas. Para ello, desde los núcleos académicos deben

TECNOLOGÍA DE INSUMOS TECNOLOGÍA DE PROCESOS

Materiales

Inmateriales

Se compran

Se manejan

Costo económico

Costo intelectual

Baja dedicación

Alta dedicación y control

Uso rutinarios

Administración creativa

proyectarse instancias de integración frecuente y efectiva para el análisis de problemas complejos.

El desarrollo del paradigma de la sustentabilidad exige desarrollar y aplicar en el territorio nuevos conceptos como el de servicios ecosistémicos y ambientales. Las tecnologías de insumos sin tener en cuenta los procesos naturales que se dan en el agroecosistema ocasionaron impactos negativos sobre los servicios ecosistémicos.

Los servicios ecosistémicos se definen como los componentes y procesos de los ecosistemas que son consumidos, disfrutados o que conducen a aumentar el bienestar humano tomando en cuenta la demanda de los beneficiarios, así como la dinámica de los ecosistemas (Camacho Valdez V. y Ruiz Luna A., 2011). Los servicios ecosistémicos y los servicios ambientales son equivalentes solo en forma parcial. El primero se utiliza en contextos académicos y algunos programas internacionales para enfatizar que los servicios son producto de la interacción entre los distintos componentes de los ecosistemas. El segundo hace referencia a “ambiente” o “medioambiente” para armonizar con el léxico de secretarias o ministerios en el ramo. La creación del término trasciende la necesidad de conservar la naturaleza y su biodiversidad por sí mismas. Se sugiere como una alternativa para mostrar que la conservación de los ecosistemas no es solo una aspiración ética de la sociedad sino también una necesidad estrechamente ligada a la satisfacción de necesidades básicas de la vida humana (Valicenti R., 2013).

La Evaluación de los Ecosistemas del Milenio (MA, iniciativa promovida por la ONU) define a los servicios ecosistémicos como “los beneficios que la población obtiene de los ecosistemas”. El objetivo de este trabajo fue el análisis de las consecuencias originadas por cambios en los ecosistemas y estuvo estructurado explícitamente alrededor del concepto de servicio ecosistémico como un intento de integrar completamente la sustentabilidad ecológica, la conservación y el bienestar humano. Esta Evaluación ofrece un sistema de clasificación basado en cuatro líneas funcionales dentro del marco conceptual de MA que incluyen servicios de soporte, regulación, aprovisionamiento y culturales, con intención de facilitar la toma de decisiones. Los servicios de soporte son necesarios para la producción de todos los demás servicios ecosistémicos. Los servicios de aprovisionamiento son productos obtenidos del

ecosistema. Aquellos llamados de regulación son los beneficios obtenidos de la regulación de los procesos del ecosistema. Y, por último, los culturales son los beneficios no materiales que la gente obtiene de los ecosistemas (Figura 12) (Camacho Valdez V. y Ruiz Luna A., 2011).

Figura 12: Clasificación de los servicios ecosistémicos (Fuente: Camacho Valdez V. y Ruiz Luna A., 2011).

De esta propuesta se deriva, entre otros aspectos, la preocupación que existe por la pérdida de biodiversidad de los ecosistemas y sus efectos en el bienestar social, con el que ésta pérdida está íntimamente ligada, ya que es a través de la biodiversidad que se tiene acceso a los diversos servicios.

Desde lo social, es necesario entender cómo los diferentes actores sociales perciben, valoran y usan los servicios ecosistémicos en la zona objeto de estudio. Descubrir y analizar las estrategias desarrolladas por los actores sociales para asegurar su acceso a ciertos servicios obliga a adoptar algún enfoque sociológico que permita comprender las perspectivas de la gente. El enfoque orientado al actor permite comprender el cambio social sin limitarse a la descripción y presentación de factores estructurales o fuerzas externas como determinantes del cambio, sino que reconoce el rol central que juega la acción humana y la conciencia. Desde este enfoque, los actores sociales están dotados

de cierta capacidad para modificar su contexto de actuación (Quétier F. et al., 2007).

La noción de servicios ecosistémicos implica, sin duda, un enfoque interdisciplinario y desde los puntos de vista de múltiples actores. Sin embargo, su estudio suele limitarse a la identificación de propiedades de los ecosistemas que parecen relevantes para la provisión de bienes y servicios a la humanidad en un sentido amplio o a comunidades humanas consideradas erróneamente

homogéneas. Esto lleva pocas veces a un consenso sobre el uso de los

ecosistemas y la distribución de los servicios ecosistémicos (Quétier F. et al., 2007).

Por el contrario, un enfoque interdisciplinario, con la adopción de la perspectiva centrada en el actor, sin duda, fortalece el abordaje de los servicios ecosistémicos. Este enfoque permite comprender cómo, frente a los cambios recientes en los diferentes ecosistemas, ya sea como consecuencia del accionar humano o de procesos biológicos y socioeconómicos más globales, actores sociales con características, intereses y necesidades diferentes, desarrollan un conjunto amplio de estrategias productivas y de reproducción social, a fin de adecuar la provisión de servicios ecosistémicos a las demandas generadas desde cada grupo social. El abordaje interdisciplinario y de múltiples actores permitiría identificar aquellos actores más críticamente vulnerables a la pérdida de determinados servicios ecosistémicos, y generar acciones para evitar o mitigar estas situaciones (Quétier F. et al., 2007).

En términos ecológico-ambientales, el territorio argentino es marcadamente heterogéneo, ya que la densidad de oferta de servicios ecológicos varía ampliamente de una eco-región a otra. La mayor oferta nacional de servicios parece estar concentrada solamente en cinco eco-regiones (Esteros del Iberá, Delta e Islas de la Mesopotamia, Yungas, Selva Paranaense y Bosque Andino Patagónico), por lo cual éstas deberían ser reconocidas como la principal fábrica de bienes y servicios ecosistémicos del país. Las restantes eco-regiones poseen moderados a bajos valores de oferta de servicios ecológicos (Carreño L. y Viglizzo E. F., 2007).

La región Pampeana, presenta el ecosistema natural más transformado por la mayor cantidad de superficie destinada al cultivo, la ganadería y la urbanización, por lo cual ha sufrido una mayor pérdida relativa de servicios

ecológicos que el resto de los ecosistemas. En las eco-regiones más áridas del país (Puna, Monte de Sierras y Bolsones, Altos Andes y Estepa Patagónica) las condiciones climáticas extremas limitan la oferta de servicios ecológicos.

Por otro lado, aquellas eco-regiones que muestran baja competitividad en términos de su producto geográfico agropecuario, pueden alcanzar alta gravitación económica en un mercado futuro que valorice y pague por los bienes y servicios ecológicos que ofrecen. En varios países en desarrollo y desarrollados se multiplican los casos de contratos entre actores privados y de otros regulados desde el estado que acuerden voluntariamente el pago a propietarios por servicios ecológicos que éstos ofrecen.

El cultivo de soja, si bien ofrece un servicio de aprovisionamiento destacable, en lo que hace a la calidad nutritiva del poroto, su monocultivo afecta a otros servicios ecológicos principalmente los de soporte en lo que hace a formación de suelos y reciclaje de nutrientes y lo de regulación de la biodiversidad y de ciclos climáticos. La pérdida de nutrientes en los suelos, provoca un aumento en el uso desmedido de estos agroquímicos (fertilizantes) que constituyen un subsidio de energía para suplir estas deficiencias. Otra consecuencia es la pérdida de la biodiversidad mediante la deforestación provocada por el avance de la frontera agrícola, lo que genera alteraciones en los ecosistemas naturales principalmente en la zona del noroeste y noreste de nuestro país (Albiol C., 2012) y el reemplazo de pasturas y pastizales en la Pampa Húmeda.

La explotación del suelo en forma intensiva sin tener criterios de sustentabilidad, conduce al agotamiento y degradación del mismo, comprometiendo la continuidad de la propia actividad productiva, que las diferencias de rendimientos de soja se deben fundamentalmente a diferencias de calidad del suelo, en relación al grado de deterioro del mismo (Grinberg E., 2012).

Como aspecto positivo se puede destacar que la soja cuando es inoculada con el Rhizobium aporta nitrógeno al suelo como todas las leguminosas, y a esto se le suma el aporte de los rastrojos, propios de la práctica de la siembra directa, que liberan nutrientes al suelo en forma de abono verde y lo protegen de la erosión eólica e hídrica. Con el empleo de semillas transgénicas acompañadas del glifosato se elimina la necesidad de arar el suelo antes de sembrar, para

eliminar las malezas. Este sistema de producción ayudó a frenar el deterioro en la estructura y fertilidad de los suelos que producían la roturación tradicional y, mantiene la temperatura y humedad en el suelo frente a situaciones de estrés hídrico y bajas temperaturas (Albiol C., 2012).

A raíz del nuevo contexto agropecuario ha surgido la agroecología, un nuevo enfoque más sensible a las complejidades de las agriculturas locales, al ampliar los objetivos y criterios agrícolas, para abarcar propiedades de sustentabilidad, seguridad alimentaria, estabilidad biológica, conservación de los recursos y equidad, junto con el objetivo de una mayor producción. La agroecología es una disciplina científica que define, clasifica y estudia los sistemas agrícolas desde una perspectiva ecológica y socioeconómica. Esta disciplina enfatiza las interrelaciones entre sus componentes y la dinámica compleja de los procesos ecológicos. Pone énfasis en la familia rural y la regeneración de los recursos naturales utilizados en la agricultura, proporcionando un sistema ágil para analizar y comprender los diversos factores que afectan a los predios.

El enfoque agroecológico es económicamente viable porque minimiza los costos de producción al aumentar la eficiencia de uso de los recursos localmente disponibles, es socialmente activador ya que requiere un alto nivel de participación y contempla el cuidado de ambiente debido a la baja o nula utilización de insumos químicos, cuidando los recursos naturales propios de los agroecosistemas y, mediante un enfoque sistémico de manejo, reduce las externalidades de los mismos.

Los principios agroecológicos apuntan hacia la estabilidad del sistema, aumentando el número de especies de plantas y la diversidad genética en el tiempo y el espacio, mejorando la biodiversidad funcional, la materia orgánica del suelo y la actividad biológica, aumentando la cobertura del suelo y la habilidad competitiva, buscando una disminución o eliminación de insumos tóxicos.

En un estudio realizado por Zamora M. et al. (2016) en el centro sur bonaerense se compararon el modelo predominante actual con un sistema