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Capítulo II: Marco teórico

2.1 Bases conceptuales de la problemática de aprendizaje

2.1.3 Escritura y procesos cognitivos

2.1.3.2 Procesos que intervienen en la escritura

Portellano (2007), considera que existen tres tipos de escritura: copiada, dictado y escritura espontánea. El primero es el que menos dificultad tiene; el dictado tiene mayor dificultad que la copia pues debe haber interiorizado previamente los grafemas y sus sonidos correspondientes; y

sin duda la escritura espontánea es el proceso más complejo pues no hay ni un modelo visual, ni auditivo, por lo tanto, el niño debe basarse en su lenguaje interior.

Considerando a la escritura como una composición escrita o productiva, se pueden considerar los siguientes procesos que son de tres tipos: conceptuales, lingüísticos y motores y se desarrollan a continuación. Hay también otros tipos de escritura que son la escritura reproductiva o copia de un texto ya escrito, la escritura al dictado y la escritura casi mecánica que realizamos cuando llenamos un formato; en dichos casos los procesos semánticos y sintácticos no se ponen en juego, solo los procesos léxicos y motores (Cuetos, 2002).

a. Procesos conceptuales: Planificación del mensaje. Este proceso implica

la decisión en cuanto a lo que se va a decir y cuál es la finalidad de su redacción. De acuerdo a los objetivos, el escritor elige de su memoria y ambiente externo la información que transmitirá. En la planificación se debe considerar a quién va dirigida la redacción.

Según Hayes y Flower (1980), citado por Cuetos (2002), la planificación consta de tres subprocesos: El primer subproceso consiste en extraer de la memoria a largo plazo la información que se necesita para la tarea a realizar. Este subproceso, Van Dijk (1980), citado por Cuetos (2002), lo denomina “macroposición”. Luego esta información se almacena en la memoria de trabajo, la que permite la ejecución de otras proposiciones, yendo de la información general a la específica.

En la segunda etapa se debe seleccionar los contenidos más relevantes de modo que pueda elaborarse un plan organizado y coherente. En esta fase, el escritor puede organizar su redacción en función de variables temporales o de esquemas de redacción. El tercer subproceso establece los criterios o preguntas para la revisión del texto. Estos dependerán tanto de los objetivos del escritor como del tipo de texto que redactará. Estos procesos no funcionan de manera serial sino que puede ocurrir que funcionen de manera simultánea en interacción continúa, dependiendo de las estrategias particulares del escritor. (Cuetos, 2002)

b. Procesos lingüísticos. Sintácticos: Construcción de estructuras sintácticas: Permite la organización de las palabras de contenido

(sustantivos, verbos, adjetivos) y las palabras funcionales (artículos, conjunciones, preposiciones) de modo que puedan elaborarse construcciones lingüísticas acorde con las convenciones del lenguaje que puedan contener un mensaje claro.

Cuetos (2002) señala que:

En la construcción de la estructura sintáctica se tienen que atender dos factores componenciales, que son el tipo de oración gramatical que deseamos utilizar (pasiva, de relativo, interrogativa, etc.) y la colocación de las palabras funcionales que servirán de nexo de unión de las palabras de contenido. (p. 26)

En cuanto al tipo de oración que se utiliza depende de distintas variables lingüísticas y contextuales. En relación a lo lingüístico por ejemplo está el uso de artículos determinados o indeterminados; o el tipo de verbo que determina en buena parte la estructura de la oración. Los factores contextuales condicionan la estructura sintáctica pues de acuerdo a lo que se ha redactado o explicado antes de una oración se usarán estructuras diversas; aunque la oración directa es en cierto sentido la más adecuada.

c. Procesos lingüísticos. Léxico: Selección de palabras. Es el proceso de

elección dentro del léxico del escritor de las palabras que requiere para expresar el mensaje planificado. Una vez que se cuenta con el “armazón” o estructuras sintácticas que se usarán, el escritor debe encontrar las palabras que pueden ser útiles. Por ello, teniendo el significado o concepto de lo que quiere decirse pueden seleccionar las palabras del léxico fonológico u ortográfico. Gracias a este proceso, la idea abstracta que la persona tiene y desea expresar se concretiza, pasando por la búsqueda de las palabras que se ajustan mejor a dicha idea y la elección de ciertos grafemas que corresponden a ciertos sonidos. Existen dos mecanismos distintos que permiten obtener la forma ortográfica o escrita: la ruta fonológica y la ruta léxico-ortográfica. Como se ha detallado, primero se activa el llamado sistema semántico cuando se ha elegido la palabra y luego gracias al sistema léxico fonológico se realiza la conversión fonema-grafema y se escribe la palabra usando la ruta fonológica; pero si luego de activarse el sistema semántico, éste activa

otro almacén llamado léxico-ortográfico que contiene unidades de producción individuales, es decir, existe una representación ortográfica para cada palabra que al igual que en la otra ruta está depositada en una memoria operativa que permite la ejecución de los movimientos para producir los signos gráficos (Cuetos, 2002).

Castejón y Navas (2011) explican:

La ruta fonológica, denominada igualmente vía indirecta, supone trasformar la cadena fónica de la lengua oral en los signos que constituyen la lengua escrita, aplicando para ello las reglas de conversión fonema-grafema (p.174).

Esta ruta supone las siguientes tareas: activar el significado de la palabra desde el lexicón o sistema semántico; realizar la fragmentación de la palabra en sus sonidos correspondientes gracias al almacén léxico-fonológico, por ello es tan importante el desarrollo de la conciencia fonológica (supone ser consciente de que a ciertos signos gráficos le corresponden determinados sonidos y las palabras se dividen en pequeños segmentos de sonidos que se expresan en letras); trasladar la forma oral de la palabra al habla; conversión fonema-grafema y finalmente desde el almacén grafémico pasar a escribir la palabra.

La ruta léxica, o vía directa, parte de la representación de la forma ortográfica de la palabra que está almacenada en la memoria. Es decir, precisa conocer previamente la escritura de la palabra y la secuenciación de sus grafemas (Castejón & Navas, 2011, p. 176).

Esta ruta implica la realización de tres tareas: activar el significado de la palabra desde el sistema semántico; actualizar en el léxico ortográfico la representación visual de la palabra y finalmente pasar al almacén grafémico para su escritura. (Castejón & Navas, 2011)

d. Procesos motores. Según los alógrafos (distintas formas en que se puede

representar cada letra) que se usarán, se activan los programas motores que corresponden a los signos gráficos; lo cual permite transformar los signos lingüísticos abstractos en signos gráficos. En esta etapa, la tarea pasa de ser lingüística a ser motora ya que se debe traducir los alógrafos en movimientos musculares que permitan escribir la letra que se desea trabajar. Esto se logra mediante la recuperación del patrón motor del almacén de patrones motores que tienen las especificaciones de secuencia, dirección y tamaño. (Cuetos, 2002)

Castejón y Navas (2011), mencionan que para pasar de la etapa logográfica de la escritura, alfabética y ortográfica se necesita ejecutar una serie de procesos motrices que se encargan de traducir mediante movimientos musculares concretos, que implican habilidades de psicomotricidad fina.