B. Hacia "Albania"
V. PRECISIONES DEL VATICANO
No existen otros documentos escritos que no sean las sagas para probar la presencia de europeos en América, unos siglos antes de Cristóbal Colón. El Vaticano no puede desinteresarse de los cristianos dispersos en el mundo y parece que sus archivos podrían ser de gran ayuda para colmar algunas lagunas de la historia clásica. Sin embargo, dichos documentos no resultan muy ricos con respecto a lo que podríamos llamar la cristiandad celta primitiva. Lo cual no significa en absoluto que ésta no haya existido. Pero el papado no se impuso en sólo algunos decenios. El obispo de Roma no era más que el obispo de San Pedro, del fundador de la Iglesia de Roma y por medio del poder político de Roma trató de ligar lo espiritual y lo temporal para que la autoridad política y religiosa fuera patrimonio de Roma. La obediencia a aquel que se proclamaba el primer obispo de la cristiandad no fue rápidamente adquirida. Aún a fines del siglo VI el término "papa" no se aplicaba al "obispo de San Pedro" —ver, por ejemplo, Histoire des Francs, de Gregorio de Tours.
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Más tarde, al afirmarse el papado con una jerarquía, la comunidad católica celta permanecía separada de Roma. Esto es importante y es conveniente no olvidar las razones por las cuales la iglesia romana ha querido ignorar la organización católica celta que se había desarrollado fuera del dominio de Roma, luego fuera del dominio de los francos, sucesores de los romanos, aliados de la Iglesia. Los bretones sólo han de inclinarse más tarde, en el último año del siglo XII. Hasta ese momento Roma nada ha de decir sobre una organización que se le escapa. Esta es probablemente una de las razones por las cuales no se encuentran en el Vaticano más que algunos documentos relativos a aquel cuerpo extraño y rebelde.
Sin embargo, quizás algunos se han de encontrar, al menos a partir del siglo IX pues no es seguro que haya sido desentrañado todo lo concerniente a ese período. En todo caso, ocurre de otro modo en lo que respecta a los cristianos de Groenlandia, los cuales, por su parte, se habían convertido más tarde en los albores del siglo XI, cuando la Iglesia de Roma ya había adquirido supremacía en la cristiandad y no era más discutida.
La colonia groenlandesa se había desarrollado y, hacia fines del siglo XI, se estima que allí se encontraban alrededor de 2.000 cristianos. Tal grupo de fieles no podía ser ignorado en el plano espiritual y temporal, y Roma, desde comienzos del siglo XII, decidió enviar un obispo. El primer enviado del papa fue en realidad "un encargado de misión", un "legado pontificio", designado en 1112. Se ha encontrado en los archivos el nombre de 17 obispos de Groenlandia. Poco se sabe sobre ellos y es probable que haya aún algunos descubrimientos para hacer en los archivos del Vaticano. 1112 es una fecha aproximada: la saga de Einar Sokkason manifiesta que Arnaid fue el primer sacerdote que residió en Groenlandia. Llegó en 1126 y se instaló en Gardar (actual Igaliko) hacia 1131. Graves dificultades habían surgido entre pescadores noruegos y groenlandeses; fue solicitado el arbitraje del papa. Ya en 1124 se habría tomado la decisión de crear una diócesis en Groenlandia, pero había pocos voluntarios para ir allá. En 1129 hubo una petición de los groenlandeses dirigida al rey de Noruega para que la creación de la diócesis fuese hecha realidad. Todas estas fechas son próximas pero cabalgan unas sobre otras, mostrando de este modo las prórrogas del legado pontificio, no muy apresurado para hacerse cargo de sus funciones, ni para instalarse. Un documento del Vaticano — cuya autenticidad no ha sido establecida con certeza— dice que el primer sacerdote fue Erik Gnupson, quien se hubo ordenado en 1112 o 1113.
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Habiendo sido enviado en misión a Groenlandia, murió en 1122 cuando, según ese texto del siglo XIII (poco claro en realidad), se dirigía en búsqueda de Vinlanda. En cuanto a Arnaid, consagrado en 1124, en 1126 habría llegado a Groenlandia. Había sido propuesto por el rey de Noruega, Sigur Jorsalfer, al papa Calixtus II, papa desde 1119. Como puede apreciarse, los comienzos del episcopado en Groenlandia siguen siendo algo imprecisos, pero diversos datos convergen para establecer que Roma está representada en aquel lugar a partir del tercer decenio del siglo XII. Nada hemos encontrado sobre la vida de los obispos que se sucedieron a lo largo del siglo XII. El 13 de febrero de 1206, el papa Inocencio III, al proceder al nombramiento de un nuevo arzobispo en Nidaros, Noruega, le ordenó extender su autoridad hasta las islas del océano Caledoniano: Faer Oer, Islandia, Groenlandia. Pero dicha organización se revela más formal que real debido a ciertas dificultades prácticas. Groenlandia paga muy irregularmente sus tributos. Debido a los imperativos del mar y a la corta duración de los períodos anuales de vientos generalmente favorables, se zarpa sólo entre límites de fechas precisas y muy próximas. Ni siquiera hay seguridad de poder hacer un viaje de ida y vuelta en un mismo año, pues es el verano época favorable para partir de Noruega y la primavera para volver de Groenlandia. Pero un arzobispo debe ir a ver a sus sacerdotes para recibir el diezmo en el propio lugar y con sus propias manos: esa es la regla. Ahora bien, el arzobispo no puede ir a Groenlandia todos los años arriesgando, quizás, permanecer allí bloqueado durante todo un invierno. Sin embargo el obispado de Gardar no es desdeñable. La población ha aumentado alcanzando la cifra de alrededor de 7.000 almas en el siglo XIII. La catedral —cuyas ruinas han sido encontradas— es imponente con sus 80 metros de largo por 14 de ancho; más bien parece haberse tratado de una serie de construcciones.
¿Qué ha ocurrido exactamente durante 60 años? No hemos encontrado ningún indicio sobre ello pues el siguiente escrito parecería ser una carta del 4 de diciembre de 1276 por medio de la cual el papa Juan XXI otorga al arzobispo de Nidaros el poder de faltar a la regla y de designar nominalmente a uno de sus colaboradores para ir a percibir dicho diezmo. Una carta del papa Nicolás III, del 31 de enero de 1279, menciona las dificultades encontradas para ir a Gardar a percibir ese diezmo pues el comercio con Noruega se ha tornado escaso y no es seguro que todos los
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años se pueda encontrar una embarcación para ir a Groenlandia, lo cual muestra cuánto se ha reducido dicho comercio.
Sin embargo, luego de ochenta años de insistencia del Vaticano, el ingreso del diezmo comienza a mejorar, ¿pero qué hacer con él? El papa Martín IV, en una carta del 4 de marzo de 1282, hace notar los inconvenientes surgidos del pago de dicho diezmo en especie, pues en Groenlandia no existe el dinero y sólo existe el trueque. ¿Qué hacer con todas aquellas pieles de foca, con todos esos dientes de ballena? ¿Quizá se podría negociar el marfil de los dientes de morsa? Se exportaban también "amarras" para los marinos de Europa, hechas con tiras de cuero de ballena y de foca formando cordones, así como dientes de narvales.
Se aproxima el fin del siglo XIII y puede apreciarse que Groenlandia es seguida de cerca por Roma. Y ahora, ¡las cuentas están en orden! Hubo un año durante el cual los groenlandeses han entregado 2.600 libras de dientes de morsa al papa en concepto de tributos. En 1329, el diezmo que cada cristiano debía (medio de censo. . .) ha sido entregado a Juan XXII por 6.912 personas agrupadas en 16 parroquias que administraban a alrededor de 300 poblaciones. Había 12 parroquias en la región sur, 4 en la región norte, de las cuales 9 y 3 respectivamente fueron descubiertas en 1930; sin embargo, se piensa que es probable que hubiera una parroquia más aún no encontrada.
Luego fue 1342: luego nada más. ¿Qué ocurrió? ¿Un cisma? ¿La Iglesia de Groenlandia se rebeló contra el papado? Los reyes son responsables a nivel temporal, por lo tanto constituyen la garantía de la entrega del diezmo a la Iglesia. El papa Clemente VI se vuelve pues hacia el rey de Escandinavia el cual, en esa época, reina en Noruega y en Suecia que él ha conquistado. Pero está tan lejos Groenlandia. Es necesario esperar la primavera y también una embarcación que quiera partir hacia allá, cosa que no ocurre todos los años. ¿Oponerle al papa la fuerza de la inercia? ; ¿dejar pasar las raras ocasiones de una partida por una misión que podría oponer el enviado del arzobispo y del rey al obispo de Groenlandia? Quizás es tentador, pero hay que resignarse. El Vaticano insiste y es necesario decidirse a construir una embarcación especial, a designar una misión constituida, además de un cortejo, por un enviado del rey y el delegado del arzobispo a fin de recordar sus deberes cívicos y religiosos a los recalcitrantes.
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Ha sido encontrado el informe dirigido al arzobispo y redactado por el sacerdote Ivar Bardasson, su enviado en misión. La misión sólo ha recorrido una parte de Groenlandia. Ha visto las casas y los establos intactos, pero ninguna señal de los habitantes que, supuestamente, habrían abandonado el lugar, o que, habiéndose mestizado, se habrían unido a los esquimales. Desalentada por aquel espectáculo y hasta sumamente perturbada, la misión no insiste y retorna a Noruega. Ese negativo informe de Ivar era embarazoso para el rey quien dudó en transmitirlo al papa que seguía siendo Clemente VI. Difirió aquél su envío. La peste negra, que causó estragos en Noruega entre 1349 y 1350, fue otra causa del retraso.
Hacía doce años que el Vaticano se encontraba sin novedades sobre Groenlandia. No le parecía serio, a él que asegura la perennidad temporal a través de la sucesión a veces rápida de los papas, oír decir que 7.000 fieles habían desaparecido bruscamente. Ante la amenazadora insistencia del papa, el rey Magnus Erikson tuvo que resignarse a enviar una nueva expedición, aún más importante. Designó a Paúl Knutson como jefe a fines de 1354 y se conserva la carta del rey que otorga poderes e instrucciones a Paúl Knutson. En 1355 Inocencio VI fue advertido sobre los preparativos de la expedición. Esta dejó Noruega, en Bergen, a bordo del navio La Grincante (algunas versiones dan para el rey el nombre invertido de Erik Magnuson; la misión habría partido en 1354, su 36° año de reinado). Se da a Knutson como administrador de los bienes de la corona, miembro del Consejo Real y Gran Juez; era el hombre de confianza del rey. Existe incertidumbre y contradicciones sobre la duración de la travesía, y sobre todo sobre la duración de las etapas sucesivas después de la llegada a Groenlandia.
La expedición no pudo más que constatar la exactitud del informe de la misión precedente, pero sus miembros no podían volver con las manos vacías. Estos se dijeron que, con la desaparición de toda la población, aquella misión debería haberse dirigido hacia una región más benigna, pues, desde hacía ya varias décadas, el clima se enfriaba allá considerablemente.
Sabido era, tanto más cuanto que en aquella época habían sido escritas las sagas, que al oeste se encontraba el continente, y Markiand, región de bosques en donde, a falta de campos y de zonas de pastoreo, la vida era demasiado difícil. Estaba también, y especialmente, Vinlanda, de la cual se
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conocían los recursos, la topografía de las costas e incluso, a grosso modo, el interior del territorio. Fue por ello que, sin dudarlo, la misión abandonó Groenlandia y desembarcó en Vinlanda (¿en los alrededores de Bostón? ). En vano, tampoco allí había blancos.
Se conoce el nordeste del continente americano gracias a relatos difundidos por los groenlandeses en Irlanda y Noruega. Se efectuaban viajes a Markiand a buscar la madera de la cual Groenlandia carecía. Sabido era también que partiendo desde Groenlandia hacia el oeste, atravesando el estrecho de Hudson en verano, se encontraba, hacia el noroeste, un paso hacia una amplia bahía que más tarde seria la bahía de Hudson y que por allí se podía llegar hasta los grandes lagos.
Las tradiciones habían proporcionado datos sobre aquellas excursiones que sólo eran salidas de caza, pesca, o para buscar madera, pero sin implantación alguna. Los groenlandeses temían a los indígenas y no se sentían seguros. Las incursiones en la bahía de Hudson sólo son conocidas por esta expedición noruega del siglo XIV y ellas muestran que la región ha sido antes recorrida y detallada geográficamente ya que la misión se dirige con seguridad hacia regiones ya descriptas. Otra prueba del paso de la misión por dicha región residiría en el hecho de haber sido encontradas en Canadá —en el Ontario, cerca de Beardsmore, a 12 km del lago Nipigón, situado a 100 km al norte del lago Superior—, enterradas, una espada, un hacha y partes de un escudo. El armamento sería de un vikingo pues correspondería al "estilo" de las armas en uso en las proximidades del año 1000 (? ). ¿Combate, o muerte accidental, o natural, durante una incursión? ¿O error de fechado, tratándose en ese caso de las armas de un miembro de la expedición del siglo XIV cuando ésta pasó por ese lugar? Habrían sido encontrados además fragmentos de objetos: trozos de espadas, herramientas varias, cuchillos y un anillo, esparcidos en Minnesota, Massachusetts, Nueva Escocia, Terranova e incluso en Saskatchewan, atribuidos a los vikingos (? ).
La región de los grandes lagos era considerada importante. La misión salió de Vinlanda a comienzos del verano de 1362, pero se desconoce cuándo llegó pues hay un "hueco" de 7 años entre la decisión de la partida de Noruega y la partida de Vinlanda. Como la vía acuática es más fácil que la vía terrestre y como, además, se sabía que por el San Lorenzo no se podía pasar más allá del lago Ontario (indicado en aquel entonces por los mapas
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como fuente del río) fue elegido el barco para abandonar Vinlanda, rodear el Labrador y llegar hasta el fondo, al sudeste, de la bahía de Hudson. Existe sin embargo incertidumbre en cuanto a la geografía de esta región en el momento de ese viaje. En efecto, es probable que en aquella época se ubicara un movimiento tectónico que hizo oscilar a los grandes lagos, movimiento que hizo de Terranova una isla y que remo délo la parte oeste de Islandia. La fecha, según un texto del obispo de Islandia, sería 1340, pero no se puede afirmar que se haya producido exactamente en esa fecha en la parte oriental del continente norteamericano; es quizás un poco posterior a 1340 pues no ha debido ser súbita sino que ha debido repercutir durante algunas décadas. Es muy probable que en 1362, época del viaje de la misión, los grandes lagos se volcaran siempre hacia el norte, hacia la bahía de Hudson; su trazado no correspondía al de los grandes lagos actuales; había una inmensa zona de agua dulce. El movimiento oscilatorio creó el nacimiento de las caídas del Niágara, la formación de los grandes lagos en su forma actual, pero no había ninguna comunicación entre el San Lorenzo y los grandes lagos, únicamente el lago Ontario que se volcaba en el río del cual era origen, según los mapas conocidos. No había pues, para la misión, ninguna posibilidad de ir por vía acuática hacia el norte y es por ello que se decidió bordear el norte de Canadá hasta la bahía de Hudson.
Al parecer la misión llegó hasta el fondo de la bahía de Hudson e instaló su campamento cerca de dos islotes de la ribera sudoeste, cerca de la desembocadura del río Nelson. Un grupo salió de pesca dejando el campamento al cuidado de 10 hombres. Al volver al anochecer comprobaron que todos aquellos hombres habían sido masacrados. Fue necesario reforzar la guardia y mantenerse en el mar, lejos de la costa, para evitar las sorpresas. Veinte hombres permanecieron a bordo. Treinta partieron con las canoas de a bordo (8 suecos y 22 noruegos), remontaron el río Nelson, atravesaron el lago Winnipeg, luego continuaron hacia el sur por el río Rojo. Se encontraban entonces "a 14 días de marcha" de su barco. Se encontraban al noroeste de los grandes lagos y parecen haberse detenido hacia el curso superior del Misisipi actual.
No se atrevieron a ir más lejos. Pues, en esas inmensas praderas llanas, ¿qué dirección elegir? Ninguna razón para ir más en un sentido que en otro. Absolutamente ninguna huella de blancos y ¿por qué, por otra parte, aquellos a quienes buscaban se habrían ido tan lejos?
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La misión decidió volver. Pero en su último campamento, en la isla en donde pasaban sus noches, quisieron dejar un indicio de su paso por allí; en una piedra, una de cuyas caras era bastante plana y que medía 0,75 x 0,40 m, la cual formaba parte de un conjunto de rocas, fue grabada una inscripción en caracteres rúnicos escandinavos (rúnico = misterioso; los caracteres rúnicos son pues caracteres mágicos conocidos sólo por algunos iniciados; ello según la etimología; a menudo se identifica rúnico y escandinavo y un gran número de diccionarios son responsables de ello pues hay caracteres rúnicos de varios países). El grabado sobre esta piedra correspondería al año 1362 (? ). Sin embargo la autenticidad de dicha inscripción es puesta en duda —así como la inscripción encontrada en Dighton Rock; pero la piedra de Kensington —Minnesota— ahora transferida al Museo Nacional de Washington, contendría una inscripción que habría sido autentificada el 11 de marzo de 1948 por los arqueólogos del Smithsonian Instituto.
No contamos con ningún argumento como para desempatar las críticas. Sea lo que fuere, la misión se alejó de América del Norte en 1362, volvió a Noruega, informó al rey y al papa Urbano V.
Todo converge para constatar que América del Norte, a partir del sur de New York, de los alrededores de Filadelfia, de Baltimore y de Washington hasta los grandes lagos y la bahía de Hudson parece ser bien conocida por los escandinavos, así como por la corte de Noruega y del Vaticano, establecida, esta última primeramente en Aviñón y luego en Roma. Se viaja hacia esos lugares con seguridad; se sabe dónde se encuentran las montañas, dónde están los cursos de agua que se comunican entre sí. Informes escritos y detallados, probablemente hasta el Mississipí superior, existen desde 130 años antes del viaje de Cristóbal Colón, aun cuando las localizaciones exactas en relación con los lugares actuales permanezcan sujetas a discusión. Algunos autores han puesto en duda la autenticidad de los documentos relativos a esta exploración y piensan que ellos han sido establecidos en el siglo XVII fpero, ¿según qué? ). Así como es puesta en duda la autenticidad de una bula de 1448 del papa Nicolás V dirigida a los obispos de Islandia (siempre es fácil negar, poner en duda, más difícil es autentificar siglos más tarde). En dicha bula se trata de líinsule Grenolandie que in ultimus finibus oceani ad septentrionalem plagam Regni Norwegie dicitur situata". Contrariamente a la opinión de los negadores sistemáticos, parece que esta bula hubiera sido establecida según el relato de Bjorn el Rico quien se dirigió de Islandia a Groenlandia
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en 1446 y pasó allí el invierno siguiente. Es éste un elemento más para mostrar que aún en la primera mitad del siglo XV proseguían las travesías hasta Groenlandia y nosotros hemos de ver que hasta se llegaba más lejos,