1. La pragmática: un mosaico multidisciplinar
1.5. La pragmática cognitiva
La psicología cognitiva ha ayudado mucho a la pragmática en su intento de desentrañar las claves que subyacen en la comprensión y en la producción de los enunciados por parte de los hablantes tanto en su interacción conversacional coti- diana como en la recepción o producción de textos escritos. Durante los años en que dominaba la perspectiva generati- vista del lenguaje, el fi n último de la dicotomía competencia/ actuación era una descripción de los mecanismos cognitivos de la mente humana como modelo de creación lingüística. Sin embargo, como se evitaban los aspectos de la aplicación
cognitiva a la práctica cotidiana de los hablantes, el modelo generativista entró pronto en una dimensión teórica de difícil salida conceptual.
En los últimos años de investigación pragmática, superado este mentalismo generativista, la aplicación de la psicología cognitiva al estudio del lenguaje se ha orientado, entre otras posibilidades, a aquellos aspectos de la interacción huma- na que más pueden redundar en un mejor conocimiento del funcionamiento de la mente humana en la producción y com- prensión de los mensajes, es decir, se ha incidido sobrema- nera en una perspectiva epistemológica, como mencionába- mos con anterioridad. Este hecho contrasta con los primeros años de investigación pragmática, en los que aspectos como la comprensión, almacenamiento de la información, produc- ción, etc. tenían un carácter más marginal (van Dijk 1981: 209).
Por lo tanto, en la actualidad se hace más hincapié en la función que el lenguaje desempeña en la comunicación, que en la importancia del conocimiento lingüístico per se. Sin em- bargo, este énfasis en la función no se contradice con la bús- queda de explicaciones sobre la mente humana. En palabras de Nuyts (1987: 727-728), “la preocupación por la función comunicativa de la conducta lingüística de los individuos en
situaciones sociales no se opone en absoluto a la preocu- pación por el mundo mental (cognitivo, psicológico) de estos individuos; por el contrario, cualquier afi rmación respecto a la función comunicativa y el papel social del lenguaje es una afi rmación sobre la naturaleza de los sistemas mentales del lenguaje, y redundará en una imagen de estos sistemas que difi ere radicalmente de la de Chomsky.” Como veremos en los próximos capítulos, una de las funciones que el emisor del discurso otorga al lenguaje es la de dar forma a una intencionalidad concreta, y la relevancia de dicha intencio- nalidad ha de ser evaluada por el destinatario del mensaje. Sólo cuando éste último identifi que la intención del hablante, podremos afi rmar que ha habido comunicación.
Queremos destacar, además, que una de las aplicaciones más fructíferas de la psicología cognitiva al estudio del funcionamiento de la mente humana ha sido el análisis de los esquemas mentales que los hablantes aplican a cada situación nueva a la que se enfrentan. Nos referimos, en concreto, a la propuesta de algunos analistas de que existen modelos arquetípicos de interacción, que el hablante aplica, llegado el caso, a toda situación que sea parecida: MARCOS (frames (nota 15)), ESCENAS (scenes), GUIONES (scripts),
PLANES (plans), y ESCENARIOS (scenarios), según las di- ferentes terminologías de los analistas.
Desde estas propuestas de almacenamiento de la informa- ción, se intuye que el hablante atesora en su experiencia una serie de expectativas sobre la situación de habla. En ellas, los marcos catalogan objetos contiguos en una situación (por ejemplo, el traje de chaqueta y el maletín nos llevan a la idea de un hombre de negocios). El guión (nota 16), por otro lado, reúne secuencias estandarizadas de acontecimientos (ir a la peluquería, hace un examen, ir al supermercado...). Tanto el hablante como el oyente pueden recurrir a estas secuencias rutinarias de comportamiento para reducir el esfuerzo en el procesamiento de la información. Desde este punto de vista, se comprende el nerviosismo de aquellas personas que se enfrentan, por primera vez, a una situación nueva como, por ejemplo, la primera entrevista de trabajo.
Por supuesto, la activación de estas secuencias cognitivas no asegura que exista una correlación exacta entre la situa- ción real en la que se encuentra el hablante y aquellas alma- cenadas en la experiencia. Por eso Werth (1984: 44) propone hablar de situaciones posibles, que el hablante ha de poner a prueba en un marco conversacional concreto. Para ello, el hablante dispone de una información que le permite reducir
rápidamente todas las posibilidades que convergen en una situación dada: el ámbito común (common ground). Este ámbito comprende las proposiciones que se han dicho con anterioridad y que los participantes han aceptado, además del conocimiento anterior (background knowledge).(nota 17)
Toda esta información lleva a la creación de una serie de presuposiciones sobre el intercambio conversacional y los participantes.
Como veremos en el capítulo tercero, toda la teoría de la re-
levancia de Sperber y Wilson (1986a) se asienta sobre esta
información que está a disposición del hablante durante la interacción. Por ejemplo, en un estudio preliminar, Wilson y Sperber (1981) defi nen la relevancia como “la relación entre la proposición expresada en el enunciado, por un lado, y el grupo de proposiciones que hay en la memoria del oyente, por otro.” Por lo tanto, hemos de separar el plano literal del mensaje de la intención comunicativa que éste encierra, de tal forma que podamos comprender la efectividad de un enunciado en la interacción comunicativa. A menudo, los sig- nifi cados intencionales no se refl ejan de modo directo en las palabras, sino que exigen del interlocutor una serie de infe- rencias que le llevan al signifi cado real del enunciado.
Creemos, para terminar, que de esta teoría cognitiva podemos extraer una imagen más completa de la interacción humana por medio del lenguaje, en la que los usuarios despliegan todo un universo de creencias, conocimientos compartidos, premisas para las inferencias, etc. que desembocan, en la mayoría de los casos, en la comprensión correcta del enun- ciado. Se ven superados, además, algunos dilemas de los estudios mentalistas anteriores. Concretamente, Sperber y Wilson, centrándose sobre todo en la interpretación de enun- ciados orales, intentan dar respuesta a incógnitas sobre el funcionamiento de los sistemas centrales de procesamiento de la información planteadas ya en estudios anteriores como los de Fodor, sobre todo en la aparente imposibilidad de ac- ceder a dicho funcionamiento, esto es, en la impenetrabilidad de la mente humana (cf. Carston 1988a: 57ss).
En el próximo capítulo estudiaremos brevemente los pos- tulados de Grice en torno a su principio de cooperación, ya que éste fue el punto de partida de Sperber y Wilson para elaborar su teoría cognitiva (la propuesta inicial de estos au- tores parte de una de las máximas de Grice, la de relevancia, dentro de la cual quedarían integradas las restantes máximas que propuso Grice). Con posterioridad, en el capítulo tercero avanzaremos en las ideas sobre la interpretación y la coope-
ración conversacional, pero en esta ocasión realizaremos un giro hacia la vertiente cognitiva del estudio de la interacción conversacional, concretamente hacia la ya mencionada teo-