• No se han encontrado resultados

vanguardia, de Carlos Altamirano y Beatriz Sano, Buenos Aires, CEDAL, 1983, pág 167.

Capítulo 5: Para una teoría de la Humorística

5.2. Pretensiones de su teoría humorística

.

En este trabajo, Macedonio nos descubre cómo, a menudo, en los estudios llevados a cabo sobre el Humor o el Chiste se ha partido de un error bastante común que consiste en la forma de acercarse al problema. Éste no puede resolverse con una pregunta directa que sólo daría una respuesta simple o engañosa.

Preguntarse qué es Chiste o qué es Humorismo, nos conduciría a una respuesta tautológica que no resolverla la cuestión ni nos sacaría de las dudas iniciales. Una vez más, a este respecto, tenemos que lamentar que Macedonio no se decidiera a realizar ese trabajo prometido sobre la Comicidad, el Chiste y el Humorismo. Tal vez, sus ideas habrían ayudado a delimitar estos fenómenos y a captar la esencia de cada uno de ellos. Aplazado ese estudio indefinidamente, afronta la cuestión con otras pretensiones en vez de preguntar directamente. Macedonio se dedica a estudiar dos hechos que desde su punto de vista son sustanciales para comprender, valorar y definir el problema de la Humorística. Por un lado, el placer emocional y simpático que experimentan muchas personas al conocer un hecho feliz, placentero acaecido a otra persona.

Por otro lado, este placer simpático puede verse acompañado de un efecto sonoro -la risa— si es originado por un hecho repentino e inesperado, o si aquel placer último que se siente ya alcanzado se hubiera visto amenazado o interrumpido por un instante. Ese peligro que parece avecinarse y causar un más que probable

infortunio

ajeno

—el malestar del otro—, se resuelve inesperadamente de forma positiva, y la suspensión respiratoria que habla provocado el susto, un momento de parálisis respiratoria ante la desgracia inminente, se ve vencida soltándose ese aire retenido en forma de risa.

La Risa, en si misma, constituye un

placer respiratorio,

al soltar ese aire retenido después de la

suspensión respiratoria

que provoca el susto o peligro inminente; peligro luego no cumplido. Según Macedonio, cuando ese placer simpático se provoca a partir de

hechos reales,

estaríamos, en la esfera de lo cómico con sus múltiples variedades.

En otro sentido, tal placer simpático puede ser también ocasionado a partir de un empleo consciente del lenguaje con el cual un emisor

—dicente—

pretende insuflar en la mente del receptor un instante de desequilibrio o perplejidad racionalista.

Se trataría de lograr en la mente del receptor, a través del lenguaje y de las nuevas relaciones que, a partir de él, establecen entre sí las cosas, lo que Macedonio llama “un hecho psicológico de creencia en lo absurdo” (p. 259) . Conseguido esto, estaríamos en la esfera del chiste pero no cualquier categoría del chiste sino la máxima, el

chiste conceptual,

el único que es verdadero humorismo (la Belarte de la Ilógica) . . Cuando este

chiste se logra, los papeles originales se trastocan y el pasivo receptor del chiste se convierte en sujeto paciente de ese “tropezón conciencial” (p. 258 Teorías> en él provocado por el emisor (diablillo juguetón, que se transforma en espectador de

ese tropezón conciencial que no causa daño a nadie y que termina

produciendo el placer de ambos: emisor y receptor>

Esta persecución de un momento de absurdo creído por el lector u oyente responde a una ideación personal del Arte, en la cual se insertaría su concepción humorística. Para Macedonio sólo existe un verdadero Arte (un arte puro> , no entendido como

reflejo fiel de la realidad y cuyo instrumento de trabajo esté exento de toda sensorialidad. Ese arte puro que persigue es lo que él llama

la Belarte Conciencial,

es decir, un arte nuevo, una belarte que nace directamente de la inteligencia del artista y cuyo instrumento asensorial perfecto es la palabra <exenta no sólo de toda connotación, sino también de toda denotación, ya que en su esencia última, los fonemas como grafías o sonidos, ningún significado contienen y permiten al artista trabajar con ellos desde esa base asensorial; retrocedemos así a un estado prelingúístico, donde las grafías y los sonidos nacen como pura creación arbitraria)

Según Macedonio el propósito último de esta Belarte Conciencial, que él diferencia de anteriores artes farisaicas, es la búsqueda incesante de “la conmoción del ser de la conciencia en un todo” (p. 260 Teorías) . Lo que pretende el

artista

concíencial es crear la duda, la incertidumbre y el quebranto de la concepción racionalista del mundo en su interlocutor. El artista pretende hacerle dudar por un instante de las nociones lógicas, de todo aquello que hasta ahora había aportado seguridad al hombre en su existir cotidiano. Rompiendo esos apoyos racionalistas, el artista pretende que el lector no se sienta tan seguro, que la realidad se le muestre incierta, su paso vital sea tembloroso y se produzca ese tropiezo existencial que es la creencia, aunque sea por un breve instante, en el absurdo.

El mayor logro dentro de ese tropiezo conciencial que el artista podría obtener de su receptor es que por un momento éste se creyese irreal, inexistente, dudase de su existir y se viera como mero personaje del arte, dotado de existencia irreal pero, por ello, también de eternidad; pues la muerte no tiene poder sobre la irrealidad —la no vida- del personaje.

El artista, de esta manera, se convierte en un actante diabólico por varias razones: primero, por atribuirse capacidad para manipular las fuerzas vitales (la vida y la muerte) . En

segundo lugar, por lo que de juego tiene todo ello, juego ilusorio que hacer creer al espectador lo que el ilusionista

quiere que crea. En último lugar, por lo que de puro placer tiene todo ese desorden de lo ordenado, esa descomposición de lo establecido, ese sin sentido que nos retrotrae a una etapa de prerracionalismo, a una mente simple, infantil, juguetona y diabólica. Pero, lo más importante de todo ello, es que nadie ha salido dañado o perjudicado, sino todo lo contrario; el artista ha mostrado sus capacidades intelectuales y el espectador ha tenido la suerte de ser galardonado con una concepción del mundo, de la existencia, que no estaba al alcance de cualquiera; y que de no haberse encontrado al otro lado del chiste o de la novela, nunca se hubiera imaginado. Como quien se sube a una montaña rusa, todas las angustias del recorrido son recompensadas con el agrado superior que produce la llegada. Así, el receptor que padece ese instante de creencia en el absurdo, esa inestabilidad existencial, luego lo agradece; pues ha sido recompensado con una visión del otro lado del espejo y ahora, con nuevos bríos, puede

mirar sin pavor a los ojos de la muerte, pues le ha quitado la máscara terrorífica que ocultaba tras si un rostro impotente. De esta manera, la Belarte Conciencial logra un doble placer, el placer del autor al mostrar su maestría y el del lector—oyente al sentir y luego superar ese tropezón conciencial o creencia en el absurdo.

Esa Belarte Conciencial, según Macedonio, sólo puede lograrse por dos caminos que serian el de la

Novelística o Prosa

del

Personaje

y el de la

Humorística

Conceptual

o

Ilógica

de

Arte.

Cada una de estas vías pretende la descomposición de la

realidad y el logro de la creencia en el absurdo; sólo que un absurdo distinto y conseguido por diferentes mecanismos. La Novelística se propone desequilibrar al lector en su seguridad de ser, para ello empleará la inexistencia del personaje de novela o Persona de

Arte,

que como espejo donde se mira el lector o

persona

de

existencia espera reflejarle a éste su propia

inexistencia, haciéndole sentirse también

Persona

de

Arte,

personaje leído de novela, en la que se ha transformado su propia vida; sintiendo por un instante la

nada del

ser

conciencial

(su

irrealidad,

la

inconsistencia

de su propia existencia)

Por su parte, la Ilógica de Arte o Humorística Conceptual aspira a conseguir en el lector, la creencia en una realidad irreal —permitaseme la expresión—, una realidad inexistente, que toma consistencia sólo por las cualidades artísticas del autor que consigue con un adecuado manejo del idioma que el lector caiga en la trampa que se le ha tendido, creyendo momentáneamente

en la

nada intelectual.

Ese engaño tiene éxito gracias al cebo

que emplea el autor; carnada muy del gusto del lector que no despierta sus sospechas y que al atraer toda su atención descuida su defensa, desprotegiendo su ser. Ese cebo es

el

suceso,

elemento que no se pretende hacer creíble ni verosímil, y que es utilizado como mero instrumento para una tarea mucho más digna en este nuevo arte: posibilitar el instante de alucinación en el lector; instante al que el lector llega pretendiendo hacer razonable el discurso lingúistico que el autor le propone:

en Humorística los sucesos, el suceso mínimo necesario, no se proponen la creencia en el sucedido sino sostener una

expectativa de entender y derivarla instantáneamente a un segundo de creencia en lo absurdo” <3)

Esta seria, a juicio de Macedonio, la clave de la Humorística de las primeras décadas del siglo XX. Un nuevo humor que se separa del humor anterior y que responde a los estímulos y necesidades que tiene esta nueva época. Un humor nuevo que no vendría más que a señalar el cambio de sensibilidad artística. Sensibilidad que desconfía de la razón, de todo lo que huela a doctrinal y categórico; que se aleja de la realidad como materia artística y del arte figurativo, y se aproxima a la ilógica, al sin sentido, a la abstracción o al simbolismo —lo metafórico—, al juego como expresión placentera e irresponsable del acto humano, al humor como muestra intrascendente frente a los valores serios e intocables del pasado que condujeron hacia un mundo demasiado materialista y tecnificado.

Con este sentido define Macedonio esa nueva concepción del arte y del humorismo (su Belarte Conciencial y su Ilógica de Arte) ; un nuevo arte para una nueva sensibilidad y, por tanto, una nueva relación del artista con el mundo:

“la Belarte Conciencia)., única digna de la lucidez actual de la conciencia del hombre, [.. .1 una teoría de la Humorística como cultura del momento de “nada intelectual” [. ..]“. (4)

Para concluir con esa breve sinopsis introductoria de lo que Macedonio pone como preámbulo al desarrollo posterior de su teoría sobre el humorismo, nada mejor que hacerlo con un ejemplo de lo que supone esa nueva concepción humorística. Macedonio, sin previo aviso al lector, pasa de la teoría a la práctica. Nos encontramos con un paréntesis final, el lector supone que será una última reflexión del autor, ya que da por hecho que está leyendo un escrito serio, teórico, fruto de muchas horas de reflexión; sigue leyendo hasta el final del paréntesis, pero de repente siente algo raro en lo que acaba de leer, se detiene y medita... Sale de esa meditación con una sonrisa y con el convencimiento de que le han tomado el pelo. Así se cumple la

Ilógica

de Arte o Humorística

Conceptual:

“(Para ser cachado por lo dicho: de tres a cuatro de la tarde en mi domicilio, que es un vagón de tren que parte, toda persona será bien recibida, sin entado.>” <5>

La técnica del chiste conceptual consiste en un uso consciente de las posibilidades del lenguaje y de lo que supone su empleo convencional; para, a partir de ahí, emplearlo de manera poco convencional, por ello inesperada, produciendo en el lector u oyente primero la confianza, después la incertidumbre y por último la risa de la propia víctima sorprendida por la credulidad a priori puesta en la sintaxis oracional. Una oración constituida por unidades menores o sintagmas, cada uno de ellos lógico y coherente, que respeta las leyes de la sintaxis y de la semántica. El absurdo surge cuando cada una de esas perfectas piezas se ensambla con todas las demás produciendo una oración que rompe con la solidaridad o compatibilidad que tiene que

existir entre los componentes sintácticos y semánticos. Todo esto, seria un puro disparate, difícil de admitir por el oyente o lector, sí no hubiera otro procedimiento intermedio que hiciese menos abrupto ese salto de la lógica a la ilógica (del sentido al sin sentido) . Ello se consigue al enlazar un sintagma con el inmediatamente anterior o posterior; visto en esos agrupamientos los sintagmas colindantes tienen cierta continuidad que posibilita un grado suficiente de coherencia como para no sospechar hacia donde nos conducen. Lo que ocurre es que —entre el punto de partida y el punto de llegada— la coherencia inicial se ha visto no sólo deteriorada sino incluso anulada y no existe relación semántica (salvo la que aporta la “cachada” como estado de ánimo festivo y bromista>; hemos caído en la trampa del absurdo, al intentar desentrañar la lógica del lenguaje que da origen al chiste conceptual. Después de esto sólo queda recomponerse y reírse de uno mismo; felicitando al autor por su ingenio.

El autor, si queremos rendir cuentas con él, nos cita a una hora <de tres a cuatro de la tarde), por supuesto que dicha cita necesita un lugar donde poder llevarse a cabo <en mi domicilio). Aclarado ya el lugar se nos tiene que decir dónde está situado el mismo <que es un vagón de tren) . No hay por qué sorprenderse hasta aquí ; es posible que resulte un poco raro o excéntrico que alguien viva en un tren, pero no es imposible. Los trenes, los arandes trenes, están tan bien acondicionados que muchos de ellos podrían servir como residencias temporales o permanentes. Bien es cierto que la mayoría de las personas prefieren vivir en un lugar estable, permanente e inmóvil, pero eso va en gustos; puede haber quien no le guste ver la misma imagen todos los días cuando abre la ventana. Al igual que existen personas que prefieren vivir en los hoteles, pues les gusta ese tipo de confortabilidad, no seria de extrañar que hubiese quien, por espíritu viajero, prefiriese las ventajas que tiene vivir en un hotel sobre railes. Por tanto, nada extraño hasta el momento; continuemos con el tren: es aceptable por todos los que suelen emplearlo como vehículo de locomoción que el tren tiene entre otras rutinas la de partir, es decir, la de salir de un lugar con dirección a otro distante; por tanto, si alguien vive en un vagón de tren, entre las posibilidades de su transcurrir diario está la de que se traslade de estación (un vagón de tren que parte) . En esta residencia rodante, cualquier persona que quiera acercarse hasta ella será recibido como corresponde a un autor educado y requerido por uno de sus lectores (toda persona será bien recibida> . Pero ese bien

recibida es un poco ambiguo, necesita aclaración, son muchos los posibles significados que en si podría encerrar, sobre todo, si nos fijamos en el adverbio que precede al verbo. Bien recibida podría significar que se le recibió de manera razonable o conveniente, o que no hubo conveniente en recibirlo, o que se le recibió bastante, mucho o con abundancia. Como vemos intentar aclarar cualquiera de estos posibles significados no haría más que dificultar el sentido que aquel recibimiento tuvo; por ello el autor nos echa una mano y nos especifica cómo seria su recibimiento (sin enfado)

lo que se nos ha querido comunicar: El autor, en el caso de que queramos aclarar alguna duda sobre la teoría expuesta, nos cita a una hora y en un lugar donde se nos recibirá sin síntomas de molestia. El lector inocente puede incluso proyectar hacer una visita al autor, situación que no le ocurrirá al lector inteligente; aunque por un instante ambos habrán pasando de ser personas inteligentes a ser personas de arte sintiéndose aludidos y arrebatados por el arte de la escritura. Sin embargo el segundo, burlado igual que el primero, al realizar una comprobación del enunciado descubrirá a posteriori el absurdo creído, que se ha introducido en su mecanismo lógico. Al reconstruir el mecanismo ideado por el autor se reirá, pues e percance no le ha supuesto ningún peligro y le ha servido para estar próximamente más alerta.

5.3. La condición hedónica de la risa

.

Cuando se enfrenta con el problema de la risa, Macedonio lo que hace es consultar primero lo que otros estudiosos del tema han dicho sobre el mismo. Este punto de partida le permite situarse ante la cuestión y abordarla desde distintos ángulos; aprovechando las opiniones y aciertos de cada uno de ellos y desechando lo errado de cada perspectiva.

Macedonio observa que el fenómeno de la risa ha sido reiteradamente abordado desde dos dimensiones. Por un lado, como fenómeno fisiológico que produce placer. A este tema no han sido pocas las páginas dedicadas, intentando explicar el mecanismo físico—orgánico de ese placer. Por otro lado, se han buscado y dado múltiples explicaciones sobre las causas psicológicas de la risa <los sucesos cómicos o lo que pasa por la mente de una persona para que se ría> ; es decir, se ha indagado y analizado ese hecho o formulación mental que son los causantes de la risa.

En este sentido, Macedonio se hace eco de los pareceres de eminentes estudiosos de la materia. Algunos coinciden en señalar el contraste como causa de la comicidad; así ocurre entre otros con Kant y Theodor Lipps, para quienes la comicidad resultaría del contraste producido por aquello que se esperaba grandioso y que resulta insignificante (contraste entre lo esperado y lo recibido> . Esa expectativa creada supone un gasto psíquico que al

demostrarse posteriormente innecesario, por excesivo, se resuelve en risa. Schopenhauer, por su parte, señala como causa de la risa la incongruencia repentina entre una idea y lo que se representa; el desajuste entre la idea y el objeto. Esta idea no está del todo alejada de la concepción que del chiste conceptual tiene Macedonio, como un instante de creencia en el absurdo, empleando

sólo el lenguaje.

Por su parte, Alexander Bain señala como causa de la comicidad la degradación que sufren personas o ideas, a priori respetables; siempre que no haya un sentimiento contrario que lo impida. En este último aspecto inciden también otros pensadores, como Freud o Bergson. Para el primero, la descarga cómica se desvanece cuando las circunstancias no son las más apropiadas, al producirse una situación desfavorable; por su parte, el segundo

señala que la risa no se da cuando hay una emoción mayor en contra suya.

Para Spencer, el esfuerzo inútil seria la causa de la risa. No muy lejos se sitúa la opinión de Freud para quien la causa de la risa se encuentra en lo que llama gasto de inervación: el consumo innecesario de energía que desde el punto de vista de una persona realiza una segunda resulta cómico a la primera.

Por último, el filósofo francés Henry Bergson encuentra la