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Problemas teóricos para un análisis basado en el concepto de implicación

2. Valores de <ir a + infinitivo>: Descripción

2.2. Significado básico de <va a + infinitivo> por oposición a cantaré

2.2.3. Problemas teóricos para un análisis basado en el concepto de implicación

En este apartado veremos de forma conjunta algunos problemas de tipo tanto teórico como empírico que presentan las propuestas que acabamos de examinar.

El primero de los problemas tiene que ver con las nociones mismas de participación o implicación del hablante: en el sentido de que no se analizan teóricamente, podemos afirmar que son nociones preteóricas. Con esta conclusión cerrábamos el epígrafe precedente: pueden tanto hacer referencia a información presuposicional como tener naturaleza modal (también Haegeman (1989: 291), independientemente).

Supongamos, sin embargo, que las nociones de subjetividad o implicación del hablante definen las condiciones de uso de la perífrasis frente a la correspondiente forma simple. En las construcciones que enumeramos a

continuación, la explicación en función de estas nociones o bien es irrelevante, o bien hace las predicciones incorrectas.

Repárese en las oraciones de (37):

(37)

a. Alicia va a tener el niño. b. Alicia tendrá el niño.

No nos parece que el uso de <va a + infinitivo> suponga un grado de participación, interés o implicación del hablante en el evento mayores de lo que lo supone el empleo del futuro. O dicho de otra forma, en las oraciones en las que se utiliza la perífrasis el hablante no aparece más implicado en el evento descrito de lo que lo hace en aquellas en las que se emplea el futuro. La misma dificultad de aprehensión comporta la utilización del argumento de la cercanía psicológica.

La situación inversa conduce a la misma conclusión: la imposibilidad de que las dos formas alternen en los ejemplos siguientes no puede explicarse recurriendo a la teoría de la implicación del hablante:

(38)

a. Alicia va a tener un hijo. (=(11)a) b. Alicia tendrá un hijo.

c. Voy a desmayarme. d. Me desmayaré.

Recordamos que en estos casos la imposibilidad de la alternancia obedecía a que con la perífrasis describíamos una acción como inminente.

Empecemos por (38)c y (38)d. El interés, o la participación, del hablante en el evento descrito no puede variar porque en este caso el hablante coincide con el sujeto sintáctico. Es decir, no podemos suponer que el hablante prefiere utilizar el futuro cuando su implicación en el evento es menor, dado que esta situación no es posible. Esto quiere decir que debemos buscar una explicación alternativa para dar cuenta de estos casos o bien definir las nociones de implicación del hablante de forma más precisa, como sugiere Haegeman (1989: 293 y ss.). En (38)a y (38)b, y al igual que en los ejemplos de (37), el grado de implicación del hablante es irrelevante, o más exactamente, no está claro que pueda ser diferente del que es.

Tampoco esta distinción aporta nada significativo cuando la alternancia es con la primera persona plural del imperativo:

(39)

a. -Vamos a darle una voz. [R. Sánchez Ferlosio, EJ: 60] b. Démosle una voz.

El significado de la perífrasis en (39)a es exhortativo: el hablante se dirige al oyente presentándole una proposición para que actúe y la lleve a cabo y a la vez se incluye como destinatario de la proposición (Palmer 1986:108 y ss), de manera que él también actúa. El uso inclusivo de la primera persona del plural explica que pueda emplearse con valor exhortativo, y, por consiguiente, que pueda alternar con el imperativo (véase también el 2.1 del Capítulo 5)18.

Tanto la hipótesis que caracteriza <va a + infinitivo> como la forma de la subjetividad como la que defiende que expresa una mayor implicación por parte del hablante son irrelevantes para explicar la alternancia con el imperativo: por un lado, no parece ajustado ni a los datos ni a la interpretación afirmar que con la forma perifrástica el interés o la participación del hablante en el evento descrito es mayor porque se trata de imperativo inclusivo: el hablante está incluido en la extensión en los dos casos. Por otro, al tratarse del modo imperativo la noción de aserción en cualquiera de sus grados es irrelevante. O dicho de otra forma, (39)a y (39)b son enunciados que pertenecen a actos de habla de diferente naturaleza de los actos asertivos.

En el siguiente contexto la alternancia es imposible de nuevo, aunque la teoría de la subjetividad predice que debería ser la forma preferida –descártese en (40)a la interpretación de ir como verbo de desplazamiento:

(40)

a. *Quiero que vayan a vivir en una casa en el campo. b. Quiero que vayan a vivir en una casa en el campo.

Podemos suponer que en el caso de los verbos de volición la implicación del hablante es máxima; a pesar de ello, estos contextos rechazan la perífrasis (para este contraste y los que siguen véase el § 5 del Capítulo 6). Tampoco la

distinción entre situación asumida y situación contingente nos ilustra acerca de la ausencia de alternancia en (40).

El rasgo de la subjetividad es igualmente irrelevante a la hora de explicar por qué en contextos como el que ejemplificamos a continuación <va a + infinitivo> no puede sustituir al futuro:

(41)

a. Aprueba todo el curso y te compraré la moto. [Montolío (1999: 3697, (62a))] b. *Aprueba todo el curso y te voy a comprar la moto.

Este contraste demuestra que la intencionalidad no puede ser el rasgo caracterizador de <ir a + infinitivo>; si lo fuera debería ser la forma que se empleara en (41), situación que no se da. Y ello a pesar de que este sería el significado que se le atribuiría a esta expresión en el caso de que la oración que contiene la perífrasis fuese independiente (cfr. Te {voy a comprar/ compraré} la

moto).

Obsérvense a continuación las oraciones de (42):

(42)

a. Creo que va a tener el hijo. (cfr. (38)a) b. Creo que tendrá el hijo.

(42)a es interesante porque debería ser agramatical: si la perífrasis se caracteriza, frente a la forma temporal, por presentar el evento como asumido o por presuponer que se presenta como tal, esperaríamos que fuese incompatible con un verbo de creencia, dado que estos son de aserción débil. Sin embargo no es así. Efectivamente, es bien sabido que las propiedades semánticas del predicado principal pueden imponer determinados requisitos semánticos en el predicado subordinado. Cuando estos no se cumplen, la oración disuena. Un ejemplo clásico lo constituyen los predicados del tipo de ordenar. Estos predicados directivos son incompatibles con un complemento que refiera a un estado de cosas anterior al evento de ordenar (cfr. *Ordenó que llegara ayer). La conclusión que cabe extraer es que si se tratase de una propiedad semántica de <ir a + infinitivo>, debería ser sensible a este tipo de restricciones léxicas, pero no lo es.

Sedano (1994: 234, 237), sin embargo, ofrece un aparente contraargumento. Sostiene esta lingüista que la imposibilidad de que <va a + infinitivo> y cantaré alternen cuando este equivale al futuro de conjetura, como ilustran los ejemplos de (16) repetidos a continuación como (43)

(43)

a. ... aquí la gente no sé, no sé que pensará. b. #... aquí la gente no sé, no sé que va a pensar.

debe interpretarse en el sentido de que el significado de probabilidad propio de estos contextos es incompatible con el valor de hecho asumido o de actitud asertiva y confiada que se asocian con <ir a + infinitivo>. Aunque este dato podría ser considerado como una prueba a favor de la teoría de la oposición [asumido/contingente], creemos que los argumentos que existen en contra de este análisis son lo suficientemente poderosos como para avalar el recurso a otra hipótesis que nos permita incluir los casos de (43). En el § 4 del Capítulo 5 volvemos sobre este contraste.

Para resumir. Debemos buscar una explicación alternativa a la teoría de la subjetividad o de la implicación del hablante. Repárese en que no negamos que el criterio de la subjetividad no sea importante, lo que afirmamos es que en los términos en los que está definido no es operativo para dar cuenta del significado y de la distribución de la perífrasis.