Cada uno tiene condiciones distintas para prestar plata. Los organismos internacionales prestan más barato que los bonos del mercado y, normalmente, también a más largo plazo, pero lo hacen a cambio de que uses la plata para lo que acordaron y te supervisan la ejecución.
Si te prestan para hacer un tendido eléctrico, tienen que poder participar empresas de todos los países miembros del banco. El llamado a licitación tiene que ser internacional, debe cumplir ciertos requisitos, etc. Hay que utilizar procedimientos internacionales, tener auditorias de terceros y demás condicionamientos.
Es por ello que los préstamos con estos organismos llevan muchos días de negociación. Suelen incluir misiones especiales con profesionales de otros países, para seguir la operación, para compartir experiencias de otros proyectos y también para mostrar qué funcionó bien y qué no funcionó. Pese a todos esos tiempos de negociación, una vez acordados, los desembolsos son rápidos y lo bueno es que se hacen acorde a la evolución de la obra, por lo que solo se pagan intereses desde cada desembolso.
Este es entonces el procedimiento común del BM, el BID o la CAF. Lo que normalmente se hace es mantener estable el nivel de endeudamiento con los bancos, o bien que este vaya creciendo lentamente, sobre todo en estos tiempos en que los países de América Latina pueden conseguir fondos a muy baja tasa de interés. Por lo tanto si, por ejemplo, por préstamos otorgados hace varios años hay que pagarle al BID 500 millones, lo que se hace es negociar un nuevo préstamo por ese monto para que la entrada y salida de dólares sea neutra.
El FMI
Este es el malo de la película. Se inventó en 1944 en la reunión de Bretton Woods donde se armó el funcionamiento del nuevo mundo desarrollado. La idea era que el Banco Mundial iba a prestarles plata a los países europeos para que se reconstruyeran después de la Segunda Guerra Mundial y el FMI iba a hacerlo en aquellos momentos en que tuvieran problemas para conseguir financiamiento en su economía.
El FMI es el malo —entre otras cosas— porque aparece cuando los países ya están en problemas. Es decir que los países recurren al Fondo cuando ya están complicados. Los préstamos del FMI suelen ser montos muy importantes y de rápida ejecución. La tasa de interés es muy baja, y sus plazos no muy largos, difícilmente superen los cinco años. Lo que pasa es que pone condiciones a cumplir para ir obteniendo cada desembolso.
Esto es como si el día que te llega la tarjeta, te viniera a pedir la cuenta el que te había fiado y el tío que te había prestado plata para el negocito que no prosperó te pidiera que se la devuelvas… Y vos estabas acostumbrado a invitar a tus amigos a comer asado los domingos, a tu familia a ir al cine y tomar un champagne de vez en cuando. Así que salís a pedir plata prestada a un amigo, que te dice: “Ok, te presto, pero con lo que debés, tenés que dejar de hacer algunas cosas. No más asado, salida al cine solo una vez al mes y el champagne se cambia por sidra o cervecita”. Obviamente a la persona que te presta la odiás, pero si no hacés lo que te dice, estás en el horno.
Pasemos en limpio, vos estabas ahogado y tu amigo te prestó plata, pero con sus condiciones. Así fue que después de saldar tus cuentas, te quedó algún resto. Entonces te dan ganas de hacer lo de antes, invitar a tus amigos, salir con tu familia… pero el acuerdo no te lo permite. Con lo cual la situación se pone muy tensa.
Más allá de ser una alegoría, es lo que pasa en muchos países. Cuando recurren al Fondo es porque ya están en problemas y esos —en general— son excesos de gasto. El FMI les pide para darles plata que ajusten, pero el ajuste normalmente genera mayor malestar social, tampoco genera un mejor clima económico y, por lo tanto, los planes del Fondo terminan siendo recesivos y no sustentables.
compromisos que el país va a asumir, que son siempre de ajustes. De esos 10.000 le dan al país digamos 5.000 a la firma y después dos tramos (así se llaman) de 2.500 cada uno. Pero para recibirlos, el país tiene que haber alcanzado algunas metas, que son siempre malas.
Si le pide plata prestada al FMI, el país se compromete a cumplir ciertas acciones macroeconómicas, de lo contrario no le prestarían la plata. Las famosas “condicionalidades del FMI”, que —por lo general— terminan agravando más la situación en lugar de resolverla.
Es decir te prestan más barato y a más largo plazo porque te ponen condiciones. Acordate que nada es gratis en la vida, tampoco en economía.
Así andan por la vida: quienes ponen plata en el FMI se quejan porque la desperdician, y quienes la reciben, porque solo les trae mayores problemas. De todas maneras lo importante es que con los cambios que hubo en el mundo estos años, ningún país de América Latina necesita al FMI, quien de hecho ha tenido que salvar a Grecia, España o Portugal, o a países de Europa del Este, mientras que Brasil —por ejemplo— le prestó plata para que le preste a esos países.
Argentina hoy no le debe nada al FMI, pero sí le debe al BM, al BID y a la CAF. A medida que se van pagando viejos préstamos, también se van dando de alta nuevos para, de esa manera, mantener lo que se llama un “flujo neutro de divisas”, es decir acorde a lo que se debería pagar.
Ya sé que el capítulo viene medio denso, pero, dale, bancá que vamos entendiendo un poco más. Te explico brevemente el Club de París y vamos a los fondos buitres.