• No se han encontrado resultados

LA PSICOLOGÍA Y EL PROBLEMA DEL SENTIDO.

[B] LA PSICOLOGIA SOCIAL.

I. LA PSICOLOGÍA Y EL PROBLEMA DEL SENTIDO.

A pesar de las dificultades y riesgos de todo tipo que suponía encarar el estudio del psicoanálisis en los ámbitos académicos de los años 30, Adorno abordó ya muy pronto el estudio de la obra de Sigmund Freud. De hecho este fue el tema elegido por Adorno como prerrequisito para la habilitación de un puesto en el cuerpo del profesorado. El trasfondo temático para tal intento de Habilitationsschirft era ni más ni menos que atacar las tendencias antirracionalistas propias de la época que florecían en los distintos ámbitos de la cultura. Para tal propósito Adorno partió de las consideraciones epistemológicas del momento, tales como las que se orientaban con base en Schelling, Schopenhauer, o Nietzsche, y en cuyo centro se hallaba el concepto de inconsciente junto a un uso "metafísicamente difuso" del mismo. Todas ellas parecían tener en común el hecho de servir de asidero ante los efectos alienantes de la creciente secularización y Entzauberung del mundo moderno, de modo que un retorno al mito y una afirmación de los poderes instintivos del inconsciente (con toda su carga de inmediatez primitiva) resultaban bastante atractivos en el ámbito de la crítica teórica. Frente a ello el interés de Adorno era dirigido hacia la elaboración del concepto del inconsciente a partir de la teoría psicoanalítica de Freud, teniendo en cuenta que en última instancia sólo lo consciente podía ser el fundamento del conocimiento.

La intención implícita de Adorno tomó cuerpo por primera vez en el estudio de 1927 titulado Der Begriff des Unbewussten in der trascendentalen Seelenlehre, cuyo primer propósito más concreto era ver si una teoría del inconsciente (ausente en la teoría de Kant) podía establecerse mediante una revisión del kantismo. Y ello sin caer en el dogmatismo de tener que plantear un dominio ontológico del inconsciente y sin tener por tanto que ir más allá de los límites de la razón crítica que supondría tener que aceptar la aparente irracionalidad de los fenómenos empíricos, incluidas por supuesto las múltiples manifestaciones del inconsciente.237 Para ello se trataba de remitirse de nuevo al método trascendental ante el

237

S. Buck-Morss hacía hincapié en cómo Adorno delineaba así los requisitos de una teoría del inconsciente (la teoría psicoanalítica de Freud) que estuviera de acuerdo con el neo-kantismo del por entonces su mentor Hans Cornelius. Ya que según Adorno en la Crítica de la Razón Pura el argumento de Kant descartaba una psicología ontológica del inconsciente, sin embargo no se discutía la posibilidad de una psicología racional. Cfr. Susan Buck-Morss. "Origen de la Dialéctica Negativa" pg. 54.

complejo de problemas incluidos en la categoría del inconsciente que no podían ser resueltos en la filosofía kantiana del yo fenoménico. De esta guisa, tomando como base la filosofía trascendental, eran tomados por inconscientes los hechos no experimentables como presentes ni como pensados en el recuerdo, ni los dados en forma espacial, pero que sin embargo existían en virtud de la ley de la conexión con la conciencia. Y según Adorno lo interesante en Freud para esa explicación filosófico-trascendental del inconsciente parecía ser, por aquel entonces, aquella premisa psicoanalítica de que "alles Psychiche einen Sinn hat”.238

De ahí que Adorno estuviera profundamente interesado en el psicoanálisis como modelo cognitivo, en donde la terapia se esforzaba únicamente en ser conocimiento.239 Desde esa perspectiva la teoría de Freud demostraba ser para Adorno una forma definitiva del "desencantamiento" del inconsciente. Desencantamiento que se producía mediante la exposición de la lógica interna de sus manifestaciones -actos fallidos, sueños, síntomas neuróticos- y con ello su consiguiente accesibilidad al nivel consciente, esto es, a la comprensión racional y por lo tanto a la transformación cognitiva. Tal pregunta por el sentido de la Abhub der Erscheinungwelt, suponía en última instancia que toda entidad psíquica estaba determinada conforme a leyes por su conexión con la conciencia personal. Pues si se diera una distinción entre procesos de conciencia determinados de un modo normal y procesos determinados de un modo inconsciente, habría que sostener una distinción ontológica entre conciencia y realidad. Cuando lo único cierto es que si bien “el estado de cosas de nuestra vida consciente y despierta depende de múltiples maneras de nuestras modificaciones en el mundo material”, también a la vez el mundo material se construye sobre la base de “las regularidades de nuestro consciente”.240

Cierto que Adorno vinculaba aquí a Freud excesivamente con la teoría cognitiva, si bien con ello apuntaba ya al peligro frente a una errónea interpretación meramente naturalista del inconsciente y de la pulsión. De modo que después de todo la teoría de Freud representaba al

238

Adorno. “Der Begriff des Unbewussten in der trascendentalen Seelenlehre” [BU] GS1 pg 230. Si bien para Adorno, ya por aquel entonces, aceptar la afirmación de Freud de que todas las experiencias humanas tuvieran que tener un significado, no suponía para nada que eso contestara al interrogante ontológico sobre el significado de la existencia humana.

239

Adorno había basado el estudio Kant-Freud sobre las “Lecciones Introductorias al Psicoanálisis”, no considerando ya por aquel entonces a la teoría freudiana bajo el aspecto de sus consecuencias estrictamente terapéuticas, sino bajo el aspecto de un modelo cognitivo, epistemológico, que daba prioridad al conocimiento basado en el análisis.

fin y al cabo un baluarte contra la deificación metafísica “de la mera vida orgánica y sorda”.241 Ahora bien, Adorno pretendía ir todavía más lejos en las apreciaciones de este ensayo primerizo. De ahí que se sintiera inclinado a concluir con el psicoanálisis que el establecimiento de los estados de cosas inconscientes (especialmente el de la neurosis) no podía llegar a ser realizado a través del individuo (aún cuando tenga en las vivencias de éste su última instancia), sino “que debe ser también mejor referido al ambiente (Umwelt) del individuo, ante todo a las relaciones sociales”.242

Con la precisa referencia al concepto de sociedad, Adorno apuntaba además mucho más allá de la estricta epistemología y se metía de lleno en el campo de la crítica de las ideologías, hacia la teoría social de corte abiertamente marxiana. Con ello Adorno trataba de criticar de paso las teorías que tendían a apartarse del dominio de los factores socio-económicos apelando a otras supuestas fuerzas independientes de la conciencia que “permanecen como una isla para el individuo (Einzelnen)”.243 Isla que servía como un refugio hacia una supuesta esfera psíquica pura de la existencia privada confrontada a la relación social, y que malograba la “posibilidad de su transformación”.244 Lo cual se veía agravado por el hecho de que, como defensa frente a la sociedad, la supuesta esfera de la existencia era equiparada a un poder vital e inconsciente que supuestamente debía concordar con “los deseos de la naturaleza”.245 Y de ahí que Adorno se opusiera tan vehementemente a las tendencias que trataban de ignorar la relación de dependencia de los fenómenos inconscientes con respecto al mundo material, esto es, en última instancia de la sociedad. Como ocurría por ejemplo en el caso de “la procedencia de las doctrinas del inconsciente desde la filosofía del poder de Nietzsche” cuya resolución se confirmaba tan “tremendamente en las cosas mismas”.246

240

Adorno. BU GS1 pg. 232.

241

Adorno. BU GS1pg.320. Adorno se basaba para su interpretación en las “Lecciones Introductorias al Psicoanálisis” expuestas por Freud en 1917. Y si bien en ellas Freud todavía no había afirmado el instinto de muerte como fuente ontológica de la agresión ni por supuesto su posterior interpretación metafísica instintiva de la historia entendida como una batalla entre Eros y Thanatos, lo cierto es que aún así Adorno prevenía también frente al hecho de que a pesar de todo estas lecciones tampoco estaban totalmente exentas de algunas perniciosas tendencias claramente ontológicas, como el propio complejo de Edipo, que convenía aclarar.

242 Adorno. BU GS1pg. 300. 243 Adorno. BU GS1pg. 318. 244 Adorno. BU GS1pg. 319. 245 Adorno. BU GS1 pg. 319. 246

Adorno. BU GS1 pg. 320. Y por ejemplo con ello, Adorno, se refería ya sobre todo al modo con que el fascismo empezaba a asentarse cada vez más.

El psicoanálisis se presentaba así como una teoría capaz de indagar en lo inconsciente apelando sin embargo a lo consciente a la hora de validar el conocimiento. Si bien al fin y al cabo parecía claro que los síntomas que la psicología freudiana ponía al descubierto solamente podían ser extirpados de raíz si se lograba una modificación de la situación social. Pues ya para Adorno no bastaba con el conocimiento del estado de cosas inconsciente mientras no se cambiara la realidad de la situación social. El análisis de la situación consciente pasaba pues a ser una condición necesaria, pero no suficiente, a la hora de plasmar las circunstancias del mundo material opresivo para los sujetos. A fin de cuentas, recalcaba Adorno, “lo que concluíamos sobre la posibilidad idealista-trascendental de una conexión entre el mundo material y el mundo psíquico, no puede sorprendernos si, no solo el conocimiento del estado de cosas inconsciente sino también el de la constitución del mundo material es dependiente de la sociedad”.247

La consecuente postura en torno a la racionalidad y a la radical desmitificación fue algo que Adorno no abandonaría ya a lo largo de su posterior obra, y mucho menos en los estudios u observaciones que hacían referencia estricta al psicoanálisis. Ahora bien, a duras penas comenzados estos primeros escritos filosóficos, tuvo lugar un contratiempo: la Habilitationsschrift fue rechazada.248 Y con ello apareció a su vez todo un gran complejo problemático por resolver que formaría buena parte de la base de toda su construcción posterior.

En primer lugar Adorno había articulado hacia al final de ese estudio una crítica de la ideología de corte claramente marxiana. Eso por supuesto era ampliamente coherente con la crítica al irracionalismo, sobre todo de aquellas filosofías del poder y del destino de la época que no cejaban en invocar todo tipo de fuerzas extrañas en el acontecer inconsciente del proceso de la historia y la sociedad. Si bien con esto Adorno iba a su vez mucho más allá de

247

Adorno. BU GS1 pg. 321.

248

Una de las causas del rechazo, como ha señalado Müller-Doohm, es que en efecto el lenguaje de Adorno apuntaba ya mucho más allá del mero neokantismo de Cornelius, con “lo cual trascendía las fronteras de una demostración puramente epistemológica”. Algo que Cornelius fue incapaz de detectar en toda su magnitud. Stefan Müller-Doohm. “Theodor W. Adorno. Una bibliografía intelectual” pg.158. Al respecto A. Aguilera hace hincapié en que el paso a lo social, a la filosofía, requería comprender la función social de lo inconsciente como irracionalismo “para encontrar la correspondiente escoria fenoménica filosófica y la

los límites de una demostración estrictamente gnoseológica dentro del ámbito del neokantismo. A saber: El estudio sobre Kant-Freud contenía en su concepción una contradicción interna de difícil solución: La justificación neokantiana -y por tanto idealista- de Freud, con la crítica marxiana -y por tanto materialista- de la ideología.

De hecho el estado de cosas inconsciente, justamente para evitar la defensa de una noción irracionalista del inconsciente, tenía que conectarse al estado de la vida consciente. O dicho en otras palabras, y bajo este contexto, el sentido del síntoma debía enlazarse al yo (autónomo y trascendental propio del idealismo) el cual mediante sus regularidades construye u organiza el mundo material. Ahora bien, la prioridad de la sociedad, el hecho de que nuestra vida consciente dependa de múltiples maneras de nuestra modificación del mundo material no casaba de ninguna de las maneras con el concepto del yo ahistórico kantiano y con la subordinación a éste del inconsciente natural freudiano.

No en vano la prioridad de la sociedad en el materialismo de corte marxiano equiparaba básicamente idealismo e ideología. Y el supuesto de que un sujeto, en tanto que conciencia pura, tuviera a priori una existencia autónoma era algo considerado como bastante próximo a la ideología. Además la cuestión podía extenderse al estado de cosas inconsciente. Pues buena parte de las causas de los síntomas psíquicos que el psicoanálisis descubre solamente podían ser completamente transformadas mediante la modificación de la situación social vigente: "Solo con el conocimiento del estado de cosas inconsciente nada se logra, mientras la situación de la realidad social quede sin tocar".249

De este modo la prioridad del objeto de la sociedad, el giro materialista, suponía ya para Adorno negarse a que las formas de la subjetividad se impusieran al objeto, y en este sentido la sociedad mantenía su prioridad material a la hora de conformar la subjetividad. Si bien el descuido del materialismo de Marx (como ya lo fue en el idealismo de Hegel) por el ámbito

adecuada técnica interpretativa”. Cfr. Antonio Aguilera. “El primer proyecto filosófico de Th. Adorno” pg.128.

249

Adorno. BU GS1 pg. 321. En el mismo sentido se expresa M. Rius, ya refiriéndose a la obra posterior de la "Dialéctica de la Ilustración": "Su formación marxista les impulsaba [a Adorno y Horkheimer] a adoptar una perspectiva histórica. Por ello, en la obra aparece otra definición más amplia que la concebida desde la psicología". Mercé Rius. "Theodor W. Adorno. Del sufrimiento a la verdad" pg.35. La referencia pues al participante histórico, una vez hechos conscientes los problemas, aparecía ya como algo obviamente ineludible.

de la psicología individual justificaba la necesaria referencia a Freud. Un Freud que sin embargo tendría todavía que llegar a ser visto desde el giro material.

De ahí que en segundo lugar, como Adorno destacara años más tarde en el posfacio editorial con motivo de la posible publicación del estudio Kant-Freud en los "Gesammelte Schriften”, el mayor error de este estudio consistía en que se había relacionado unilateralmente a Freud con la teoría cognitiva, esto es, con ciertos aspectos de la "teoría del conocimiento", dejando de lado "el momento materialista" presente ya en Freud desde el principio y que era designado a través del concepto del deseo genital, del placer de órgano (Organlust).

Tal momento material debería referirse de nuevo a la prioridad del objeto, lo cual debería pasar posteriormente a ser relevante para la psicología. Si bien del mismo modo que la preponderancia del objeto de la sociedad no suponía pasar a la posición de la crítica del realismo ingenuo (siempre estamos in media res), la preponderancia psicológica del objeto (o sea la centralidad del cuerpo) tampoco debería significar un acceso inmediato al soma mismo. O lo que es lo mismo no había una primera naturaleza a la que volver. Lo cual suponía que Adorno tenía todavía que romper la visión de Freud como un mero dualista e interpretarlo más bien como un pensador fronterizo entre soma y psique, entre mundo interior y mundo exterior, entre naturaleza y cultura. La preponderancia del objeto debería pues suponer aquí una crítica inmanente del idealismo (de Kant) en términos del concepto del impulso que hiciera disparar la dialéctica de la espontaneidad. Lo cual debía partir de un momento de exterioridad en el interior, de naturaleza en el sujeto, de no identidad dentro de la identidad. Del impulso de emancipación frente a la propia sociedad que conforma al sujeto.

Que Adorno era consciente de todo esto podría explicar porqué no intentó revisar el estudio o eliminar las últimas páginas que contenían la crítica de corte marxiano. Simplemente abandonó el proyecto y empezó poco a poco a trabajar sobre la contradicción aparecida. No en vano todo este complejo problemático vinculado con el problema del sujeto moderno hacía referencia por un lado a la peliaguda cuestión de la relación entre individuo y sociedad (y de paso por el posible interrogante de la intersubjetividad). Y por otro lado a la no menos complicada cuestión de la relación entre conciencia y materia; y en este sentido a la necesidad de superar la escisión entre espíritu y naturaleza que debería articularse en torno a

la dignidad de lo corporal en tanto que fuente de emancipación de la subjetividad (lo cual al menos había sido planteado gracias a la teoría sexual, a la teoría de la libido, al concepto de Organlust). Como señalaría más tarde el propio Adorno: "Sólo quién pudiera encerrar la utopía en el ciego placer somático, que carece de intención a la par que satisface la intención última, sería capaz de una idea de la verdad que se mantuviera inalterada".250

250

Adorno. MM pg.59; MM GS4 pg. 68: “Nur wer es vermöchte, in der blinden somatischen Lust, die keine Intention hat und die letzte still, die Utopie zu bestimen, wäre einer Idee von Wahrheit fähig, die standhielte”. La cita sigue: "Pero en la obra de Freud se reproduce inintencionadamente la doble hostilidad hacia el espíritu (Geist) y hacia el placer (Lust), cuya común raíz pudo conocerse precisamente gracias a los medios que aportó el psicoanálisis". En el mismo sentido: "Solo cuando el impulso corporal se satisfaga, podrá reconciliarse". DN pg.208.