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Puesta en práctica de las normas y conse-

In document La educación ética en la familia (página 151-154)

Establecer un conjunto de normas y consecuencias en el contexto fa- miliar es algo muy importante para la convivencia, pero no deja de ser un primer paso que es necesario completar con unas estrategias de ac- tuación, para conseguir que se consoliden y lleguen a ser asumidas co- mo algo necesario para la vida y la convivencia familiar. Para ello es con- veniente seguir las siguientes estrategias educativas:

Colocar las normas fundamentales escritas en un panel o lugar visible de la casa. Es importante para que se recuerden y se tengan presentes en

todo momento. Cuando los niños son pequeños se debe colocar un dibu- jo representativo de la norma junto al texto para que la identifiquen. Es- te dibujo, si es posible, lo debe realizar el propio niño o niña durante el proceso de establecimiento de las normas. En principio, salvo circuns- tancias concretas, no es recomendable escribir las consecuencias al lado de las normas, para resaltar lo positivo y no lo punitivo de las mismas.

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Explicar el funcionamiento de cada norma, utilizando un lenguaje cla-

ro y comprensible para todos los miembros de la familia. Es importante detallar las cuestiones más importantes, poner ejemplos, concretar los casos donde se aplica y las posibles excepciones a la regla, las dificulta- des que pueden surgir para su cumplimiento y todos los detalles que se consideren esenciales.

Explicar cada una de las sanciones o consecuencias establecidas, ha-

ciendo hincapié en que éstas no están puestas para “fastidiar” a nadie, si- no para hacer que se cumplan unas normas que hemos elaborado entre todos porque las consideramos necesarias para la convivencia familiar.

Aplicar las consecuencias de la manera más inmediata posible a la

trasgresión de la norma. La inmediatez y contingencia de la respuesta es fundamental para que ésta se asocie a la norma. Cuando se deja pasar un tiempo excesivo, los niños no comprenden las razones de la sanción y no se refuerza el comportamiento correcto.

Otorgar a los hijos el beneficio de la duda, especialmente en aquellas

normas éticas más complejas, cuya trasgresión puede ser fruto de la fal- ta de comprensión de las mismas. Por ello, no debemos precipitarnos a la hora de deducir conclusiones y debemos dejar que los hijos nos expli- quen la razón de su comportamiento. Nosotros les explicaremos las ra- zones por las que su conducta no fue correcta y señalaremos el compor- tamiento adecuado. En el caso de ser un problema de “comprensión de la norma” no se aplicará ninguna consecuencia.

Realizar una única advertencia antes de aplicar la sanción. Si realiza-

mos continuas advertencias, los niños se acostumbran a las mismas y no reaccionan porque no las asocian con la aplicación inmediata de la sanción.

Mantener cierta flexibilidad en la aplicación de las sanciones. Las nor-

mas deben ser válidas para todos los miembros de la familia, pero cada niño es un mundo y lo que funciona bien con uno, puede ser ineficaz con su hermano. Por ello los padres deben aplicar las normas con la opor- tunidad que consideren necesaria, atendiendo a las circunstancias del tiempo, las personas y las situaciones implicadas.

Utilizar mecanismos de amplificación. Se trata de resaltar un compor-

tamiento concreto, ya sea adecuado o inadecuado y las consecuencias que se derivan del mismo para su autor, al objeto de que sirva de ejemplo para otros miembros del grupo. Por ejemplo: El padre dice en voz alta, con la intención de que lo oiga el hermano del sancionado: “Luis no ha recogido los juguetes de la habitación y por lo tanto le corresponde la sanción establecida de quedarse sin juguetes durante dos días”. Del mis- mo modo, en sentido positivo, podría señalar “Laura me ha ayudado a hacer la comida y, tal como le prometí, esta tarde le compraré el helado de chocolate que tanto le gusta”.

Evaluar periódicamente el funcionamiento de las normas. Cuando se

comprueba que una norma no es eficaz o adecuada para los objetivos que se pretenden, es necesario modificarla o eliminarla. A este respecto es necesario tener en cuenta que las normas necesitan un periodo de tiempo razonable para consolidarse y demostrar su valía.

Motivar para que se cumplan las normas alabando y reconociendo

continuamente su cumplimiento y especificando los efectos beneficiosos de este comportamiento para la vida y la convivencia familiar. Por ejem- plo cuando un padre dice “Luis está muy mayor, porque cada día se hace mejor la cama. Ya no le tenemos que ayudar en esta tarea”. Muchos pa- dres no se dan cuenta de los efectos positivos que tiene alabar la conduc- ta de sus hijos, pero el refuerzo positivo es un elemento básico para que se consolide la conducta deseada. A este respecto es necesario tener en cuanta las siguientes consideraciones: se deben alabar los comporta- mientos cotidianos más significativos, pues no podemos estar constante- mente alabando a los niños, ya que el refuerzo dejaría de ser efectivo; evi- tar las prácticas que de manera inconsciente realizan muchos padres, de elogiar una conducta del hijo y, a continuación, realizar un sarcasmo o comentario hiriente que contrarresta el refuerzo positivo anterior; utili- zar estrategias que permitan sorprender al niño o niña justo cuando ha realizado algo muy bien, para elogiar públicamente su conducta y, del mismo modo, hacer “la vista gorda” ante algunas conductas inapropia- das que no sean muy relevantes, especialmente cuando tratemos con ni-

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ños retadores que buscan, con su comportamiento, llamar continuamen- te nuestra atención; aumentar la eficacia educativa del refuerzo verbal acompañándolo de otros elementos comunicativos como las sonrisas, contacto visual o entusiasmo, y teniendo en cuenta que, dependiendo de la edad y la receptividad de los hijos, es muy eficaz abrazarlos, besarlos, acariciarlos, a la vez que mostramos entusiasmo por la acción realizada.

Emplear recompensas sociales como dar privilegios, atención, elogios,

etc., evitando, en la medida de lo posible, el uso de recompensas mate- riales para reforzar el buen comportamiento, pues, si las empleamos con frecuencia, generamos en el niño unas expectativas cada vez más eleva- das que acaban derivando en un consumismo desbordado.

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