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e3| porque el progreso de la ciencia, solo surge al estudiar los errores que aparecen al comparar teorías

con hechos y no los errores entre teorías entre sí,

porque estos no son errores, sino ideología.

Aunque Feyerabend no la llega a definir explícitamente, se entiende por teoría de la inconmensurabilidad aquella que entiende la imposibilidad de comparar dos teorías diferentes cuando no hay un lenguaje teórico común.

Para su desarrollo Feyerabend presenta el estudio de varios tipos de dibujo; El arcaico y el de la antigua Grecia, donde se

evidencia que no se pueden comparar pues han sido realizados bajo lenguajes conceptuales distintos, teorías diferentes entre sí. La comparación entre teorías, analizar si una incluye a otra, si la excluye o si la solapa es una cuestión más ideológica,

“propagandística”, más que conceptual. Propone que para aprender una teoría, no se debe mirar desde una esfera propia, es decir desde las ideas que ya uno tiene, sino; como hace un antropólogo, se debe intentar ver sus elementos particulares, el contexto familiar, la función, los parentescos propios para compararlo con

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otros fenómenos de la misma cultura que pueda ayudar a esbozar mejor la concepción del mundo que encierra.

«La única razón de peso para cambiar una teoría es su desacuerdo con los hechos. La discusión sobre hechos incompatibles conduce por ello al progreso. La discusión sobre hipótesis incompatibles no conduce al progreso. En consecuencia aumentar el número de hechos relevantes es un procedimiento seguro. Aumentar el número de alternativas factualmente adecuada, pero incompatibles, no es un procedimiento seguro.»45(Feyerabend)

Feyerabend expone el poco sentido que tiene el comparar teorías entre sí, la inconmensurabilidad, para medir dos teorías bajo el mismo rasero. De ahí que se ponga como ejemplo el “Tratado sobre los errores de los arquitectos”46 de Teófilo Gallacini47

(1564-1641), quien a pesar de estar fuertemente vinculado al panorama artístico y cultural de su momento, su obra del error apenas tuvo trascendencia. Se posicionó justo en la situación de la búsqueda del error, donde Feyerabend defiende que no tiene sentido, al comparar movimientos artísticos de periodos diferentes, quizás por ello su poca trascendencia.

El tratado de Gallacini no solo habla de arquitectura y matemáticas, sino también de la historia, la técnica, la astronomía, la ciencia. A lo largo de un extenso discurso donde compara la arquitectura contemporánea de su periodo con el periodo clásico, Gallacini se posiciona firmemente a favor de la normativa vitruviana y del antiguo modelo, por lo que no concuerda con el modelo de pensamiento del Cinquecento. Valora el pensamiento artístico que se genera en su tiempo como un error, lo pone en cuestión al compararlo con el siglo anterior. Para Gallacini el error del arquitecto es tomar como modelo a personajes de excepción como Miguel Ángel. Concluye que el arquitecto tiene que regirse por los principios básicos de la normativa vitruviana, por lo que defiende que hay que volver al modelo inicial y no desviarse de él. Rechaza la arquitectura de su periodo, criticado por ejemplo a Borromini alegando que pretendía pervertir a la humanidad con sus bellas creaciones, al compararla con la vitruviana.

El tratado de Gallacini busca sin éxito una clara intención didáctica, corregir los errores de los arquitectos. Un manual a seguir para tener siempre presente las ideas clásicas y evitar que el artista tenga esa libertad creadora y se ciña a la regla.

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Publicación “Sobra gli errori degli architetti” (Tratado sobre los errores de los arquitectos)48

Este ejemplo muestra que los errores surgidos al comparar teorías, realmente no lo son. Si estas no incorporan un lenguaje teórico común, las teorías de distintos momentos históricos no pueden compararse, son inconmensurables, pues el lenguaje, no es un mero descriptor de eventos, sino que tiene la propiedad de crearlas. Las palabras arrastran significados y malinterpretaciones históricas, modos de comprender el pensamiento, similitudes que pueden llegar a ser únicas en cada idioma o en cada entorno de palabras que conforma una teoría. Al traducir términos, bien a idiomas o niveles comunes, estos matices se pierden y las teorías no son lo que pretende ser. De esta forma los diccionarios y las traducciones pueden ser una forma fallida de introducir los conceptos de un lenguaje en otro que no esté estrechamente relacionado.

De ahí que la dificultad de la traducibilidad de una palabra, de una obra, puede encerrar principalmente dos posiciones. Encontrar entre sus lectores un traductor adecuado, que sea capaz de articular los posibles significados. O que la obra en sí, exija una traducción de una forma determinada. Es decir puede ocurrir que una obra encierre una traducibilidad en sus formas que no sea traducible por ningún idioma. En ambas casos la traducción de una obra es: Inevitablemente errónea, por lo que habría que concretar que tipo de error estamos asumiendo a la hora de reconocer su relación con la obra original. Y efímera, en cuanto que la copia deviene del original en el momento que ha sido realizada, y no para cualquiera de ellos. Según esto podría ocurrir que una sola palabra tuviera infinidad de traducciones en varios idiomas, o en el mismo idioma, pero en distintos tiempos, y a la vez estas traducciones ser incompatibles entre sí. Sus traducciones serían inconmensurables para medir su relación con el original.49

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Como con las palabras, una misma obra podría tener infinidades de teorías, pero estas a su vez pueden ser inconmensurables entre sí. Las incompatibilidades, entendidas como errores en las propias teorías, son desencadenantes de progreso, pero las incompatibilidades entre teorías no lo son. Eso no quiere decir que; si dos teorías son compatibles (nacen bajo un mismo lenguaje común) una de ellas no pueda usarse para contrastar la otra. Aunque la vida de la segunda tenga solo el recorrido de contrastar la primera la comparación es válida.

«En otras palabras, el error actúa como motor de arranque […] Sin embargo, es de notar como la equivocación es, en tales casos, el agente externo modificador de condiciones de trabajo. De modo que no es lo que directamente estimula las facultades. El error modifica el medio, cambia circunstancialmente sus condiciones y éstas- seguramente más difíciles- estimulan el rendimiento, (...) Empíricamente sería posible considerar tal fenómeno como una situación accidental que se presenta en ocasiones con apreciable intensidad y cuyo origen es un acto generalmente involuntario, la equivocación (...) El control de consecuencias, la previsión y la programación de equivocaciones son hechos que se manejan ya en nuestro días por varios sectores de las ciencias.»50 (Curro Inza)

Siguiendo esta reflexión de Curro Inza, al igual que ocurre con las palabras y los múltiples significados asociados, un mismo objeto se puede dibujar de varias maneras, unas más ambiguas que otras, uno bajo unas teorías y otros bajo otras. Desde saber que perspectiva escoger, hasta el modo de representarlo es decisivo. Esto ocurre porque cada dibujo no es un mero descriptor de elementos de un evento, sino que, al igual que con las palabras, cada modo de dibujar, diferente entre sí, esconde rastros, que conforman las teorías que lo producen. La inconmensurabilidad destapa que los errores no están en el análisis de un dibujo más inclusivo, cual es más certero, o mejor que otro, sino que los errores están en las faltas de acuerdos entre la teoría y sus hechos que lo interpretan. En la búsqueda de las interpretaciones posibles, es donde se esconde la propuesta futura.

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Experimento interpretativo. Frey Otto.

Siguiendo la reflexión que encierra la teoría de la inconmensurabilidad, es decir la imposibilidad para comparar dos teorías si no hay un lenguaje teórico común, pero usando la fecundidad de valorar los errores que existen entre la teoría y los hechos se presenta la investigación que lleva a cabo Frey Otto y que presenta en su publicación Occupying and

Connecting51

. En la investigación, Otto genera una teoría común para afrontar dos cosas que a priori parecen diferentes, la teoría de la formación de las ciudades, y la teoría de la formación de manchas. Presenta que sin llegar a asumir que una pueda llegar a incluir a la otra o viceversa, en ambas situaciones, la complejidad de los factores a los que se enfrenta es tan diversa que hoy día es imposible reconocer su modelo de formación. El modo en el que se desarrollan las ciudades y los estados están en continuo cambio; reclamaciones a la propiedad, diferentes reglamentos de construcción, decisiones de planificación, políticas intervencionistas, y por lo tanto se hace difícil que las estructuras del territorio puedan hallar fácilmente una solución para adaptarse continuamente a los requisitos, a pesar de las nuevas tecnologías de planeamiento del momento. Algo similar ocurre con las manchas, aunque accidentales, no son caóticas, los factores que afectan a su formación o a su extensión son muy diferentes entre sí, imposibles de controlar. Por ello Otto apuesta por comparar estos dos procesos de autoformación solo si se usa un mismo lenguaje teórico de formación. Otto explora un lenguaje común de formas que casi nunca son realmente caóticas, que sin la necesidad de usar un conocimiento desarrollando, existe una propiedad que permite establecer una relación de autoformación, de evaluación entre las hipótesis y los hechos que se generan, avanzar a través de los errores, que se localizan entre ambos.

La imagen de la izquierda es una mancha accidental pero voluntaria de tinta en un papel húmedo y acolchado, la segunda, en perspectiva, Otto se pregunta. ¿Son pisos en invierno

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en los lagos de Canadá, o en Mecklemburgo- Vorpommern occidental? No, es una foto

tomada en ángulo con unas gotas de tinta.52

f| El último episodio, abre la puerta hacia una diferente

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