Capítulo III: La creación de memoria
III.1 Desde la psicología cognitiva
III.1.2 Posibles problemas
Dos aspectos nos parecen de singular importancia para aportar en nuestra idea sobre la memoria y la poca confianza o el cuidado que deberíamos tener al usarla como una fuente cierta de información, estos aspectos que la psicología cognitiva ha estudiado con detalle son: el olvido y la falsa memoria, a ellos nos dedicaremos ahora.
III.1.2.1 El olvido
Es importante definir de manera correcta este término desde la perspectiva de la psicología cognitiva para no incurrir en posibles errores, por ello lo primero que tenemos que afirmar es que olvido no es sinónimo de falta de recuerdo, como podríamos entender en el habla cotidiana. Y es que “en muchos casos de falla de memoria se deben a una falta de atención a la vivencia original” (Hunt, 2007: 196). Por lo tanto, en el caso antes mencionado no cabría la idea de olvido pues es, en cierta medida, algo que nunca ocurrió ya que nunca fue registrado y, debido a ello, no es posible recuperarse. Una primera dificultad asociada a este tema es hasta cierto punto lógica, el tiempo transcurrido, aunque conviene tener cuidado con esto y no confiar solo
en el “sentido común” que podría sorprendernos, así, ante la idea de que a mayor tiempo transcurrido menor recuerdo, encontramos que:
Ebbinghaus fue el primero en demostrar que la relación entre el intervalo de retención y la memoria es una función logarítmica (…). Según los describe la función logarítmica, los recuerdos recaen con rapidez en la primera hora posterior a la exposición pero después se estabilizan en retardos mayores. (Hunt, 2007: 199)
Así, tendríamos una segunda dificultad para otorgar una plena confianza a los recuerdos, ya que al recuerdo formado gracias a lo que se pudo registrar de un determinado hecho, se suma esta degradación en la “calidad” del recuerdo.
Un mecanismo importante en este terreno es lo que se ha dado en llamar la inhibición y que provoca que “las cosas que se olvidan por inhibición serán inaccesibles sin importar la señal que se ofrezca” (Hunt, 2007: 201), pero además de esta característica es interesante anotar que “La inhibición se disipa con el tiempo, por lo que a la larga el artículo es accesible de nuevo por conducto de las señales adecuadas.” (Hunt, 2007: 201) ¿Esto permitiría en el caso de los diarios de Ribeyro aumentar o retirar información? Como veremos más adelante todo hace suponer que Ribeyro corrigió sus diarios antes de publicarlos, suprimiendo los que abarcaban los primeros años y, no sabemos hasta qué punto corrigiendo datos de lo que quedó. Así, las diferentes formas de olvido en un primer momento, como la recuperación luego, concluida la inhibición más tarde, pudo afectar el texto original, considerando, claro está, que lo que estamos viendo sea el caso en que el autor buscó, con todas las dificultades que ello implica, transcribió la realidad tal cual la vivió o la percibió. ¿Anula esto el “pacto autobiográfico”? Entendemos que no pues lo que implica ese pacto es la veracidad según el autor, la intención manifiesta de no mentir, pero no la imposible empresa de transcribir la realidad real al lector.
III.1.2.2 La memoria falsa
¿Son estos los únicos aspectos a tomar en cuenta? Nos parece que aún estamos lejos de concluir con la revisión de los mecanismos que pueden afectar a la memoria y que, sin embargo, dejan satisfecha a la persona que cree ser sincera al describirlos de tal o cual manera. Existe un forma extraña, acaso para algunos, que implica que “la gente recuerda cosas de manera muy distinta de cómo sucedieron en verdad, y en otras, se recuerdan algunas que nunca ocurrieron.” (Hunt, 2007: 206), lo que es conocido como “memoria falsa”. Este es un aspecto muy interesante e importante, nos parece, al momento de afrontar la lectura de un diario y asumir el texto como un texto más próximo a la historia que a la literatura y que en estos casos no hay una conciencia real de que algo se ha olvidado y quizá por eso omitido. En estos casos “no nos damos cuenta de que nuestra memoria es en verdad inconsistente con los hechos pasados.” (Hunt, 2007: 206)
Por lo antes dicho es importante dejar en claro lo siguiente, que no afecta en nada la seriedad con Julio Ramón Ribeyro en este caso o la de cualquier persona que lleva un diario con la confianza de estar anotando “la verdad” en él; no existe, lo pensamos sinceramente, una intencionalidad de tergiversaciones que podrían quedar plasmadas en el texto y que luego podrían leerse como evidencias de que tal hecho, por aparecer escrito en el diario, ocurrió de tal o cual manera, ya que:
Quizá la lección más importante de la investigación sobre la distorsión de la memoria sea que no se trata en absoluto de algo parecido a un artefacto mecánico de grabación. La vivencia original no se almacena en un registro verificable de lo que pasó, sino que es el resultado de procesos interpretativos de percepción y comprensión. (Hunt, 2007: 214)
Pero este espacio, el de la memoria falsa o las posibles distorsiones que esta puede sufrir, puede también deberse a factores más complejos y, aunque no es la razón de esta tesis el trabajar este tema en particular en los casos patológicos nos parece necesario dejar constancia del tema, pues también se observa en personas sin mayores problemas, como sería el caso del autor que nos interesa.
¿Cuáles son entonces esos factores que pueden afectar la memoria? Nos referimos en este caso a los estudiados por la neurociencia y que están centrados en las funciones del hipocampo pues:
El hipocampo no solo enlaza los aspectos externos (percibidos) de suceso, sino que enlaza también los aspectos internos (mentales), como pensamientos e imágenes. Esto sirve para explicar por qué en ocasiones no distinguimos la diferencia entre lo que hicimos y lo que solo creímos haber hecho. (Hunt, 2007: 216)
Sería así el hipocampo donde surgen diversas dificultades y sería aquí también donde podrían ocurrir algunas distorsiones del recuerdo, tanto en casos de patología comprobada como en el común de las personas.
Así pues sumamos una característica más que nos hace desconfiar o, en todo caso, tomar con cuidado las exteriorizaciones de los recuerdos, más allá de las intenciones de fidelidad o no que haya tenido quien los materializó.
Dentro del ámbito de la psicología cognitiva es también significativa la relación entre los estados de ánimo y la memoria. Podrá pensarse que relacionar los estados de ánimo con la percepción y la memoria que ella facilita es algo lógico y hasta evidente, permítasenos entonces ser acaso algo redundantes sobre esto, pero honremos nuevamente la claridad y el rigor y expongamos, aunque brevemente, y con un cierto
aspecto científico este aspecto de la conducta humana. Así, la teoría indicará que “(…) los estados de ánimo afectan la codificación de información neutral, que la tristeza interfiere con la codificación, y que incluso niveles elevados de euforia tienen efectos de interferencia.” (Hunt, 2007: 364) del mismo modo se indica que “Si la gente está estresada , o con un estado de ánimo emocional o intenso, es más probable que manifieste menos precisión, en el sentido de que será más proclive a reconocer de manera falsa algún suceso estimulante” (Hunt, 2007: 372) Acaso estas afirmaciones sobre un tema que muchos creen conocer puedan parecer intrascendentes, pero hemos insistimos en ellas con el fin de otorgar a este trabajo una aproximación distinta a la que muchos hubieran considerado como natural.