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Problemas de citas escriturarias

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En este capítulo entramos al examen de las dificultades que el estudiante puede encontrar en sus estudios. Para los que han aceptado la doctrina bíblica de la entera inspiración de las Escrituras y de su infalibilidad, cualquiera dificultad será percibida como real y amenazadora. Cuando no se encuentra alguna explicación fácil para el problema, puede sentirse tentado a dudar la verdad del texto sagrado, o de su inspiración. Por lo tanto será necesario enfrentar francamente las dificultades contenidas en el texto, y si es posible, resolverlas. Al mismo tiempo el estudiante debe reconocer que no será posible resolver toda dificultad para todos, de alguna manera satisfactoria.

Primero vamos a considerar las discrepancias entre algunos textos del Antiguo Testamento y la forma en que se citan en el Nuevo. Este problema es algo importante, ya que hay 263 citas directas del Antiguo Testamento en el Nuevo y otras 376 menos directas—según se han contado.

El propósito de este estudio será procurar entender las razones por las discrepancias, y demostrar que no afectan ni la veracidad de las Escrituras, ni el concepto evangélico de su completa inspiración.

El origen de las citas del Antiguo Testamento

Hablando generalmente, las citas tomadas del Antiguo Testamento vienen de la Septuaginta, la “Versión de los Setenta”, comúnmente indicada con el número romano LXX. Esta fue la traducción del Antiguo Testamento en hebreo, al griego, hecha por un grupo de hebreos eruditos—setenta, según la tradición—residentes en Alejandría de Egipto. La traducción fue hecha unos dos siglos antes de Cristo. Ahora parece que la traducción fue hecha usando libros del Antiguo Testamento que variaban hasta cierto punto de los textos que fueron reconocidos más tarde como parte del canon de la Escritura. Esta selección final fue hecha entre los años 70 y 100 d. de J.C.1 Normalmente los judíos de la Diáspora usaban esta versión de las Escrituras para su lectura, estudio y memorización. Era natural, pues, que los escritores del Nuevo Testamento usaran este texto griego cuando citaban el Antiguo Testamento; en parte porque lo conocían de memoria, y en parte porque escribían en griego.

A veces los escritores creyeron necesario citar los textos directamente del hebreo original, haciendo ciertos cambios en el texto de la LXX porque querían corregirlo en aquellos puntos.

Con gran frecuencia los escritores no procuraban citar el Antiguo Testamento con exactitud verbal, sino dar solamente el sentido del texto

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original. Cuando hicieron así, no sería correcto criticarlos por su inexactitud. Más bien debemos clasificar tales citas como aproximadas o

indirectas, o quizá como una alusión solamente al texto original, que no

pretende traducir o citarlo con exactitud verbal.

El hábito de citar a otros con inexactitud es ilustrado en Juan 13:10, 11. Allí Jesús dice: “Y vosotros limpios estáis, aunque no todos.” Pero en el siguiente versículo el Evangelista cita las palabras de Cristo en otra forma: “Por eso dijo: No estáis limpios todos.” A pesar de que la cita es directa, es evidente que el escritor no se preocupaba por la exactitud de la cita; aunque sí, citó las palabras de Jesús con completa veracidad en cuanto al contenido de su declaración. En la segunda forma de la declaración no falta nada, ni le sobra. La diferencia en las dos formas de citar las palabras puede entenderse como el deseo del escritor de evitar el sonido monótono de la repetición de sus palabras junto a las anteriores.

El mismo fenómeno puede notarse en 1 Reyes 12:5 y 12. En el v. 5 dice el rey Roboam: “Idos, y de aquí a tres días volved a mí.” Luego en el v. 12 el escritor cita estas mismas palabras del rey en otra forma: “Volved a mí al tercer día.” Aparte de la variación en el orden de las palabras, el escritor emplea dos expresiones sinónimas, aunque literalmente diferentes.

Estos dos casos demuestran claramente que los hebreos no insistían en la exactitud verbal cuando citaban las palabras de otra persona, aun cuando fueran palabras de Cristo mismo. La misma costumbre era seguida cuando citaban el Antiguo Testamento en el Nuevo.

A veces las citas fueron hechas más exactamente según el texto hebreo original. Por ejemplo, Mateo, que normalmente toma las citas de la Septuaginta, usa el texto hebreo cuando se refiere al Mesías.

En algunos casos las citas son parafrásticas,2 o muy abreviadas. Salmo 78:2, 3 dice:

Abriré mi boca en proverbios;

Hablaré cosas escondidas desde tiempos antiguos, Las cuales hemos oído y entendido;

Que nuestros padres nos las contaron. Pero Mateo lo cita en otra forma: Abriré en parábolas mi boca;

Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo.

Es claro que Mateo (13:35) lo ha citado en forma abreviada; pero también cambia algunas expresiones, sin duda por creer que así expresaba más claramente el sentido del original.

Algunas citas son realmente combinaciones de varios textos. Por ejemplo, Marcos 1:2, 3 reza como sigue:

He aquí yo envío mi mensajero delante de tu faz, El cual preparará tu camino delante de ti. Voz del que clama en el desierto:

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