CAPÍTULO 3: MARCO TEÓRICO
3.5 Procesos académicos inclusivos
Dentro de los lineamientos del MEN (2013) también identifica cinco retos, los cuales permiten precisar sus estrategias y acciones de fomento de la educación superior inclusiva. Esta idea es reforzada por autores que, con relación a un avance hacia una mayor inclusión, afirman que “es necesario impulsar y sostener procesos de reflexión y cambio orientados a mejorar la capacidad de respuesta de la escuela a la diversidad, tanto a nivel de la organización, de los procesos de enseñanza aprendizaje y de la cultura escolar” (Duk & Murillo, 2010, p. 12).
El primero de los retos planteados por los lineamientos del ministerio son los procesos académicos inclusivos, definidos como,
El conjunto de criterios, planes de estudio, programas, metodologías, y procesos que contribuyen a la formación integral y a la construcción de la identidad cultural nacional, regional y local, incluyendo también los recursos humanos, académicos y físicos para poner en práctica las políticas y llevar a cabo el proyecto educativo institucional. (MEN, 2013, p. 51).
El MEN (2013) establece que este conjunto de procesos se caracteriza no solo por su flexibilidad en la globalización y la proyección social, sino también por su enfoque
88
interdisciplinar, el cual “busca facilitar el aprendizaje y el desarrollo de capacidades, potencialidades y/o competencias de la diversidad estudiantil” (p. 51).
Kaplún (2012) sustenta que la integralidad convoca a encuentros interdisciplinarios cuando construye agendas de investigación sustentadas en el diálogo con la sociedad. Lo anterior abre posibilidades de producción de conocimientos; especialmente mediados por el aprendizaje mutuo entre quienes se están formando en disciplinas diferentes.
Pedroza (2006) presenta que la interdisciplinariedad es “la interacción existente entre dos o más disciplinas, que mantienen diversos canales de comunicación” (p. 80). Para describir estos canales, Pedroza (2006) refiere a Apostel, planteando que esta interacción puede ir de la comunicación de ideas a una integración mutua de conceptos de base.
Para complementar el concepto, Tamayo (s.f.) también expresa que “la interdisciplinariedad incorpora los resultados de las diversas disciplinas, tomándolas de los diferentes esquemas conceptuales de análisis, sometiéndolas a comparación y enjuiciamiento y, finalmente, integrándolas” (p. 5).
Lazo (2011) sustenta que los docentes, profesionales y demás agentes educativos deben cambiar su forma de pensar y actuar, es decir, tener una mentalidad más abierta y flexible, estableciendo a su vez, una relación interdisciplinaria entre los fenómenos.
De la misma manera, el MEN (2013) enuncia que la interdisciplinariedad abre las puertas para una interpretación más analítica de la realidad social. En el contexto colombiano, y desde la perspectiva académica, esto es necesario para comprender temas como el conflicto armado y la diversidad cultural, contribuyendo a un mejor conocimiento de las regiones, “ya que procesos académicos que se adaptan a las particularidades de un entorno determinado son incluyentes y lo impactan de manera positiva” (p. 52).
89
En la actualidad también se habla de transdisciplinariedad, concepto que va más allá de un intercambio de información entre disciplinas y que en palabras del autor Nicolescu, (citado por Castro-Gómez, 2002):
(…) afecta el quehacer mismo de las disciplinas porque incorpora el principio del tercio incluido. Mientras que las disciplinas trabajan con el principio formal del tercio excluido (A no puede ser igual a -A), la transdisciplinariedad incorpora la idea de que una cosa puede ser igual a su contrario, dependiendo del nivel de complejidad que estemos considerando (Castro-Gómez, 2010, p. 47).
Igualmente, Castro-Gómez establece un vínculo interesante entre este concepto y la inclusión:
La transdisciplinariedad introduce un viejo principio ignorado por el pensamiento analítico de las disciplinas: la ley de la coincidencia oppositorium. En el conocimiento, como en la vida, los contrarios no pueden separarse. Ellos se complementan, se alimentan mutuamente, no pueden existir el uno sin el otro, como quiso la lógica excluyente de la ciencia occidental. En lugar de separar, la transdisciplinariedad nos permite ligar (link) los diversos elementos y formas del conocimiento (…) La transdisciplinariedad busca cambiar esta lógica exclusiva ("esto o aquello") por una lógica inclusiva ("esto y aquello"). (Castro-Gómez, 2010, p. 51).
Marín (2008) señala algunos principios básicos de escuelas con enfoque inclusivo, y las describe como aquellas “que potencian la autonomía de actuación y de pensamiento siendo tolerantes y buscando acuerdos a través del diálogo” (p. 85). Es decir, escuelas que la apuestan al interculturalismo, de manera que a través de la interacción sin prejuicios, sus miembros adquieran “una mentalidad abierta y tolerante hacia las distintas culturas y recursos que le sirvan para desenvolverse en diferentes modelos culturales” (p. 86).
Una de las primeras escuelas de la pedagogía en sentar las bases para la inclusión fue la pedagogía crítica; dado que su enfoque estaba dirigido esencialmente hacia grupos excluidos por razones fundamentalmente culturales. A medida que todo tipo de grupos sociales
90
vulnerables fueron adquiriendo mayor visibilidad, la pedagogía crítica retomó importancia, tal y como lo indica Meléndez (2009), quien reconoce:
(…) el origen de la Pedagogía Crítica en la cuna misma de los desposeídos de América Latina, en las manos del gran pedagogo Paulo Freire, quien fundamentado en la Teoría Crítica de la Escuela de Frankfurt y en las circunstancias de los más pobres, considera que es en el marco de la educación donde se puede alcanzar el empoderamiento y la emancipación de los desposeídos y es la pedagogía la vía hacia la verdadera libertad, en tanto puede permitir a los sujetos transformar sus propios medios y circunstancias. (Meléndez, 2009, p. 124).
Meléndez menciona también a Giroux, quien enfatiza que “la Pedagogía Crítica permite la interdisciplinariedad, leer la historia para recuperar poder e identidad, y el conocimiento curricular que interactúa con el conocimiento cotidiano, las historias de vida y las prácticas
culturales éticas de los involucrados” (Meléndez, 2009, p. 124).
Los procesos académicos inclusivos también abarcan la evaluación, la cual es determinante para definir el enfoque desde el cual se trabaja, tal y como afirmó la autora Meléndez (2009):
Así, muchos de los centros que dicen trabajar desde el enfoque inclusivo desdibujan sus intentos al combinar sus estrategias con formas evaluativas tradicionales que, por lo general, se contraponen a la atención educativa a la diversidad. Por esa razón, es necesario poner especial atención sobre las formas de evaluación de los aprendizajes, a fin de que éstas realmente permitan el mejoramiento de los procesos educativos y el crecimiento personal y conjunto de todos los alumnos (Meléndez, 2009, p. 130).