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“Sobre la preparación de Diana más blanca que la nieve”

In document El Cosmopolita - Nueva Luz Quimica (página 116-121)

Los filósofos no han llamado sin razón a nuestra sal “el lugar de la sabiduría”, porque está completamente llena de raras virtudes y de maravillas divinas. De ella es principalmente de donde se pueden extraer todos los colores del mundo. Es blanca, de una blancura de nieve en su exterior, pero interiormente contiene una rojez como la de la sangre. Incluso está llena de un sabor dulcísimo, de una vida vivificante y de una tintura celeste, aunque estas cosas no se encuentren entre las propiedades de la sal, que no da más que una acrimonia y no es más que el lazo de su coagulación. Pero su calor interior es puro, un puro fuego esencial, la luz de la naturaleza y un aceite muy bello y transparente con una dulzura tan grande que ningún azúcar ni miel puede igualarlo, cuando está completamente separado y despojado de sus otras propiedades.

En cuanto al espíritu invisible que permanece en nuestra sal, a causa de la fuerza de su penetración es semejante al rayo, que golpea fuertemente y que nada puede resistir. De todas estas partes de la sal unidas entre sí y fijadas en un ser resistente contra el fuego, resulta una tintura tan poderosa que penetra todos los cuerpos en un abrir y cerrar de ojos, a la manera de un rayo muy vehemente, y arroja incontinente todo lo que es contrario a la vida. Y es así que los metales imperfectos son teñidos o trasmutados en el sol; porque desde el comienzo son oro en potencia, habiendo extraído su origen de la única esencia del sol. Pero por la ira y la maldición de Dios, han sido comprimidos por siete clases diferentes de lepra y de enfermedades. Si no hubiesen sido oro anteriormente, nuestra tintura jamás habría podido reducirlos a él; de la misma manera que el hombre no se convierte en oro ni aunque trague una pulgarada de nuestra tintura, que tiene el poder de arrojar del cuerpo humano todas las enfermedades.

También se ve por la exacta anatomía de los metales que en su interior participan del oro, y que su exterior está rodeado de muerte y maldición. Porque primeramente se observa que estos metales contienen una materia corruptible, dura y grosera o tierra maldita; es decir, una sustancia grasa, pétrea, impura y terrestre que traen desde la mina. En segundo lugar un agua pestilente y capaz de dar la muerte. En tercer lugar una tierra mortificada que se encuentra en dicha agua pestilente; y en fin, una cualidad venenosa, mortal y furibunda. Pero cuando los metales se liberan de todas estas impurezas malditas y. de su heterogeneidad, entonces se encuentra en ellos la noble esencia del oro, es decir, nuestra sal bendita tan alabada por los filósofos, que nos hablan de ella tan a menudo y nos la recomiendan en estos términos:

“Extraed la sal de los metales sin ninguna corrosión ni violencia, y esta sal os producirá la piedra blanca y la roja. Todo el secreto consiste en la sal, de la cual se hace nuestro perfecto Elixir.”

Ahora se comprenderá cuán difícil es encontrar un medio para hacer y obtener esta sal; puesto que hasta hoy, esta ciencia no ha sido desvelada completamente a todos, y que en el presente apenas se encuentra uno entre mil que sepa qué opinión se debe de tener respecto al decir sorprendente de los filósofos acerca de esta única y misma materia, que no es más que el oro verdadero y natural, aunque sin embargo muy vil y arrojado a los caminos, en los que se puede encontrar. Es de gran precio de un valor inestimable, y sin embargo no es más que estiércol; es un fuego que quema más fuertemente que ningún otro fuego y sin embargo es frío; es un agua que lava muy limpiamente y sin embargo es seca; es un martillo de acero que golpea hasta sobre los átomos impalpables y sin embargo es como agua blanda; es una llama que lo convierte todo en cenizas y sin embargo es húmeda; es una nieve que es completamente nieve y sin embargo se puede cocer y espesarse por completo; es un pájaro que vuela sobre la cumbre de las montañas y sin embargo es un pez; es una virgen que no ha sido tocada y que sin embargo da a luz y abunda en leche; son los rayos del sol y de la luna y el fuego del azufre y sin embargo florece cuando se le quema y da abundancia de frutos; es una madre que da a luz, y sin embargo no es más que un hombre; e igualmente por el contrario es un macho y no obstante hace las veces de mujer; es un metal muy pesado y sin embargo es pluma o como el alumbre de pluma; es también una pluma que lleva el viento y sin embargo más pesada que los metales; es también un veneno más mortal que el mismo basilisco y sin embargo cura todo tipo de enfermedad, etc.

Todas estas contradicciones y otras semejantes, que sin embargo son los nombres mismos de nuestra Piedra, ciegan de tal manera a los que ignoran cómo puede entenderse todo esto, que hay una infinidad que niegan absolutamente que esta cosa exista, aunque por otra parte crean tener el espíritu mejor dotado del mundo. Ellos apelan más bien a un único Aristóteles que a un número infinito de autores famosos, que desde hace varios siglos han confirmado todas estas cosas, tanto por las pruebas que han hecho como por los escritos que nos han dejado, jurando que cuanto nos dicen es la verdad y que de ser de otra manera tendrían que dar cuentas en el gran día del Juicio. Pero todo esto no sirve de nada, puesto que aquellos que poseen la Ciencia, son siempre despreciados. Sin embargo ello no se hace sin un justo juicio de Dios, que cuanto más pone este don precioso en algún vaso, tanto más permite que se le considere como una locura, a fin de que aquellos que son indignos de él, lo desprecien y lo arrojen para su propia pérdida y para su propio daño. Pero los hijos de la ciencia guardan con temor este depósito secreto de la Providencia, considerando que las parábolas, tanto de las sagradas escrituras como las de todos los sabios, significan algo muy distinto de lo que ofrece el sentido literal. Por ello, siguiendo la recomendación del salmista, meditan día y noche sobre su materia y buscan esta preciosa Piedra con cuidado y con trabajo, hasta que la encuentran gracias a

sus oraciones y sus labores. Si Dios (como es indudable), no da a conocer esta admirable Piedra a los hombres de mala voluntad, a causa de que es un pequeño dibujo de la santa y celeste piedra angular (aunque no sea más que terrestre), ¿qué opinión deberíamos tener nosotros acerca de esta auténtica e inestimable piedra que todos los ángeles y arcángeles adoran? Que no haya ningún hombre que piense adquirirla sin trabajo, después que habiendo sido regenerado, haga profesión de la fe, que la publique de palabra, que no conciba ninguna duda ni la refute, para que pueda entrar por la puerta estrecha del paraíso con todos los santos personajes del antiguo y nuevo Testamento.

En cuanto a nosotros, sabemos muy ciertamente que toda la teología y la filosofía son vanas sin este aceite incombustible. Porque lo mismo que los cinco metales imperfectos mueren en el examen del fuego si no son teñidos y llevados a la perfección por medio de este aceite incombustible (que los filósofos llaman su Piedra), igualmente las cinco vírgenes locas, que no tenían el verdadero aceite en sus lámparas a la llegada de su rey y esposo, morirán indudablemente. “Porque el rey (como se ve en S. Mateo, caps. 25.41.42.43) apartará a su izquierda a los que no tienen aceite de caridad y de misericordia y les dirá: Alejaos de mí, malditos, id al fuego eterno que está preparado para el Diablo y sus ángeles... Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui extranjero y no me alojasteis, estuve desnudo y no me cubristeis, estuve enfermo y prisionero y no me visitasteis”. Por el contrario, todos aquellos que se esfuerzan sin conocer los maravillosos secretos de Dios y piden con gran celo al Padre de las luces que los ilumine, recibirán al fin el Espíritu de la Sabiduría divina, que los lleva a la verdad y los une por su fe viva con el león vencedor de la tribu de Judá, que es el único que desata y abre el libro de la regeneración, sellado por siete sellos en cada uno de los fieles. De manera que en él nace este cordero que fue sacrificado desde el comienzo, que es el señor de señores y que liga al viejo Adam a la cruz de su humildad y su dulzura, reengendrando un nuevo hombre por la semilla del verbo divino.

Igualmente vemos una representación fiel de esta regeneración en la obra de los filósofos, en la que solamente hay este león verde que cierra y abre los siete sellos indisolubles de los siete espíritus metálicos, y que atormenta los cuerpos hasta que los perfecciona enteramente mediante la larga y firme paciencia del artista. Porque aquel se parece también a este cordero por el cual, y no por otros, serán abiertos los siete sellos de la naturaleza. ¡Oh hijo de la luz!, siempre victorioso por la virtud del cordero divino. Todas las cosas creadas por Dios servirán para vuestra dicha temporal y eterna, según la promesa que tenemos de la propia boca de nuestro señor Jesucristo, por la que quiso remarcar estas dieciséis bienaventuranzas, y que reiteró en S. Mateo cap. 5 y Apocalipsis cap. 2 y 21 en estos términos:

Aquel que venza le daré de comer del Árbol de la Vida, que está en el Paraíso de mi Dios.

2- “Bienaventurados los tristes porque serán consolados.”

Aquel que venza no será ofendido por la muerte segunda.

3- “Bienaventurados los bondadosos, porque habitarán la tierra por derecho de herencia.”

Al que venza le daré de comer el maná escondido, y también le daré un guijarro blanco, y en el guijarro un nuevo nombre escrito, que no conoce nadie, excepto el que lo recibe.

4- “Bienaventurados lo que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados.”

Al que haya vencido y guardado mis obras hasta el fin, le daré poder sobre las naciones. El las gobernará con una verga de hierro y serán rotas como vasos de alfarero, como yo mismo he recibido también de mi Padre. Y le daré la Estrella de la Mañana.

5- “Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán la misericordia.”

Aquel que venza será vestido de ropas blancas, y no borraré su nombre del libro de la vida y confesaré su nombre ante mi Padre y ante sus ángeles.

6- “Bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios.”

Aquel que venza lo convertiré en una columna del templo de mi Dios, del que jamás será arrojado. Sobre él escribiré el nombre de mi Dios, el nombre de la ciudad de mi Dios, que es la nueva Jerusalén que desciende del cielo desde mi Dios, y mi nuevo nombre.

7- “Bienaventurados los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios.”

Al que venza lo sentaré conmigo en mi trono; al igual que yo, que habiendo vencido también, estoy sentado con mi Padre en su trono.

8- “Bienaventurados los que son perseguidos por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.”

El vencedor obtendrá todas las cosas por derecho de herencia, yo seré su Dios y él será mi hijo.”

Retomemos pues, hermanos míos, por la gracia de nuestro Dios misericordioso, un espíritu trabajador para luchar en un duro combate; porque aquel que no haya combatido duramente no será coronado, ya que Dios no nos concede sus dones temporales más que a fuerza de sudores y de trabajo, según el testimonio universal de todos los filósofos y de Hermes mismo, que asegura que para adquirir esta bendita Diana y esta luna blanca como la leche, sufrió

numerosos trabajos de espíritu, lo que cada cual puede conjeturar. Porque debido a que nuestra sal es al comienzo terrestre, pesado, rudo, impuro, caótico, pegajoso, viscoso y un cuerpo con la forma de un agua nebulosa, es necesario disolverla, separarla de su impureza, de todos sus accidentes terrestres y acuosos y de su sombra espesa y grosera. Y sobre todo sublimarla extremadamente, a fin de que esta sal cristalina de los metales, exenta de todas las heces, purgada de toda su negrura, de su putrefacción y de su lepra, se vuelva Purísima y soberanamente clarificada, blanca como la nieve, fusible y fluyendo como la cera.

DISCURSO TRADUCIDO DEL VERSO

La sal es la única y verdadera clave; sin la sal nuestro arte no podría subsistir. Y aunque esta sal (os lo advierto) no tenga apariencia de sal al principio,

sin embargo es verdaderamente una sal, que sin duda aparece completamente negra y pestilente en su comienzo pero en la operación y mediante el trabajo,

tendrá la apariencia de sangre coagulada,

después se volverá completamente blanca y clara disolviéndose y fermentándose a sí misma.

Capítulo VI – “Sobre el matrimonio del servidor

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