b) Subraya la respuesta que complemente la oración.
1. El primer gobierno de Porfirio Díaz (1877 – 1880)
En mayo de 1877, el general Porfirio Díaz tomó el cargo de presidente de México, al resultar electo en las elecciones convocadas por Juan N. Méndez como presidente interno del consejo.
Durante esta etapa, Díaz tuvo como prioridad apegarse y apoyar las leyes electorales ahora incluidas en la constitución, sobre todo en el principio de no reelección, estipulada en el artículo 78 de la constitución en ese entonces vigente y que decía; “El presidente entrará a ejercer su cargo el 1° de diciembre y durará en él 4 años, no pudiendo ser reelecto nuevamente hasta que haya pasado igual periodo, después de haber cesado sus funciones”. También se habría convocado el comité para la elección del Senado en abril de 1877, el proceso había finalizado para septiembre del mismo año.
Al inicio de su periodo presidencial las cosas aún eran difíciles, las facciones surgidas tiempo atrás seguían causando disturbios dentro del gobierno, ahora con la intervención de nuevos liberales cuyo primer objetivo era desplazar a los antiguos, lo que originó una guerra interna en este grupo. Y con la constante rivalidad con las facciones lerdistas e iglesistas, con las que había luchado en la
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revolución de Tuxtepec y que obviamente estaban involucradas en el ámbito político. Estos conflictos deberían ser resueltos inmediatamente si quería lograr su plan de desarrollo social y económico, a fin de conseguir la ansiada estabilidad del País.
Al paso del tiempo, Díaz fue consiguiendo mayor popularidad, por la aparente satisfacción de los miembros del congreso, a quienes otorgo una gran libertad, que después provoco grandes conflictos entre ellos a los que Díaz daba solución, de este modo crecía la figura del presidente y acercaba a él a personas que anteriormente habían sido sus enemigos.
Las amenazas a la estabilidad política del país no sólo se encontraban dentro del congreso, si no, también a lo largo del territorio nacional, en donde eran frecuentes las rebeliones lerdistas con el objetivo de regresar a su líder al poder, los grupos de bandoleros que asechaban el comercio de diversas zonas, rebeliones campesinas y de obreros en general, ataques de indios apaches provenientes de Estados unidos, dirigidos a las poblaciones del norte del país, estos y algunos otros disturbios hacían aún más difícil el progreso de la nación.
La decisión de Díaz ante estas situaciones fue crear grupos de soldados que anteriormente combatieron a su lado en la revolución de Tuxtepec, situados en diversos puntos como policías rurales, a fin de combatir los conflictos locales de cada entidad, ellos fueron llamados guardias rurales, que con el paso del tiempo se volvieron famosos y temidos, por sus métodos de apaciguar los disturbios. A los ex compañeros de Díaz se les hacía llegar una “invitación” a unirse a estos grupos, que según sus propias palabras era sencillamente “pan o palo”. Y significa obviamente que a los que decidieran acudir al llamado serian recomenzados, mientras que a los que declinaban tal “invitación” se les reprendía por cargos como desacato o insubordinación.
Un ejemplo de este tipo de acciones de pacificación fue la acontecida hacia 1879, cuando ocurría una supuesta conspiración de nueve comerciantes a favor de Lerdo en Veracruz, donde el gobernador Luis Mier y Terán preguntó a Díaz sobre las acciones que se debían llevar a cabo en este caso, a lo cual respondió “Mátalos en caliente”, con el fin de este supuesto no provocara disturbios en su contra.
Otra estrategia para obtener mayor poder fue el favor de los
caciques, personas de gran poder a quienes les daba beneficios y les permitía satisfacer sus necesidades de riqueza y poder político,
Juan N. Méndez.
Después de tener, cierto apoyo por parte de sus “camaradas”, Díaz decidió arreglar los problemas externos que había provocado sus predecesores, desde la restauración de la República, cuando la desesperación de los grupos liberales y conservadores acabaron con la relación que se tenía con potencias como Francia, España e Inglaterra; y lograr el reconocimiento de otras que habían reconocido el Imperio de Maximiliano y se negaban a aceptar a Díaz. Siendo de estos contratiempos el más importante la ruptura diplomática con Estados Unidos, que después de la caída de Lerdo suspendió toda relación con México y de igual modo no reconocían al actual presidente. Esta relación era de vital importancia para el país, ya que aparte de ser la potencia occidental con quien se había tenido cierta relación diplomática, existía la latente amenaza de que el país del norte intentara expandir sus territorios hacia México, con el pretexto de las deudas que se tenían con este país.
Para lograr el reconocimiento Díaz acepto las siguientes demandas:
•El pago puntual de las indemnizaciones impuestas por estados unidos bajo el concepto de “daños causados por las autoridades de la República Mexicana”, pactado por ambos gobiernos en julio de 1868.
•Pago de daños causados a ciudadanos estadounidenses residentes en México a causa de las revueltas de La Noria y Tuxtepec.
•El compromiso de no obligar a ciudadanos estadounidenses residentes en territorio nacional a otorgar préstamos.
•La derogación de las leyes que prohibían a los estadounidenses a adquirir tierras en territorio fronterizo.
•La abolición de las zonas libres entre fronteras de ambas naciones, a fin de detener el contrabando Europeo hacia Estados Unidos •Detener los conflictos fronterizos que asediaban fuertemente a México, con el objeto de proteger el patrimonio estadounidense cerca de estas regiones, a los ciudadanos que transitaban por estos lugares y a los que residían cerca de estos puntos.
Bandoleros en el porfiriato.
Porfirio Díaz y un grupo de hacendados.
Algunos de los puntos de este acuerdo eran de provecho para ambas naciones, sin embargo había otros que podrían servir al país vecino para aprovechar la debilidad de México y con el pretexto del no cumplimiento de dicho acuerdo, lanzar algún ataque con el objetivo de su deseada expansión territorial. Por lo que Díaz debía ser muy cauteloso con su cumplimiento.
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Cerca de 1880, un grupo de empresarios estadounidenses,
viajaron a la ciudad de México y tuvieron una entrevista de negocios con Porfirio, estas negociaciones eran nada menos que para la construcción del ferrocarril internacional, siendo las vías ferroviarias uno de los principales aportes del porfiriato al desarrollo de la economía del país. Así mismo envió a algunos representantes a diversas naciones con el objetivo de estrechar lazos y lograr el reconocimiento del gobierno mexicano, entre los que estaba Ignacio Vallarta, quien logro reanudar relaciones oficiales con Bélgica, Alemania, Italia, Francia, España y Gran Bretaña.