Las barras bravas en Latinoamérica, Hooligans o Ultras en Europa, han sido denominadas bajo el concepto de tribus urbanas, para explicar las formas de asociación entre sus miembros, que son jóvenes. Así es como Costa, Pérez Tornero y Tropea (1996: p. 86), conciben a los hooligans ingleses y ultras españoles, y de paso, extienden el concepto de tribalismo urbano a las barras en Suramérica. De tal forma, esta identificación ha traspasado a la prensa escrita, donde columnistas, las mismas noticias y crónicas, utilizan el concepto de tribus para denominar a las barras en Bogotá.
Al igual que las metáforas de Sebreli respecto a las estructuras de las barras, la tribalización de estos grupos, que supone un concepto que ayuda a entender y abordar estas asociaciones, se presta para confundir, más que aclarar. Traído de la antropología, la idea de tribus propone abordar a las barras como grupos autónomos, homogéneos, que habitan en un territorio que les pertenece, así como interrelacionados por lazos de parentesco o clanes. De esta idea también se extrae las características ritualistas y ceremoniosas, con las cuales se pretende describir a las barras.
Si retomamos factores como la ubicación de la vivienda de los integrantes y las relaciones de amistad entre ellos, vale suponer la existencia de otra clase de elementos, de filtros, que funcionan como requisitos, además del gusto deportivo, en la admisión de integrantes a los grupos y a la barra. A través de conceptos antropológicos, Sebreli expone como las personas que quieran ingresar a la barra “[…] deben realizar pruebas iniciáticas, consistentes en la provocación de desórdenes en las calles, ómnibus o comercios cercanos al estadio. El asesinato de un hincha rival constituye un ascenso en la escala jerárquica”88.
Durante el tiempo en que se desarrolló el trabajo de campo y la recolección de información, no hubo observaciones o registros sobre actos de iniciación o ritos de admisión. Por lo cual, las entrevistas fueron la única herramienta de información con las cuales los integrantes del grupo comentaron sobre el tema.
Estas condiciones, en los que a las personas se les puedan exigir actos que confirmen la intención de la participación en el grupo, son desconocidos para los integrantes de la agrupación, puesto que solo es necesario compartir el mismo gusto por el equipo.
88 Ver Sebreli,
65 ¿Hay condiciones para integrar el grupo?
Carlos: Ser hincha de Millonarios. ¿No hay otra más?
Carlos: No hay.
¿Para integrar la barra?
Carlos: Ser hincha de Millonarios por encima de todas las cosas y estar en
capacidad para alentar al equipo. [Entrevista realizada el 15 de Junio de 2008]
¿Cuáles son las condiciones para pertenecer al parche?
Eduardo: No, pues que sea hincha de millos que se le vean las ganas, que se le vea el sentimiento […] puede ser la persona como quiera, que piense como quiera,
actué como quiera, si verdaderamente ama a Millonarios, bienvenida. [Entrevista realizada el 18 de Junio de 2008]
Como expresan Carlos y Eduardo, la única condición para ser parte del grupo es el gusto deportivo, ser hincha de Millonarios. Así mismo, como deja pensar Carlos, otro tipo de adscripciones como las posiciones políticas o religiosas, no funcionan como filtros, pues lo único requerido es el gusto por el equipo y la capacidad de demostrarlo, es decir, ir al estadio y seguir a donde sea al equipo.
Afirmaciones como las realizadas por Sebreli, al equiparar los grupos de las mafias con las barras bravas, en donde el autor asevera que existe esta clase de “ritos” como pruebas iniciáticas basadas en acciones violentas que determinen el deseo de un sujeto por pertenecer al grupo, o bien para aumentar su prestigio y su posición en las escala jerárquica, no es una condición en el caso del grupo de Castilla.
Como se dijo antes, la consideración que tienen respecto a sus compañeros de grupo es determinada por la amistad. Impera la camaradería, la horizontalidad de las posiciones de los integrantes, respetando las experiencias de los todas las personas. El parche, que no son más que un grupo de amigos, encuentra en la construcción futbolística un refuerzo de las relaciones de amistad, cohesionando esta asociación. También, el contacto entre el grupo de Castilla y otras agrupaciones de distintos barrios, sea en el estadio o en los viajes realizados a otras ciudades, se convierte en una forma donde los integrantes del pueden ampliar el número de amigos, pues lo que se procura es la integración entre diversos grupos, de manera que sea la relación de amistad la que refuerce la inclinación deportiva de los miembros. Así, actos como rituales y ceremonias, que busquen la adscripción y cohesión de los integrantes, son desconocidos en la realidad del grupo.
Así, esta clase de análisis sobre las prácticas de los grupos que hacen Sebreli o Costa, Pérez Tornero y Tropea, pretenden ganar fuerza al utilizar un lenguaje, en este
66 caso antropológico, empeñado. Como hemos visto a través de la primera parte temática de este proyecto y el postulado número cuatro, no se pueden pensar a las barras como grupos homogéneos, mucho menos autónomos respecto a los demás espacios sociales, y en ningún sentido, ritualistas. Estas comparaciones, si bien adoptan términos para describir las actividades de las barras, no respetan las reglas metodológicas, como Sebreli, al no sustentar los análisis comparativos con elementos empíricos.
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3.4. Postulado 6: Las barras bravas se financian con el cobro de subsidios a las