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Proverbio Africano TRES ACTITUDES PARA SABER PENSAR

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LIBANIO, Joao Batista (2007) Saber Pensar. Introducción a la

vida intelectual. Madrid. San Pablo. Pp. 41-49

“No se aprende filosofía, se aprende a filosofar” Kant.

La caricatura ridiculiza la realidad. El intelectual, es decir, quien sabe pensar y desarrolla tal capacidad, suele representarse como alguien de cara distraída, que está fuera de la realidad, inmerso en sus propias cavilaciones o identificado de tal modo con su objetividad, que deja de ser él mismo, o que se pierde en su propia idiosincrasia subjetivista de pensador, aislado.

No hay nada más equivocado que identificar el arte de pensar, bien con la pura objetividad de la realidad, bien con el ensimismamiento subjetivo del pensador. Esta actividad supone un triple movimiento que se corresponde con tres preguntas.

“¿Qué dice la realidad?”

Momento objetivo: Distancia

(La Realidad en sí)

El arte de pensar comienza con una pregunta sobre la realidad. Es un momento de humildad, de

escucha, de honestidad objetiva. Evidentemente, siempre se encuentra en primer lugar el sujeto que plantea la pregunta. Pero su interés se dirige, no obstante, a la captación de la realidad. Toma distancia respecto de sí, para dejar que hable la realidad.

Si se trata de una lectura, la pregunta se refiere a lo que el texto dice en sí mismo. Este momento objetivo es altamente educativo. Pretende evitar la precipitación y las prisas de quien se pone a hablar sin haber permanecido antes a la escucha. Así se aprende del texto, de la realidad.

El arte de pensar comienza con la educación para la lectura, despojándose —en la medida de lo posible— de prejuicios ideológicos, religiosos o dogmáticos. Hay que dejar a un lado los juicios precipitados, confeccionados de antemano, que la objetividad de la realidad no ha verificado. Empezar haciendo que la realidad y los textos digan lo que nosotros queremos que digan, sin dejan que hablen, obstaculiza la capacidad de pensar. Es un voluntarismo facilón; un moralismo tradicional. Es tan común que, en ocasiones, nos sorprendemos intercambiando los verbos. En lugar de emplear el verbo «ser», que significa, por excelencia, el respeto por la realidad en cuestión, por nuestros labios o de nuestra pluma se desliza inadvertidamente el verbo «deber», o expresiones del tipo «es preciso», «es necesario», «hay que», que revelan mucho más nuestros deseos que la objetividad de la realidad.

“¿Qué me dice la realidad?” Momento subjetivo: Proximidad

(La Realidad para mí)

Este es el momento de la abeja, cuando libamos el néctar de la realidad para fabricar la miel de nuestro alimento: el saber que llevamos con nosotros, que será nuestro. Cuando nos preguntamos a nosotros mismos por la realidad, por el texto leído, la respuesta será lo que asimilamos, lo que aprendemos. En el fondo, sabemos lo que la realidad o el texto nos han dicho. Aquí reside en parte nuestra originalidad.

Cuanto más personal sea nuestro modo de pensar, cuanto mayor sea nuestra libertad, después del momento de escucha humilde y objetiva, tanto más construiremos nuestro mundo de pensamiento. Ahora, el texto forma ya parte de nuestro universo cultural. Está teñido del color de nuestra inteligencia, lleva el toque personal de nuestro pensamiento.

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El ideal consiste en alcanzar tal claridad en el modo de pensar, que seamos capaces de distinguir la trayectoria que sigue el alimento por los meandros de nuestro pensamiento. Cerrando los ojos, somos capaces de percibir lo que ha dicho la realidad y cómo nosotros nos hemos apropiado de ella de una manera nueva, original. Hay una erudición repetitiva que es más vanidosa que fructífera. Consiste en ir alineando citas y más citas de lecturas anteriores en un alarde de enci- clopedismo, sin llegar a construir un pensamiento personal y sin que la realidad quede por ello iluminada.

Lo importante no es citar a otros. Las autoridades textuales no constituyen la realidad. Se trata, más bien, de construir puentes teóricos que nos posibiliten un acceso lúcido y crítico a la realidad. Este momento de proximidad entre nosotros y lo real, mediatizado por el momento del aprendizaje anterior, constituye el punto más elevado del pensar.

“¿Qué me hace decir la realidad?”

Momento intersubjetivo: Comunicación

(La Realidad para nosotros)

En la etapa anterior nos hemos dicho a nosotros mismos la realidad, nos hemos contado el texto. Aquí, el lenguaje tiene la brevedad compendiosa que necesita y posibilita nuestra intelección. Sin embargo, no aprendemos sólo para nosotros mismos. San Pablo, cuando habla de los dones o carismas, insiste en su función social. Existen para hacer que crezca la comunidad.

Yo me atrevería a comparar la lectura en propio beneficio con el don de lenguas. «El que habla en lenguas extrañas se aprovecha a sí mismo» (1Cor 14,4). La lectura reflexionada de cara a lo que se va a transmitir, equivaldría al don de profecía. «El que profetiza, habla a los hombres, los forma, los anima y los consuela»; «El que profetiza, lo hace en beneficio de la Iglesia» (1Cor 14,3.4). Por eso, concluye Pablo: «Me gustaría que todos hablaseis en esas lenguas, pero prefiero que profeticéis» (1Cor 14,5).

Este es el momento de la intersubjetividad. La realidad, el texto me llevan a hablar a los demás. El

arte de pensar acaba en un servicio cualificado a la comunidad. Me atrevería a decir que cuanto

más crece la sociedad de la informática, de la demencial y desmedida abundancia de información, tanto más importante será la función de quien sabe pensar. Este habrá de ir traduciendo a la gente el auténtico sentido de esta absurda farándula de datos, de noticias, de conocimientos que se transmiten.

Es el momento pedagógico. No se dice la misma verdad de la misma manera a cualquier persona,

ante cualquier auditorio, en cualquier momento. Ni tampoco se dice cualquier verdad a cualquier persona. Este momento en el que el texto me hace hablar, viene acompañado del sentido de responsabilidad. Implica una capacidad crítica ante el texto, tanto mía como de quien me oye. Uniendo estos tres referentes, encontraré la palabra exacta.

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1.6 AFIRMACIONES DE CONOCIMIENTO Y PREGUNTAS DE

CONOCIMIENTO

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