ANEXOS Anexo #
PRÓLOGO Estimada familia
La alegría y satisfacción de tener un hijo es única y trae consigo una gran felicidad para la familia.
Les corresponde a ustedes asumir la tarea de contribuir a su desarrollo para que se convierta en un ser humano independiente, productivo y con una actitud positiva hacia el mundo que lo rodea de manera que le dé un uso correcto a los recursos que la naturaleza y el hombre ponen a su disposición, para que crezca en un ambiente sano, feliz, rodeado de amor, cariño y comprensión.
La familia es para el individuo un valor de alto significado y compromiso personal y social, fuente de amor, satisfacción, bienestar y apoyo, pero también constituye fuente de insatisfacción, malestar, estrés y enfermedad. Las alteraciones de la vida familiar son capaces de provocar alteración emocional, desequilibrio y descompensación del estado de salud. La vivencia de problemas familiares precipita respuestas de estrés. La familia constituye la primera red de apoyo social que posee el individuo a través de toda su vida, y por lo tanto se reconoce que esta instancia ejerce función protectora ante las tensiones que genera la vida cotidiana. El apoyo que ofrece la familia es el principal recurso de prevención de la conducta agresiva y sus daños. De aquí la necesidad de que conozcan qué factores pueden contribuir a que sus hijos muestren conductas agresivas.
¿Qué es la conducta agresiva?
No es más que conductas intencionadas, que pueden causar daño ya sea físico o psíquico. Conductas como el maltrato físico, la burla, la ofensa, las rabietas, las palabras inadecuadas para llamar a los demás, etc.
De seguro este folleto será de gran utilidad ya que tiene el propósito de contribuir a que las familias eleven sus conocimientos para dirigir correctamente la educación de sus hijos y en especial el tema que se aborda. Se invita a que puedan cumplir ese sagrado deber que tienen con las urgencias del mundo actual.
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INTRODUCCIÓN
La familia es uno de los contextos más relevantes dentro del factor sociocultural del niño, es decir lo es todo para él. La familia debe ser un modelo de actitud, de disciplina, de conducta y de comportamiento. Es uno de los factores que más influyen en la construcción de la conducta agresiva.
Está demostrado que el tipo de disciplina que una familia aplica al niño, será el responsable por su conducta agresiva. Un padre poco exigente, por ejemplo, y que tenga actitudes hostiles, y que esté siempre desaprobando y castigando con agresión física o amenazante constantemente a su hijo, estará fomentando la agresividad en el niño.
Otro factor que induce al niño a la agresividad es cuando la relación entre sus padres es tensa y continuada. Dentro del factor sociocultural influirían tanto el tipo de barrio donde se viva como la presencia de expresiones que fomenten la agresividad, como 'no seas un cobarde'
La familia constituye el lugar por excelencia en donde los niños aprenden a comportarse consigo mismos y con los demás, es decir es un agente de socialización infantil. Es la agresividad, una de las formas de conducta que se aprenden en el hogar, y en donde las relaciones intrafamiliares ejercen una influencia en su generación y mantenimiento. Cuando los niños exhiben conductas agresivas en su infancia y crecen con ellas formando parte de su repertorio conductual, se convierten en adolescentes y adultos con serios problemas de interrelación personal, que pueden generar conductas antisociales, alcoholismo, dificultades en la adaptación al trabajo y a la familia, y en el peor de los casos llegan a exhibir una conducta criminal y a sufrir afectación psiquiátrica grave.
El estudio de este folleto pretende que puedan conocer detalladamente varios temas relacionados con las conductas agresivas de los niños ofreciéndoles una breve panorámica de cada uno de ellos que los ayudará a entender cómo prevenir la agresividad en sus hijos.
A través de este folleto se quiere también promover la reflexión atenta de la familia en torno a cómo prevenir acciones agresivas en sus hijos. Se espera que este folleto les brinde la preparación necesaria a la familia y los conocimientos indispensables para que pueda tener una participación directa y positiva en la tarea de inculcar en sus hijos las cualidades que se aspiran.
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DESARROLLO
• El alcoholismo
El alcoholismo es una enfermedad. Como cualquier enfermedad, requiere tratamiento. Sin ayuda profesional, una persona alcohólica probablemente seguirá bebiendo y hasta es posible que su alcoholismo empeore con el tiempo.
Las enfermedades como el alcoholismo no son culpa de nadie. Algunas personas son más susceptibles que otras a beber demasiado. Los científicos consideran que el alcoholismo tiene que ver con la genética, así como con los antecedentes familiares y los acontecimientos de la vida.
El alcoholismo es un problema que va permeando la personalidad de poco a poco; los hijos de familias alcohólicas se “acostumbran” a vivir en medio del caos y el conflicto, de modo que las probabilidades de ser un agresor y/o agredido de adultos aumentan. Básicamente, los hijos replican la conducta de los adultos, ya sea que ellos se conviertan en personas alcohólicas o bien estableciendo una relación de pareja con una persona alcohólica.
En investigaciones realizadas respecto a las características de personalidad para hijos de padres alcohólicos, las características descritas son las siguientes:
Los hijos de alcohólicos tienen que adivinar cuál es la conducta normal.
A los hijos de padres alcohólicos les cuesta trabajo llevar un proyecto a término. Hijos de padres alcohólicos mienten cuando sería igual de fácil decir la verdad. Tienden a juzgarse sin piedad.
Les cuesta trabajo divertirse
Se toman muy en serio a sí mismos.
Les cuesta trabajo mantener relaciones íntimas.
Reaccionan de modo exagerado a los cambios sobre los cuales no tienen dominio.
Constantemente tratan de obtener aprobación y afirmación. Por lo general, se sienten diferentes de otras personas. Tienden a ser súper-responsables o súper-irresponsables.
Son extremadamente leales, incluso ante pruebas de que tal lealtad no es merecida. (esta es una de las psicopatologías más comunes)
Los hijos de padres alcohólicos tienden a ser impulsivos. Por ejemplo: se involucran en un curso de acción sin pensar seriamente en otras conductas o en las posibles consecuencias. Esta impulsividad los conduce a la confusión, a la aversión a sí mismos y a la pérdida del dominio sobre su entorno. En consecuencia destinan mucho tiempo para arreglar los problemas (les cuesta perdonar)
Los hijos de padres alcohólicos mantienen tres reglas de rigidez características de hogares alcohólicos: no hables, no confíes y no sientas. A veces lo que empieza como un mal hábito se puede acabar convirtiendo en un grave problema. Por ejemplo, la gente puede beber alcohol para afrontar emociones, como el aburrimiento o el estrés, o
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problemas, como los de tipo económico. Tal vez haya una enfermedad importante en la familia o problemas matrimoniales.
El nido ideal que se debe ofrecer a todo niño se desvirtúa totalmente cuando los progenitores son alcohólicos. Todo, sus pensamientos, actitudes y sentimientos se ven afectadas por la influencia del alcohol de sus padres. Crecen en un ambiente lleno de ansiedad, viven el dolor y remordimiento resultante; y más aún, se sienten culpables del mismo. Los niños se atribuyen responsabilidades de adultos y aprenden conductas propias de adultos, muchas de ellas propias de alcohólicos, como la mentira y la manipulación.
Para hacerle frente a esta conducta se aconseja confiar en los propios instintos o impulsos, ya que nos indican cómo comportarnos. No significa que se deben dejar llevar de lleno por los impulsos, que de hecho a nadie se le recomienda; es más bien, además de esto, asegurarnos de qué tan sanos están, porque seguramente los instintos en dicha situación están confundidos. Deben entonces, cultivarlos y escucharlos, confiar en ellos, en otras palabras, devolverles la naturalidad que se les ha quitado. Ayuda de igual modo contener los impulsos, controlarlos, una buena forma de conocerlos, es prevenir sus efectos.
Y sobre todo, para acostumbrarse a vivir normalmente, ayuda la confrontación con los demás. Cuando comentamos nuestros problemas, salimos del subjetivismo, y las cosas automáticamente se vuelven más reales.
Resumiendo
El alcoholismo es una marcada causa de agresividad. Preguntas de autocontrol
¿Cómo puede manifestarse un hijo de padres alcohólicos? ¿Cómo usted lo ayudaría?
• Padres Psiquiátricos
La depresión, la esquizofrenia o el trastorno bipolar son enfermedades mentales que dificultan la vida de los afectados y también la de sus hijos.
Los hijos cuyos padres padecen una enfermedad mental pueden sufrir una infancia marcada por problemas emocionales. Por este motivo, si la familia no recibe la atención profesional necesaria, estos niños tienen mayor riesgo de desarrollar algún tipo de problema psicológico durante la vida adulta.
La enfermedad mental de los padres durante la infancia y niñez temprana puede conducir al desarrollo de desajustes emocionales y conductuales en periodos posteriores de la vida si no existe una adecuada atención a la familia. Una de cada cuatro personas sufre una enfermedad mental a lo largo de su vida y muchas tienen hijos.
Hay distintas patologías psiquiátricas, así como distintos niveles de gravedad. La depresión, la esquizofrenia, el trastorno bipolar o el obsesivo-compulsivo, los trastornos de la personalidad...son diferentes dolencias que tienen en común que dificultan en mayor o menor medida la vida de las personas que las sufren. Y también las de sus descendientes.
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Muchos niños crecerán con un padre que, en algún momento, sufrirá una enfermedad mental. La mayoría de estos padres tendrán una enfermedad leve o de corta duración y generalmente será tratado por su médico de familia. Sólo unos pocos niños viven con un padre que tiene un trastorno mental severo como puede ser la esquizofrenia o el trastorno bipolar. Otros niños viven con un padre que tiene problemas crónicos como puede ser la dependencia de alcohol o drogas, un trastorno de personalidad o depresión crónica.
Las dificultades del niño
Los niños a menudo se adaptan bien a la situación de tener un padre enfermo por un período breve de tiempo. Se hace más fácil para ellos si pueden entender por qué su padre o madre se ha puesto enfermo. Aun así, cualquier niño tendrá dificultades, si:
Están separados una y otra vez de un padre que necesita ingresar en un hospital para tratamiento.
Se sienten inseguros en su relación con el padre enfermo. No son cuidados de forma adecuada.
Son maltratados más frecuentes cuando los padres sufren de dependencia a alcohol u otras drogas o de trastornos de personalidad-.
Tienen que cuidar de un padre enfermo. Tienen que cuidar de hermanos.
Tienen que acudir a la escuela de forma regular y hacer los deberes.
Están tristes, preocupados o avergonzados de la enfermedad del padre o de su conducta.
La gente hace comentarios o bromas desagradables sobre la enfermedad del padre.
¿Qué puede ayudar?
Tener a uno de sus padres o familiares adultos que ofrezca seguridad, consistencia y cariño.
Recibir información o explicaciones sobre la enfermedad de sus padres.
Que los padres y los maestros sean conscientes del estrés que puede sufrir un niño con un padre enfermo.
Reconocer que una conducta difícil de un niño puede ser una petición de ayuda. Apoyo y ayuda práctica para la familia en los cuidados del niño.
Apoyo de los servicios sociales si hay problemas que pueden estar dañando la salud del niño o su desarrollo.
Cuando un niño o un adolescente tiene problemas de conducta que interfieren con su vida, puede que se necesiten de la ayuda de un especialista. El médico de familia podrá aconsejar sobre los recursos locales y derivar al joven, si es necesario, al Centro de Salud Mental de zona.
Un niño puede beneficiarse de tener la posibilidad de hablar sobre la enfermedad de sus padres y de sus preocupaciones con un profesional familiarizado con estos temas. Puede necesitar también ayuda para manejar sus propios problemas emocionales y conductuales.
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Las enfermedades mentales de los padres representan un riesgo para los hijos en la familia. Estos niños/niñas corren un mayor riesgo de desarrollar enfermedades mentales que otros niños. Cuando ambos padres están mentalmente enfermos, la probabilidad de que el niño pueda enfermarse mentalmente es aún mayor.
El riesgo es particularmente grave cuando los padres sufren de uno o más de los siguientes: desorden bipolar, un desorden de ansiedad, “ADHD”, esquizofrenia, el alcoholismo o el abuso de otras drogas o depresión. El riesgo puede ser heredado de los padres genéticamente.
Un ambiente familiar inconsistente e impredecible también contribuye a la enfermedad mental en los hijos. La enfermedad mental de un padre puede crear estrés en el matrimonio y afectar las habilidades de la pareja como padres, lo que a su vez puede hacerle daño al niño.
Resumiendo
Desgraciadamente, las familias, los profesionales y la sociedad se ocupan más del padre enfermo e ignoran a los niños de la familia. Proveerle más atención y apoyo a los hijos de padres con enfermedades psiquiátricas es una consideración importante cuando se trata al padre/madre.
Preguntas de autocontrol
¿Qué consecuencias trae para un niño tener padres con problemas psiquiátricos? ¿Cómo podemos ayudarlo?
• Los Celos
Los celos pueden definirse como un estado subjetivo caracterizado por una sensación de frustración al creer que ya no somos correspondidos emocionalmente por las personas queridas (padres, parejas...) o, al menos, con la intensidad y frecuencia que deseamos o necesitamos.
Muchas son las causas que pueden disparar los celos. En la infancia es habitual la aparición de celos tras el nacimiento de un hermanito. En cierto modo, el niño se protege y reclama seguir teniendo la misma atención que se le dispensaba antes y que ahora tiene que ser compartida. Por tanto, puede tener un cierto valor adaptativo. No obstante, en muchas ocasiones, la respuesta de celos es exagerada, prolongada en el tiempo y cursa con gran malestar y deterioro en las relaciones familiares. Es, en estos casos, cuando la ayuda profesional es imprescindible.
Como se ha dicho, en todos los episodios de celos hay una experiencia subjetiva de malestar emocional y frustración independientemente de los hechos que la provoquen y perpetúen. Estas causas pueden, a su vez, ser reales y obedecer a hechos objetivos, o irreales (imaginadas o inventadas) en cuyo caso podríamos estar ante un trastorno clínico.
Normalmente, la respuesta del niño o persona que padece los celos, cursa con envidia y resentimiento hacia la persona intrusa que se percibe como un rival para compartir el mismo espacio afectivo.
Los celos son normales dentro del curso evolutivo del niño y a edades tempranas tras el nacimiento de un hermanito (a partir de 2 años hasta los 4 o 5 aproximadamente). La
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etapa más sensible es cuando la llegada del hermano se produce durante la fase de apego.
En algunas ocasiones, cuando estos celos son persistentes en el tiempo, frecuentes, de cierta intensidad y cursan con malestar significativo en la relación familiar es cuando podemos encontrarnos con los celos patológicos que sí pueden asociarse a ciertos factores internos del propio niño, entre otras causas.
Los estilos educativos de los padres, así como el clima familiar son también factores importantes a tener en cuenta. En aquellos hogares donde los padres adoptan un estilo abierto, comunicativo, de igualdad de trato (dentro de cada edad), de afecto compartido, sin establecer comparaciones entre hermanos y sabiendo destacar lo mejor de cada uno, es donde se pueden minimizar los riesgos de celos.
Cuando la atención hacia los hijos es asimétrica puede potenciarse la aparición de los celos. Sucede que hay niños más extrovertidos, alegres o con mejores recursos sociales que suelen acaparar la atención con mayor facilidad que alguno de sus hermanos. Es normal, en estas situaciones, que estos niños reciban de forma natural mayor atención de las otras personas.
Algunos estudios avalan la hipótesis de que cuando existe una buena relación afectiva padre-hijo antes del nacimiento del hermano se minimiza el riesgo de conflicto posterior con la madre por motivos de los celos.
Los niños que en su primera infancia han sufrido carencias afectivas (malos tratos, agresiones, abandono, etc.) pueden desarrollar posteriormente, aunque el ambiente se haya “normalizado” una sensibilidad especial hacia la necesidad continua de atención y, por tanto, poca tolerancia a compartir su espacio con otros y, por tanto, a desarrollar conductas celosas de diferente índole.
En general, podemos afirmar que tanto un ambiente afectivo excesivo o mal entendido (tolerarle todo, ceder a sus demandas, hacerle creer que es el centro del universo, etc.) como lo opuesto (escasa afectividad, mal trato, poca interacción, abandono, etc.), pueden provocar desajustes que cursen con episodios de celos entre otras manifestaciones conductuales.
Los celos infantiles son un sentimiento natural que surge en el niño cuando se siente desplazado.
Consisten en sentir odio y rechazo hacia personas a las que se quiere mucho. El hecho de que sea un sentimiento contradictorio es lo que más dificulta su manejo.
¿Qué hacer ante los celos de nuestro hijo?
En primer lugar, intentar entender qué es lo que los provoca.
Hay momentos muy claros y evidentes como ocurre ante el nacimiento de un hermano. En otros, los celos son una reacción comprensible pero poco esperable.
Y, sin duda, cuando aparecen los celos, hay algún elemento que los desencadena. La mayoría de los padres sabemos qué pone celosos a nuestros hijos. Simplemente el hecho de comprenderlo, cambia nuestra actitud ante sus muestras de celos.
Hasta cierto punto, podremos ponernos en su lugar y entender que los celos no son más que una manifestación ante algo que les hace sentirse indefensos y vulnerables.
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Dejar que el niño exprese lo que siente, de una forma adecuada, que no resulte dañina para él ni para otros.
Cuando veamos que manifiesta celos, podemos acercarnos a nuestro hijo y decirle que entendemos cómo se siente, pero que no puede golpear a otros o a sí mismo.
Si de verdad se siente tan mal, le recomendaremos que busque otras formas de expresarlo. Por ejemplo, pidiéndonos cariño o contacto a nosotros, utilizando juguetes u objetos inofensivos que le ayuden a descargar su ansiedad: cojines, pelotas o realizando conductas que le permitan relajarse: dar volteretas o correr en lugares adecuados para ello.
Estar pendientes de posibles situaciones que disparen el comportamiento celoso.
De manera preventiva, podemos estar alerta ante posibles momentos de aparición de los celos.
En estos casos, si sabemos que la situación va a desencadenar los celos del niño podemos prevenirla hablando con él, preparándole para afrontar lo que viene o buscando compensaciones. "Pasaremos un ratito juntos, más tarde u otro día".
Resumiendo:
Es importante evitar realizar compensaciones de tipo material ya que lo que los niños echan de menos en estas ocasiones es nuestra compañía y atención, no el hecho de tener un juguete o un regalo.
Preguntas de autocontrol ¿Qué son los celos?
¿Lo ha sufrido alguno de sus hijos? ¿Qué ha hecho para ayudarlos?
• La permisividad
Optar por un estilo de crianza siendo padres permisivos puede ser un arma de doble filo porque lo que los niños entienden es que sus padres no tienen autoridad sobre ellos y que pueden hacer siempre lo que les venga en gana, pudiendo caer en el riesgo de que los niños se vuelvan en pequeños tiranos que son el centro del mundo y que sus padres deben ser sus siervos.
Las consecuencias de ser padres permisivos en la educación de los niños es la misma que si se optara por un estilo de crianza autoritario o demasiado exigente… los niños se convierten en tiranos. En el caso de los padres permisivos se vuelven tiranos porque