Al regresar a mi habitación, me cruzo con Sheldon, quien regresa de los trabajos de limpieza en la terraza. Amablemente, me pregunta:
— Perdón, señora, ¿piensa usar la piscina el día de hoy? — No, no pienso hacerlo, Sheldon. ¿Por qué?
— Porque tengo que cambiar el cartucho del filtro y si no piensa utilizar la piscina hoy, podría hacerlo ahora.
— ¡Ande! Hágalo, me voy a quedar abajo…
Con un carraspeo educado y una sombra de sonrisa, agrega: — A propósito, ¿encontró su suéter?
— ¿Mi suéter?
¿De qué está hablando? Súbitamente, recuerdo el pretexto que alegué hace un rato para verificar si estaban en la terraza. La vergüenza me regresa.
— ¡Ah! Sí, sí… gracias, estaba en la biblioteca.
Él me lanza una mirada perpleja, al menos eso es lo que me parece, pero tal vez no es más que una idea que me hago. Además, después de mi respuesta, él continúa su camino sin preocuparse más por mí. Falsa alarma, ni él ni su esposa sospechan nada. No debo de ponerme paranoica.
Una vez que regreso a mi habitación, me instalo frente al tocador y me dirijo una mueca en el espejo, tarareando algunos compases de « Turn the Night Up » de Enrique Iglesias. Me siento mejor.
¡Tuve a Bonnie al teléfono! A pesar de su brevedad, la comunicación me volvió a subir el ánimo. Por primera vez desde que estoy secuestrada, tengo el sentimiento de haber logrado algo, de ya no sufrir los acontecimientos sin reaccionar. Eso me hace un bien inmenso, me siento de mucho mejor humor.
No eufórica, no, no se debe exagerar nada, pero reencontré mi dinamismo y un poco de optimismo en cuanto a la evolución de la situación, ésta ya no me parece tan sombría como antes. La pasividad a la que Maxwell me obliga me bajaba el ánimo; difícilmente soporto que le pongan trabas a mi libertad de acción.
¡Oh! Por supuesto, fundamentalmente nada ha cambiado. No me hago ninguna ilusión, mis problemas no desaparecieron como por arte de magia a causa de una simple llamada; estoy cruelmente consciente de eso. La amenaza de James, mis dudas frente al comportamiento de Maxwell, mi incertitud ante el futuro inmediato, están lejos de haber desaparecido.
Y, desafortunadamente, debo reconocer que en esa área, mi amiga no me fue de gran ayuda. No fue su culpa ni la mía, no tuvimos el tiempo suficiente para conversar ampliamente; pero bueno, ahora está enterada. Hablé con ella, eso ya es una primera brecha en el muro de mi prisión, espero poder atravesar otras, encontrar ocasiones. ¡Hay que ver los puntos positivos!
Repartida entre el optimismo y el pesimismo, dejo que mi mente vague poco a poco. ¿Qué sucederá cuando la amenaza de James haya sido alejada? ¿En qué me convertiré?
¿Qué es lo que haré? ¿Y, para empezar, cuál será mi relación con Maxwell? Por una especie de acuerdo tácito, los dos evitamos abordar el tema. Es verdad que por el estado actual de las cosas, sería prematuro; me enseñaron que los problemas deben tratarse a medida que se presentan.
No obstante, eso no me impide tener algunas ideas sobre la cuestión, algunas esperanzas, una dirección general. Así, la noche anterior, Maxwell dio a entender claramente que no quería que nos dejáramos. Yo tampoco quiero que nos dejemos, solamente que, mi experiencia desafortunada con James, me hirió. No puedo repetir el mismo error, no todas mis dudas están superadas. ¿Estoy decidida a comprometerme por mi lado como él parece desearlo?
¡Mmmm! ¡No es seguro!
¡Oh! ¡Sí, tengo muchas ganas de quedarme con él!
¡Ok, tengo ganas de hacerlo, pero de cualquier forma, no es seguro al cien por ciento!
Sumergida en mis reflexiones, me desconecté progresivamente de lo que me rodea. De pronto, un impacto brutal me saca de mi sueño, un ruido violento que me regresa a la realidad. Parece que algo pesado cayó al suelo, explotando. Yo intento escuchar con atención, ya no escucho nada. Luego, progresivamente, otros ruidos suceden al primero, menos violentos, más confusos.
¿Es Sheldon que tiene problemas con el filtro de la piscina? Tengo la impresión de que viene de menos lejos y, si ya terminó con la piscina, ¿qué puede estar tramando? Es imposible identificar el origen de los sonidos, pero son cada vez más fuertes. ¿Qué está pasando? Estoy al acecho, no se debilitan, incluso parecería que el alboroto se intensifica.
Bruscamente, siento miedo, un espanto instintivo, animal. ¿Qué hacer?
Después de algunos segundos de duda, me levanto y abro la puerta. En el pasillo, el tumulto se vuelve más neto. Continuación de impactos, golpes, choques violentos, sonidos de caída. Doy algunos pasos. ¿Qué podrá ser? Ahora, un verdadero alboroto que proviene del vestíbulo de la entrada me llega. Creo identificar unas quejas, unos gruñidos sofocados.
De pronto, escucho la voz de Sheldon que grita: — ¡No!, no…
Luego, un silencio completo. Por el espacio de una fracción de segundo, me quedo paralizada, con la mente vaciada de cualquier pensamiento. La puerta de la cocina se abre en un estruendo; Martha surge de ella como una flecha y se lanza rápidamente, con grandes zancadas, hacia el vestíbulo. Yo le piso los talones, ella detiene en seco su recorrido y se gira hacia mí.
— ¡No vaya, señora Eva! ¡Enciérrese en su habitación!, ordena con una voz autoritaria, con la que me quedo con la boca abierta.
Nunca me había hablado con ese tono. Al momento en el que está a punto de irse de nuevo, un hombre armado, vestido de oscuro, surge del extremo del pasillo.
Instantáneamente, se pone en posición de tiro y, en cuanto me percibe, apunta su pistola hacia el suelo, gritando con un tono nasal:
— ¡No tema!
Unas gafas negras enormes ocultan sus ojos, es lo primero que me impacta de él, aún más que su arma. Él gira la cabeza hacia el vestíbulo y lanza con una voz fuertemente
teñida de un acento texano:
— ¡Date prisa, Dusty, están aquí!
Martha se precipita hacia él. Una orden resuena: — ¡No se mueva y no le haremos daño!
Todo sucede tan rápidamente que yo no tengo tiempo de reaccionar, además, el terror me paraliza; estoy aterrorizada. El hombre de negro tiene agarrada a Martha por la cintura e intenta presionarla al suelo; ella lucha con tanta energía que su agresor tiene las más grandes dificultades del mundo para contener sus patadas. Sin embargo, en ningún momento busca utilizar su arma.
En ese momento, el tal Dusty hace su aparición. Más pequeño que el otro, más gordo, pero vestido de oscuro él también, y también con enormes gafas negras y una pistola, la cual apunta ostensiblemente hacia el suelo.
A costa de un inmenso esfuerzo en mí misma, finalmente, logro salir de mi parálisis y me lanzo hacia la habitación. No sé qué está pasando, pero una cosa es segura, tengo que escapar a toda costa; el miedo me impulsa súbitamente. Tan solo pienso en una cosa: ¡ojalá que no me disparen! Escucho a mis espaldas al texano, quien se impacienta:
— ¡Déjala correr por el momento, Dusty! Y dame una mano. ¡Ésta es una verdadera tigresa!
Una vez que la puerta está cerrada, apoyo mi frente contra el panel y recupero el aliento. Siento un peso en mi pecho, mis manos están temblando, tengo las rodillas débiles y un nudo en la garganta. ¿Quiénes son esos hombres? ¿Qué quieren? ¿Robar el apartamento? ¿Cómo entraron? Las preguntas se amontonan en mi cabeza, sin respuestas.
Espero que no hayan herido a Martha o a Sheldon, están armados. ¿A menos de que sean hombres enviados por James? ¡Imposible! ¡Él no puede salir que estoy aquí! ¿No puede?
Afuera, el tumulto parece calmarse, ya no escucho nada. ¿Se habrán ido? No soñemos, sería demasiado hermoso. Mi respiración recupera, poco a poco, un curso más regular. ¿Qué están haciendo? Pego mi oreja a la puerta preguntándome cómo reaccionaría si entraran a la fuerza. ¿Resistirme? ¿Pero cómo? ¿Con qué? Además, no tengo el tamaño para hacerlo. Es entonces cuando escucho:
— ¿Eva, mi amor, dónde estás?
La sorpresa me deja clavada al suelo: es la voz de James. ¿Cómo hizo para encontrarme?
¡La llamada que hice! Es la única explicación posible. ¡Maxwell tenía razón! ¡Fui estúpida, debí haberlo escuchado! ¡Estoy tan molesta conmigo misma!
Unos golpes a la puerta. El miedo me impide hacer un solo movimiento, me paraliza literalmente. Los golpes se repiten.
— ¿Eva? ¡Abre, no tienes nada que temer!
Como no hay llave en la cerradura, el picaporte gira sin problemas. James está de pie en el umbral, jadeando, con una expresión preocupada.
— ¡Ah! ¡Eva, por fin!, exclama al verme.
Él avanza un paso, viene a tomarme en sus brazos. Mi movimiento de retroceso no lo detiene, me abraza con ardor.
— ¡Mi amor! ¿Estás bien? ¡Estaba tan preocupado, sabes… pero aquí estás! ¡Se acabó! Todo está bien…
Su abrazo se aprieta más. Yo ya no comprendo nada. Desde que Maxwell me convenció de que mi esposo quería asesinarme, estoy acostumbrada a considerar a James
como un peligro mortal, como mi asesino potencial.
Y helo aquí, frente a mí, estrechándome en sus brazos, clamando su preocupación y su felicidad por encontrarme. Ya no sé qué pensar, el giro de la situación me enreda completamente las ideas. Mi ausencia de reacción y mi silencio prolongado lo alarman.
— ¡Eva, háblame, retoma con una voz apremiante, dime algo! ¿Al menos no te hicieron daño?
Yo me fuerzo a sonreírle.
— ¡No, no… estoy bien! ¿Pero, por qué tienes eso?, le digo señalando el arma deslizada en el cinturón del pantalón.
— ¡Oh! ¿La pistola? Una simple precaución… ¡Maxwell puede volverse peligroso cuando los acontecimientos no transcurren como lo planeó!
Yo estoy estupefacta.
— ¿Sabes que estamos en casa de Maxwell?
— ¡Por supuesto que lo sé! Eso y un cierto número de cosas de las que me enteré al buscarte. Tuvimos que hacer proezas para seguirte la pista, pero lo logramos. Mi hermano lo había arreglado todo desde hace mucho tiempo y había borrado cuidadosamente los rastros…
— ¿Tú lo sospechabas?
— Para nada. Al principio, lo único que sabía era que habías desaparecido; eso me costó mucho trabajo. ¡Estaba tan preocupado! ¡No comprendía nada! Enseguida organicé las búsquedas, revisamos todos los hospitales de New York, todas las comisarías, todos los sanatorios, todos los lugares en los que te hubieras podido quedar varada si habías tenido una enfermedad o accidente. ¡Un trabajo colosal! No estabas en ninguna parte.
Él se expresa con convicción, sin dudar, sin refugiarse detrás de evasivas. Su naturalidad y su seguridad me impresionan.
¿Se habrá preocupado REALMENTE por mí? ¿Dice la verdad? ¿Está mintiendo? — Nos quedaba la hipótesis del rapto, continúa ininterrumpidamente, era la última posibilidad.
Cuando apareció con certitud que no se podía tratar de otra cosa, removí cielo, mar y tierra para saber dónde estabas siendo retenida como prisionera. Sin alertar a la policía, evidentemente, es lo último que se debe hacer en estos casos. Todos mis colaboradores se consagraron en la tarea, trabajando día y noche, para intentar reconstruir tu recorrido. No fue fácil, dejé plantadas todas mis otras ocupaciones para dirigir yo mismo la búsqueda.
Estaba muerto de la angustia.
Su fluidez, ligeramente precipitada, la inquietud que atraviesa en ciertas inflexiones de su voz, sus sonrisas vacilantes, su mirada sucesivamente cortante o ansiosa, en resumen, todo en su actitud, absolutamente todo, respira franqueza y alivio por haberme encontrado.
¿Es sincero? ¿Me habré equivocado en cuanto a él y a Maxwell?
Como quien no quiere la cosa, lo observo. Hace meses que no me hablaba así. Por momentos, tengo la impresión de volverme a encontrar con el hombre que me había encantado en Acapulco y muy al principio de nuestro matrimonio. ¿Será posible que el impacto de mi desaparición lo haya hecho hacer consciencia de que se preocupaba por mí?
Yo me hago preguntas. Sin sospechar mis interrogantes mudas, él continúa:
— Y luego, tuve dudas, habían cosas que no encajaban. Nueve de cada diez veces, los secuestradores exigen el dinero del rescate en las horas que siguen al rapto, no esperan.
Su interés es que suceda lo más rápidamente posible, entre más se prolongue el negocio, más peligroso se convierte para ellos. Es lógico. Sin embrago, nadie estaba
reclamando rescate por ti. Al cabo de dos días, al ver que aún no había ninguna solicitud de dinero, cambié el enfoque de la situación…
En ese momento, se escucha un grito en el pasillo; James frunce el ceño. Un mal presentimiento me atraviesa la mente.
— ¡Espero que no les suceda nada a Martha y a Sheldon! ¡Ellos no son responsables, no hicieron más que obedecer!
— Tranquilízate, mis colaboradores no son asesinos… Luego, él grita con dirección a la puerta:
— ¿Todo está bien, Dusty?
— ¡No hay problema, señor Hampton!
James se gira hacia mí con una sonrisa enternecedora. — Ves, todo está bien… Eh… ¿dónde estábamos?
— En el momento en el que cambiabas de enfoque la situación… — ¡Ah! ¡Sí!
— ¿Y fue en ese momento en el que sospechaste que Maxwell me había secuestrado?
¡Si tan solo pudieras llegar, Maxwell, eso aclararía todo!
— ¡Para nada! ¡Estaba muy lejos de imaginarlo! ¡De hecho, es por esa razón que necesité de tanto tiempo para encontrarte! En un principio pensé en la venganza de un rival, en los negocios, forzosamente se hacen enemigos. Por lo tanto, perdí dos días, casi tres, buscando cuál de entre mis rivales podía estar tan molesto conmigo como para arriesgarse a un negocio tan peligroso. Ninguno tenía el perfil que correspondía, eso también era una mala pista.
Es la segunda vez que evita hablar de Maxwell, que desvía la conversación cuando su nombre sale a flote. ¿Por qué? ¿Porque no quiere inculparlo? ¿Porque eso lo pone incómodo? ¿Porque siente que se encuentra en un terreno menos sólido? No logro saberlo.
Insisto.
— Entonces, pensaste en tu hermano. James dice que no con la cabeza.
— No inmediatamente. Aún perdimos tiempo. Comprendes, yo sabía que mi hermano estaba un poco… eh… ¿Cómo decirlo? Un poco desequilibrado, pero…
— ¿Cómo que desequilibrado?
Él parece dudar, como si tuviera escrúpulos, luego, de pronto se lanza de un tirón: — Tiene tendencia a ser mitómano, es por eso que te escondí su existencia. Ya no nos vemos desde hace años.
Después de algunos segundos de silencio, agrega, con una expresión dolorosa: — No me gusta hablar de eso…
¡No es posible que me esté diciendo la verdad! Sin embargo, entre más lo escucho, más regresan mis dudas. Sus revelaciones con respecto a Maxwell me vuelven a llevar a mis primeras interrogantes, yo también me hice preguntas sobre el comportamiento de mi secuestrador, al principio; yo también me imaginé que podía ser mitómano. Es verdad, lo pensé, pero enseguida Maxwell disipó todas mis dudas. Sí… hasta que James las vuelve a traer a la superficie.
¿Entonces, todos esos momentos maravillosos que pasamos juntos desde hace tres días no eran más que una ilusión? No puedo creerlo, algo en el fondo de mí se revela ante esa idea. Mi corazón me grita que Maxwell no me mintió, no pudo mentirme, ciertos tintes de verdad no se equivocan. Me siento tan desamparada que debe poder verse en mi rostro.
— En resumen, retoma James con un tono categórico, sabía que mi hermano era mitómano, pero de eso a que te secuestrara… No pensaba que su locura lo arrastrara tan lejos. Sin embargo, eso es lo que sucedió.
Su rapidez por concluir me hizo sospechar. — ¿Qué te hizo llegar a su pista exactamente?
— ¡Oh! Cierto número de detalles e información difícil de resumir. — Dímelos en pocas palabras.
Él mira su reloj.
— ¡No, es imposible! Además, Maxwell puede llegar en cualquier momento, es mejor que nos vayamos.
— El nunca regresa antes del final de la tare. Tienes todo el tiempo de contarme… Durante el espacio de un destello, veo pasar un resplandor de cólera en sus ojos. Durante un instante, parecería que va a explotar; cambio a la vista. Ya no es el seductor de Acapulco, sino el esposo autoritario e irritable de estos últimos meses al que tengo de nuevo frente a mí. No obstante, logra contenerse.
— ¡Bueno, si quieres, pero rápido! Recordé una vieja historia entre Maxwell y yo cuando éramos adolescentes. En aquella época, ya daba señas de desequilibro, eso pasaba durante la secundaria. Él estaba celoso y no soportaba mis éxitos. Yo tenía una novia, a quien se las arregló para seducir, por pura hostilidad contra mí. Enseguida, una vez que la había seducido, la abandonó. La pobre chica intentó suicidarse y…
— ¿Cómo se llamaba? Él levanta los hombros.
— ¿Qué importancia tiene? Pamela, creo… o Deborah… ya no recuerdo.
¡Dos versiones de la misma historia! ¡Dos versiones contradictorias! ¡Una de tantas! ¿Cuál de los dos hermanos dice la verdad?
— Sea como sea, continúa James, fue al recordar esa historia que pensé que podía haberlo hecho de nuevo contigo.
Él mira su reloj una vez más.
— ¡Realmente tenemos que irnos! Es demasiado peligroso quedarnos aquí. — ¿Pero, Martha y Sheldon, qué va a pasar con ellos?
La exasperación se lee en su rostro cuando me responde:
— ¿Qué quieres que les pase? Ellos se van a quedar aquí y tú vas a venir conmigo. Estoy desgarrada. ¿Qué debo hacer? ¿Seguir a James o quedarme en el apartamento? Si lo sigo, puede ser peligroso para mí, pero si me niego, él querrá saber por qué y deberé admitirle que desconfío de él. Las dos soluciones son arriesgadas y no tengo ningún indicio concreto que me permita afirmar cuál de los dos hermanos tiene razón. Mi corazón se inclina por Maxwell, pero James se mostró tan convincente. ¿Cómo salir de este dilema?
¿Maxwell, dónde estás?
James se impacienta.
— ¡Ven, Eva! ¿Qué estás esperando?
Al ver que no me muevo, me toma del brazo, tranquila pero firmemente. Yo me libero.
— No, no sé…
— ¿Cómo que no sabes? ¿Estás loca o qué?
A pesar de sus esfuerzos, el enojo aumenta de nuevo en él; nos enfrentamos con la mirada. Finalmente, él hace unas muecas parecidas a una sonrisa.
voy a llevar a la casa…
Y vuelve a tomar mi brazo, se dirige hacia la puerta. En ese instante, golpean. — ¿Qué pasa?, ladra él.
— ¿Puedo entrar, señor Hampton? — Sí.
Dusty entreabre la puerta. — ¿Qué quieres?
— Discúlpeme, es para confirmarle que el objetivo de Queens fue eliminado. James le lanza una mirada asesina.
— Bueno, bueno… está bien…
Durante dos o tres segundos, no me doy cuenta de lo que acabo de escuchar. Luego, las palabras se desprenden de pronto en mayúsculas frente a mis ojos: OBJETIVO, QUEENS, ELIMINADO. Es como si hubiera recibido un puñetazo en pleno pecho.
¡Bonnie vive en Queens! — ¿Qué dijeron?
Escondido detrás de sus gafas negras, Dusty no responde. Yo me giro hacia James: — ¿Qué dijo? Habló de un objetivo en Queens, ¿no? ¡Y Bonnie vive en Queens!