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PSICOTERAPIA INDIVIDUAL CON NINOS Y ADOLESCENTES

PSICOTERAPIA DE NINOS Y ADOLESCENTES

Capitulo 11 Historia y tendencias

2.1.2 PSICOTERAPIA INDIVIDUAL CON NINOS Y ADOLESCENTES

Algunos de los aspectos referidos pueden ser aplicados a los niños y a los adolescentes, con la salvedad de que los niños no buscan tratamiento para ellos mismos, sino que siempre hay otra persona que lo hace por ellos: padres, profesores, compañeros, etc. Por lo tanto es otra persona adulta, más allá del propio terapeuta, la que ocupa un lugar central en la administración de las intervenciones curativas con la infancia y la adolescencia, por lo que el modelo de terapia y, así mismo el cómo y el a quién se le aplica, varía ampliamente en este caso.

No obstante, también para ellos la terapia está pensada para mejorar el funcionamiento y la adaptación y para reducir las conductas desadaptativas y un sin número de quejas psicológicas o físicas. Todas estas definiciones se apoyan en el aprendizaje, la persuasión, el diálogo y otros procesos similares.

La psicoterapia individual de niños y de adolescentes se refiere a la relación terapéutica individual entre un especialista y un sujeto menor de edad, usando como medio la palabra o el juego (Barrnett, Docherty y Frommelt, 1991). La importancia del juego es tal que ha llevado a la Comission for Ps/eliotheraptes de la APA norteamericana (1982) a dividir los tipos de psicoterapias en dos grandes bloques, las verbales y las de juego.

La propia concepción de la psicoterapia de niños y adolescentes no tiene una definición clara, oscilando desde aquellos que laxamente piensan que vale cualquier interacción cara a cara, hasta aquellos otros que proponen una definición de método y procedimientos, tan restrictivos y normativos que llegan, en algunos casos, a cuestionar la propia validez de los resultados. Cualesquiera que sean estos, son considerados siempre pardales, poco ajustados o imprecisos.

Capitulo ¡¡ Historiay tendencias

Otra postura es la que plantea directamente la imposibilidad del uso del término psicoterapia en este corte etano (Diatkine, 1982), por considerar que el deseo de cambio no aparece hasta la latencia. Igualmente algunos se cuestionan la posibilidad del ¡ns¡ght o de la elaboración interpretativa.

Tomemos en cuenta pues las enormes diferencias estructurales que hay entre la población de adultos y la de niños, latentes y adolescentes, las cuales se muestran cualitativamente en los abordajes terapéuticos posibles a llevar a cabo, que varían por fuerza, en un número importante de dimensiones. Cualquiera de las generalizaciones que se hacen, a través del uso de la sencilla referencia a los avatares del desarrollo psíquico, no es suficiente para abarcar el hiato (Dolto, 1986; Gould, Shaffer y Kaplan, 1985).

Se requiere más bien desarrollar técnicas eficaces que permitan ahorrar esfuerzos al especialista y facilitar el acceso al inconsciente del niño (Freud, 1909, 1910, 1914; Klein, 1921,1923,1933; Lacan, 193; Dolto, 1971; Freud, 1971). Las técnicas a las que hago referencia implican una concepción de la infancia que incluye no sólo el juego, sino también el lugar de los padres, tanto en el desarrollo de la estructura psíquica del niño, como en el papel que tienen estos a lo largo del tratamiento y su manejo por medio de los recursos técnicos.

Tan sólo preguntarnos por quién retira a un niño de un tratamiento es suficiente para reconocer, sin sorpresas, que son los padres los que interfieren drásticamente, abandonando el lugar de tercero en la relación terapéutica, toda vez que ya han dado consentimiento para el inicio del tratamiento. Contundente intromisión que contrasta altamente con lo que no ocurre en los tratamientos de adultos. Por tanto, es posible que sea preciso cuestionar todos los parámetros de uso, para evitar asimilaciones entre el campo de los adultos y el de los niños y adolescentes, por una posible falta de especificidad del lenguaje.

Capítulo II Historia y tendencias

Es cierto que la mayoría de Jas psicoterapias que están aJ alcance de la infancia derivan su actividad, posiblemente, del dominio técnico que se desprende del avance en los conocimientos del desarrollo psicológico del niño y del adolescente. Esto se lleva a cabo, principalmente, en el espacio de los psicoanálisis infantiles.

Crear de ello una sumisión tan grande con respecto a todas las aplicabilidades y desarrollos posteriores es ya un salto cualitativo hacia la estratificación. Lo cual parecería que en realidad va encaminado, exclusivamente, a permitir el sustentamiento del poder de los más antiguos; por ejemplo el poder de los supervisores, de los que más años llevan, de los que más casos clínicos han visto o de aquellos otros que dicen cómo tienen que ser las cosas, para estar ellos mismos en la cúspide del poder, lo que ya suena demasiado adultomorfista en su presentación.

El gran debate ciertamente es el derivado de la acreditación de la psicoterapia de niños como un proyecto por si mismo y no dependiente, aunque sí sea confluente, con aquel del psicoanálisis. En la meta última quizá coincidamos con las palabras de Anna Freud (1965) cuando dice que el ol~etivo del psicoanálisis de niños es la vuelta del paciente perturbado al camino del normal desarrollo infantil.

Si dificil es abordar el tema de la psicoterapia ¿Cuales son los parámetros que definen la psicoterapia de apoyo en niños y adolescentes?, ¿Como diferenciarla de la psicoterapia breve o de la psicoterapia formal que se puede ofertar en un servicio público?. Bonaminio y Carratelli (1988) señalan a la psicoterapia breve en el contexto público como una técnica condicionada en su intensidad, de forma que hay tratamientos de periodicidad semanal o mensual que se pueden llamar psicoterapias, pero que actuan disminuyendo la ansiedad, mejorando los síntomas pero no la estructura del sujeto.

En el contexto de la práctica pública también Holmes (1995) plantea en su trabajo sobre la psicoterapia de apoyo un repertorio de teorías que han aportado algo a la

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terapia de apoyo, la cual es considerada por él como un cúmulo de temas de otras terapias, aunque para Robertson y Tyrer (1995) no es tan fácil de definir, Sloves y Peterlin hacen lo mismo desde las psicoterapias de tiempo limitado, las cuales proponen la fecha de terminación desde el inicio del tratamiento, se entiende que se convierta de inmediato la fecha tope en un tema privilegiado para trabajar todo el repertorio de afectos de pérdida y en eso reside su fuerza.

El apoyo viene dado por los aspectos implícitos del encuadre como son la regularidad, fiabilidad, la atención que el terapeuta presta al paciente y la alianza de trabajo. La interpretación y la dirección conductual juegan posiciones menos importantes que en las otras técnicas.

Es una técnica contenedora, activa, positiva, reforzadora, positiva y adiva con las defensas, manejable, paradojal y reestructurante, con algunas consideraciones hacia la trasferencia y la contratransferencia.

El perfil diagnóstico de los pacientes susceptibles de ser candidatos a la psicoterapia de apoyo se corresponde con múltiples ingresos psiquiátricos o generales, abundantes prescripciones psicotrópicas, haber sido tratado en múltiples servicios ambulatorios y ser una carga para los profesionales, familiares y amigos. En línea general coincide con el criterio de ser un trastorno de personalidad borderline, dependencia a veces de corte destructivo, riesgo de suicidio, rechazo de los terapeutas, dificultades en la expresión verbal o metafórica, etc.

Estos aspectos son poco definibles en la infancia, pero se puede hacer a veces una aproximación, no tanto en la en cuanto al desarrollo de la historia de paciente, puesto que los adolescentes no tienen tanta vida recorrida, sino quizás en cuanto a los aspectos más psicológicos o psicométricos y a los del trastorno de conducta asociado a algunas patologías graves.

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