DISEÑO Y ANÁLISIS DE LOS ESTUDIOS DE OCUPACIÓN
3. Presente, pero no detectada – Tiene lugar cuando intentamos encontrar la especie en una localidad, pero no la hallamos Una variante de ello es cuando una especie está
presente, pero no es detectable. Podemos llevar a cabo un estudio bastante exhaustivo de una localidad y simplemente no encontrar al animal. O por error llevar a cabo nuestros estudios en un momento del día o del año poco adecuados, cuando simplemente la especie no es observable –p. ej. animales que podrían estar hibernando. Obviamente, no podemos conocer absolutamente todos estos problemas, y esta es la razón de que toda esta área de investigación se hace más complicada. Este resultado es especialmente importante cuando estamos intentando determinar el estatus de una especie y delinear algún estatus de protección del hábitat. Usando algunas de las técnicas descritas más adelante en este capítulo podemos asignar una probabilidad de detección (β) a nuestros estudios de campo, lo que nos permite estimar la probabilidad de los resultados
obtenidos. Obviamente, si β es baja, entonces nuestros resultados simples podrían estimar a la baja la verdadera presencia de la especie. Si es alta, entonces podremos tener un alto
grado de confianza en que realmente conocemos dónde se encuentra realmente la especie, para tomar decisiones con respecto a su conservación. Sugerimos que muchos de los estudios rápidos que se realizan, aunque de bien seguro son valiosos en muchas áreas, están plagados de este problema. A menudo, las áreas son estudiadas sólo una vez, elaborándose listas de las especies que se han detectado, pero sin ninguna forma posible de ligar estas detecciones con la dificultad de la especie en particular de ser encontrada, o sobre cómo podrían estar sesgadas por las técnicas utilizadas por los investigadores.
No examinada –nuevamente, este concepto es crítico en la investigación para la
conservación de las especies. Una especie no puede ser detectada en los lugares en que los investigadores no han mirado. Nuevamente, ello crea una infra-estimación artificial de la distribución o la presencia de la especie. Creemos que en las valoraciones de temas de conservación, esta categoría es igual de importante en la presentación de los datos que la presencia-ausencia.
Tipos de datos
Los datos de incidencia y ocupación pueden darse en muchas formas, con una amplia gama en la calidad de los datos. Muchos de los datos de los que disponemos no son de la mejor calidad, pero nos ayudan a tener un conocimiento de base. Uno de los tipos comunes de datos de que disponemos son los registros de los museos u otras colecciones. Dichos datos, aunque a menudo son de baja calidad, son extremadamente importantes al proporcionar un contexto histórico de una especie en particular. Aunque es raro que existan datos abundantes asociados con estos registros, nos proporcionan una información valiosa sobre la presencia de una especie en un lugar y un momento en particular. Estos datos son pobres, en el sentido de que
potenciales en cuanto a la localidad, áreas estudiadas o no estudiadas, ni información sobre la probabilidad de detección (β, véase Capítulo 6). Estos datos pueden estar y generalmente están solapados con el hábitat ya conocido de una especie, y proporcionan una información incluso más útil que sin esos datos sobre el hábitat.
Existen otras dos fuentes de información que también pueden ayudarnos a hacernos una idea base sobre la presencia o ausencia de nuestra especie objetivo. Estos son simplemente informaciones casuales o anecdóticas proporcionadas por investigadores que trabajan en una zona en particular, y en el caso de los ornitólogos, los registros tomados por los aficionados a las aves (“bird watchers”). En ambos casos generalmente estaremos obteniendo información más reciente que los registros de los museos, pero con la misma debilidad común en cuanto a la calidad de los datos. Dichos datos son débiles por diversas razones, incluyendo, pero no limitándose a, la falta de un diseño de investigación, falta de controles del esfuerzo, falta de estimas de , y en general, la falta de información sobre las áreas no estudiadas frente a las estudiadas. Lo único que esta información nos dice es que la especie en cuestión ha sido hallada en ciertas localidades. Algunas de estas informaciones ni siquiera cumplen con las preguntas del control de calidad relativas a factores tales como las falsas identificaciones. Por ejemplo,
Gordillo-Martínez (2001) ubicaron los datos de localización históricos en Méjico, a partir de los registros de museos, de la Codorniz de cresta dorada (Callipepla douglasii), relativamente poco estudiada (Figura 7.1a). Si se mapean únicamente las localidades, se tiene la impresión que esta especie se halla restringida del oeste al nordeste de Méjico. No obstante, también vemos que existen muchos espacios en blanco que podrían representar distintas cosas. Vemos una concentración de localizaciones cerca del extremo meridional de la distribución pretendida, y una menor densidad de especímenes en el extremo septentrional en sólo unas pocas localidades
cerca de la frontera con los EUA. Ahora, en la Figura 7.1b, vemos la adición de datos que ayuda a mejorar el valor de este mapa. Basándose en cierta información conocida sobre el hábitat de esta especie Gordillo-Martínez (2001) superpuso un mapa de la vegetación que representaba el hábitat adecuado. Ahora vemos más claramente que esta especie probablemente está limitada a una franja de hábitat adecuado en el oeste de Méjico, y que la menor densidad de las
observaciones podría ser el resultado de ser áreas más remotas y/o de cambios más sutiles en el hábitat. La reconstrucción de los datos llevada a cabo de este modo, aunque no es ideal, nos proporciona cierta información de base sobre la probable distribución de la especie. Esta especie en particular también pone de manifiesto el valor de este tipo de datos incluso tan débiles, debido a que en un panorama de conservación de mayor alcance, es bastante poco probable que nunca se llevaran a cabo estudios dedicados a la Codorniz de cresta dorada.
Más allá de este tipo de métodos, encontramos los estudios biológicos de seguimiento de especies rápidos, que ahora se realizan en muchas áreas, especialmente en relación a las aves. Estos estudios potencialmente proporcionan información adicional sobre las áreas de estudio, y una estandarización del esfuerzo, pero generalmente no vemos que esto se aplique. A menudo se realizan utilizando algún tipo de estructura de muestreo, pero generalmente carecen de muestreos repetidos o de datos suplementarios, que podrían ayudar a desarrollar funciones de detección. De nuevo hemos de insistir en el bajo valor de proporcionar datos de presencia sin las condiciones que permitan separar los 4 resultados potenciales que hemos presentado más arriba. A menudo, una simple mejora en el diseño del trabajo de campo permitiría que dichos estudios fueran mucho más valiosos –nuevamente mejorando la calidad de los datos y la eficacia en la aplicación de los limitados recursos dedicados a la conservación.