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In document Horizonte comunicativo de la música (página 163-178)

Esta partitura es el compilado del análisis de las entrevistas y la auto etnografía. Es la música expresada a través de la música.

11. Conclusiones

Los pasos, las vueltas, las equivocaciones, los caminos estrechos y anchos, todo el trasegar que viví en el desarrollo de esta tesis, incluyendo la revisión teórica, la búsqueda de investigaciones afines, el trabajo de exploración propio y la búsqueda de los sentires de otros músicos, me llevaron a hallar puntos de encuentro y quiebre entre quintaesencia–música-

comunicación; a entender la música como un medio de la quintaesencia, tanto para mí como para otros músicos; y a descubrir las mediaciones que desde allí nacen.

En un primer lugar, con la revisión teórica, aunque encontré diversidad de posturas, también encontré que estas se complementan, como matices de un mismo color que representa el inefable e infinito carácter comunicativo de la música, el cual ha sido constantemente objeto de análisis y admiración. Luego, las nuevas investigaciones me demostraron que el tema de la música y la comunicación de la quintaesencia, que parece rezagado y un poco inusitado, es en realidad bastante visible. Tanto las reflexiones investigativas, como el desarrollo digital y tecnológico, están progresando en la indagación y el aprovechamiento estético de la música y el arte en general.

Por otra parte, la auto etnografía me permitió entender muchas cosas de mí misma que no había analizado antes, a partir de lo cual puedo ser más consciente de mí, del infinito que habita en mí y de cómo ese entender me permite hacerme cargo de mi propio ser para, luego,

relacionarme de mejores maneras y tejer con más amor dentro de la sociedad. Finalmente, la experiencia de las entrevistas me permitió ver que la indagación por el sentir de los otros es

inquietante, maravillosa, llena de emociones y vueltas imprevistas, llevándome no solo a un acercamiento y a un entendimiento, sino a una profunda admiración y amor por cada uno de estos seres; por su nobleza, por su sabiduría, por su sensibilidad, y por abrirme su corazón, de nuevo agradezco a Hannah, Juan Diego, Carlos, Daniel S., Mariana, Daniel A., Liz y Guillermo.

Animo a la indagación por los sentires propios y de los otros, no solo desde el ámbito investigativo, sino desde las interacciones diarias; esto permite un crecimiento cognitivo, sensible y emocional que enriquece de maneras inesperadas y hermosas.

Pasando a las conclusiones específicas acerca de esta investigación, empiezo por afirmar que la quintaesencia (aquella esencia invisible a los ojos, pero fundamental) se puede comunicar en el mundo físico a través de la música. Este arte va mucho más allá de combinar ritmo,

armonía y melodías; transgrede los límites racionales y permite una forma de comunicación sublime, que sigue un camino que no solo es lógico, sino también sensible, por lo que nos permite reflexionar y percibir lo etéreo de una manera más patente. La música es una de las formas, así como la poesía, la danza y otras artes, de darle forma a lo que a veces no entendemos de manera lógica. Así, a través de “narrar musicalmente” lo que no se expresa con palabras, nos conocemos a nosotros mismos y a los demás de formas distintas. Esta comunicación, que tiene tanto puntos de encuentro, como puntos de quiebre, nos permite considerar la música como medio y las diversas mediaciones que nacen a partir de ella; sin embargo, para entender lo que comunica la música y lo que de allí nace, debernos partir de lo que esta investigación nos dejó sobre el qué es la música.

Con la música nos podemos conocer a nosotros mismos porque la música permite esa conexión con los sentimientos propios, ese espacio de meditación y de auto escucha. Como dice Carlos, uno de mis jóvenes entrevistados: la música es “como algo que llega a tus adentros. Un sonido que te toca por dentro y que, por lo tanto, con ella exploras tus emociones”. Es por eso que la música es narración; a través de la narrativa musical no solo le narramos a otros, sino que nos entendemos y comunicamos con nosotros mismos. Hamui (2011), en su investigación sobre narrativas, nos cuenta cómo narrar es una forma de dar significado a la experiencia. Ya sea desde la expresión o desde la interpretación, la narrativa (así como la música) representa un puente entre la quintaesencia, o el mundo interno de los pensamientos y sentimientos, y el

mundo físico, de los cuerpos y las acciones. Al narrar no solo se ponen en palabras y en orden las ideas, sino que además se encuentra un medio de reflexión y aprendizaje, que permite dar un paso hacia el entendimiento de un fenómeno particular. La narración musical es un punto de encuentro entre quintaesencia-música-comunicación, que permite una mediación espiritual con nuestro foro interno.

Por otro lado, como también nos dice Carlos, la narrativa musical permite “una forma de sentir en conexión con el mundo”. Es decir, no solo me conecta con lo que se encuentra en mi ser, sino que, de igual manera, posibilita un puente comunicativo con otras personas. Además, trasciende esta barrera y posibilita una mediación con la naturaleza, pues también significa: “unión con el universo, unión con la naturaleza, con Dios, como quieras llamarlo”, como diría Liz, mi maestra de violín entrevistada. La música es tantas cosas, que la comunicación de lo que está tanto en el plano físico, como de lo que está en su forma más volátil, se puede dar. Es así como encuentro otro punto de encuentro entre quintaesencia-música-comunicación, entendiendo

que no solo nos comunica con nuestro espíritu, sino también con el de los otros y con el de la naturaleza. Por esto, la música es libertad, entendiendo que esta palabra se deriva del griego ἐλεύθερος “eléutheros”, que, como nos dice Diana Uribe (2012), implica hacer parte de una comunidad. Para que haya comunidad y libertad, se necesita compresión entre las almas, comunicación, la cual, se da desde las formas más sensibles, como la música.

De la misma manera, la música es tejido, la música es texto; como dijo Eduardo

Galeano en un recital en el Teatro El Galpón de Montevideo en 1999: “Quien escribe, teje. Texto proviene del latín, “textum” que significa tejido. Con hilos de palabras vamos diciendo, con hilos de tiempo vamos viviendo. Los textos son como nosotros: tejidos que andan” . La música es

como un tejido fractálico, pues, a través de las mediaciones estructurales (Martín Serrano, 1993) que surgen de ella, nos permite tejernos a nosotros mismos, formar hilos y tejidos,

entender ese infinito que hay en nuestro interior, que está en la música y dentro de nosotros, para poder unir nuestro tejido con otros y construir tejidos de pareja, de hermanos, de familia, de comunidad, de país, de sociedad, de tierra, de seres sintientes. La música es texto porque con hilos de ritmos vamos sintiendo, con hilos de armonías vamos conectando, con hilos de melodías vamos llegando a los rincones más silenciosos y vamos trenzando con las ideas y los sentires de otros, incluso seres con los que no tenemos comunicación verbal.

Por otro lado, la música es tiempo, y se puede comparar con la manera en la que la verbalidad se encaja en el tiempo.En la mente las ideas van mezcladas, en forma de conceptos vagos, sin tiempo, y al darles su cabida en el mundo del lenguaje, estas se ordenan, en la universalidad. La música, así como la narración escrita y oral, sigue unas reglas de tiempo y

orden, que permiten al compositor, al intérprete, a la misma música y al espectador comunicarse en términos distintos, en términos musicales, creando una mediación con el entorno. Tomando el tiempo en un sentido más amplio, la música es historia; ella, como el arte en general, retrata los momentos, nos muestra hechos históricos, sentimientos de una época, así como los cambios y las mutaciones que se dan con el paso del tiempo mismo, rompiendo incluso barreras

espaciales10. De esta manera, se descubre otro punto de encuentro entre música-comunicación, a través del cual la música posibilita mediaciones culturales; asimismo,con ella no solo se representan las ideas y los pensamientos que configuran los lazos y unen las sensibilidades, las percepciones y las ideas (Rancière, 2011), sino que también se crean, transforman o refuerzan prácticas y ritos, constituyendo, así, una mediación cognitiva (Martín Serrano, 1993).

Con ironía, sin embargo, también encuentro que la música es un vacío en el tiempo,

porque, aunque la música significa el tiempo transcurrido, también encarna la ausencia del tiempo; para algunos músicos, como mis jóvenes entrevistados Carlos y Daniel Sebastián, el instante en el que escuchas o tocas música, te sientes “inmortal”, te sientes “infinito”. En ese instante se rompe con la temporalidad y se crea una mediación estética, con la cual se pulsa tan profundamente la sensibilidad, que la relatividad de las dimensiones en que nos encontramos se torna palpable. Por otro lado, incluso, se encuentra un punto de encuentro tan manifiesto entre quintaesencia-música-comunicación que además de la mediación estética, se encuentra una

mediación física, comoen la danza (Villa, 2017), pero también en las ganas de saltar o en los escalofríos que mis entrevistados sienten con la música.

10 No es en vano que el Disco de oro de las Voyager, un disco que se envió en las sondas espaciales Voyager 1 y 2,

Esta y otras propiedades me hacen ver que la música es magia. A través de los sonidos musicales no solo se anula el tiempo o se pueden encontrar los sentimientos de otros tiempos, sino que se logra penetrar a las personas hasta generar estados de conmoción. La música llega, toca, emociona y conmueve; comunica, de esa manera, lo que el compositor, el productor o el intérprete siente. Es así como se manifiesta otro punto de encuentro entre quintaesencia-música- comunicación, a través del cual la música impulsa una mediación emocional. La particularidad de la comunicación musical reside en que la música no convierte un concepto en un signo con propiedades de objetivación. La música es libre. Expresa la subjetividad y alcanza la

subjetividad. La música no es una representación de la quintaesencia, pero sí tiene puntos de encuentro con esta, pues, con lo que comunica, permite una manifestación terrenal de lo esencial, de la energía del amor y de la quintaesencia. Es una forma más de sentir y expresar lo que, como humanos, podemos percibir.

Ahora bien, entendiendo que la música es un medio por el que se comunican emociones, sentimientos, historias, momentos, atmósferas y elementos que no se pueden nombrar, o que aún no han sido nombrados, y que a partir de sus múltiples puntos de encuentro con comunicación y quintaesencia se producen mediaciones estructurales y cognitivas (Martín Serrano 1993), es conveniente recordar que la investigación mostró que las mediaciones dependen de

características como el momento histórico, el lugar, el tipo escuchante, de intérprete, etc. Es por esto que los puntos de quiebre entre música-comunicación son nebulosos; de la misma manera en que sucede con el punto de quiebre entre verbalidad-comunicación, el límite comunicativo de la música es distinto para cada persona. En la comunicación verbal hay idiomas, dialectos,

formas de expresarse, riqueza de términos, expresividad, compresión, etc., y todo esto determina el límite. En la comunicación musical hay géneros, hay hábitos culturales, hay riquezas y

simplicidades, hay expresividad y emotividad, así como hay personas que están preparadas -o no- para escuchar o a tocar piezas musicales de uno u otro modo.

De esta manera, surge la urgencia de mover el foco de atención en la educación y repensar la influencia, el poder y las mediaciones reales de una comunicación tan natural y amplia como la música. Cuando el escuchante, el compositor, el intérprete o cualquier otro actor del proceso es consciente de la música que escucha, de la manera en que la escucha, de lo que despierta en su ser, sus formas de percibir y discriminar son muy diferentes. Sin buscar una forma parametrizada de juzgar la música, sino más bien una forma consciente de

escuchar/componer para aprovechar al máximo el poder comunicativo de la música, y aun teniendo en cuenta que lo que comunica la música es tan privado, como amplio y tan individual, como impreciso, propongo una educación integral, que incluya educación del oído, pero también de la mirada y del cuerpo; una educación que entienda que todos percibimos los colores, los tonos, las formas y las texturas de la vida de maneras distintas. Es decir, se debe reivindicar la estima profunda que tenían los griegos acerca del conocimiento integral, y la correlación entre números, alma y música, entendiendo que la ciencia y la música no solo están conectadas, sino que son una identidad en armonía.

Debo aclarar en este punto que creo que todo arte tiene un valor cultural, estético, político y comunicativo; toda la música (desde Mozart hasta J. Balvin, desde Björk hasta lo que canta la persona en el bus) más allá de su propósito comercial, tiene un valor emocional y estético, sea

para el compositor, para el productor, para el intérprete, para el presentador, para el oyente, para el que le hace covers, o para cualquier actor involucrado en el sentir de la pieza. Si, además, a través de su propósito técnico, logra despertar sensibilidades, ya está trascendiendo una barrera personal y cultural que no muchos medios logran en tal magnitud. Es decir, no creo que escuchar o tocar cierto tipo de música sea bueno o malo; así como nosotros cambiamos todo el tiempo y así como el lenguaje muta constantemente, la música y otras representaciones artísticas también lo hacen. El punto es poder ser conscientes de lo que tal o cual música despierta en mí, percibir esa sensibilización y entender cómo eso me constituye y me transforma a mí y a mi comunidad.

Para poder adquirir esta conciencia es fundamental una educación con más énfasis en la música. El hecho de leer un texto como este, por ejemplo, no es suficiente. Predicar sobre la música es castrarla, porque al explicar algo sobre ella, se contamina su esencia misma; al intentar describirla, se modifica y se le despoja de su naturaleza. La música no es un referente, no expresa un cierto objeto, la música expresa en cuanto es, no en cuanto se explica. La música se asemeja a un lenguaje privado en sí misma, pues hace uso de sus recursos para comunicar; se vale de la metamúsica, un lenguaje circunscrito en su naturaleza misma. Por esta razón es que un músico entiende la música de una manera tan profunda y, por esto mismo, la posibilidad de acceder a una educación musical (entendiendo también el conocimiento como un integral artístico, filosófico, matemático, lingüístico, científico que guarda magia comunicativa en sí mismo y en cada una de sus ramas) debería brindarse a la mayor cantidad de personas posibles.

La música comunica y lo llega a hacer de maneras muy profundas porque apela a las emociones de las personas. A través de la música se encuentra un puente entre quintaesencia y

plano físico, mente y cuerpo, lo racional y lo emocional, lo abstracto y lo perceptible, y lo consciente y lo inconsciente. Si esto se incorpora en la educación puede llevar a mejor

comunicación, a mejor compresión, a tejidos más fuertes, a mayor empatía y a creación de lazos de resistencia a las injusticias y ensambles por la mejora.

Ahora bien, ¿cuáles fueron los puntos de quiebre entre quintaesencia-música- comunicación? La quintaesencia puede ser comunicada hasta cierto punto. Esta se puede relacionar con el Hyperuránion tópon, ese mundo que está mucho más allá de la realidad sensible y las apariencias, ese todo que existe, pero al que no tenemos acceso completo, pues es un infinito imposible de cercar; es por esto que hay un punto de quiebre ineludible e infinito entre quintaesencia-música-comunicación. La quintaesencia que, como humanos, podemos traer a nuestra realidad es solo una parte de este todo. El acercamiento a esa porción de la

quintaesencia se ve limitado por nuestras habilidades humanas; nosotros podemos comunicar lo que percibimos de esa quintaesencia a través del lenguaje, de las matemáticas, de las ciencias, de la filosofía, de la danza, de la música y de muchas otras maneras. Sin embargo, este infinito, más grande que el infinito al cual pertenecen nuestras ideas y nuestras almas, sobrepasa nuestras capacidades de percepción y, por lo tanto, de comunicación.

La relación música - comunicación -quintaesencia me sitúa en medio de una paradoja, un bucle infinito porque, así como hay infinidad de posibilidades comunicativas con la música, también hay infinidad de infinitos en la quintaesencia, tanto así que el concepto mismo de infinito pierde sentido. Es como comparar el universo de los números naturales (1, 2, 3…), que

en definitiva es infinito, con el de los números enteros (-3, -2, -1, 0, 1, 2, 3…) que también es infinito. Sin embargo, hay un conjunto cuyo infinito es aún más grande.

Aquello que puede comunicarse a través de la música es infinito. Aquello que no

puede comunicarse a través de la música también es infinito. Por esta razón, los puntos de

encuentro y quiebre se encuentran en un horizonte: el horizonte comunicativo de la música. Este es comparable al horizonte en el mar, pues es tan amplio como nuestra visión y hay tanto hacia abajo (que refleja lo que conocemos y podemos comunicar a través de la música), como lo que hay hacia arriba (que irradia todo lo que aún no sabemos). Este horizonte musical podría comprarse con un palíndromo; hay tanto del lado que comunica, como del que no. Lo que pasa es que el lado que vemos es infinito, pero perceptible; en cambio, el otro lado es invisible ante nuestros ojos y silencioso ante nuestros oídos.

Lo que no puede comunicar la música, el quiebre entre música-quintaesencia-

comunicación, es tan (o aún más) inefable como la música misma. Es un infinito, probablemente, más grande que el infinito de las cosas que comunica, el cual no se puede comunicar a través de la música, pero sí se puede sentir a través del silencio. Sí, el silencio puede ser parte de la música, pero es la parte de la música que también permite vislumbrar ese todo de la

quintaesencia incomunicable. Ese vacío tan grande como el infinito inexpresable se comunica con el silencio…

In document Horizonte comunicativo de la música (página 163-178)

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