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intervención

Hasta muy recientemente ha prevalecido el concepto de la orientación como "servicio" para atender a las demandas de los alumnos con necesidades especiales. Este modelo pone el énfasis en los servicios directos a núcleos parciales de la población, con un carácter predominantemente terapéutico y pasivo, en el sentido de que la demanda del servicio (por parte del alumno, profesor, tutor o padres) genera la acción. Actúa sobre el problema y no sobre el contexto que lo genera.

El origen del modelo de "servicios de Orientación" se encuentra ligado al carácter público de la Orientación. Las funciones principales de este modelo son: a) diagnóstico psicopedagógico; b) tratamiento de casos problema; c) asesoramiento (counseling). Mención aparte merecen los servicios de información profesional, cuya función consiste en proporcionar información sobre estudios y profesiones. La utilidad de estos servicios se mantiene vigente en muchos aspectos, aunque su importancia se ve multiplicada cuando constituyen un elemento más de un programa de orientación vocacional.

Como alternativa a este modelo se propone un cambio radical que dé prioridad a los principios de prevención y desarrollo, dirigidos a la totalidad de los alumnos, poniendo el énfasis en el principio de proacción como anticipación de la demanda. No hay que esperar a que se produzca una demanda de forma explícita para iniciar la intervención; sino que ésta se adelanta incluso a la misma aparición del problema.

Esto supone un paso del modelo de servicios al enfoque de programas de intervención. Estos programas pueden dirigirse a mejorar las condiciones existentes o prevenir posibles problemas. Son actividades nucleares de estos

programas el desarrollo de las habilidades de estudio, la educación vocacional, el desarrollo de habilidades de vida, la educación psicológica, la educación para la salud, la prevención de drogodependencias, alcoholismo y tabaquismo, clarificación de valores, educación sexual, prevención de crisis académicas (etapas de transición), etc. Como puede verse, se amplía considerablemente el ámbito tradicional de la Orientación. Lo cual puede obligar al orientador a afrontar el reto de adquirir nuevas competencias.

El término "programa" se utiliza con mucha frecuencia de forma imprecisa por parte de diversos tipos de profesionales en la actualidad; entre ellos los orientadores. No se dispone de una definición del concepto "programa" que pueda ser unánimemente aceptada. En un intento de definir este concepto se han presentado diversas propuestas. Por ejemplo Wirtz y Magrath (1979: 29) lo definen como una "respuesta planificada hacia una necesidad de acción identificada". Morrill (1980: 332) lo define como una "experiencia de aprendizaje planificada, estructurada, diseñada a satisfacer las necesidades de los estudiantes". Para Barr, Keating et al. (1985: 3) consiste en un plan basado en una teoría, a partir del cual se emprende una acción hacia una meta en el contexto educativo. Por nuestra parte, aceptando las limitaciones que tienen las definiciones breves de conceptos amplios, concebimos un programa como una acción planificada encaminada a lograr unos objetivos con lo que se satisfacen unas necesidades. Con todo, hay que aceptar que la delimitación no queda clara, principalmente en lo que respecta a la extensión mínima para que una determinada actividad pueda calificarse como un programa. Lo que para unos puede ser considerado como un programa para otros sólo sería una parte.

Aceptando esta limitación, vamos a referirnos a programas siempre que se reúnan unas condiciones mínimas en cuanto a objetivos y funciones. Al mismo tiempo consideramos que muchos programas mínimos cobran sentido y eficacia en la medida en que se integran en un programa más general. Cada uno de los programas de intervención puede tener un relativo valor. Es cuando se aplican programas integrados de forma secuencial a lo largo de todo el currículum cuando pueden obtenerse resultados óptimos. Aquí se cumple el principio según el cual "el todo es mayor que la suma de las partes por separado".

Los programas de intervención para la prevención y el desarrollo se dirigen a todos los alumnos en todos sus aspectos y suponen una intervención sobre el contexto. Como apuntan Lázaro y Asensi (1987: 26) la Orientación presenta las notas básicas siguientes: a) continuidad: es un proceso continuo; b) intensidad: en algunos momentos críticos se hace particularmente intensa; c) dimensión: abarca por completo las diferentes manifestaciones de la personalidad (psicológico, educativo, vocacional, etc.); d) implicación: se implica una amplia gama de elementos, que incluye a la propia persona, la

familia, la institución educativa y la sociedad. De todas estas notas, tal vez en la que se hace más insistencia es en el carácter de proceso continuo. Para Traxler (1965: 18) "todo el proceso es tan unitario como la vida misma de los individuos de quienes se ocupa".

Si la Orientación se concibe como un proceso, esto no implica que sea un proceso uniforme ni homogéneo. Sino que pueden darse momentos cruciales que requieran una intervención especial. A estos se les denomina "momentos críticos". Los momentos críticos se pueden localizar, según Lázaro y Asensi (1987: 28) en: 1) comienzo de la escolaridad; 2) comienzo de la escolaridad obligatoria; 3) superación de las técnicas instrumentales (leer , escribir, cálculo); 4) superación del periodo de escolaridad obligatoria; 5) iniciación a la sistematización científica de los contenidos; 6) final o abandono de estudios medios o secundarios; 7) iniciación de la enseñanza superior, 8) final o abandono de estudios superiores. Todos los escolares tienen que enfrentarse, por lo menos, a tres momentos críticos: los que corresponden a los números 2, 3 y 4. A estos momentos hay que prestarles una atención especial.

Orientación para la prevención y el desarrollo

Existen muchos proponentes de la Orientación que la entienden como "prevención y desarrollo". Es interesante observar como las publicaciones recientes sobre el tema tienden a poner el énfasis en la prevención (Albee et al. 1988; Baker y Shaw, 1987; Bond y Compás, 1989; Botvin y Dusenbury, 1987; Conyne, 1987) o en el desarrollo (Hayes y Aubrey, 1988; Myrick, 1987). Es interesante observar el cambio de denominación de la APGA (American Personnel and Guidance Association) en American Association for Counseling and Development (AACD), a partir de 1983, para resaltar el énfasis en el desarrollo humano.

La insistencia que a veces se hace del principio de prevención podría hacer olvidar la dimensión del desarrollo y viceversa. En este sentido cabe recordar que los programas de prevención sanitaria tienen como objetivos la prevención de la enfermedad y el desarrollo de la salud. Es decir, muchas veces cuando se habla de prevención se sobreentiende el desarrollo. Para Baker y Shaw (1987: 6) el término "desarrollo" es más filosófico que práctico. La distinción entre prevención y desairolo es un problema semántico. Para estos autores la prevención primaria incluye la promoción de resultados positivos, así como la prevención de efectos negativos. En resumen, sean o no la misma cosa, la prevención y el desarrollo son dos aspectos interrelacionados, de tal forma que la presencia de uno muchas veces supone la del otro.

Si bien las afirmaciones anteriores pueden ser discutibles, lo que aquí interesa remarcar es que la prevención y el desarrollo son los pilares sobre los que se asienta el concepto actual de orientación. Como consecuencia deben estar presentes en los programas de intervención psicopedagógica.

Niveles de prevención

Prevenir etimológicamente significa "antes de venir". La prevención se ocupa, por lo tanto, de actuar para que un problema no aparezca, o al menos disminuyan sus efectos. La prevención ha ido cobrando fuerza, principalmente en el campo de la salud, básicamente a partir de los años sesenta.

En la literatura médica se considera a Caplan (1964) como el autor que mejor se ha ocupado de la prevención según el cual las intervenciones preventivas se ejercen en los tres niveles siguientes:

1. Prevención primaria: trata de prevenir en el sentido más amplio de la palabra. El objetivo consiste en evitar la aparición del problema, o reducir la frecuencia de nuevos casos problemáticos. Es un concepto comunitario: trata de reducir el riesgo en toda la población. Caplan (1964: 26) lo expone aproximadamente así: "La prevención primaria es un concepto comunitario. Consiste en bajar el índice de nuevos casos en una población a lo largo de un periodo de tiempo actuando en contra de circunstancias negativas antes de que tengan la oportunidad de producir enfermedad. No intenta impedir que una persona específica enferme. Por el contrario busca reducir el riesgo para una población entera de modo que, aunque algunos puedan enfermar, su número se vea reducido". En Orientación la prevención primaria se puede dirigir a padres, profesores, alumnos y a toda la comunidad. La prevención primaria es el foco principal de esta obra. 2. Prevención secundaria: tiene por objeto descubrir y acabar con un

problema, trastorno o proceso, lo antes posible, o remediarlo parcialmente. Se trata de reducir la duración de los trastornos. Intenta principalmente el diagnóstico precoz del problema y la atención inmediata. Los grupos de alto riesgo son objeto de atención especial. Las intervenciones se adaptan a cada caso particular: dificultades de aprendizaje, problemas de adaptación, perturbaciones psíquicas, etc.

3. Prevención terciaria: pretende detener o retardar la evolución de un proceso, trastorno o problema, atenuando sus consecuecias, aunque persista la dolencia básica. Se dirige a los individuos que ya presentan problemas. Las intervenciones consisten en terapias, rehabilitación psicológica, reinserción social, etc. La prevención terciaria muchas veces ha sido

considerada como tratamiento propiamente dicho; sin embargo hay que señalar que trasciende la solución del problema y trata de incidir en la comunidad para evitar nuevos problemas o para evitar trabas sociales que impiden su superación total. Se trata de una labor preventiva (proactiva), que surge como consecuencia de una intervención terapéutica (reactiva). En esta línea está la tendencia actual de la integración del disminuido físico y psíquico en el marco escolar normal.

La prevención primaria es la que concierne primordialmente a la Orientación. También la prevención secundaria aunque en menor medida. A lo largo de este trabajo vamos a referirnos principalmente a la prevención primaria en Orientación, aunque muchas veces la denominemos sencillamente "prevención" para abreviar. Hay que tener presente que algunos autores consideran que la verdadera prevención es la primaria, las otras categorías ya son un tipo de tratamiento, principalmente la prevención terciaria (Baker y Shaw, 1987).

Conyne (1983: 322) se refiere a la prevención primaria en Orientación, señalando las siguientes características: 1) es proactiva; 2) basada en la población; 3) se anticipa al problema; 4) centrada en la población de riesgo; 5) interviene antes de que se produzca el problema; 6) intervención directa e indirecta; 7) reduce la frecuencia de aparición del problema; 8) contrarresta las circunstancias nocivas; 9) promueve la fortaleza emocional; 10) protege a la población de riesgo; 11) contribuye a desarrollar una mayor competencia para afrontar posibles situaciones de riesgo. Para Conyne (1987: 66) la prevención primaria tiene dos aspectos principales: 1) cambio del sistema; 2) cambio de la persona.

Otros autores se han referido también a la prevención primaria en Orientación (por ejemplo Cowen, 1982; Shaw y Goodyear, 1984; Baker y Shaw, 1987). En general, las principales características que se atribuyen a la prevención primaria en Orientación son las siguientes: 1) se orienta hacia el grupo; 2) tiene la cualidad de enfocarse "antes del hecho"; 3) es intencional; 4) además de otros muchos aspectos, también son objetivos apropiados para la prevención primaria los problemas de aprendizaje y de comportamiento.

En la literatura especializada reciente se observa un progresivo énfasis a los aspectos preventivos de la Orientación. Los Equipos de Asesoramiento y

Orientación Psicopedagógica (EAP), que fueron creados en Cataluña por Orden

de 20 de mayo de 1983 (Diari Oficial de la Generalitat de Catalunya de 13 de julio), tienen como primera función la "prevención educativa en el medio escolar, familiar y social". Sin embargo, a veces se tiene la sensación de que se habla mucho de prevención, pero se hace poco. Las recomendaciones generales se repiten sin llegar a desarrollar las propuestas operativas de trabajo. Por eso a veces se puede tener la impresión de que se está realizando

prevención, cuando en realidad sólo está presente como enunciado de intención pero no como una práctica de acción. A la hora de la verdad, con frecuencia no se sabe exactamente qué hacer y cómo hacerlo. Hay un discurso aceptado por todos de que la prevención es importante, pero esto no va acompañado casi nunca de una concreción programática y presupuestaría. Por eso consideramos oportuno ofrecer ejemplos de programas preventivos como sugerencia de actuación. Esta es una de las justificaciones de este trabajo.

Programas de prevención y desarrollo versus

tratamiento

La práctica de la orientación actual en general se caracteriza por atender a los casos problema. Es un enfoque terapéutico de la orientación, como derivación del modelo del counseling. La práctica actual de la Orientación muchas veces se centra en el tratamiento de las dificultades de aprendizaje y los problemas de adaptación. La relación individualizada es consustancial a este modelo.

No vamos a negar la importancia de la relación individualizada en la orientación y por tanto de la entrevista como medio de relación. Sino todo lo contrario. Consideramos a la entrevista y la relación "vis á vis" como una técnica fundamental de la orientación. También hemos de señalar aquí la importancia y la necesidad de atención a los problemas de adaptación y dificultades de aprendizaje. Estas son necesidades básicas a las que debe atender un programa de orientación. No se pueden eludir los problemas que se presentan en un centro educativo. Sin embargo, puesto que existen abundantes obras (Brueckner y Bond, 1975; Lázaro y Asensi, 1987: 116-187; Smith, 1976; Worrell y Nelson, 1978, y muchos otros) que se han ocupado del tema, y dado que es una actividad habitual en los programas de orientación, no haremos referencia a esta temática en este trabajo.

Lo que queremos subrayar es que los modelos de programas de orientación centrados exclusivamente en la atención a los problemas individuales, basados en la relación tú a tú, derivados del modelo del counseling y la psicoterapia, supone un reduccionismo que conviene evitar.

Existen datos que indican que los alumnos no tienen hábitos de estudio; sus habilidades de relación interpersonal muchas veces son ineficaces; tienen hábitos de vida insanos; están expuestos a la drogadicción, alcoholismo, tabaquismo, accidentes, suicidios y muchos otros factores de riesgo que no tienen un tratamiento apropiado. En caso de haberlo es inefectivo, excesivamente caro y en todo caso sólo paliativo. Se observa que la atención

proporcionada por el aula de educación especial, muchas veces consiste más en un sistema de clasificación que no en un programa eficiente de intervención.

Como reacción a este hecho ha surgido un enfoque actual para la atención de las dificultades que se conoce como "intervención previa a la derivación del caso" (prereferral intervention), que consiste en la intervención en el aula normal de clase antes de derivar (referral) el caso al servicio de educación especial. Esto implica proporcionar un servicio de consulta al profesor con objeto de que pueda intervenir de forma efectiva en el entorno de clase. Por tanto, este enfoque se basa en el modelo de consulta (vid. "El orientador como consultor" en la página 28). Es decir, el orientador atiende al alumno de forma indirecta a través del profesor y/o los padres. En este enfoque las intervenciones se dirigen a modificar la situación ecológica del contexto (Curtis, Zins y Graden, 1987).

Con todo, el compromiso de una Orientación para todos conduce inevitablemente a los programas de prevención; en oposición a la orientación centrada en los servicios de tratamiento. Se puede afirmar que los mayores avances en materia de salud se deben más a los esfuerzos preventivos que a los éxitos que aparecen en la prensa, tales como los trasplantes, por ejemplo. En Orientación pasa lo mismo. La implantación generalizada de programas de intervención preventiva puede tener efectos considerables en toda la población. Ahora bien, son menos espectaculares. Un programa de tratamiento a veces permite ver los efectos sobre una persona en un plazo relativamente breve. Los programas de prevención, dirigidos a toda la población, siempre son a largo plazo. Por tanto sus efectos, a veces, pueden pasar más desapercibidos. Debido a eso, tanto por parte de los centros educativos como por la misma Administración pública, cuesta iniciar programas de prevención, ya que no se acaba de ver cuándo se podrán observar resultados patentes.

En ocasiones se asume la función preventiva de la orientación. Pero no se lleva a la práctica; muchas veces por no saber exactamente cómo hacerlo. Como ya hemos señalado, contribuir a proporcionar este "saber cómo" es uno de los objetivos de este trabajo.

Los ejemplos y modelos de programas de prevención que se presentan a lo largo de este trabajo pueden dar la sensación de que si el orientador se dedicara exclusivamente a la prevención, circunstancia improbable, necesitaría todo el tiempo disponible y aún sería insuficiente. Por eso hay que entender lo que aquí se expone como un menú a partir del cual el orientador puede seleccionar aquellas sugerencias que mejor se ajusten a las necesidades de su contexto.

El énfasis de este trabajo se pone en los aspectos preventivos de la Orientación. Sin embargo, para evitar malos entendidos hemos de insistir en

que no se deben olvidar otros aspectos, algunos de los cuales ya han sido señalados (diagnóstico, tratamiento de dificultades, asesoramiento, etc.). Queremos sugerir la implantación de programas equilibrados, que incluyan prevención, desarrollo y tratamiento. Nuestro énfasis está en la función preventiva debido a la constatación de que es por donde los programas actuales están más desequilibrados por ausencia casi total de esta función.

La integración de la Orientación en el

currículum

La implantación de programas de prevención supone un argumento más de cara a la integración de la orientación en el currículum académico. La única forma de poder llegar a todos los alumnos en todas sus dimensiones pasa necesariamente por la integración de actividades de orientación en el proceso educativo y en la dinámica habitual de clase. La orientación continua debe formar parte de la formación continua.

El planteamiento curricular de la orientación no debe verse como un intento acaparador por parte de los orientadores que quieren identificar la orientación con la educación, considerándolas como una misma cosa. La relación entre estos dos conceptos es obvia. Sin embargo no coinciden exactamente. Se puede afirmar que toda orientación es educación, pero no toda educación es orientación.

En la actualidad se acepta, en general, que los objetivos de la educación han de ir más allá del componente meramente instructivo (Zacearía y Bopp, 1981). Los aspectos de desarrollo personal, vocacional, socialización, etc., constituyen funciones ineludibles de la tarea docente.

Para Miller (1971: 83) "un programa de Orientación eficaz exige el esfuerzo de todos los profesores de la escuela. Solamente a través del profesor puede el programa de Orientación mantener la continuidad necesaria para lograr sus objetivos". En este modelo el orientador adquiere un papel de consultor que ayuda a interpretar datos, proporciona información del entorno, es una fuente de recursos para los profesores, atiende las necesidades de los alumnos cuando necesitan una atención especial, a veces deriva esta atención hacia especialistas pertinentes, asesora sobre temas de carácter psicopedagógico y didáctico de diversa índole, etc. La implicación del profesorado en el proceso de la Orientación es el requisito para la integración de la Orientación en el currículum, el cual a su vez es un requisito para la implantación de programas de prevención.

Miller (1971: 85-90) identifica los siguientes deberes de los profesores en materia de Orientación: a) desarrollo de una atmósfera acogedora y libre de tensiones en el aula; b) información escolar, c) estudio de los alumnos; d) asesoramiento informal; e) suministro de información pedagógica y sobre el futuro profesional; f) promoción del desarrollo personal y social; g) remisión

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