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PRESCRIPCIONES METAFÓRICAS

In document Terapia Familiar Libro Maurizio Andolfi (página 65-69)

1. LA METÁFORA COMO MODALIDAD COMUNICATIVA

El lenguaje m e t a f ó r i c o2 8 p u e d e constituir un medio para comu-

nicarse con un individuo, una pareja o toda una familia, y también para recibir comunicaciones. Un terapeuta relacional debe habi- tuarse a hablar y a escuchar de un m o d o metafórico.

Ya he descripto el significado metafórico del lenguaje no verbal, a m e n u d o determinante en la comprensión de relaciones, alianzas, distancias emotivas, tendencias al cambio, etcétera. También es- tá claro que el comportamiento sintomático en su esencia misma puede tener significado de comunicación;29 no es infrecuente,

por ejemplo, q u e una variación en la sintomatología presentada p o r el paciente identificado indique al terapeuta la línea terapéuti- ca a seguir.

Querría detenerme ahora sobre la importancia de un enfoque metafórico, es decir, hacer n o t a r cómo el terapeuta puede com- prender o emitir mensajes metafóricos múltiples, p o r el m o d o de escuchar y observar el c o m p o r t a m i e n t o de un grupo, y también por su modalidad de establecer la relación. Cuando oye a alguien que habla del problema, tiene presente que éste está refiriendo he- chos y opiniones al respecto, pero que al mismo tiempo está comu- nicando indirectamente algo que no se puede decir de un modo ex- plícito.

Esto resulta particularmente evidente cuando la madre y el pa-

2 8 El lenguaje metafórico puede definirse como un modo de comunicar respecto de una cosa que se parece a otra distinta.

2 9 Esto resulta particularmente evidente con pacientes psicóticos, en que la metáfora parece ser un canal de comunicación privilegiado.

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dre describen el problema de un hijo. El terapeuta puede oír cómo uno de los padres se refiere al problema del niño en dos niveles: como afirmaciones sobre el hijo, pero también como declaracio- nes concernientes al otro cónyuge y al matrimonio. Si una madre describe a su hijo como terco y obstinado, es verosímil que esté dando también a entender que el marido es terco y obstinado. Si un padre afirma que el hijo amenaza con escaparse de casa, es probable que la mujer esté amenazando con dejarlo. Si ambos progenitores hablan de los desórdenes alimentarios de una hija adolescente que pasa del rechazo total de la comida a una gloto- nería desenfrenada, puede ocurrir que, en otro nivel, estén comu- nicando que en la relación matrimonial no existe ningún orden. También si dos cónyuges subrayan la violencia de un hijo, respec- to del cual abrigan temores de carácter delictivo, es verosímil que en un nivel metafórico estén hablando de su propia relación y de la violencia de sus intercambios interpersonales.

El uso activo de la metáfora por parte del terapeuta se efectúa de varias maneras. Puede hablar con metáforas o activar a la fami- lia siguiendo una modalidad metafórica, en particular con el uso de la prescripción.

Hablar con metáforas es una manera eficaz de recoger informa- ciones, de otro m o d o difícilmente obtenibles, de un grupo que se muestra particularmente rígido o defendido. En algunos casos co- municar con metáforas promueve un cambio, a través de tomas de conciencia, a veces dramáticas. Se puede hablar con metáforas eli- giendo un argumento que se asemeje a la situación-problema, evi- tando en todo caso hacer explícita la conexión.

En una pareja m u y rígida en que existía una problemática se- xual y un auténtico tabú que impedía hablar del asunto, la situa- ción sólo comenzó a desbloquearse cuando el terapeuta preguntó al marido (que había mantenido una actitud pasiva en el curso de las sesiones) si sabía c o c i n a r .3 0 A este se le iluminó el rostro y

comenzó a enumerar su repertorio gastronómico, mientras la mu- jer se mostraba incrédula y curiosa al mismo tiempo. Luego el tera-

30 Haley refiere diversos ejemplos tomados de la práctica clínica de Mil- ton Erickson, en los que la relación sexual de la pareja se enfrenta en el plano de la metáfora, utilizando un contexto alimentario (Haley, 1976).

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p e u t a p r e g u n t ó a la mujer q u é prefería de lo q u e c o c i n a b a su m a r i - do y la a l e n t ó a e n t r a r más d e t a l l a d a m e n t e en el t e m a , p e n s a n d o q u e la cuestión t e n í a afinidades con su actividad sexual, sin arries- garse, sin e m b a r g o , a p o n e r l o s a la defensiva h a b l a n d o de ello ex- p l í c i t a m e n t e . Así, p r e g u n t ó a la mujer si le gustaban las entradas a n t e s del p l a t o p r i n c i p a l ; si él pensaba, c o n o c i e n d o los gustos de la mujer, en p r e p a r a r algo simple o sofisticado; c ó m o dispondrían la m e s a ; si les g u s t a b a u n a a t m ó s f e r a í n t i m a , etcétera. Al final los in- c i t ó a p r e p a r a r s e u n a cena especial: a l e n t ó al m a r i d o a prepararle a la mujer un platillo e x q u i s i t o , q u e la dejara sin aliento. Ella d e b í a h a c e r ios h o n o r e s a la mesa y c o n t a r luego si t o d o h a b í a sido de su agrado. La prescripción de la cena funcionó maravillosamente: los d o s volvieron satisfechos, p o r q u e h a b í a n logrado realizar concreta- m e n t e u n a cosa agradable para a m b o s , y c o m e n z a r o n a hablar cada vez m á s a b i e r t a m e n t e de sus conflictos sexuales, sin ninguna solici- t a c i ó n p o r p a r t e del t e r a p e u t a .

O t r o m o d o de c o m u n i c a r s e c o n metáforas consiste en atribuir a algún o b j e t o ( u n a silla, u n a m u ñ e c a , u n m a l e t í n profesional) con- n o t a c i o n e s e m o t i v a s p r o p i a s de un individuo o de varias personas. Así, p o r ejemplo, u n a silla q u e q u e d ó desocupada p o r ausencia d e un m i e m b r o de la familia p u e d e personificar al a u s e n t e : el terapeu- ta hablará él m i s m o o invitará a alguno a " c o m u n i c a r " sus emocio- nes a la silla del personaje faltante. Así t a m b i é n , a u n a m a d r e opresiva r e s p e c t o de un hijo p u e d e ofrecérsele un m u ñ e q u i t o p a r a q u e lo tenga en su regazo e interrogársela sobre su necesidad de te- n e r siempre "a a l g u i e n " e n t r e sus brazos, o pedir a los m i e m b r o s de la familia q u e hablen c o n el m a l e t í n del p a d r e , m á s bien q u e c o n él, " q u e no está n u n c a " .

En particular, si d o s t e r a p e u t a s c o n d u c e n j u n t o s terapias de pa- reja, p u e d e n activarse en u n a especie de juego de roles y represen- t a r , bajo la a t e n t a mirada de la pareja, un conflicto entre ellos ( p o r ejemplo, la r e c í p r o c a necesidad de p r o t e c c i ó n o de c o m p e t i - ción simétrica), m e d i a n t e la utilización de temáticas análogas a las referidas p o r la pareja en terapia; de esta m a n e r a se i n t e n t a repro- d u c i r e m o t i v a m e n t e y verbalizar el m i s m o s e n t i m i e n t o de incapa- cidad de c a m b i a r q u e los dos viven en la relación conyugal. Esta t é c n i c a " p r o y e c t i v a " resultó a m e n u d o un e l e m e n t o m o t i v a n t e

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p a r a la pareja en la búsqueda de alternativas de c o m p o r t a m i e n t o q u e no los obliguen a un inútil j u e g o de dependencia o de com- petencia recíproca.

2. LA PRESCRIPCIÓN

A u n q u e impartir directivas en terapia constituye un m o d o de p r o m o v e r el c a m b i o , t a m b i é n es cierto q u e m u c h a s personas se m u e s t r a n renuentes a seguir prescripciones, incluso c u a n d o se dan c u e n t a de la utilidad q u e éstas tienen. A veces están más dispuestas a realizar tareas si no perciben conscientemente que lo s o n3 1 o si

éstas no se refieren d i r e c t a m e n t e a la situación problemática. Dar prescripciones metafóricas es sin duda u n a m a n e r a de pro- m o v e r este resultado. A s í , si el t e r a p e u t a relacional considera útil q u e alguien se c o m p o r t e de un cierto m o d o y prevé dificultades en esta operación, p u e d e enfrentar el p r o b l e m a m e t a f ó r i c a m e n t e : elegir, p o r ejemplo, algún aspecto análogo y provocar un cambio en é l ; el resultado será la inducción espontánea de un c a m b i o de la situación de dificultad p o r la q u e se requirió la intervención. Una t a r e a metafórica p u e d e asignarse a u n a persona en forma indivi- d u a l , a u n a pareja o a t o d a u n a familia.

De particular interés es el uso de la metáfora para promover un c a m b i o a nivel de t o d a la familia. La pareja Righetti ha pedido u n a intervención p o r los dos hijos, G i a c o m o de 4 años y Bibi de 3, a causa de un c o m p o r t a m i e n t o " a n o r m a l " . Los esposos Righetti, m u y jóvenes y a p a r e n t e m e n t e colaborativos, se declaran impo- t e n t e s y resignados ante la "furia d e s t r u c t o r a " de los dos niñi- t o s , absolutamente incontrolables. Describen la habitación de los n i ñ o s c o m o un c a m p o de batalla d o n d e sillas, muebles y juegos s o n destrozados a porfía p o r G i a c o m o y Bibi, q u e no c o n t e n t o s c o n ello han t o m a d o la c o s t u m b r e de orinar d e n t r o del guardarro-

3 1 Esto es lo que ocurre, por ejemplo, en la inducción hipnótica, en que un enfoque metafórico es particularmente eficaz con sujetos que oponen re- sistencia, pues es difícil resistir a una orden que se recibe sin estar consciente de ello. Para una más amplia comprensión del uso de la metáfora en la hipno- sis, remitimos al lector a los brillantes estudios de Milton Erickson, referidos en Haley, 1976.

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pa. La medida final que adoptaron los padres, en el colmo de la desesperación, fue eliminar casi todos los objetos del cuarto de los niños, que ahora duermen en colchoncitos en el suelo.

Lo que sorprende sobre t o d o al observador es el contraste entre la destructividad descripta por los padres y el comportamiento sin duda travieso, pero adecuado a la edad, de los niños en la sala de terapia. Estos juegan vivazmente, parecen bien integrados entre sí y dispuestos a aceptar las explicaciones proporcionadas por los padres acerca de algunos objetos de la sala de terapia (micrófono, espejo unidireccional, etcétera), que les atraen particularmente. El terapeuta puede observar, en t o d o caso, que cualquier alusión, aun indirecta, a lo que sucede en la casa, provoca un sentimiento de depresión y de incomodidad en los padres y desencadena en los dos niños carreras desenfrenadas por la sala de terapia. Decide por lo tanto no enfrentar el problema directamente y comienza a pen- sar en situaciones análogas, en que sea posible verificar concreta- m e n t e la competencia de los padres, por una parte, y la aceptación de reglas de comportamiento por parte de los niños, por otra. Pres- cribe entonces a los padres que adquieran en una juguetería un cuarto de juguete, con dos camitas, dos sillas, un ropero, juegos y, obviamente, dos " n i ñ o s " que lo habitan. Regalarán el juego a Gia- como y Bibi, que deberán aprender, con ayuda de los padres, cómo atender a dos " n i ñ i t o s " y cómo hacerles ordenar los objetos en el cuarto de juguete.

Después de una semana de entrenamiento, habrá una prueba general en la sesión: se observará la competencia de los padres para enseñar a los dos niños el modo de utilizar el cuarto de juguete, y a la vez la capacidad de Giacomo y Bibi para asumir la responsabilidad, aunque sea a nivel lúdico. En la sesión siguiente los padres llegan con un gran p a q u e t e : Giacomo y Bibi están muy ansiosos por de- senvolverlo en seguida y comenzar el juego. Padres e hijos se empe- ñan en la prueba con entusiasmo y están contentos de mostrar al terapeuta los resultados concretos de un trabajo común.

Este último comunica su complacencia por el resultado final, pero evita traducir la metáfora a la familia,3 2 porque no le interesa

3 2 "Las interpretaciones de comunicaciones inconscientes son absurda-

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hacerle ver o comprender la conexión. En verdad, al discutir acerca del cuarto de juguete y de las modalidades con que se dan reglas de comportamiento a los dos muñequitos, el terapeuta está hablando implícitamente de cómo educar a Giacomo y Bibi, activando a nivel analógico modalidades nuevas de relación y de competencia entre padres e hijos. Será más fácil pasar de la competencia y de la aceptación de reglas "jugadas" a su efectiva aplicación en la realidad. Otro ejemplo puede ilustrar el uso de la prescripción metafórica en una terapia de pareja. La intervención fue requerida por una serie de dificultades; en particular, los dos están desilusionados y resentidos por su relación sexual, descripta como fracasada. En realidad, el problema parece ser más general y consistir en una mo- dalidad redundante de relación, en la que él siempre debe vencer y ella siempre debe dejarlo vencer. Enfrentar directamente la relación sexual parece una operación escasamente productiva porque los dos, aunque insatisfechos, actúan en perfecta sintonía perpetuando el "juego sin fin". El terapeuta recurre a la metáfora, en un intento de romper el círculo vicioso en que están aprisionados, para pro- mover un cambio, siguiendo una modalidad analógica. Toma un mazo de cartas y los invita a jugar con ellas en el curso de la sesión. Pueden elegir un juego a su gusto, pero ateniéndose a una regla es- pecial: el marido siempre debe resultar vencedor y la mujer siempre perdedora. La pareja acepta la tarea con alguna perplejidad, pero con el correr del tiempo terminan por implicarse fuertemente y se ponen nerviosos p o r la rigidez del juego. Al final de la sesión el te^ rapeuta prescribe a la pareja que jueguen en la cama todas las no- ches, antes de dormirse, por lo menos durante diez minutos, respe- tando escrupulosamente la regla. Para concluir, les señala la impor- tancia de esta prueba, preanunciándoles todos los peligros que pue- den surgir de una infracción.3 3

En la sesión siguiente los dos llegan visiblemente aliviados y re- fieren que lograron respetar la tarea sólo por tres días, porque al cuarto día venció la mujer, infringiendo la regla. Más sorprendente

mente reductivas -afirma tírickson , es como resumir una obra de Shakes- peare en una sola frase" (llaley, I 976).

33 Explicar la importancia de la prescripción y preanuneiar los peligros de realizarla en forma incorrecta es simplemente un modo de reforzar su efec- to práctico, es decir, de promover una resistencia de pareja.

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es el hecho de q u e el m a r i d o no la dejó vencer y al final pareció sa- tisfecho p o r la inesperada victoria de la mujer (aunque esta victoria representase u n a " t r a n s g r e s i ó n " respecto de la regla impuesta p o r el t e r a p e u t a ) . Después del c u a r t o d í a los dos se rehusaron a jugar a las cartas a la h o r a establecida, p o r q u e la mujer e x p e r i m e n t ó , j u s t o a esa hora, un fuerte impulso sexual respecto del marido, hasta el p u n t o de t o m a r la iniciativa y de tener u n a relación sexual satisfac- toria (iniciativa y resultado q u e aparecen c o m o un hecho nuevo, si se tienen en c u e n t a las precedentes descripciones al respecto).

El haber activado un juego metafórico resultó, en este caso, u n a modalidad eficaz para iniciar un proceso de cambio en las reglas de relación de esta pareja: esto permitirá enfrentar c o n mayores garan- tías de éxito su p r o b l e m a s e x u a l3 4 y, más en general, la dinámica

de su relación. Con la prescripción nos habíamos p r o p u e s t o romper las resistencias de la pareja al cambio, realizando una intervención q u e j u s t a m e n t e al reforzar en un nivel metafórico las reglas disfun- cionales de a m b o s , terminaba promoviendo una alianza de la pareja contra el t e r a p e u t a . Si al c o m i e n z o la pareja se presentaba unida y sintónica para p e r p e t u a r un juego sin fin, ahora debe buscar una u n i ó n distinta para resistir al t e r a p e u t a , que parece oponerse a t o d o posible c a m b i o . Tal unión debe fundarse sobre la capacidad de prac- ticar alternativas de relación, más bien que perpetuar los modelos actuales, lo q u e representa un progreso terapéutico, t a n t o más válido p o r q u e se realiza con recursos internos de la pareja.

En el breve trozo transcripto he querido poner de relieve el aspecto me- tafórico de esta prescripción, que por otra parte contiene en sí todas las ca- racterísticas de las prescripciones paradojales, porque lo que se prescribe son las reglas disfuncionales mismas del sistema.

CAPITULO 5

LA PARTICIPACIÓN DE LOS NIÑOS

EN LA TERAPIA FAMILIAR A TRAVÉS DEL JUEGO

Ya hemos hablado de la importancia de considerar a la familia c o m o un sistema de relación: por lo t a n t o , la presencia del grupo familiar en pleno, incluidos los niños, es esencial para comprender, en una dimensión sistémica, el desarrollo histórico de la familia y la situación actual. El niño, que es a m e n u d o el b a r ó m e t r o de los afectos reales de t o d o el grupo, es capaz de expresar abiertamente emociones o tensiones que los padres están experimentando pero q u e no llegan a revelar, y con frecuencia está dispuesto a ofrecer sostén a un hermano en dificultades o a indicar al terapeuta el ca- m i n o que lleva al progreso terapéutico.

La participación de los niños en la terapia plantea, sin embargo, u n a serie de problemas que distan de ser simples y pueden inducir al terapeuta inexperto a excluirlos precozmente del proceso tera- péutico. Ante t o d o , la presencia de u n o o más niños en la entrevista puede provocar fácilmente un estado de desorden o de confusión.

Si el terapeuta no logra tolerar que los niños se muevan o hagan r u i d o (por lo m e n o s dentro de ciertos límites), será fácilmente presa de la ansiedad, al temer que "se esté perdiendo el tiempo sin llegar a nada s e r i o " , o incluso q u e los padres lo estén desaprobando p o r la misma razón. La experiencia de trabajo con familias nume- rosas nos ha d e m o s t r a d o que la actividad motriz y la vivacidad de los niños resultan, en la mayoría de los casos, un medio eficacísimo para entrar en el sistema familiar, a condición de que el terapeuta esté en condiciones de utilizar la acción y el movimiento en térmi- nos relaciónales, promoviendo así la constitución de un terreno de encuentro activo entre los adultos y el clan infantil.

Es sin embargo innegable que interactuar apropiadamente con un grupo familiar resulta particularmente difícil, debido a la dispa- ridad de edades, de intereses de sus componentes, y de las necesi- dades a las que el terapeuta debe estar en condiciones de propor- cionar una respuesta adecuada, adaptándose en cada caso a lengua-

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jes, c o m p o r t a m i e n t o s y modalidades transaccionales diferentes. Ocurre con frecuencia que la ansiedad de controlar una situación demasiado imprevisible quede encubierta por la justificación racio- nal de q u e si se resuelve el problema conyugal, desaparecerá luego la función sintomática del niño. Sucede también a veces que el tera- peuta se resiste a incluir a los niños en la terapia debido a una acti- tud p r o t e c t o r a , sea respecto de ellos o de los padres mismos. En el primer caso, se verá llevado a excluir precozmente a los niños, si- guiendo u n a tradición terapéutica que prefiere mantenerlos afuera, más bien q u e exponerlos a situaciones ansiógenas o escabrosas (esto no hace sino reforzar el mito de los secretos de la familia); en el segundo, llegará a la misma decisión, por temor a que la espontanei- dad de los niños descubra demasiado p r o n t o zonas disfuncionales de relación d e n t r o de la familia y provoque así bruscos contragol- pes a nivel conyugal. En ambos casos el terapeuta terminará traba- j a n d o en forma unilateral con la pareja, sin considerar al niño como parte necesaria e integrante del problema y de su solución.1

Un peligro ulterior, una vez incluidos los niños, es el de estable- cer un c o n t e x t o n e t a m e n t e adulto en la sesión, donde se requiere al niño que asuma u n a actitud no natural para su edad; que com- prenda c o n c e p t o s demasiado abstractos o dé respuestas perfecta- mente lógicas; q u e esté sentado y quieto durante toda la entrevista. Esto puede suceder si el terapeuta no ha tenido la precaución de promover un c o n t e x t o en el que le sea posible al niño expresarse con su lenguaje preferencial y a los adultos comunicarse con él, también en ese nivel.

Por una parle, el terapeuta debe ser capaz de promover el enfren- tamiento entre los adultos y su colaboración en el proceso terapéu- tico, y por otra debe considerar al niño como una persona, que tiene pleno derecho a manifestar y transmitir pensamientos, sentimientos y opiniones de un m o d o personal y p o r cierto no subalterno o cua- litativamente inferior a los adultos. La suya será entonces una acción de traducción de modalidades distintas de pensamiento: el m u n d o

1 "Si el terapeuta familiar renuncia a la contribución del niño, como regu- lador de la velocidad de la terapia, como moderador del ritmo del cambio

mediante el 'cuándo y el cómo' de la intensificación o de la disminución de los s í n t o m a s - , el niño no logrará cambiar" (Montalvo-Haley, 1973).

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