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LA OPINIÓN PÚBLICA DURANTE LA CAMPAÑA

PROYECCIONES FINALES

(% PROMEDIO) RESULTADO FINAL (%)

Frente Amplio 45 47,8

Partido Nacional 32 30,9

Partido Colorado 16 12,9

Partido Independiente 3 3,1

Otros partidos, blanco y nulo 5 5,3

Total 100 100

Fuente: Promedio de Cifra, Equipos Consultores, Factum, Interconsult y Opción.

Más allá de que existen algunas diferencias (la más grande, cuantitativamente, es la sobreestimación del Partido Colorado), la mirada a la distancia parece matizar la magnitud de estas.

Es cierto que el sistema de encuestas uruguayo no tuvo tanta precisión como en elecciones pasadas (cuando algunas encuestadoras pronosticaron muy ajustada- mente los resultados, incluso con precisión de decimales). Pero, de cualquier forma, la magnitud de las diferencias entre las estimaciones y la realidad no parece extraordi- nariamente grande (y, por cierto, es bastante menor a la que se ha registrado en varios países desarrollados en los últimos tiempos, como en el Reino Unido y en varios estados de los Estados Unidos).

Por otra parte, no es posible saber si el desvío entre lo proyectado por las encues- tas y el resultado fi nal obedeció a cierto viraje a último momento de pequeños núcleos de electores o a problemas de medición. Varias de las principales empresas encuestado- ras anunciaron una revisión de sus métodos de trabajo tras lo ocurrido en la segunda vuelta. Pero lo cierto es que con los mismos métodos con que se obtuvieron ciertos desvíos en octubre, tuvieron también una precisión mucho mayor en la segunda vuelta de noviembre y en las elecciones departamentales de mayo de 2015. Por tanto, no hay elementos para afi rmar que los métodos utilizados son intrínsecamente malos.

Más allá de las magnitudes, durante la campaña 2014 se generó un relato co- lectivo sobre la dinámica de la elección, que tenía como grandes componentes la idea de un estancamiento del Frente Amplio y un crecimiento sostenido del Partido Nacional (al menos hasta setiembre), que podía llegar a amenazar la continuidad del primero en el gobierno. Si bien es indiscutible que esta dinámica existió (los resulta- dos electorales lo muestran), el relato colectivo probablemente la magnifi có.

Este relato estaba obviamente alimentado por los resultados fríos de las en- cuestas (que, como se vio, tuvieron diferencias pero no fueron tan disparatados)

pero, fundamentalmente, por análisis e interpretación sobre estos resultados. En este plano no solo intervinieron los encuestadores, sino muchos otros actores (analistas, periodistas, incluso actores políticos) que comentaban en los medios de comunica- ción los resultados de las encuestas. Por lo general, las referencias a las posibles li- mitaciones de la técnica, al margen de error, a la posible movilidad del electorado, estuvieron en un segundo plano. Elementos estos que debieron estar en primera línea en este contexto (de elección pareja, donde pequeñas variaciones podían desencade- nar escenarios muy diferentes). Esta crítica vale tanto para los encuestadores como para aquellos que, no siendo encuestadores, utilizan las encuestas como herramienta de trabajo.

Quizá el pecado más grave del análisis de encuestas en la elección de octubre haya sido una excesiva confi anza colectiva (de encuestadores y no encuestadores) en la precisión absoluta del método.

De cualquier forma es justo señalar que, tanto entre los primeros (encuesta- dores) como entre los segundos (analistas) sí hubo quienes plantearon escenarios alternativos y advertencias. Quizá no lo hicieron con sufi ciente fuerza, o quizá fueron arrollados por una dinámica socio-mediática-política en la que (naturaleza humana) termina primando la necesidad de búsqueda de certezas (y cuanto más absolutas, mejor). Pero lo cierto es que algunas advertencias sí existieron.

En el punto siguiente se transcribe textualmente lo que decía el artículo del 15 de octubre de esta serie de «Monitor electoral» presentado el 15 de octubre. Con el diario del lunes, los comentarios aquí establecidos parecieron premonitorios.

Conclusiones del artículo publicado el 15 de octubre de 2014

Las últimas encuestas de intención de voto mostraban en promedio al fa en un entorno del 42 % y al pn en un 30 %, con un nivel de indecisión algo por debajo del 10 %.

En este estado de opinión es casi seguro que efectivamente habrá una segunda vuelta, es decir, que nadie alcanzará el 50 % de los votos emitidos el próximo 26 de octubre.

¿Podría alcanzar el fa una mayoría parlamentaria? Esto no aparece como el resultado más probable a la luz de los datos de las encuestas (al menos las de fi nes de setiembre y principios de octubre), pero estrictamente no puede descartarse.

El nivel de votación con el que el Frente Amplio alcanzaría la mayoría par- lamentaria no es un nivel fi jo. Depende de cuál sea la proporción de voto blanco/ nulo, y de cómo se distribuyan los votos a los demás partidos. En 2009 el fa alcanzó mayoría parlamentaria con 48,0 % de los votos, pero este nivel podría ser inferior incluso al 47 % si hay una mayor fragmentación del voto y un elevado nivel de voto blanco o nulo.

En cualquier caso, más allá de cuál sea el límite necesario para tener mayoría, el fa debería captar en este tramo fi nal una proporción más grande de los indecisos de lo que logró en 2004 y en 2009.

En esta línea, es necesario realizar algunas advertencias fi nales que pueden no ser menores. El electorado uruguayo se ha caracterizado en las últimas décadas por una estabilidad electoral extraordinaria o, mejor dicho, por un extremo gradualismo en los cambios. Esto, entre otras cosas, facilita el trabajo de los investigadores de opinión pública: un electorado poco afecto a los «cambios bruscos» es la panacea del encuestador. Sin embargo, en esta campaña electoral 2014 hay algunos llamados de atención que es necesario mencionar.

Por un lado, un conjunto de elementos sugieren que esta es una elección que está entusiasmando menos a los ciudadanos que otras anteriores. De acuerdo a re- cientes datos de Cifra sobre participación en actos políticos, esta campaña «está con- vocando casi un tercio menos de participantes que la campaña 2009».3 De un 26 % de

participantes en actos en la campaña anterior se pasa a un 17 % en la actual.

Por otro lado, parece haber procesos de decisión más lentos. En algunos tra- mos de la campaña, algunas empresas encuestadoras (aunque no todas) han señalado niveles relativamente altos de indecisos. Básicamente esto ocurrió con la encuesta de Equipos Consultores de agosto y setiembre (12 % y 15 % de indecisos respectivamen- te) y de Radar en octubre (11 % de indecisos y 3 % de no contesta).

Por último, en la interna nacionalista del 1.º de junio se evidenció un cambio en los últimos días en la preferencia de algunos electores que dejó en «falsa escuadra» a las mediciones previas. No se trató de un cambio de gran magnitud si se mira el conjunto del electorado, pero sí fue lo sufi cientemente importante como para generar un resultado no previsto.

Entonces: en una situación en la que el cambio de unos pocos puntos del elec- torado podría derivar en escenarios muy diferentes, es de orden tener en cuenta estas señales.

Si efectivamente estos son indicios de que quizá, a diferencia de lo ocurrido en otras elecciones, un sector del electorado está menos fi rme en sus decisiones y podría llegar a volcarse en plazos breves (y quizá tan breves que las encuestas no puedan captar), es necesario extremar la prudencia. Obviamente no es posible «pronosticar» este vuelco, y mucho menos su posible dirección (podría ser hacia un lado o hacia el otro). Pero sí advertir de la probabilidad de la ocurrencia de este evento, en un país poco acostumbrado a que estas cosas ocurran».