9. COMPONENTES CLAVES DE LA PREVENCIÓN DEL DELITO
9.2. LA PREVENCIÓN DEL DELITO BASADA EN EL
La formulación de las políticas basadas en el conocimiento no es una tendencia exclusiva de la prevención del delito y la seguridad ciudadana, es un movimiento mucho más amplio que supone que en la toma de decisiones se consideren bases científicas para sacar más provecho de
190 El párrafo 18 de las Directrices para la prevención del delito establece: “Capacitación y creación de capacidad Los gobiernos deben apoyar el desarrollo de conocimientos y competencias de prevención del delito: a) Facilitando el desarrollo profesional de los funcionarios de categoría superior de los organismos pertinentes; b) Alentando a las universidades, academias y otras entidades educativas pertinentes a impartir cursos básicos y avanzados, incluso en colaboración con especialistas; c) Trabajando con los sectores profesional y docente para desarrollar calificaciones profesionales y de certificación; d) Promoviendo la capacidad de las comunidades para determinar sus necesidades y satisfacerlas.”
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los conocimientos adquiridos en una determinada área de acción y a tomar en cuenta las lecciones aprendidas de la aplicación de iniciativas anteriores. Frente al crecimiento de la delincuencia y los desafíos que representa enfrentarla las políticas de prevención han tenido que probar sus resultados y enfocar sus iniciativas a través del conocimiento; por ello se tiende a cimentar la acción en el conocimiento, agrupando los procedimientos de diagnóstico a las exigencias de evaluación, procedimientos que se refuerzan y se contradicen a la vez, por ello se dice que la noción de prevención basada en el conocimiento es la política basada en evidencia.
El conocimiento debe ser el fundamento de la prevención proactiva y eficaz, así lo afirma el párrafo 11 de las Directrices para la prevención del delito señalando que el uso de una base de conocimientos constituye uno de los principios fundamentales: Las estrategias, políticas, programas y medidas de prevención del delito deben tener una amplia base de conocimientos multidisciplinarios sobre los problemas de la delincuencia, sus múltiples causas y las prácticas que hayan resultado eficaces y prometedoras. Agregando, en el párrafo 21 que los gobiernos y, en su caso, la sociedad civil deben facilitar la prevención del delito basándose en sus conocimientos, concretamente:
a) Proporcionando la información que necesitan las comunidades para abordar los problemas de la delincuencia;
b) Apoyando la adquisición de conocimientos útiles y de aplicación práctica, que sean científicamente fiables y válidos;
c) Apoyando la organización y la síntesis de los conocimientos y determinando y colmando las lagunas en la base de conocimientos; d) Compartiendo esos conocimientos, según corresponda, con
investigadores, entes normativos, educadores, especialistas de otros sectores pertinentes y la comunidad ampliada en general;
e) Aplicando esos conocimientos para repetir intervenciones satisfactorias, concebir nuevas iniciativas y prever nuevos problemas de delincuencia y posibilidades de prevención;
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f) Estableciendo sistemas de datos para ayudar a administrar la prevención del delito de manera más económica, incluso realizando estudios periódicos sobre la victimización y la delincuencia;
g) Promoviendo la aplicación de esos datos a fin de reducir la victimización repetida, la persistencia de la delincuencia y las zonas con altos niveles de delincuencia.
Como podemos apreciar las Directrices para la prevención del delito enfatizan en la importancia de aplicar conocimientos e información para promover una comprensión fundamentada de la situación actual de la delincuencia, sus causas y las posibles estrategias preventivas, pues los datos que se recogen de manera sistemática a partir de diversas fuentes fiables, y que se utiliza información científicamente válida derivada de investigaciones y evaluación de proyectos sobre el terreno ayuda a tener una idea más clara del problema, es muy importante recabar información de todas las fuentes y sectores posibles, porque en muchos países no todos los delitos son denunciados a la policía, por lo que probablemente, la información de la policía no sea exacta ni completa y podría complementarse con datos cuantitativos de encuestas, registros hospitalarios, registros escolares, datos de servicios sociales y de justicia, etc.
En este orden de ideas, una buena base de conocimientos es fundamental para la evaluación de la eficacia y la sostenibilidad de políticas, y será útil para la modificación de los programas de modo que cumplan sus objetivos.
El conocimiento debe ser amplio y de tipo inclusivo, así lo establece el párrafo 8 de las Directrices para la prevención del delito, referente a desarrollo socioeconómico e inclusión, señalando que se deben integrar consideraciones de prevención del delito en todos los programas y políticas sociales y económicos pertinentes, incluidos los que tratan del empleo, la educación, la salud, la vivienda y la planificación urbana, la pobreza, la marginación social y la exclusión. Se debe hacer particular
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hincapié en las comunidades, las familias, los niños y los jóvenes en situación de riesgo.
Por su parte el párrafo 14, relativo a diferenciación, señala: Las estrategias de prevención del delito deben tener debidamente en cuenta, según corresponda, las diferentes necesidades de los hombres y las mujeres, así como las necesidades especiales de los miembros más vulnerables de la sociedad, pues la experiencia que estos grupos tienen de la delincuencia y su vida diaria es a menudo muy diferente a la del resto de la población, y con frecuencia son excluidos social, económica e incluso culturalmente.
En este aspecto en necesario precisar que los gobiernos y los especialistas necesitan diferentes tipos de conocimientos basados en datos objetivos para la elaboración de estrategias nacionales, regionales o locales, y la planificación de una intervención programática concreta. Estos conocimientos deben ser objetivos para evaluar la envergadura y el alcance de los problemas de delincuencia, analizar sus causas, determinar las posibles soluciones y seleccionar y evaluar programas. Esta información se reúne, principalmente, en cuatro grupos:
Conocimientos sobre la incidencia y la prevalencia de los problemas de criminalidad Implican la recopilación de información cuantitativa y cualitativa de una variedad de sectores, sin ceñirse únicamente a la información comunicada por la policía u otros sectores de seguridad. Las encuestas de victimización, los servicios hospitalarios de accidentes y urgencias, departamentos escolares, de vivienda, transporte, ocio y medio ambiente, y servicios familiares, de juventud y sociales.
Conocimientos sobre las causas del delito y la victimización, además de contar con información sobre la delincuencia y los problemas sociales y económicos conexos, es importante para tener una idea de las características y tendencias principales, y los probables factores causales, conocer cuándo y dónde se dan estos problemas, y a quién afectan, lo que permitirá determinar las poblaciones más vulnerables
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y las metas o lugares más comúnmente asociados con ciertos tipos de delito. La información, como ya lo señalamos, anteriormente debe ser analizada en el marco de diversos sectores y disciplinas. Así es posible, por ejemplo se puede llegar a establecer la existencia de diversos factores coadyuvantes a la incidencia de un determinado delito en un determinado lugar, como la falta de alumbrado público, que reduce los riesgos de los delincuentes, la carencia de equipamientos y recursos de ocio, o un aumento del tráfico de drogas, cuestiones que podrían abordarse con diferentes tipos de intervenciones. Por ello resulta importante analizar el contexto específico de cada lugar en relación a los diversos tipos de delitos y problemas sociales.
El conocimiento sobre las políticas y buenas prácticas existentes son importantes al momento de seleccionar las intervenciones que tengan probabilidades de dar respuesta a los problemas de delincuencia por lo que se debe analizar los programas y servicios que ya existan en un país o ciudad, y cómo podrían mejorarse. Del similar modo es de suma utilidad examinar la experiencia en cuanto a prácticas de prevención del delito eficaces en otros países, a nivel local, regional e internacional, lo que incluye las intervenciones con resultados a corto, medio y largo plazo.
Conocimientos sobre los procedimientos para ejecutar programas y
medir sus resultados y efectos, elementos que son esenciales en una prevención eficaz de la delincuencia y en que los gobiernos deberían invertir tiempo y recursos, pues muchos programas pueden fracasar porque los encargados de ejecutarlos carezcan de las aptitudes o la comprensión necesarias, o porque los objetivos estén poco definidos o no sean realistas. La elaboración de marcos lógicos y detallados para cada intervención, con objetivos claros, poblaciones y áreas destinatarias, resultados previstos y distribución de responsabilidades bien definidas son la base para el seguimiento y la evaluación de programas. Para medir los resultados y efectos de los programas en la delincuencia y los problemas sociales constatados se necesitan conjuntos especiales de competencias y conocimientos, por ello es
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muy importante el apoyo que puedan brindar las universidades a los gobiernos en este punto.