beneficio al pueblo, sino que establecieron en los cargos a quienes mayores daños os habían causado, tomando esto como prueba de fidelidad por nuestra parte. Esto es lo que todos debéis tomar en consideración; y no prestar fe a las palabras de éstos, sino examinar, en razón de los hechos, lo 14 que casualmente ha realizado cada uno. Porque yo, jueces,
ni pertenecí a los Cuatrocientos — o que venga a demostrar lo el que quiera de mis acusadores— ni, desde luego, cuan do se establecieron los Treinta, nadie podrá demostrar que formé parte del Consejo o desempeñé cargo alguno. Y sin embargo, si no quise aceptar un cargo teniendo la posibili dad de hacerlo, es justo que ahora reciba honores de voso tros. Porque si los entonces poderosos no consideraron dig no hacerme partícipe de su régimen, ¿de qué otra manera,
DISCURSO XXV 1 8 5
sino así, podría demostraros con mayor claridad que mis acusadores mienten?
Todavía más, jueces: es justo que hagáis el examen 15 también partiendo de las demás acciones que yo he realiza do. Pues en las calamidades de la ciudad me he mostrado de tal manera que, si todos hubieran tenido la misma actitud que yo, nadie de vosotros se habría visto afectado por des gracia alguna. Se verá obviamente que durante la oligarquía nadie fue arrestado por mí; que ninguno de mis enemigos ha sido objeto de venganza, ni objeto de favor ninguno de mis 16
amigos — y no vale que os admiréis de esto último, pues en aquel tiempo era difícil hacer bien y, en cambio, era fácil delinquir para quien lo quisiera— . También se verá que no inscribí a ningún ateniense en la lista5 ni que haya realizado arbitraje alguno contra nadie, ni me he hecho más rico a costa de vuestras desgracias. Y, claro está, si os irritáis con tra los responsables de los males acontecidos, es razonable que también tengáis por hombres mejores a quienes ningún crimen cometieron. Y lo que es más, jueces: creo haber da- π do acerca de mí mismo la mayor prueba de fidelidad a la democracia. Yo que entonces no cometí ningún delito, aun que se me ofrecía una facilidad tan grande, sin duda estaré ahora muy dispuesto a ser un buen ciudadano sabiendo que, si cometo un delito, seré castigado inmediatamente. Mas es tal el talante que tengo siempre que en la oligarquía no am bicioné lo ajeno y en la democracia gasto mis bienes gene rosamente en vosotros.
Creo, jueces, que no sería justo que odiarais a quienes is en la oligarquía no sufrieron daño, cuando podéis irritaros contra quienes cometieron crímenes contra el pueblo; ni que
s Es una lista de proscripción, instigada por Lisandro, cf. I s ó c r a t e s ,
1 8 6 U SIA S
consideréis enemigos a quienes no se exiliaron, sino a quie nes os expulsaron; ni a quienes se esfuerzan por salvar sus bienes, sino a quienes se han quedado con los ajenos; ni a quienes permanecieron en la ciudad pensando en su propia salvación, sino a quienes tomaron parte en el régimen con la voluntad de perder a otros. Si pensáis que debéis matar vosotros a los que aquéllos dejaron de agraviar, no va que dar ningún ciudadano.
19 Es también necesario examinar esto, jueces. Todos sa
béis que en la democracia anterior muchos de los que ges tionaban los asuntos de la ciudad robaban los dineros públi cos; y que algunos se dejaban comprar a expensas vuestras y otros causaron la defección de nuestros aliados a fuerza de delaciones6. Cierto que si los Treinta hubieran castigado solamente a éstos, hasta vosotros los tendríais por hombres buenos. Ahora bien, cuando ellos pretendieron perjudicar al pueblo por los delitos cometidos por aquéllos, os indignas teis pensando que era cosa terrible que los crímenes de unos
20 pocos fueran comunes a toda la ciudad. Por tanto no es justo
que caigáis en los errores que visteis cometer a aquéllos; no consideréis justo, cuando se lo hacéis a otros, aquello que considerabais injusto cuando lo sufríais vosotros; al contra rio, ahora que habéis regresado, seguid teniendo sobre noso tros la misma opinión que teníais sobre vosotros cuando fuisteis al exilio. Pues como consecuencia de ello crearéis la máxima concordia, la ciudad será muy grande y vuestro voto será muy doloroso para vuestros enemigos.
21 Debéis también, jueces, pensar en lo que sucedía en la
época de los Treinta, a fin de que los errores de vuestros
6 Eran delatores políticos que, a expensas de algún grupo, se cebaban en los aliados que podían ser juzgados por la jurisdicción ateniense. En 1 Sócrates (XV 315) se repite la misma queja que aquí.
DISCURSO XXV 1 8 7
enemigos os hagan tomar mejores decisiones sobre vuestros asuntos. En efecto, cuando oíais que los de la ciudad tenían una misma opinión, albergabais pocas esperanzas de regre sar, porque pensabais que nuestra concordia era el mayor azote para vuestro exilio. Cuando, por el contrario, os ente- 22
rasteis de que los Tres Mil tenían disensiones, que los de más ciudadanos habían sido proscritos de la ciudad, que ios Treinta estaban en desacuerdo y que era mayor el número de los que os temían que el de los que os combatían, enton ces ya teníais esperanzas de regresar y castigar a vuestros enemigos. A los dioses les suplicabais aquello que los veíais hacer, pensando que era mucho más fácil el que os salvarais por la maldad de los Treinta que el que regresarais gracias a la fuerza de los exiliados.
Por tanto, jueces, debéis serviros como ejemplo de lo 23 sucedido en el pasado cuando deliberéis sobre los aconte cimientos futuros y que consideréis que los más partidarios de la democracia son aquellos que, por deseo de que voso tros sigáis en concordia, se atienen a los juramentos y a los acuerdos, pensando también que ésta es la más suficiente salvación de la ciudad y el máximo castigo para los enemi gos: nada, en efecto, sería para ellos más duro que el ente rarse de que nosotros tomamos parte en el régimen y el percibir que la disposición de los ciudadanos es tal, como si ninguna queja hubiera habido entre ellos. Debéis saber, jue- 24 ces, que los exiliados desean que sea calumniado y quede privado de derechos el mayor número de los demás ciuda danos, porque esperan que los que sean agraviados por vos otros van a ser aliados suyos, y preferirían que los sicofan tas gozaran de buena reputación entre vosotros y fueran poderosos en la ciudad: piensan que la maldad de éstos es su propia salvación.
1 8 8 LISIAS
25 Es también importante recordar los acontecimientos
posteriores a los Cuatrocientos, pues advertiréis bien que lo que éstos os aconsejan nunca os ha reportado ventajas, mientras que lo que os recomiendo yo es siempre conve niente a ambos regímenes. Sabéis, en efecto, que Epígenes, Demófanes y Clístenes7 hicieron su agosto particular con las desdichas de la ciudad y en lo público son responsables
26 de los mayores daños: os persuadieron a que condenarais a muerte a algunos sin juicio, a que confiscarais injustamente los patrimonios de muchos y a que exiliarais y privarais de derechos a otros ciudadanos. Tal era su índole que a los culpables los soltaban a cambio de dinero y a quienes no habían delinquido los perdían con denunciarlos ante vos otros y no se detuvieron hasta sumir a la ciudad en disen siones civiles y en los mayores infortunios, y hasta que ellos mismos se hicieron ricos de pobres que eran.
27 En cambio vuestra disposición era tal, que aceptasteis a
los exiliados, a los privados de derechos se los devolvisteis y prestasteis juramento por la concordia con los otros; en fin, habríais castigado con más gusto a los que vivían de la delación en la democracia que a los que tenían el poder en la oligarquía. Y con razón, jueces: es ya claro para todos que gracias a los que fueron gobernados injustamente en la oligarquía resurgió la democracia, mientras que por culpa de los que ejercían la delación en la democracia se estable ció dos veces la oligarquía. Conque no es justo que os sir váis tan a menudo de éstos como consejeros, cuando no os ha beneficiado ni una sola vez el prestarles oídos.
28 Es necesario considerar que, entre los del Pireo, aque
llos que mejor reputación tienen, que más peligros han co rrido y que más numerosos favores os han hecho ya han
DISCURSO XXV 1 8 9
aconsejado muchas veces al pueblo que se atenga a los ju ramentos y a los pactos, por pensar que éstos son la salva guardia de la democracia: en efecto, a los de la ciudad les van a asegurar la amnistía por sus acciones pasadas y a los del Pireo el que de esta manera el régimen podría perdurar
el mayor tiempo. A éstos sería más justo que dierais crédito 29
antes que a estos otros que en el exilio fueron salvados por otros y en el regreso se dedican a la delación. Jueces, creo que, entre los que permanecieron en la ciudad, aquellos que tienen la misma opinión que yo han dejado claro tanto en la oligarquía como en la democracia qué clase de ciudadanos son. Sobre estos otros, en cambio, valdría la pena pregun- 30
tarse qué habrían hecho si se les hubiera permitido pertene cer a los Treinta cuando, ahora que hay democracia, reali zan las mismas acciones que aquéllos: de pobres se han hecho ricos rápidamente, desempeñan muchos cargos y no rinden cuentas de ninguno, en vez de la concordia han sem brado la desconfianza de unos hacia otros, en vez de la paz han proclamado la guerra, por culpa de éstos hemos perdido la credibilidad a los ojos de los griegos.
Y pese a que son responsables de todos estos males y de
otros muchos; pese a que en nada se diferencian de los 31
Treinta — excepto en que aquéllos, durante la oligarquía, tenían las mismas apetencias que éstos, mientras que éstos, incluso en la democracia, ambicionan lo mismo que aqué llos— pese a todo se creen en el deber de hacer daño así de fácilmente a quien les venga en gana, como si los culpables fueran los otros y ellos se hubieran convertido en hombres excelentes. Y no es justo extrañarse de éstos, sino de vos- 32
otros que creéis que hay democracia y, sin embargo, se hace lo que a éstos les viene en gana; y no reciben castigo los que agravian a vuestro pueblo, sino los que no ceden sus bienes. Ellos preferirían una ciudad empequeñecida antes que una
190 LISIAS
33 grande y libre gracias a otros, porque piensan que ahora, debido a los peligros del Pireo, tienen la posibilidad de ha cer lo que quieran, pero si más tarde debierais a otros vues tra salvación, ellos [...]8 y los otros tendrían más influencia. Por temor a esto constituyen un estorbo si se os presenta al- 34 go bueno por agencia de otros. Por consiguiente, no es nada
difícil de comprender para quien lo quiera: ellos no tienen deseos de pasar inadvertidos, antes bien sienten vergüenza si no parece que son perversos; y vosotros unas cosas las veis en persona, mientras que otras se las oís a muchos otros. En cuanto a nosotros, jueces, por un lado considera mos justo que vosotros os atengáis a los pactos y juramen- 35 tos con relación a todos los ciudadanos; por otro lado, sin
embargo, cuando vemos que reciben su castigo los respon sables de los males, os excusamos pensando en las cosas que sucedieron con vosotros; pero cuando resulta evidente que castigáis por igual a los no culpables de nada y a los delincuentes, con el mismo voto a todos nosotros *** 9
8 El texto está corrupto y son muchos los intentos que ha habido de restaurarlo. No hemos adoptado ninguno, pero es claro que debía decir al go como «ellos perderían credibilidad».
9 La laguna que hay al final se debe a la pérdida de ocho páginas en el manuscrito Palatino.