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procesos de subjetiva ci—n y de moderniza-

In document DESARROLLO HUMANO EN CHILE 1998 (página 31-33)

ci—n se ha revelado

como azarosa, asincr—-

nica y a ratos contra-

dictoria

seguir siendo moderna, ha debido plan- tearse nuevamente en tŽrminos propositivos el problema de la mediaci—n entre la subje- tividad y los sistemas sociales. La respuesta ha partido por el reconocimiento de las nuevas condiciones en que se debe plantear ese problema. Entre esas condiciones se menciona la crisis de una subjetividad global o totalizante que corre a parejas con la alta diferenciaci—n de los sistemas e instituciones sociales. Esa tendencia de fragmentaci—n se expresa tambiŽn en el marco de la llamada globalizaci—n. All’ se enfrentan un espacio y un tiempo en un extremo cada vez m‡s universal y homogŽneo y en el otro cada vez m‡s particular y localizado. Lo universal y lo local se refuerzan a la misma velocidad con la que se diferencian.

Estos nuevos elementos del contexto actual impedir’an plantear el tema de las comple- mentariedades mediante una racionalidad o programa œnico, referido a una subjetividad de tipo œnico, como el de la ciudadan’a ilus- trada, ubicada en un tiempo y espacio tam- biŽn œnico, como el del progreso del Estado nacional. Es decir, los elementos claves que hicieron inteligibles y dotaron de legitimidad a las propuestas anteriores de complementariedad, carecen de sustento en el contexto actual.

La propuesta de complementariedad por el mercado

La teor’a de los mercados autorregulados ha sido propuesta e implementada ampliamen- te como un mecanismo eficiente de com- plementariedad en las actuales condiciones. Desde la perspectiva del mercado la seguridad queda definida como aquel equili- brio entre los recursos disponibles y las demandas. En ausencia de una racionalidad œnica que gobierne la creciente complejidad y diferenciaci—n de subjetividades y sistemas, se postula al dinero como el lenguaje social capaz de comunicar recursos y necesidades.

La complementariedad entre la subjetividad y los sistemas sociales se postula como espont‡nea si se cumplen los supuestos de

que la primera traduce sus necesidades s—lo como demanda cuantificable en dinero y que la segunda organiza las oportunidades enten- didas como ofertas econ—micamente rentables s—lo desde la perspectiva de la reproducci—n de los sistemas.

La espontaneidad de la mediaci—n del mercado no tiene ni sentido hist—rico ni contenido œnico. Ella es m‡s bien una mediaci—n negativa, pues define los requisi- tos de la coordinaci—n en ausencia de un principio sustantivo de integraci—n social. Por esta raz—n el mercado es altamente eficiente para producir coordinaci—n de recursos y acciones en condiciones de alta complejidad y escasa visibilidad. Pero por eso mismo revela grandes dificultades para reconocer y favorecer el despliegue de la subjetividad colectiva, la que se funda y orienta a partir de anhelos compartidos, visi- bles para todos y conversables en un lenguaje comœn.

La noci—n mercantil de la complementa- riedad pretende hacerse cargo de la crisis hist—rica del modo pol’tico de construirla. Ello lo hace mediante una restricci—n del sentido de la subjetividad y de las oportu- nidades socialmente relevantes. El mercado reconoce s—lo aquella subjetividad que puede expresar sus necesidades como demanda monetariamente cuantificable y promueve el despliegue s—lo de aquellas oportunidades que son sustentables desde la perspectiva de la rentabilidad econ—mica de los sistemas. Toda otra consideraci—n es excluida puesto que la naturaleza del mer- cado busca evitar distorsiones en el equilibrio espont‡neo entre oferta y demanda, que es el que asegura la complementariedad entre la subjetividad y los sistemas. Esta exclusi—n vale especialmente para la subjetividad reflexiva, que pretende instalar una discusi—n sobre la complementariedad posible desde la perspec- tiva de la sociedad deseada.

La sociedad moderna, sin embargo, es inevitablemente autorreflexiva. En los œltimos a–os ha surgido un nuevo impulso en la reflexi—n. Est‡ motivado por los s’ntomas difusos del malestar social. Este podr’a, segœn algunos, explicarse como

Muchos elementos

que dotaron de

seguridad a las

sociedades pasadas

carecen de sustento

en el contexto actual.

efecto de la implementaci—n globalizada de la mediaci—n por el mercado. Dicha mediaci—n no tendr’a el contrapeso de suje- tos individuales y colectivos suficientemen- te potenciados. Se tratar’a de una reflexi—n suscitada por la intensificaci—n de una doble incertidumbre. Por un lado, incertidumbre por el posible debilitamiento de las formas pol’ticas de mediaci—n entre la subjetividad y los sistemas; ellas impregnaron la memo- ria y dieron sustento a la cultura en la cual los sujetos se reconoc’an a s’ mismos y establec’an sus relaciones con los otros y con el entorno. Incertidumbre, por el otro lado, por la ausencia de visibilidad y de sentido social de las mediaciones mercan- tiles. A ello debe agregarse una forma adicional de incertidumbre que parece ser nueva y propia de esta Žpoca: la carencia de un lenguaje colectivo en el cual expresar, reconocer y reflexionar cr’ticamente sobre la incertidumbre que surge de la falta de complementariedad.

Las complementariedades reales: asincron’as e hibridismos

La integraci—n entre la subjetividad y los sistemas sociales ha resultado m‡s compleja de lo esperado originalmente. La moder- nidad real es inseparable de esa dificultad. Los supuestos de la complementariedad espont‡nea parecen dif’ciles de lograr. Ni las subjetividades se dejan reducir al principio de la racionalidad instrumental o monetaria, ni los sistemas sociales se desarrollan acordes con las necesidades de una subje- tividad no restringida. En la modernidad real las tendencias de la subjetividad y de los sistemas siguen derroteros divergentes, asincr—nicos, y se cruzan generando contra- dicciones no previstas o encuentros parciales e h’bridos.

Dado que no existe la integraci—n espont‡nea y perfecta entre ambos polos, las complementariedades y faltas de comple- mentariedad son el resultado de estilos de desarrollo socialmente producidos. Esto significa que si bien la modernidad es una tarea permanente y pendiente orientada por un horizonte de valor emancipatorio, ella est‡ inevitablemente sometida a las

condiciones de lo posible en los espacios sociales e hist—ricos en los que se lleva a cabo. Consecuentemente, una mirada pros- pectiva de la Seguridad Humana ha de reafirmar los valores que la orientan, al mismo tiempo que considerar su realizaci—n posible en la situaci—n hist—rica dada. Importa recalcar que el realismo de la Seguridad Humana ha de considerar no s—lo los condicionamientos de la econom’a y de la pol’tica, sino especialmente los de la cultura. La sustentabilidad del Desarrollo Humano tiene un componente b‡sico en la sinton’a con las particularidades culturales del contexto en que se implementa (Banuri, T., et al., 1995).

4. EL DESAFIO HISTORICO DE LA SEGURIDAD EN CHILE

Los siguientes apuntes buscan desplegar el marco conceptual en su desarrollo hist—rico. Por esquem‡tica que sea, la retrospectiva ayuda a comprender que el desaf’o de superar las incertidumbres y crear meca- nismos de seguridad no es un fen—meno inŽdito en la historia de Chile.

La interpretaci—n esbozada no es, por supuesto, la œnica posible; sin embargo, permite dar cuenta del modo en que las encrucijadas de la modernidad se han planteado y resuelto bajo las circunstancias espec’ficas de Chile. Una vez que la sociedad chilena se enfrenta a la exigencia de producir por s’ misma un orden social, Àbajo quŽ formas va ella articulando los procesos de subjetivaci—n y modernizaci—n, de diferenciaci—n e integraci—n?

Orden versus caos: el problema de la seguridad

La Seguridad Humana es un problema presente en Chile a lo largo de los œltimos dos siglos. El problema ya es planteado por el proceso de independencia. Este expresa el quiebre de la seguridad provista por el orden colonial y pone de manifiesto una nueva inseguridad. La alteraci—n violenta de la paz

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