que contundir sencillez con facilidad y torpeza. Cuando se pretende ver su escritura como una forma ligera, carente de todo esfuerzo, escrita al correr de la pluma, como una escritura automática o pseudoinconsciente, en un momento de inspiración del artista y sin pulimiento ni tensión con el estilo, se está pretendiendo menospreciar el esfuerzo realizado por el autor. La propia modestia de Cané ante su obra, al no sentirse plenamente un literato, sino un mero cronista de lo que pasaba ante sus ojos, no nos debe engañar. Esas “charlas descosidas” <9> sobre temas gratos, encierran toda una teoría sobre el arte de la escritura:
Mientras procuraba alcanzar el estilo que me habla propuesto, sonreía a veces al chocar con las enormes dificultades que se presentan al que quiere escribir con sencillez. Es que la sencillez es la vida y la verdad, y nada hay más difícil que penetrar en ese santuario. La palabra es rebelde, la frase pierde la serenidad de su marcha, y todos los recursos de nuestro idioma admirable suelen quedar inertes para aquel que no sabe comunicarles acción.” <10)
Por esta misma confesión, no deben tomarse al pie de la letra opiniones que mas bien son un alarde de improvisación, una concesión a la espontaneidad, muy al gusto de la época, y donde la forma, si bien es cierto que no se corrige obsesivamente, también lo es que no se muestra despreocupada e inconsciente:
“Como escribo sin plan y a medida que los recuerdos vienen, me detengo en uno que ha quedado presente en mi memoria con una clara persistencia.” (11)
No ha de engañarnos una frase que emplea aquí el autor como recurso literario, y que se emplea para introducir un tema distinto a lo que se venia contando en el libro. Esa impresión de cuadros sueltos, de recuerdos que le llegan a la memoria, se engarza en la unidad del texto con frases de ese tipo, que hacen más tolerables al lector las disgresiones que el autor plantea. Bien es cierto que con ello puede sufrir la estructura del libro, pero los recuerdos se imponen y Cané no se siente con ánimo de desperdiciarlos cuando se cruzan en su camino. Ello no se contrapone con el hecho de que cuide y pula, en la medida en que su ánimo se lo permita, su propia escritura, sometiéndola a los criterios de sencillez, claridad y amenidad.
Una escritura que toma cuerpo en obras breves, dispersa en
artículos
aparecidos
en
la
prensa
o
en
crónicas
de
viaje;
la
mayoría de las veces sin un plan homogéneo ni continuado. Una literatura de tono ligero y amena lectura, de gran cronista “sin bagajes pesados” (12> , que no rechaza la forma epistolar, de mayor intimidad con su lector.Nos encontramos ante el estilo conversacional de un hombre de club, cosmopolita, elegante en su elocuencia; sin hacer concesiones y sin renunciar a esa aureola de conf idencialidad que adquiere su prosa. Todo un caballero, elegante, distinguido, distante, que sabe guardar las maneras, que sabe callar “algunas
escenas características, en las que era actor obligado y observador forzoso” (13) y que, si es necesario, sabe echar el freno a esa
pluma suelta,
retozona que le caracteriza; una pluma que en su veloz recorrido salta desde la campiña francesa, a las calles de Paris, deteniéndose un instante en el Parlamento o en la Academia. Escritura con la que realmente disfruta, que mantiene siempre el buen gusto, la benevolencia y el tono conversacional. Esa conversación entre amigos, en ocasiones, se evidencia en algunos de sus artículos: en el subtitulo de “Viejo tema” (“A un amigo”) , muestra esa intimidad comunicativa; o esa llamada de atención al público, oyente o lector, en “NessunMaggior
Dolor..
A’ -‘Figuraos...” <14)—; esa presencia del receptor se manifiesta también en el articulo titulado “Cartas a un Amigo” (de 1813), publicado en Ensayos.
Esa búsqueda de la sencillez, esa atención a la comunicación, a la pura narración de los hechos, rechazando lo descriptivo, se debe a la repugnancia que siente ante esas minuciosidades que desnudan tanto el cuerpo como el espíritu a la manera de Balzac; por no mencionar “la infecta manera de los señores Goncourt y Zola” (15) , donde lo fisiológico llega a estados patológicos o proliferan los antros en los que desaparece la dignidad humana. Cané sólo concede a lo descriptivo la atención indispensable, pues:
“No creo que la pluma alcance nunca al pincel” (16)
No debemos confundir tampoco, ni equiparar, sencillez y claridad de estilo, con simplicidad de contenido. La reflexión,
la profusión y profundidad de ideas o emociones, el mensaje, en definitiva, que se encierra envuelto entre las palabras es un don que se va adquiriendo con la madurez del espíritu, el cual aprende a saborear y a deleitarse con los perfumes más exóticos, desde los más suaves y ondulantes a los más intensos y duraderos: “Pero cuando se desprende uno de ese relámpago de vida deliciosa que se llama infancia y las ideas tumultuosas de la edad viril empiezan A germinar inspiradas por el estudio 6 la reflexión, los horizontes se ensanchan y el espíritu encuentra surcos profundos á los que se abandonan por completo.” <17)
Cada cual ha de seguir el camino que le marca su personalidad, su forma de ver la vida, para dar lo mejor de si mismo, la expresión más sincera y auténtica; para que la creación
sea un
pedazo de alma de poeta.
Por ello el artista no puede ircontra sí mismo, no puede crear sobre aquello que no siente o no comparte; su verdad artística ha de nacer en lo más profundo de su ser y ofrecerse con sinceridad a los receptores.
“Cuantas veces he intentado apartarme de
¡ni inclinación, escribir, en una palabra, sobre asuntos que no amo, no he conseguido quedar satisfecho. Cada uno debe seguir la vía que su índole le impone, porque es la única que puede desenvolver la fuerza relativa de su espíritu.” (18>Pensamiento que viene a coincidir con la idea que sobre el estilo literario tenía Baroja, como un mimetismo llevado a cabo con el espíritu, una proyección de éste y de su forma de ver y entender la vida:
“Para mi el summun del arte literario es llegar a un paralelismo absoluto entre el movimiento psíquico de ideas, sentimientos y emociones y el movimiento del estilo.” (19)
Con todo ello no se quiere dar a entender que todo texto ha de ser autobiográfico o estar estrechamente referido a aquello que rodeó nuestra vida; aunque se puede concluir que lo autobiográfico constituye para Cané un sólido punto de apoyo a
partir
del
cual
explayar
sus
confesiones,
recuerdos,
reminiscencias y recreaciones. Sirva de ejemplo, y dejando a un lado el caso de Juvenilia, esas memorias literarias de su articulo “Carlos Encina”, que lleva el significativo subtitulo de “Recuerdos íntimos” (en Charlas Literarias) y donde hace un repaso a importantes personalidades de la intelectualidad argentina de su época.Su literatura tiene el aspecto de algo desaliñado, que ha surgido siguiendo los vuelos de la imaginación. Literatura espontánea que se recoge en improvisados artículos, en aceleradas crónicas de viaje, pero literatura también reposada y pulida en otros casos (ahí está el ejemplo de Juvenilia> . Ese desaliño
exterior, en no pocas ocasiones fingido, se debe al impulso vital que domina su escritura:
“La pluma ha corrido inconscientemente [...) heme aquí bien lejos
de mi objeto” (20>
“[...] Escribo sin plan y a medida que los recuerdos vienen” <21)
“¡j..J sucesión de cuadros tomados en el momento de reflejarse en mi espíritu” (22)
Es la literatura de un cronista que pretende divertir a su público, con sus anécdotas o narraciones siempre de interés, pero sin pesadez; mostrándose un poco alegre y un poco distante. Es un
arte
frívolo,
por lo que tiene de inmediato, de mirada constantesobre el presente, de liviano e intrascendente. Así lo ha visto Marcos Victoria:
“El encanto de su estilo viene, en primer término, de esta frivolidad suya de niño mimado por la sociedad en cuyo seno creció; su estilo parece, en su levedad sin misterio, una simple transposición de su vida feliz y fácil.” (23)
Incluso cuando nos informa, cuando nos enseña música, literatura, historia, geografía, ... se muestra moderado en su