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POSTURAS EXTERNAR DE BRASIL EN CONTRASTE CON LA SITUACIÓN INTERNA

3.1 “CONSOLIDACIÓN” DEMOCRÁTICA EN BRASIL

3.3. POSTURAS EXTERNAR DE BRASIL EN CONTRASTE CON LA SITUACIÓN INTERNA

Las posturas en política exterior del gobierno25, relacionadas a temas concretos sobre igualdad, están alineadas con una clara posición de autonomía y multilateralismo en el sistema internacional, están orientadas hacia la intensificación de los intercambios Sur-Sur, con la conclusión de acuerdos preferenciales entre los países del llamado Tercer Mundo, y buscan alianzas en temas como la reforma del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (CSNU), para democratizar esta organización internacional y reforzar la presencia y poder de los “países periféricos”.

25 La política exterior como política de gobierno recoge las prioridades, el estilo, el énfasis, y el tono definidos por las fuerzas responsables de la dirección del poder ejecutivo nacional durante los períodos de Lula Da Silva.

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Así mismo, en términos comerciales: “(…) se impulsa una actitud coordinada con otros países en desarrollo, dando prioridad al equilibrio de los beneficios recibidos por los países más desarrollados y en desarrollo” (Saravia, 2007, pág. 56), para mantener la estructura multilateral abierta y no discriminatoria. Un claro ejemplo de esto es su postura en las negociaciones del ALCA, con la exigencia de reciprocidad en los compromisos asumidos por los países ricos y por los países en vías de desarrollo.

De igual modo, su postura en OMC Cancún 2003 G-20, exigía que antes de abrir la agenda de discusiones de la OMC para los nuevos temas y áreas de interés de los países ricos, dichos países tendrían que cumplir los acuerdos ya firmados de reducción de subsidios, aranceles y cuotas en los sectores agrícola y textil en los que los países en vías de desarrollo son más competitivos (Fernandes, 2004, pág. 92). Y en el caso de la Cooperación Sur-Sur, Brasil ha articulado política, económica y tecnológicamente, alianzas con los estados de la periferia del sistema internacional para defender y proteger sus intereses (Vigevani, 2007, pág. 1314).

Por último, su postura frente a la Proliferación Nuclear y otras cuestiones nucleares, siguen teniendo una importancia crucial, en este sentido esta posición ha jugado un rol importante, principalmente en los últimos años, reiterando su apoyo a las negociaciones entre las partes y oponiéndose a la adopción de sanciones por parte del Consejo de Seguridad de la ONU frente a Irán, por ejemplo, defendiendo el derecho de enriquecer uranio para el uso pacífico de la energía nuclear de acuerdo con las concesiones del TNP. Es así como, pragmáticamente Brasil defendió la posibilidad de que un país del Tercer Mundo adquiera una tecnología que se considera importante para su desarrollo económico nacional (Patti, 2010, pág. 190).

En síntesis, la postura internacional de Brasil busca la disminución de la desigualdad de oportunidades, de acuerdo a su posición como país periférico en emergencia, y como crítico de la globalización asimétrica (Reis, 2010., pág. 19),

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que expresa la disparidad en la distribución de poder entre estados, demostrando que el sistema mundial está condicionado por las asimetrías que conducen a una distribución desigual del poder que se expande en los ámbitos, comerciales, políticos, diplomáticos, y de influencia.

En contraste con la situación interna en cuanto a la igualdad, se considera que es uno de los países más biodiversos y ricos en cuanto a recursos, sin embargo, “(…) la riqueza está distribuida de forma bastante asimétrica: en 2005, el 10% de los más ricos de la población tenía el 46,3% del ingreso nacional, y el 50% de los más pobres tenía solamente el 14,1% del ingreso”26. A pesar que la desigualdad está disminuyendo y el índice de GINI se ha reducido en los últimos años, aún es alto, 0.559 en 2006 (PNAD 2006).

Brasil, considerado como miembro de la categoría de poder emergente o system affecting27, mantiene limitantes internas, principalmente una vulnerabilidad en lo

referido a las condiciones socioeconómicas, que se constituye como restrictiva para la incorporación de ciertos temas en la agenda internacional ya que a nivel interno no la ha solucionado, es decir, que su discurso de disminución de las desigualdades entre Estados en el sistema internacional, e igualdad de oportunidades, se contrapondría con una desigualdad socioeconómica profunda a nivel interno que ha ahondado las brechas sociales.

Por otro lado, la cooperación sur-sur como esquema de cooperación internacional puede ayudar a que los Estados del tercer mundo entren a competir en el sistema internacional con condiciones diferenciadas, que sirvan de marco para desarrollarse de acuerdo a sus capacidades y disminuir su situación de desigualdad en la toma de decisiones, y con respecto a Brasil como espacio para

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Encuesta Nacional por muestra de Domicilios (PNAD), 2005. Tomado de DE SOUSA, P. El combate al hambre y el nuevo marco de las políticas públicas: implementando un efectivo Estado de Bienestar Social en Brasil. Revista Española de Desarrollo y Cooperación No. 22. 2008.

27 Tiene recursos suficientes que junto a una actuación internacional activa puede marcar la pauta de ciertos asuntos de la política internacional.

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facilitar el logro de las prioridades del desarrollo particularmente destinadas a disminuir las asimetrías internas.

Y Brasil al ser considerado como uno de los países en alza del sur que promovió el inicio de cambios en los ejes del poder global a partir del reclamo por un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el rol protagónico en el G-20 y la consolidación como un país donante en asistencia para el desarrollo de otros países en vías de desarrollo, determina el fortalecimiento de sus ambiciones globales, y a partir del esquema de cooperación Sur-Sur lo consolida como actor constructivo en la gobernabilidad global, como socio en la cooperación y como defensor de los países emergentes del sur global. Ahora bien, fundamental para el establecimiento de esa posición internacional es la cuestión de lograr balancear aquellas aspiraciones externas con la capacidad de movilización interna de recursos y de respuestas eficaces a las demandas de la sociedad. En esa intersección se localizan los alcances y límites de un poder medio en la política internacional, que Brasil ha sabido sortear adoptando diferentes posturas dependiendo del escenario en el que se esté desenvolviendo para no afectar sus relaciones internacionales.

De igual modo, Brasil se considera como un país semi-periférico, con un estatus de ingresos medios (potencias medias emergentes), que paralelamente mantiene una gran desigualdad del nivel de ingresos entre su población, sugiriendo que las élites del país están muy bien integradas en la economía mundial, pero en donde perduran enormes bolsones de pobreza (Mantzikos, 2010, pág. 8). Es decir, que la democracia se sobrepone en una sociedad con profundas divisiones sociales en términos de clase.

Dicho de otro modo, las vulnerables condiciones internas de Brasil tienen una influencia en el ascenso de este en los asuntos de poderes mundiales, puesto que un país deber fortalecerse primero a nivel interno para posteriormente estar en condiciones de participar en los marcos decisorios mundiales. Sin embargo, lo que se obtiene es que en la actualidad países como Brasil mantienen un doble

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proceso, de presencia interna de falencias económicas, sociales, y políticas, y de status como potencias emergentes dentro del escenario internacional.

En este sentido, la extrema desigualdad social constituye la principal fuente de debilidad configurándolo como uno de los países con sociedades más polarizadas. Según el IPEA (Instituto de Pesquisa Económica Aplicada), el 10% más rico de la población brasilera concentra el 75,4% de la riqueza del país. Dicha concentración prevalece en tres grandes metrópolis: San Pablo- donde el 10% más rico monopoliza el 73,4%, Salvador Bahía (67%), y Río de Janeiro (62,9%) (Giaccaglia C. , 2010, pág. 6).

Dentro de los rasgos contrastantes de esa doble dinámica es posible afirmar, que a pesar de que al interior no ha podido solucionar sus problemas de enormes disparidades socioeconómicas, al exterior, con su esquema de Cooperación Sur- Sur, a través de IBSA ha logrado establecer dentro de sus grandes principios priorizar el desarrollo económico y la equidad social (White, 2006, pág. 1) y ha alcanzado importantes avances28.

En suma, quedan problemas internos como la violencia estatal y la exclusión social que limitan el papel regional e internacional de Brasil como un promotor de las normas y valores democráticos. Como Cooper y Legler (2001: 118) señalan, la capacidad de Brasil para ser un modelo para la democracia se ve obstaculizada por su historial desigual con respecto a las prácticas democráticas en el país (Huelzs, 2009).

Para finalizar, Brasil se caracteriza por tener frágiles vínculos políticos y económicos, pero que a su vez se encuentra en una categoría especial en el examen del grupo de países que forman la periferia del sistema político y económico del mundo capitalista, pertenece a la categoría de “grandes países de la periferia” dentro de un escenario internacional organizado en torno a estructuras hegemónicas de poder, en este sentido, Brasil adquiere un doble reto, no sólo

28 En cuanto a la cooperación en áreas sociales está el fondo IBSA Facility for Poverty and Hunger Reduction (Reducción del hambre y la pobreza) con el objetivo de aportar proyectos concretos para la reducción de la pobreza y el hambre en el mundo.

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superar las vulnerabilidades externas sino también las disparidades internas y construir una democracia “real”, en donde se incremente la capacidad de promover una mayor acumulación de capital, el desarrollo científico y tecnológico, la producción y la productividad, la capacidad de competir militarmente, con menos vulnerabilidades a la crisis y las presiones externas (Guimaraes, 1998). La ausencia de una “Consolidación Democrática” en Brasil es relevante tanto al considerase como un Estado en construcción al no haber solidificado bases estructurales, y como un Estado débil internamente en términos de cohesión social interna demostrando grandes disparidades sociales. De ahí que los problemas internos socioeconómicos limitan el fortalecimiento de bases estructurales, tanto institucionales como sociales, que sirvan de fundamento para la democracia, ya que contrario a ello estos tienden a subvertir las mínimas condiciones de igualdad en un Estado “democrático”.

Igualmente, afectan la inserción en el sistema internacional dificultando el logro de una inclusión compatible con su desarrollo, limitando la influencia en los asuntos de los poderes mundiales, y constituyéndose como restrictivos para la incorporación de temas de igualdad en la agenda internacional, que a nivel interno no han sido solucionados. Formulando una paradoja interna-externa: mientras que al interior prevalecen estructuras preferenciales de las elites que limitan la igualdad de oportunidades dificultando el fortalecimiento de las bases estructurales y la disminución de las disparidades socioeconómicas, al exterior proyecta el objetivo de la transformación de la estructura internacional de injusticia y exclusión a favor de los países periféricos.

No obstante, y a pesar de que se considere como una paradoja que promulgue “igualdad” al exterior a razón de que internamente es un aspecto que no ha sido consolidado, en la actualidad los países medios han logrado mantener esa doble dinámica “contradictoria”, estableciendo que la posibilidad de contradicción se debe a que decidieron expandir su potencial internacionalmente a pesar de

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mantener vacíos o disparidades sociales internas, y otorgaron una prioridad al fundamentar teórica y discursivamente la política exterior de lucha contra la pobreza y hambre como complemento, coherencia o derivación de una propuesta clave de política interna que debe ser desarrollada acorde con la disminución de la desigualdad (GRASA, 2004, pág. 99). De ahí que se deriven posiciones como la búsqueda de un mundo más equilibrado en lo económico, social y libre de las amenazas de la anarquía financiera internacional y de los movimientos especulativos de capital, que han puesto en serio peligro a los países del sur. En síntesis, la doble dinámica de Brasil consiste en un doble proceso de desigualdad interior traducida en altos índices de disparidades socioeconómicas que se manifiestan en la educación, la discriminación étnico racial, y espacio geográfica, y proyección exterior a partir del esquema de Cooperación Sur-Sur que busca la disminución de las desigualdades, de influencia, comercio, financieras, y de toma de decisiones en las organizaciones internacionales entre los países industrializados y la periferia, a favor del reciproco multilateralismo y la cooperación entre los países en emergencia.

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CONCLUSIONES

La doble dinámica de Brasil, desde el prototipo de los países del Tercer Mundo, revela un doble movimiento en dos ámbitos -interno y externo-: un mantenimiento de la desigualdad y concentración de ingresos en el plano interno (a pesar de la disminución en el gobierno de Lula Da Silva), y segundo, la promulgación de denuncias frente a las grandes potencias en términos de relaciones de producción en el plano internacional. Más aún, esto lo postula como un país que a pesar de ser considerado potencia media emergente y democrático, se encuentra superpuesta en una sociedad con profundas divisiones sociales en términos de clase.

Por lo tanto, la continuación de profundos déficits al interior del país en términos de desigualdades y mantenimiento de una expansión como potencia emergente que se organiza internacionalmente para mantener un equilibro de influencia al nivel internacional (Cooperación Sur-Sur), configura un proceso dual en dos direcciones dentro del prototipo del Tercer Mundo, dificultando la inserción en el sistema internacional como país “semi-periférico”.

El primer aspecto, la desigualdad desde el plano interno, demuestra una sociedad

que históricamente ha estado dividida y que ha convivido con la falta de equidad y esto se ha constituido como obstáculo para un crecimiento sostenido, llevando a déficits de educación y ausencia de cohesión social. Lo anterior, como resultado de la perpetuación de modelos de exclusión institucionales que vienen desde la colonia, y que en la actualidad se demuestran en la discriminación étnica racial. Este flagelo interno histórico repercute en la proyección de Brasil, al aumentar los niveles de pobreza y disminuir el impacto del desarrollo económico destinado a reducirla, llevando a la desaceleración del proceso general de desarrollo y a una disminución en la credibilidad como país con una postura internacional a favor de la “igualdad” en las organizaciones internacionales, entre los países industrializados y los que están en vías de desarrollo y la periferia.

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El segundo aspecto, el Esquema de Cooperación Sur-Sur se consolida como

mecanismo para disminuir las limitaciones sistémicas a través del aumento de la influencia de nuevos centros de poder en el hemisferio sur, y se torna coherente con la inserción de Brasil de acuerdo a la manutención de relaciones con otros Estados que reflejen capacidades materiales e intereses globales similares para generar una presión frente a los países industrializados.

Específicamente, en los gobiernos de Lula Da Silva, la política exterior buscó un modelo de inserción a través de la articulación con países con intereses comunes, y situaciones de vulnerabilidad relacionadas con una etapa temprana de construcción democrática. Incluso, adoptó una nueva orientación de la política exterior, construyendo una política de inserción internacional acorde con el papel en el mundo y las limitaciones inherentes de la inserción de los países periféricos en desarrollo. Dentro de las asociaciones estratégicas a partir de las cuales consolida el multilateralismo está IBSA, como espacio para el fortalecimiento de la capacidad internacional y para alcanzar mayor influencia en foros como el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, G-20, y OMC.

En suma, los gobiernos de Lula Da Silva aportaron dos aspectos relevantes: primero, la búsqueda de un contexto más equitativo enfatizando en la justicia económica y social en el mundo, y segundo, la consolidación de los foros multilaterales como espacio para iniciativas solidarias de combate del hambre:

promovió la presencia del Brasil en los escenarios donde se mueven las potencias de primera línea. No demoró en presentar sus argumentos y planes en el G-7, en el Foro Económico Mundial y finalmente en la Asamblea General de las Naciones Unidas. En la conferencia de la OMC, en Cancún, el Brasil protagonizó la creación del G-20 para defender los intereses de las economías emergentes en la Ronda del Milenio (Rodríguez, 2005, pág. 12).

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Por lo tanto, la doble dinámica demuestra que los problemas institucionales y estructurales de Brasil impiden que la democracia se consolide, evidenciando que hay una ausencia de “Consolidación” Democrática y que lo establece como un Estado débil internamente, estos problemas institucionales y estructurales dificultan el logro de una inserción compatible con su desarrollo y una credibilidad internacional mayor frente a temas de igualdad. Y del mismo modo, formulando una paradoja interno-externo, mientras que al interior prevalecen estructuras preferenciales de las elites que limitan la igualdad de oportunidades dificultando el fortalecimiento de las bases estructurales y la disminución de las disparidades socioeconómicas, al exterior proyecta el objetivo de la transformación de la estructura internacional de injusticia y exclusión a favor de los países periféricos. Sin embargo, y a pesar de que se considere como una paradoja que promulgue “igualdad” al exterior, y que internamente sea un aspecto que no ha sido afianzado, logra mantener una doble dinámica “contradictoria”, en la medida en que se adopta por una expansión internacional a pesar de la ausencia de consolidación de solidas bases estructurales.

En síntesis, la doble dinámica de Brasil consiste en un doble proceso de desigualdad: al interior traducida en los altos índices de disparidades socioeconómicas que se manifiestan en la educación, la discriminación étnico racial, y en el ámbito espacio-geográfico, y de proyección exterior a partir del esquema de Cooperación Sur-Sur que busca la disminución de las desigualdades, de influencia, comercio, financieras, y de toma de decisiones en las organizaciones internacionales entre los países industrializados y la periferia, a favor del reciproco multilateralismo y la cooperación entre los países en emergencia.

A saber, este doble proceso se presenta en un país considerado semi-periférico o emergente, a razón de una integración parcial de la sociedad en la economía mundial (principalmente de la elite), con la permanencia de enormes disparidades

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sociales al interior y donde la democracia es superpuesta en una sociedad con profundas divisiones en términos de clase.

Finalmente, se espera un panorama de mayor coherencia en planos internos y externos en cuanto a la calidad y efectividad de acciones emprendidas teniendo en cuenta el impacto de las transformaciones internacionales sobre las nacionales. Lo que subrayaría que Brasil se enfrenta a retos importantes en dos frentes, por un lado, la necesidad de cambios sociales a nivel interno, ya que persiste una deuda social que influencia al plano internacional en cuanto a su credibilidad como país que lucha por la pobreza y la desigualdad, y por otro lado, las grandes expectativas en lo referente a lo que podría lograr a través de las instituciones multilaterales, basados en la visión de un sistema internacional jerárquico e inequitativo que desde una posición periférica dista de las percepciones y preocupaciones de los países centrales.

En últimas, la problemática de cómo balancear las aspiraciones externas con la capacidad de movilización interna de recursos y respuestas eficaces a las demandas sociales, en medio de la categorización como “gran país de la periferia”, y en un escenario internacional anárquico y asimétrico, postula el doble reto de superar las vulnerabilidades externas y las disparidades internas para solidificar una democracia con bases estructurales equitativas.

70 BIBLIOGRAFÍA

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 ATHAYDE, A. (2001), “Desigualdade e Pobreza no Brasil” [en línea],